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Análisis

Erotismo angélico

“La confusión entre la imagen y la esencia de los ángeles tal vez haya adulterado la doctrina de Cristo, pero aguijoneó la fantasía de los fieles, ya sea con fines devotos o lúbricos”. Análisis de ENRIQUE SERNA.

Por Enrique Serna
22 feb 2021

EROTISMO DE LOS ÁNGELES
Ilustración: Raquel Moreno.

EMEEQUIS.– A pesar de su representación pictórica, los ángeles son espíritus puros que nunca tuvieron ni tendrán cuerpo. Bajan a la tierra para apartarnos de la tentación, pero no pueden convertirse en seres de carne y hueso, un privilegio reservado al hijo de Dios. El Evangelio según san Lucas, la crónica más detallada de la Anunciación, no precisa cuál era el aspecto del arcángel san Gabriel cuando se le apareció a la Virgen. Tampoco aclara si la madre de Cristo lo vio o sólo escuchó su voz. Siglos después, cuando la fe cristiana se expandía urbi et orbi, la invención de un joven mensajero alado, con dos ancestros evidentes en la mitología griega (Hermes y Eros), ayudó a evangelizar a millones de analfabetos incapaces de comprender las abstracciones teológicas. 

Desde entonces, en la imaginación popular todos los ángeles son más o menos antropomorfos, y en algunos casos francamente andróginos. La confusión entre la imagen y la esencia de los ángeles tal vez haya adulterado la doctrina de Cristo, pero aguijoneó la fantasía de los fieles, ya sea con fines devotos o lúbricos. Tal y como los representa la iconografía cristiana, los ángeles son los efebos del cielo y su hermosura no podía dejar indiferente a la comunidad gay, donde millones de soñadores les han erigido un equívoco altar. Saber que algunos cayeron en pecado bajo la influencia de Lucifer alienta su esperanza de hincarles el diente.

En franca rebeldía contra el mandato divino, Xavier Villaurrutia y José Lezama Lima otorgaron a los ángeles el derecho a la encarnación. En su famoso “Nocturno de los ángeles”, una oda a los marineros recién desembarcados en un muelle californiano donde “cambian miradas, atreven sonrisas, forman imprevistas parejas”, Villaurrutia no sólo transfiguró a los marineros en ángeles promiscuos:  imaginó un inversión de papeles entre la naturaleza divina y la humana, porque una vez satisfecho su ardor juvenil, los embajadores del cielo “cierran los ojos para entregarse a los goces de su encarnación misteriosa, y cuando duermen, sueñan no con los ángeles, sino con los mortales”.  

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En Oppiano Licariola continuación inconclusa de Paradiso, Lezama Lima describe una especie de cópula onírica entre hombres y ángeles, pero en su caso, el deseo correspondido no logra franquear las barreras que separan a la tierra del cielo y al sueño de la vigilia: “Los ángeles sueñan con hipostasiarse en hombres para demostrarles su existencia, pero sólo han logrado que los hombres sueñen con ángeles caídos.   Y se aprietan con esos sueños como realidades, logrando coincidir, en el sudor de la medianoche, los ángeles con los mortales”.  

La coincidencia imaginada por Lezama Lima sugiere, sin embargo, que el férvido sueño de los hombres logra una parcial humanización de los ángeles, al grado de hacerlos sudar como amantes.

Las herejías eróticas de los poetas del siglo XX quizá les parezcan abominables a los censores del Vaticano. Sin embargo, palidecen ante las audacias que la propia literatura sagrada se permitió en la Edad Media, cuando los padres de la Iglesia intentaron establecer una jerarquía celestial inspirada en el escalafón cortesano. Algunos teólogos asignaron a los diversos tipos de ángeles funciones que deben de haber sonrojado a más de un fraile. Según San Gregorio, citado por Santiago de la Vorágine en la Leyenda dorada, dentro de la primera jerarquía celeste, la de los ángeles más cercanos a Dios, integrada por serafines, querubines y tronos, estos últimos “sobresalen por su capacidad para disfrutar en sumo grado de las divinas delicias, y como parece que Dios se recuesta en ellos y ellos a su vez se recuestan en el Señor, les llamamos tronos, en el sentido de escaños o asientos”. 

 San Gregorio quizá vislumbró ese juego de tronos en un momento de iluminación mística, pero al dotar de cuerpos a los ángeles y a Dios, tal vez porque no tenía otra manera de comunicar su idea, borró la frontera entre lo sagrado y lo profano.  Los acostones de Dios con sus ángeles favoritos pueden sumir en la perplejidad a cualquier católico acostumbrado a oír albures desde la infancia. No es fácil desprenderse de ese legado y confieso que al leer a San Gregorio como lo haría Brozo me asaltaron ideas sacrílegas. Que yo sepa, ningún espíritu se puede recostar encima de otro. ¿Qué intentó decirnos con eso? ¿El Señor se sienta en varios tronos a la vez? ¿Gozan en plural de las “divinas delicias, como en las orgías terrenales?  ¿Dios los incluyó en la primera jerarquía celestial en pago por sus favores? ¿El Espíritu Santo y la Virgen María se hacen de la vista gorda mientras retoza con ellos? ¿Los querubines y los serafines excluidos del juego toleran en silencio ese ultraje? La Congregación para la Doctrina de la Fe nos haría un gran servicio si despejara estas dudas.

 



EROTISMO DE LOS ÁNGELES

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

EROTISMO DE LOS ÁNGELES

Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

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