Logo MX

Precio
dólar

Análisis

Mediterráneo o el arte de la fuga

En este encierro asfixiante, te atreves a sumar al recuento existencial las películas y series en que uno se sumerge para navegar y remontar la noche. “El tiempo se dilata y ya no sabes si has sido, han estado, hemos soñado”. Análisis de ANA CLAVEL.

Por Ana V. Clavel
14 nov 2020

encierro
Ilustración: Raquel Moreno.

EMEEQUIS.– Lees el epígrafe de una película titulada Mediterráneo, y de pronto, como Felipe Montero, el personaje de Aura, sabes que todo azar es destino. Desde tus primeros años como lectora aprendiste que los epígrafes no son poca cosa. Lo que está encima de la escritura. Lo que la precede, la señala, la invoca. Te viene a la mente una tumba a ras del suelo y la lápida que la corona con su epitafio (otra vez algo que está encima): una corona verbal sobre el muerto como la hermosa frase que acompaña los restos de Borges en el cementerio de Los Reyes en Ginebra, con sus guerreros nortumbrios: “y que no temieran”. Pero también piensas en el dintel o pórtico de una catedral de palabras: esa sentencia que dice Dante haber leído en la entrada del Inferno, “Perded toda esperanza los que entráis aquí”.  En cambio, a ti te parece que todos los epígrafes del mundo son una promesa: “sígueme y te llevaré a la salida del túnel… o a su entrada”. De un modo u otro, el mundo exterior se ensanchará, o se profundizará el interior. Ventanas, alféizares, puertas, postigos, miradores, minaretes, faros, balcones, terrazas, verandas, pérgolas… Toda una arquitectura imaginaria se despliega para fundar ciudades etéreas, islas a la deriva, acantilados del deseo, mares de plenitud —o sus contrarios.

Siempre es así cuando te dejas llevar por la imaginación verbal. Sabes que la lectura de signos y la escritura de garabatos te deriva a un lugar: esteros, deltas, enramadas, bosques, miasmas, cirros. Es el caso ahora de la sola palabra “Mediterráneo”, que se te queda balbuciendo en la punta del entendimiento, como si el vocablo mismo te obligara a meditar en su terrenal esencialidad, y de pronto descubres algo en lo que no habías reparado: medi, midi, en medio, a la mitad, en el caso actual, entre las tierras, y en efecto, ese mar separa dos grandes masas de tierra firme, Europa de África. Hay tanto que descubrir y explorar en las selvas del lenguaje.

Mare Nostrum le decían los romanos porque era su mar particular, una vez que todas las ciudades y puertos de la zona fueron parte de sus dominios. Para ti es un lugar tan referido que aunque no existiera, tú lo inventaras. Tienes la fortuna de haberlo visitado en los viajes que antes uno podía hacer en los tiempos del Prepandémico IV, y de haberte dejado arrastrar por sus mareas sin importar que ya se hablara de sus aguas contaminadas. Pero aunque no lo hubieras tocado con tus manos y tu mirada, te bastaría con su herencia cultural que corre también por tus venas. Como Serrat, puedes afirmar: “será porque mi niñez sigue jugando en tus playas”. Y basta que el azar te depare asomarte a sus aguas ensoñadas para que redescubras con el poeta Gorostiza: “no es agua ni arena la orilla del mar”. Entonces aceptas: En esa isla sí te pierdes. En ese mar sí te sumerges: la provocación de un filme de Gabriele Salvatores de 1991, titulado Mediterráneo, que de golpe te sitúa, más que entre dos tierras, entre dos sueños. Un poco como Sor Juan —cómo te encanta llamarla así, en una colisión de géneros—, éste donde fantasmal penosa vives, aquel ilusorio donde gozosa mueres.

Como cuando, a punto de zarpar, percibiste la señal del gaviero: "En tiempos como éstos la fuga es el único medio para mantenerse vivo y seguir soñando". Y el nombre del autor de la frase: Henri Laborit. Un epígrafe para la historia de la pantalla, cual carta cifrada de navegación. Y sí, Mediterráneo es una propuesta formidable para disfrutar y fugarse con momentos de belleza, vitalidad y humor inefables. Bajita la mano, pone en entredicho los poderes de la guerra, de la política, del dinero, de la patria, todos esos temas capitales que a menudo nos llevan a incurrir en un pecado para nada venial: perder de vista lo verdaderamente importante para cada uno de nosotros. No en balde, se llevó en su momento el Óscar a la mejor película extranjera. La cinta no sólo no tiene desperdicio  –se la puede encontrar en la plataforma de Filmin–, es también una amorosa poética de la ensoñación. Y sonríes cuando descubres otra frase, ahora publicitaria, de un cartel en internet que juega con una consigna sesentera: “En una mágica isla griega, un soldado está a punto de descubrir que es mejor hacer el amor y no la guerra”. Y es que, claro, las frases certeras convencen, vencen, venden… Nuestra moderna versión del “Veni, vidi, vici”: Vine, vi, vencí de Julio César al conquistar la región del Ponto, otra extensión del Mediterráneo. 

