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¿Quédate en casa? Empeora situación de trabajadoras domésticas

Despidos injustificados, jornadas extenuantes y nuevas responsabilidades sin pago extra son parte de la realidad de las trabajadoras domésticas en la Covid. Marilú cuenta cómo es cuidar un hogar ajeno en la pandemia.

Por Alejandra Crail
6 oct 2020

trabajadoras domésticas
Trabajadoras del hogar realizaron una brigada para convocar a la movilización del 8 de marzo pasado. Foto: Magdalena Montiel / Cuartoscuro.com

EMEEQUIS.– Cuando la emergencia sanitaria por Covid-19 llegó a México, Marilú Padua llevaba apenas tres meses en su nuevo empleo como trabajadora doméstica. No podía darse el lujo de descansar. 

Mientras la mayoría de la población en México permanece en sus casas, trabajando a distancia, Marilú se traslada desde Ixtapaluca, en el Estado de México, a la colonia Del Valle, en la Ciudad de México. Son 34 kilómetros: una hora de camino como mínimo. 

Madre de dos hijos y esposa de un hombre trabajador de una fábrica que con la pandemia perdió el empleo, Marilú se volvió el único sustento del hogar. Su única fortuna, cuenta en entrevista telefónica, fue tener lo que ella llama “un empleador consciente”.

Desde que la pandemia llegó al país, acordaron apoyarse mutuamente. Un taxi pasa por ella hasta la puerta de su casa y la lleva a su centro de trabajo. Otro taxi pasa por ella a la casa de la colonia Del Valle y la lleva hasta su hogar al término de la jornada. Aumentó su salario, porque Marilu ya no es sólo la encargada del aseo, ahora también es cuidadora de los más pequeños habitantes de su centro de trabajo. 

Su historia, desafortunadamente, no es común. La mayoría de las trabajadoras domésticas encontraron un panorama diferente: despidos injustificados, recortes salariales, nuevas actividades que sumaron a las viejas sin la paga correspondiente, riesgos de salud, riesgos emocionales, enfermedad y muerte. 

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El Covid, dice la joven, que es también la secretaria de Género y Derechos Humanos del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar, vino a acentuar las históricas vulneraciones contra los trabajadores del hogar.

“Aunque el marco normativo se encuentra de la mejor manera, las relaciones laborales siguen teniendo las mismas carencias y el Covid vino a reflejar toda la precariedad”. 

LA POSIBILIDAD QUE AÚN NO ES 

El 2019 dejó un halo de esperanza para las trabajadoras domésticas. Se reformó el capítulo XIII de la Ley Federal del Trabajo y se estableció que, como en cualquier otro empleo, el trabajo del hogar debía fijarse por medio de un contrato por escrito. 

Esto quiere decir que las personas trabajadoras del hogar deberían contar con prestaciones sociales: vacaciones, pago de días de descanso, seguridad social, aguinaldo.

Luego, el gobierno mexicano ratificó el Convenio 189 sobre las y los trabajadores domésticos, con el cual se prevé que las personas que ejercen este empleo gocen de los mismos derechos que el resto de los trabajadores. Un año antes, se había instaurado un programa piloto para afiliar al seguro social a las y los trabajadores del hogar.

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Este panorama, cuenta la activista, pintó al 2019 como un año de logros en la lucha por el respeto al trabajo doméstico.

Pero llegó 2020, el Covid-19 y ese halo de esperanza fue cubierto por la realidad: “La pandemia trajo precariedad escalonada y puso la desventaja en quienes menos oportunidad han tenido de estudiar, organizarse y conocer sus derechos básicos”. 

Marilú se refiere a que, aunque la pandemia dejó sin empleo a miles de personas –el IMSS calcula un millón 133 mil empleos formales perdidos con la pandemia– hubo escalones que marcaron diferencias entre los ciudadanos mexicanos.

 

Marilú Padua es secretaria de Género y Derechos Humanos del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar. Foto: Méxicos Posibles. 


Por ejemplo, están los empleadores de trabajadoras domésticas que no tienen seguridad social, los que trabajan por honorarios y los que se dedican al comercio formal o informal. Estas características generan, a su vez, que la precariedad que viven se recargue en las personas que se dedican al trabajo doméstico. 

“Los empleadores, al ver vulnerados sus derechos, cargan eso en las personas que emplean: despidos, recortes salariales, aumento en la carga de trabajo”, enumera la activista.

Y es por ello que con la pandemia uno de los sectores más afectados es el de las trabajadoras del hogar. 

–¿Cuáles son las principales afectaciones que han detectado en el Sindicato?

