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Análisis

Más allá de la turba iracunda: minorías avanzan en el Capitolio

Un joven judío y un pastor afroamericano obtenían su pase al Senado el mismo día en que una turba de hombres blancos con insignias antisemitas irrumpió en el Capitolio. Así avanzan la democracia, la diversidad y el progresismo en los Estados Unidos.

Por Eileen Truax
14 ene 2021

Estados Unidos
El reverendo afroamericano Raphael Warnock, quien encabeza la Iglesia Bautista Ebenezer, en Atlanta, con Joe Biden. Foto: Facebook oficial de Warnock.


democracia
 1. f. Sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes.

 

EMEEQUIS.– Apenas eran las dos de la tarde, y el 6 de enero del 2021 ya había pasado a la historia. En los medios se podía ver en vivo cómo una turba iracunda, azuzada por Donald Trump, asaltaba el Capitolio de Estados Unidos, donde las dos cámaras legislativas sesionaban para ratificar a Joe Biden como presidente electo. El saldo fue de cinco muertos, un montón de legisladores asustados, la evidencia de que la sede del Congreso no está preparada para repeler un ataque, y la indignación de millones de personas que saben que, si los insurrectos hubieran sido negros o latinos, hoy estarían muertos.

Un evento como estos, con gran carga mediática y política, da la vuelta al mundo y da tema para conversar, debatir, y escribir largo. Las descripciones han ido desde “unos pocos cientos de energúmenos que se disfrazan de cornudos o patriotas”, hasta “un intento de golpe institucional contra la democracia de Estados Unidos”. La anécdota marcará la historia del país y tal vez sacudirá un poco la polilla de los dos partidos que llevan una vida alternándose en el poder; pero ese día, el verdadero hito en la vida democrática del país no ocurrió en Washington, D.C., sino en el sureño estado de Georgia.

El 6 de enero por la mañana se dio a conocer el triunfo de los candidatos demócratas al Senado –un joven judío llamado Jon Ossoff, y un pastor afroamericano, Raphael Warnock– en la elección extraordinaria que se celebró un día antes tras un empate en la elección general de noviembre de 2020. Esta segunda vuelta electoral se convirtió en el centro de la atención política en el país: en noviembre los demócratas ganaron la presidencia y la Cámara Baja, y quedaron a dos escaños de controlar el Senado –los dos escaños pendientes de resolverse en Georgia. 

Con el resultado de la elección del 5 de enero, Biden llegará a la presidencia con las dos cámaras bajo el control de su partido; pero más allá de la aritmética partidista, lo que ha ocurrido en Georgia en los últimos años, constituye un paso adelante, sin retorno, en la historia de la comunidad afroamericana del sur de Estados Unidos.

DISPARIDAD EN LA REPRESENTACIÓN ÉTNICA Y RACIAL

Es sabido que la Guerra Civil estadounidense, a mediados del siglo 19, fue originada por el desacuerdo con respecto a la práctica de la esclavitud. Once estados del sur que se oponían a la abolición –entre ellos Georgia– se separaron de la Unión y crearon una confederación. Cuando los separatistas fueron derrotados, se declaró la abolición de la esclavitud y el derecho de todas las personas a ser tratadas de la misma manera bajo la ley. Esto quedó establecido en el papel, pero un siglo y medio después, la comunidad afroamericana sigue siendo la que vive en mayor desventaja, pobreza y discriminación en Estados Unidos.

Durante los últimos cien años, y hasta la fecha, grupos de odio como el Ku Klux Klan, los Proud Boys, y otros grupos blancos supremacistas, han operado con impunidad sin que a quienes gobiernan se les mueva un pelo. La razón es que quienes ostentan la representación política del pueblo estadounidense siguen siendo en su mayoría blancos: en la legislatura saliente, 88% de los congresistas son anglosajones, aunque solo 60% de la población lo es. En el caso particular del Senado, de los 100 senadores, solo tres son afroamericanos, aunque esta comunidad constituye el 12% de la población.

Esta disparidad en la representación étnica y racial ocurre también en los gobiernos estatales y locales, y crea un círculo vicioso: las mayorías blancas que gobiernan crean políticas públicas, económicas y electorales que perpetúan la segregación y la desigualdad, a pesar de una historia de más de un siglo de resistencia por parte de la comunidad afroamericana. La lucha contra la segregación en las escuelas o el transporte público de los años 50; las protestas de Martin Luther King Jr. en Georgia en los 60, y la marcha de Selma a Montgomery, en Alabama, que resultó en la represión de activistas del movimiento de derechos civiles conocida como “Bloody Sunday”, son icónicos botones de muestra de esta historia de resistencia. 

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Aunque no con la velocidad deseable, y aún con una fuerte oposición por parte de los grupos que buscan mantener sus privilegios, los avances que se van registrando en materia de representación se deben a la continuidad del trabajo de organización entre las llamadas minorías. En el caso de Georgia en particular, el movimiento encabezado por activistas como Stacey Abrams y LaTosha Brown, un esfuerzo sostenido desde 2014 para registrar votantes e incentivar la participación electoral, sobre todo entre los jóvenes, dio fruto siete años después.

QUIENES VOTAN SON CADA VEZ MÁS DIVERSOS

Georgia, un estado con 40% de población afroamericana, nunca había tenido un senador no blanco; los senadores salientes, ambos republicanos, son una mujer de 50 años que dirige una consultora financiera, y un hombre de 71 años que fue presidente de la empresa Reebok. El 6 de enero se dio a conocer que a la primera la había derrotado el reverendo afroamericano Raphael Warnock, quien encabeza la Iglesia Bautista Ebenezer en Atlanta –de la cual también fue pastor Martin Luther King Jr.–. Al segundo lo derrotó Jon Ossoff, un experiodista judío de 33 años

Este cambio de timón en Georgia es un punto de no retorno que paulatinamente se irá expandiendo a otros estados del sur. El cambio demográfico en el país, y concretamente en esta zona –un decrecimiento de la población blanca, un aumento de las poblaciones negra y latina, y el bono demográfico proporcionado por la inmigración– hacen que quienes votan sean cada vez más jóvenes, más diversos, y más progresistas. Es así, y no con golpes y gritos, como se construyen las democracias.

El 20 de enero Joe Biden tomará posesión como presidente ante el grupo de legisladores que representa a su país, un acto democrático por excelencia. Entre ellos estarán los miembros del Partido Republicano que han solapado las políticas racistas de Trump, pero también la congresista latina Alexandria Ocasio-Cortez, la congresista refugiada de Somalia Ilhan Omar, y la congresista nativa americana de Nuevo México, Deb Haaland. Ahí estarán también –en el mismo espacio donde una turba de hombres blancos con insignias antisemitas y banderas confederadas provocó el caos durante un par de horas– los senadores Warnock y Ossoff, el pastor afroamericano y el joven judío a los que el pueblo eligió para representarlo en los años por venir.

 


@eileentruax

 



Estados Unidos

Eileen Truax

Eileen Truax es una periodista mexicana especializada en migración y política. Es autora del libro “El muro que ya existe. Las puertas cerradas de Estados Unidos” (HarperCollins). Actualmente es fellow del programa Knight-Wallace para periodistas en la Universidad de Michigan.

Estados Unidos

Eileen Truax

Eileen Truax es una periodista mexicana especializada en migración y política. Es autora del libro “El muro que ya existe. Las puertas cerradas de Estados Unidos” (HarperCollins). Actualmente es fellow del programa Knight-Wallace para periodistas en la Universidad de Michigan.

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