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Análisis

¿Y el Ejército en la Noche de Iguala? Gertz nos da atole con el dedo

Implicar al “Mochomo” y alertar a Tomás Zerón son avances incipientes que no tumban una verdad histórica ya derribada por el GIEI, y que siguen sin unir los puntos que conducen a militares, Murillo Karam y Peña Nieto. ¿Qué trae entre manos el fiscal Gertz?

Por Témoris Grecko
2 jul 2020

Gertz
Alejandro Gertz Manero, titular de la FGR, en el informe de sus 100 días al frente de la dependencia. Foto: Galo Cañas / Cuartoscuro.com

EMEEQUIS.– Los periódicos reportaron que José Ángel Casarrubias Salgado, “El Mochomo”, detenido el 24 de junio, es el “responsable de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa”. Este logro se conjuntó con el anuncio del 30 de junio que hizo el fiscal general de la Nación, Alejandro Gertz Manero, de que solicitaría órdenes de aprehensión contra 46 funcionarios de nivel municipal que intervinieron en los crímenes de Iguala. Además, el extitular de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón de Lucio, está en fuga en el extranjero, perseguido bajo una orden de búsqueda y captura de Interpol. 

“Se acabó la verdad histórica”, sentenció Gertz, con el aplomo de quien construye una declaración para la posteridad.

Y por aquí y por allá, se festejó que en el caso Ayotzinapa por fin llegaron los éxitos… que no existen.

EL TIEMPO SIGUE PASANDO

El presidente Andrés Manuel López Obrador aún conserva parte del crédito del que se hizo el 26 de septiembre de 2018, cuando todavía era presidente electo, en el encuentro en el Museo Memoria y Tolerancia, frente a la Alameda de Ciudad de México, que celebró con un numeroso grupo de madres y padres de los 43 desaparecidos. 

Para ellos, se cumplían cuatro años de un dolor inasumible por quien no lo ha padecido, agravado por la constatación de que el gobierno de Enrique Peña Nieto no estaba investigando sino simulando una investigación destinada a ocultar los hechos y a los responsables, y a destruir la posibilidad de descubrirlo; y agudizado porque, cada mes, acudían a la capital de la República a una reunión con autoridades federales en la que tenían claro que les iban a volver a mentir los que ya sabían que ellos y todos sabían que les estaban mintiendo siempre, cada día, sobre un asunto tan delicado. Era una acumulación de afrentas sobre afrentas.

En marcado contraste con todo lo que habían sufrido hasta ese momento, el compromiso asumido por López Obrador; por quien asumiría la subsecretaría de Derechos Humanos, Alejandro Encinas; y por otros inminentes funcionarios, de aclarar el destino de sus hijos y castigar a los responsables.

Por primera vez en cuatro años de tragedia, los vi sonreír con esperanza.

Han pasado 21 meses desde ese evento. Son 19 meses, si se cuenta desde que López Obrador asumió la Presidencia. O 18, a partir de que Gertz Manero ocupó la Fiscalía General de la República (FGR). Luego debieron pasar otros cinco meses hasta que se constituyó la prometida Unidad Especial de Investigación del Caso Ayotzinapa, encabezada por Omar Gómez Trejo. Y los integrantes del Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales, el GIEI que ya en 2015 echó por tierra la verdad histórica del procurador Jesús Murillo Karam, aún no han llegado a México a sumarse oficialmente a los trabajos a pesar de que desde el Museo Memoria y Tolerancia se dijo que ya pronto vendrían.

LA ESPERANZA NO ES GERTZ 

Dados los compromisos tan calurosamente asumidos y la evidente voluntad presidencial, sería difícil explicar cómo es que el proceso ha demorado tanto y tanto si no consideráramos que la PGR de Murillo Karam sólo cambió de nombre y rostro, para ser la FGR de Gertz Manero con la misma piel, cuerpo y miembros de la PGR que intentó criminalizar a los estudiantes de Ayotzinapa en lugar de traerles justicia.

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Además de que el propio fiscal Gertz, para quien no ha olvidado, es el mismo que fue secretario de Seguridad Pública de Vicente Fox; el que, en tal posición, aplicó el pacto de impunidad con organizaciones criminales, políticos corruptos y grandes empresas saqueadoras; el que, desde entonces, ha sido leal sujeto, y tal vez garante, de la ley de la omertà que impone el silencio absoluto sobre las complicidades y las operaciones sucias que pasaron bajo sus ojos como funcionario federal.

La esperanza de las madres y los padres no está en Gertz ni en una Fiscalía compuesta por los egresados de la Procuraduría, sino en el retorno del GIEI, que no tiene fecha, y en lo que pueda hacer Omar Gómez Trejo, que fue secretario técnico del Grupo Interdisciplinario, como fiscal especial. Pero este joven derechohumanista lleva un año en un cubil de lobos al que es ajeno y carece de independencia formal, por lo que su movilidad queda cuadriculada por Gertz, quien además le niega protagonismo público.

