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Recordando al doctor Aldo. “No quería que se fuera con culpa”, dice su esposa

El médico de 36 años falleció sin tener acceso a una máquina ECMO que le negaron las autoridades de salud. Ahora su familia adeuda casi 3 millones de pesos. “Aguantó hasta el último minuto porque no quería dejarnos”, comenta Erika Rico.

Por Óscar Balderas
1 oct 2020

doctor Aldo
En memoria de Aldo. Foto: Especial.

EMEEQUIS.– Un día antes de su fallecimiento, la familia del doctor Aldo Arias buscó hasta el cansancio un milagro: una costosísima máquina ECMO, cuya factura podría elevarse hasta 100 millones de pesos; una internación de emergencia en algún hospital de tercer nivel de la Secretaría de Salud; y hasta consultas por Whatsapp con médicos que, conmovidos por la historia de su colega, ofrecían terapias de última maniobra.

Al mismo tiempo, sus cercanos buscaban servicios funerarios especializados en pacientes con Covid-19.

“Yo no quería que se fuera con culpa o que creyera que yo estaba enojada con él por exponerse al virus. Quería decirle que todo lo que sentía por él era agradecimiento y admiración”, comenta Erika Rico, esposa del médico que contrajo el virus mientras cumplía con su deber.

En entrevista con EMEEQUIS, la esposa del doctor Aldo Arias recuerda: “Le dije que lo amaba, que había mucha gente orando por él, pero que si quería irse, estaba bien. ‘Romel (su hijo de 3 años), tus papás y yo vamos a estar bien’, le repetía y yo espero que eso lo haya calmado… esa fue la última vez que hablamos”.

TE RECOMENDAMOS: SALVANDO AL DOCTOR ALDO. NECESITA MILLONES DE PESOS PARA SOBREVIVIR AL COVID

El pasado 22 de septiembre, esta revista digital publicó la historia del doctor Aldo Arias y su lucha, y la de sus familiares y amigos, por sobrevivir al nuevo coronavirus, mientras batallaban con una cuenta médica que alcanzaba millones de pesos.

Su historia tejió lazos de solidaridad entre cercanos y extraños: depósitos bancarios a la familia, ofrecimientos de médicos que podían ayudarle, consejos y hasta oraciones. Todo con el objetivo de salvar al doctor Aldo Arias. 


“Le dije que lo amaba, que había mucha gente orando por él, pero que si quería irse, estaba bien", cuenta Erika. 


FALLECIÓ A LOS 36 AÑOS

A la hora que este texto sea publicado, el doctor Aldo Israel Arias Rodríguez habrá cumplido seis días de haber sucumbido a un agresivo cuadro de neumonía en ambos pulmones que le dejó la Covid-19.

En términos médicos, a los 18 días de estar intubado en un hospital privado en la alcaldía Coyoacán, la severa afectación pulmonar por SARS-CoV-2 le condicionó un Síndrome de Insuficiencia Respiratoria Aguda que, complicado con una sobreinfección bacteriana, lo llevó a sufrir un infarto agudo. Es decir, que ante el colapso de sus pulmones, su corazón trabajó a una marcha tan forzada que, eventualmente, se detuvo.

Finalmente, a las 4:05 de la tarde del 25 de septiembre, el doctor Aldo Arias falleció a los 36 años.

CONTAGIARSE SALVANDO A OTROS

En términos humanos, significa que su hijo Rommel, de tres años, recordará a su papá a través de fotografías y anécdotas que le cuenten; su esposa Erika Rico seguirá enamorada de él, pero sin poder tocarlo de nuevo. Y que sus padres se han quedado sin su hijo, orgullo de la familia por su bata blanca y su sentido del humor.

En términos estadísticos, el doctor Aldo Arias forma parte de, hasta ahora, los más de 77 mil mexicanos que han muerto por la pandemia y de más de mil 500 miembros del personal de salud que se contagiaron tratando de salvar a otros y que no lograron salvarse a sí mismos por lo novedoso y belicoso del virus que se originó en China.

Su contagio ocurrió como el de miles de profesionales de la salud: no en el bar ni en una fiesta, sino acudiendo al llamado de una familia a la que trataba con regularidad y que le pidió ayuda para tratar a un hombre que presentaba los típicos síntomas de alguien que ha enfermado gravemente de Covid-19. 

Aquel paciente falleció un par de días más tarde, así como un miembro más de esa familia. Y una semana después, el 30 de agosto, el médico general Aldo Arias, aspirante a cirujano, sintió al nuevo coronavirus entrar a su organismo: dolor de cabeza, cansancio extremo, malestar general y, luego, la dificultad para respirar que lo llevó en ambulancia a un hospital privado que le prometió un excelente cuidado.