TE RECOMENDAMOS: LA NUEVA MEDUSA Y LOS GENITALES MASCULINOS

Regresas a la señal del epígrafe, enigmática, sugerente, misteriosa; una insinuación que resuena, resume y rezuma los días virales y confusos de hoy: “En tiempos como éstos la fuga es el único medio para mantenerse vivo y seguir soñando”. Su autor también te suena. Lo rastreas y en poco tiempo (Henri Laborit, 1914-1995) lo asocias al científico que hablaba en una película de Alain Resnais, Mi tío de América (1980), para referirnos las bases sociales del cerebro humano, con sus innegables motores de necesidad-satisfacción, recompensa-castigo, dominación-sumisión, agresión-inhibición. (Especialmente hilarante en tu memoria, y conste que viste esta otra cinta hace más de tres décadas, es la escena en la que un joven Gérard Depardieu y su rival en una empresa textil, ambos con cabezas de ratón de laboratorio, se pelean por el puesto de gerente y luchan a muerte.) No deja de maravillarte que el responsable de adelantos como la hibernación artificial para condiciones quirúrgicas, o del uso de la clorpromazina como antipsicótico en los pasados años cincuenta, sea este médico de origen francés que también propone la fuga como el único medio de supervivencia personal. Visto así, repasas, ¿fugarse no es como refugiarse?

Por una causalidad feliz descubres la cercanía etimológica de los términos “fugarse” —huir, escapar— y “refugiarse” —huir hacia tras, guarecerse—, y un suave calor derrite el escalofrío y tremor en medio de tanta incertidumbre. Encontrar refugio en la fuga… Pero antes, atreverse al escape, la huida, como cuando tu maestro Luis Rius decía en ese poema prodigioso titulado A veces se piensa en el mar: “Si tuviera o tuviese, si pensara / o pensase o pudiera o pudiese… / Yo sé la pena de los subjuntivos / porque tampoco saben ir al mar”. 

En el libro de ensayos El arte de la fuga (1996), el enorme escritor Sergio Pitol esboza una cédula de identidad y acaso una filiación de sueños cuando escribe: “Uno, me aventuro, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas”. Durante esta Pandemónium con sus días de encierro asfixiante, este eterno antepresente verbal en el que el tiempo se dilata y ya no sabes si has sido, han estado, hemos soñado, habéis vivido, te atreves a sumar al recuento existencial las películas y series en que uno se sumerge para navegar y remontar la noche. Incluso a señalar que, en los reinos de la imaginación y del escape, esos mares y tierras donde se fuga y refugia la razón errante, uno es una resta infinita de acumulaciones subjuntivas, carne de cañón para el Deseo: “Si yo pudiera o pudiese; si yo hubiera o hubiese”. Y como siempre, el necesario arte de la huida: “Voy a fugarme un rato, y a ver luego…”.

 

 

@anaclavel99

 

 


encierro

Ana V. Clavel

La autora (Ciudad de México, 1961) es narradora y ensayista. Entre sus libros se encuentran cuentos, novelas y ensayos como “Las Violetas son flores del deseo”, “Las ninfas a veces sonríen”, “Territorio Lolita” y, recientemente, “Breve tratado del corazón”.

encierro

Ana V. Clavel

La autora (Ciudad de México, 1961) es narradora y ensayista. Entre sus libros se encuentran cuentos, novelas y ensayos como “Las Violetas son flores del deseo”, “Las ninfas a veces sonríen”, “Territorio Lolita” y, recientemente, “Breve tratado del corazón”.

logo mx
Más contenido
Xavier Velasco en el confesionario

Xavier Velasco en el confesionario

ENRIQUE SERNA sobre la novela autobiográfica de Xavier Velasco: “Un elemento fundamental en la armazón o la estructura de El último en morir es la relación de Velasco con las mujeres, empezando por Celia, su abuelita, la primera persona que creyó en su talento”.

Hace 15 horas

Más allá de la turba iracunda: minorías avanzan en el Capitolio

Más allá de la turba iracunda: minorías avanzan en el Capitolio

Un joven judío y un pastor afroamericano obtenían su pase al Senado el mismo día en que una turba de hombres blancos con insignias antisemitas irrumpió en el Capitolio. Así avanzan la democracia, la diversidad y el progresismo en los Estados Unidos.

14 / 01 / 2021