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Análisis

El idioma de todes

“Cuando un cambio de esa envergadura no nace de una verdadera necesidad comunicativa, sino de un capricho ideológico, el genio de la lengua lo castiga con el ridículo”. ENRIQUE SERNA escribe sobre el “lenguaje incluyente”.

Por Enrique Serna
8 feb 2021

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Ilustración: Raquel Moreno.

EMEEQUIS.­– Desde hace más de veinte años, el autodenominado “lenguaje incluyente” predomina en el mundo académico y en los boletines oficiales de muchos gobiernos. En México, donde los eufemismos han dulcificado siempre las realidades amargas, la clase política lo adoptó con beneplácito, pero ha tenido poca aceptación entre los hablantes, incluyendo a las mujeres, a pesar de la machacona campaña por imponerlo. Con el ánimo de reglamentar este idiolecto, la Comisión Nacional de Derechos Humanos publicó en 2016 una Guía para el uso de un lenguaje incluyente y no sexista que busca “visibilizar a las mujeres y otros grupos sociales, así como prevenir la violencia y la discriminación contra cualquier persona”.   Sus loables objetivos parten de una premisa falsa, pues los usos corrientes del español no ocultan a las mujeres: las incluyen en el plural masculino y cuando alguien dice: “todos debemos obedecer la ley”, los oyentes o los lectores saben que el hablante se refiere a los dos sexos. 

La CNDH, sin embargo, desdeña la experiencia de 500 millones de hispanohablantes, pues según las autoras de la guía, “frases como ‘los hombres que han construido este país’, ‘el Día del Niño’, ‘todos los presentes’, ‘los servidores públicos’, ‘los pobladores’, “son formas de masculino genérico donde nos debemos preguntar: ¿Y ellas? ¿No son ellas parte de esos grupos de personas?”. ¿Por qué “nos debemos preguntar” algo que está perfectamente claro para todo el mundo en el uso cotidiano de la lengua?  La invención de un falso problema sólo sirve para fabricar enemigos imaginarios, en este caso, los hombres y las mujeres que hagan caso omiso de la guía. El uso del plural masculino nunca fue ni será un problema, salvo en la quisquillosa imaginación de las feministas que aspiran a imponer modas lingüísticas por decreto. Es fácil introducir palabras en el léxico de una lengua, pero las tentativas de introducir cambios morfológicos por razones políticas no pueden prosperar sin el consenso de la mayoría. 

Mucha gente que comparte los ideales del feminismo se opone a sacrificar la eufonía y la economía verbal del español en aras de una necedad sin fundamento. ¿Quieren ganarse la enemistad de esos grupos sociales?

Ningún idioma le serviría a nadie si ocultara con intenciones aviesas a la mitad del género humano. Ni siquiera el lenguaje machista oculta a las mujeres, pues al llamarlas “bizcochos” o “nalguitas”, los hombres quizá las rebajen a objetos sexuales, pero no niegan su existencia. El nivel de agresión de esas palabras depende, por supuesto, del tono en que se profieren, pues susurradas en la intimidad hasta pueden resultar cálidas y halagüeñas. Como ese lenguaje jamás ha pretendido ser igualitario ni correcto, sólo cambiará cuando haya una transformación profunda de la sociedad. 

Hartos de tener que decir “los ciudadanos y las ciudadanas”, los funcionarios temerosos de herir susceptibilidades optaron por emplear “las y los ciudadanos”, pero como esa hipercorrección idiota rompe la concordancia entre el artículo y el sustantivo, ninguna escritora valiosa la emplearía en un texto literario. Ante el fracaso de su engendro, las torturadoras del idioma proponen ahora el uso de un plural neutro: todes, ciudadanes, mexicanes, etcétera. En apariencia, el nuevo juguete verbal evita las redundancias, pero como también conlleva la introducción del artículo les, usado generalmente como pronombre para sustituir el objeto indirecto, desquiciaría por completo la sintaxis, nuestra principal herramienta para transmitir ideas. Cuando un cambio de esa envergadura no nace de una verdadera necesidad comunicativa, sino de un capricho ideológico, el genio de la lengua lo castiga con el ridículo. 

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Convertir la fórmula de cortesía ladies first en un programa de lucha gramatical no hará avanzar un milímetro los ideales del feminismo. Las promotoras del lenguaje incluyente deberían preguntarse si quieren imponer una regla de buenos modales o defender con eficacia los derechos de la mujer. Ya consiguieron el primer objetivo, pero es muy probable que los políticos violadores o golpeadores de mujeres utilicen ese lenguaje en público, pues como dijo la lingüista Concepción Company, entrevistada por Guadalupe Alonso cuando ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua, “el lenguaje incluyente es una cortina de humo que oculta los verdaderos problemas del machismo en la sociedad mexicana. Estoy segura de que muchos caballeros machines cuando dicen ‘estimadas todas y queridos todos’, lavan su conciencia pensando: ‘Qué incluyente soy’, pero después matan de un batazo a su esposa” (Milenio, 28-XII-2019). Si el feminismo quiere ganar adeptos fuera de su feudo, tiene que llamar al pan pan y al vino vino, en vez de brindar cobijo a la hipocresía.

   

@emeequis



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Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

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Enrique Serna

El autor (Ciudad de México, 1959) es novelista, cuentista, ensayista, guionista y biógrafo. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio de Narrativa Antonin Artaud. Acaba de publicar “El vendedor de silencio”, novela sobre el periodista Carlos Denegri. (Alfaguara, 2019).

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