–Recibimos casos de quienes eran obligadas a hacer repetidamente las mismas actividades con la idea de mantener desinfectado el hogar. Muchas se quedaron sin horario fijo de salida. A otras les tocó afrontar el impacto del uso excesivo de químicos por el tema de la limpieza y el aseo. Además de sumar nuevas actividades como el cuidado de niños y adultos mayores.

–¿En materia laboral?

–Despidos injustificados, récord de días de trabajo sin previo aviso y sin goce de sueldo. Descansos indefinidos, que no son más que despidos.

Marilú dice que dentro de ese mar de vulneraciones están los casos de personas que llevaban entre 15 y 20 años trabajando para una misma familia y que el Covid dio la pauta para que fueran despedidas, sin ninguna indemnización, como corresponde. 

“Desafortunadamente el mismo trabajo del hogar se trata en lo privado, como trabajo especial, te hacen creer que hay un vínculo de cariño y amor, y eso desvirtúa la relación laboral; no se asume como relación laboral, los empleadores aprovechan esto sin asumir su responsabilidad”, explica Padua. 

Esto, recalca, se acentúa con el desconocimiento de las trabajadoras domésticas sobre sus derechos y el temor que les produce enfrentarse legalmente a sus exempleadores.

–Esto, me imagino, conlleva también un impacto emocional.

–Primero viene la decepción porque las compañeras dejan ahí su vida, dejan hasta a su familia y sus propios sueños personales por cubrir ese espacio del que creían ser parte. Viene un golpe emocional y empieza la confusión: quién era yo, qué valor tenía, yo que di tanto. Luego empiezan a preocuparse porque ya no tienen la edad suficiente para acceder a un trabajo digno, les genera la preocupación si son jefas de familia, sus dependientes. Es una depresión terrible. 

ACCESO A LA SALUD

Marilú se dice consciente que en México el acceso a la salud es un privilegio y que, al no ser un derecho velado por el Estado mexicano, se deja de lado, hasta que algo obliga a buscar el acceso. 

Para cualquier trabajador esto es un reto, para las personas trabajadoras domésticas es un reto doble. “Nos preocupamos por seguir trabajando y generar ingresos, pagar escuelas, gastos, la salud se vuelve importante hasta que nos ocurre un accidente laboral o algo le pasa a la pareja o a los hijos”. 

En una pandemia se mira con mayor preocupación y, al mismo tiempo, se percibe como un favor extra que el empleador o el gobierno realizan, pero no como un derecho, aunque lo sea. 

 

Las trabajadoras del hogar con su lideresa, Marcelina Bautista, en la presentación de un programa piloto de afilición al IMSS. Foto: Graciela López / Cuartoscuro.com


La afiliación al seguro social, pese a los esfuerzos sindicales de las y los trabajadores domésticos, se mira lejana. En las últimas cifras, diciembre 2019, y tras ocho meses de haber puesto en marcha el programa piloto de afiliación al IMSS, el gobierno mexicano encontró que de las 2.4 millones de trabajadoras domésticas que hay en México, sólo el 1% tenía acceso al seguro social.

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El acceso a la salud depende de una pareja o un hijo que tiene un trabajo formal y logra afiliarlas o bien, de los servicios privados que ofrecen atención médica a bajo costo, como el Dr. Simi o las Farmacias del Ahorro. Esto, detalla Padua, impide que se detecten enfermedades crónicas a tiempo, que haya una atención preventiva: vacunas, papanicolau, detección temprana de diabetes o cáncer.

–Con el Covid esto empeora, ¿qué tanto impacto ha tenido la pandemia en contagios y defunciones del sector?

–Los contagios son comunes por los trayectos, por la falta de insumos de protección y por el poco cuidado de los empleadores. 

“Somos las trabajadoras domésticas las que hacemos las compras y los pagos, estamos en los focos rojos, seguimos manteniendo contacto con el exterior y pocos empleadores ofrecen material de protección”. 

–¿Han registrado defunciones en el Sindicato?

–Tenemos tres compañeras adultas mayores que han perdido la vida. Hasta la fecha seguimos en los procesos con los familiares para demandar que los empleadores cubran los gastos como lo marca la ley. 

La falta de conciencia de la sociedad, señala Padua, es el principal obstáculo del acceso a los derechos de las personas que se dedican a esta profesión. 

“Debemos insistir que el trabajo del hogar es lo que permite a los empleadores a realizar otras actividades. Eso hay que valorarlo y generar así trabajos dignos para la persona trabajadora y su familia. Hay que asumir las responsabilidades como empleadores, trabajadores y como gobierno”.

 

@AleCrail

 


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