Gertz no tiene interés alguno en asumir personalmente el inevitable enfrentamiento con poderes militares, policiacos y civiles que provocaría una investigación que busque llegar al fondo. Como fiscal general, él sí tiene autonomía y puede aceptar o no las sugerencias que López Obrador, vadeando las limitaciones constitucionales, ha tenido que hacerle para motivarlo a cumplir con su obligación.

ÉXITOS INEXISTENTES

Pero al hacer él mismo los anuncios de lo que presenta como avances tan importantes como para derribar la “verdad histórica” (la que, recuerdo, el GIEI ya había derribado hace cinco años), demuestra apresuramiento por colocarse medallas, cinismo porque no las merece ni él ni nadie, a falta de verdaderos logros, y bribonería por falsear y exagerar los supuestos éxitos.

En primer lugar, Zerón de Lucio sigue prófugo. Gertz sólo le ha hecho el favor de alertarlo.

En segundo lugar, pedir órdenes de aprehensión es muy distinto, muy distinto a obtenerlas. Gertz hace sentir que los 46 exfuncionarios ya están en sus manos. Pero los jueces le han dicho que no es tan fácil, sólo le han concedido cuatro, otras doce están en veremos y las restantes 30, quién sabe. Además, ya antes Murillo Karam hizo detener a dos centenares de sospechosos y la mayoría ahora están libres, ¿qué tiene Gertz, hombre del pacto de impunidad, que nos dé las garantías que Murillo no podría dar?

En tercer lugar, ya tuvimos una mala experiencia con otro Casarrubias Salgado, Sidronio, hermano del detenido José Ángel: a él, Murillo Karam y Zerón de Lucio lo acusaron exactamente de lo mismo, de ser el responsable de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, y hasta le atribuyeron frases célebres que amanuenses como Héctor de Mauleón, Héctor Aguilar Camín y Esteban Illades se encargaron de difundir como si fueran ley de dios, y que Jorge Fernández Menéndez llevó a los DVD en una telenovela documentalizada, como la de “háganlos polvo y échenlos al río”. Fue falso, a Sidronio le arrancaron declaraciones con torturas y después se desdijo de ellas, y todo su caso es un revoltijo de falsedades y fabricaciones. ¿Por qué habríamos, a priori, de creer que ahora sí nos enseñan al responsable correcto? Gertz no ha ofrecido ni una breve versión que permita entender por qué sería el malo mayor. 

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En cuarto lugar, aún si José Ángel hubiera hecho lo que dicen que hizo, no sería el malo mayor. Gertz dice que pidió órdenes de aprehensión contra funcionarios municipales de Guerrero. Y anticipa, difusamente, que en algún momento solicitará otras sobre servidores públicos de todos los niveles de gobierno. Falta ver de qué se trata.

LUSTRO SIN LUSTRE

La investigación, por un lado, tiene que fincarles responsabilidades a todas las personas que intervinieron en los crímenes inmediatos de la noche de Iguala, atacantes, vigilantes, protectores y transportadores, y esto implica a policías de corporaciones municipales, estatales y federales, a clases y oficiales del ejército, lo que probablemente incluye a los entonces comandantes de los Batallones 27º de Infantería y 3º de Operaciones Especiales, y al comandante de la 35ª Zona Militar de Chilpancingo; y a los funcionarios civiles de los tres niveles que conocieron lo que ocurría y no intervinieron.

Por otro lado, debe ir contra peritos y agentes de la PGR, contra directores y los sucesivos procuradores que falsificaron la investigación y perpetuaron el engaño.

Y contra sus superiores –incluido Peña Nieto– sin cuyo acuerdo no podrían haber invertido enormes recursos del Estado mexicano y dilapidado su prestigio nacional e internacional, durante cuatro años, hasta el relevo de gobierno.

Además, y sobre todo, debe encontrar a los 43, claro.

Gertz está haciendo anuncios de vapor. No tiene nada, más que un posible responsable del que falta precisar su papel y demostrárselo.

La verdad histórica no existe desde hace un lustro. Que Gertz no se lustre la imagen con ella. 

 

@temoris

Gertz

Témoris Grecko

Politólogo, periodista y documentalista mexicano. Autor de "Ayotzinapa. Mentira histórica" y otros libros, y de los documentales "MirarMorir. El Ejército en la noche de Iguala" y "No se mata la verdad".

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Témoris Grecko

Politólogo, periodista y documentalista mexicano. Autor de "Ayotzinapa. Mentira histórica" y otros libros, y de los documentales "MirarMorir. El Ejército en la noche de Iguala" y "No se mata la verdad".

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