UNA DEUDA DE CASI 3 MILLONES

En términos económicos, la pesadilla sigue para la familia Arias Rodríguez y para Erika Rico, pues la cuenta médica por el tratamiento contra la Covid-19 en aquel hospital privado alcanzó los 2 millones 890 mil pesos, que permanecen como una deuda que amenaza con destruir el patrimonio familiar.

“Tengo el recuerdo del último día en casa, el lunes 7 de septiembre: me desperté temprano y dejé que durmiera un poco porque había pasado una mala noche. Luego escuché que se estaba quejando. Lo desperté y le dije ‘mi amor, ¿te sientes muy mal?’ y me dijo que no, porque siempre trataba de no preocuparme. Era un excelente esposo y papá.

“Me acosté a su lado, lo abracé y me quedé ahí. Cuando me levanté, vi que tenía un gesto de mucho miedo. Ya no podía respirar. Le dije ‘¿te llevo al hospital, mi amor?’ y respondió que sí. Esa fue la última vez que estuvimos en la casa. Aguantó hasta el último minuto porque no quería dejarnos”, recuerda Erika Rico.

Cuando habla del doctor Aldo Arias, ella, de 33 años, no puede evitar sonreír aunque el duelo sigue fresco. Ella iba en secundaria y él en preparatoria cuando se conocieron –y se gustaron– por primera vez, pero fue hasta muchos años después, en reuniones de amigos en común, que comenzaron a hablarse. Él, arrojado como era, le dijo en las primeras citas que había visto el futuro y que serían esposos.

“Así era él. Un coqueto irremediable, pero respetuoso ¡Ah! Y terco. Si algo quería, lo lograba. Me dijo que íbamos a ser esposos y yo me empecé a reír, ¡apenas lo conocía! Y mira lo que son las cosas: nos fuimos a vivir juntos, nos casamos, tuvimos un hijo y ya planeábamos el segundo. Era un necio adorable”.

“TRABAJANDO PARA SU HIJO”

Amante de los artículos de papelería, podía perderse por horas en los pasillos de cuadernos, plumas y lápices. Coleccionista de las bocinas más modernas en el mercado. Experto en dejar los calcetines sucios tirados por la casa. Especialista en las discusiones de sobremesa con sus amigos sobre misterios médicos.

“Y trabajador. Siempre bien arreglado, con su camisa perfectamente planchada. Todos sus pacientes lo recuerdan como un médico cariñoso, a todos les hablaba con mucha paciencia, con amor. Me daba orgullo escucharlo en su consultorio hacer chistes blancos con sus pacientes. Siempre trabajando mucho para su hijo”, cuenta Erika Rico.

En sus últimos días en la Unidad de Terapia Intensiva, el organismo del doctor Aldo Arias estaba demasiado debilitado como para ser trasladado a otro hospital. Tampoco podía recibir visitas. Cuando los médicos anunciaron que su fallecimiento parecía un destino irremediable, Erika Rico logró comunicarse con él a distancia, aunque él ya no podía hablar a causa de la intubación.

VIVIR EN TODOS LOS QUE AMAN

En términos físicos, el doctor Aldo Arias ya no está aquí. Su cuerpo fue cremado, como lo mandata el protocolo sanitario, y sus cenizas reposan tranquilamente en una mesa con sus característicos lentes que hacían juego con esa sonrisa enmarcada por una barba rebelde, su cartera de piel negra y una motocicleta de latón que hace juego con un crucifijo. Al frente de la urna está su fotografía, sonriendo, con los dedos entrelazados.

En términos amorosos, el doctor Aldo Arias sigue aquí, dice Erika Rico. Vive en los ojos que heredó a su hijo, Romel, quien escuchará que su papá fue un héroe en la pandemia. Está presente en cada capítulo de la historia de amor que construyó con su esposa y en las enseñanzas que dejó a sus padres, así como en las risas de sus amigos, que lo recuerdan con un whisky en la mano.

A la hora que este texto sea publicado, México sabrá de un médico, de 36 años, Aldo Israel Arias Rodríguez, que vivió y murió en el cumplimiento de su deber.

LA FAMILIA SOLICITA AYUDA

La familia del doctor Aldo Arias ha solicitado donaciones a la cuenta BBVA 4555 1030 0095 4100 para poder costear los honorarios médicos.

 

@oscarbalmen




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