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Ya pasaron dos años del sismo, pero Tomás Martínez Félix todavía suena indignado por el episodio en que marinos pretendían quitarle protagonismo a sus perros y dárselo a Frida por el hallazgo de un niño bajo los escombros: “Lo querían manejar de una manera muy política ¿no? O Sea. Espérese tantito, como foto para el show. Y yo le arrebato el micrófono, bueno, es una sordina así, no tengo el nombre y le digo no, sabes qué ¡déjate de chingaderas!”

 

–¿A quién le arrebataste el micrófono? 

–A un marino. Querían guardar cierta información, porque estos perros, pues ¿cómo le iban a ganar a la Frida si la Frida es de la Secretaría de la Defensa Nacional? (Acotación: Marina). O sea, cómo es posible ¿no? Le arrebaté yo el micrófono y le grité: ¿sabe qué, señora? Su hijo está totalmente vivo, venga a recogerlo. La señora precisamente se arranca de la parte de allá atrás (señala una tienda de mascotas), ahí donde está Kota era donde estaba la casa de campaña. La señora se acerca corriendo, se arranca totalmente el suero que tenía y los sedantes. Mira, precisamente, en la parte de aquí atrás, la señora agarra y abraza a su hijo ¿no? Entonces dices ¡carajo! Qué es lo que pasa con el mismo gobierno.

 

Aunque en su momento dio entrevistas, es la primera vez que comparte esta anécdota en particular.



 

ELLOS PENSABAN QUE ERA UN JUEGO

 

Tomás dice que sus perros, Sammi y Fenrrir, unos pastores alemanes, padre e hijo (de seis y cuatro años), con más energía de la que pueden manejar, nunca tuvieron entrenamiento para encontrar personas o algún otro tipo de disciplina, antes de acometer el rescate del niño Adrián (10 años), en la colonia Condesa, un día después del sismo de hace dos años. 

 

“Son perros de casa”. No hacía falta la aclaración. En el trayecto al lugar de los hechos venían rebotando en la parte de atrás de la camioneta, brincando de un lado a otro, como escuincles incontrolables rumbo a Tepetongo. Al estacionarnos cerca del Parque España, Fenrrir estuvo a punto de salirse por la ventana antes de que le abrieran la puerta. 

 

Una vez afuera se atragantaron de libertad un rato. “Perdone usted”, tuvo que intervenir en varias ocasiones Tomás ante paseantes, cada vez que sus perros importunaban a otros más civilizados, con ganas de jugar no correspondidas. Reprobarían cualquier curso de la Marina.

 

Uno de los pasatiempos favoritos de Sammi y Fenrrir era encontrar a Mikel, hijo de la pareja de Tomás, por los rincones de la cuadra o trepado en un árbol. Tomás sospecha que los perros creían que encontrar a Adrián en el edificio derrumbado del cruce de México y Sonora era otra versión de ese juego.  

 

“¿CUÁNTO VALE LA VIDA DE SU HIJO?”

 

Así halló Fenrrir al niño: “El niño Adrián estaba totalmente en una forma así perpendicular con unas varillas así atravesadas (frente a él). Yo cuando entro el perro tardó más de 15 minutos buscando a la persona. De repente se desapareció y empezó como a llorar el perro, lo empiezo a seguir con la lámpara y entonces el perro le empieza a lamer la cara al niño Adrián. Entro yo con la lámpara, realmente, como andamos ahorita, como civiles, con pants y tenis, de una manera cómoda. El perro le empieza a lamer la cara. Me acerco con la lámpara a ver al niño, si tenía un huesito roto, la cabecita o algo, no, el niño afortunadamente cuando yo le digo sabes qué, este, estás vivo, no me llores, tu papito está allá afuera, tu mamita está allá afuera y ahorita pues te vamos a sacar de aquí. El niño suelta el llanto y el perro se queda con él lamiéndole la cara al niño”.

 

Tomás salió de su casa ese 19 de septiembre con la voluntad de ayudar, pero sin idea de cómo hacerlo. Acompañado de sus perros, poco a poco se fue involucrando hasta quedar totalmente desprendido de sus labores habituales, como transportista y contador público. Durante varios días no hizo otra cosa, apenas comió y durmió donde pudo, al igual que sus canes. De Condesa a Xochimilco y de regreso, sus perros ayudaron a encontrar más personas, pero este momento de la Condesa fue especial. 

 

Adrián es hijo de un empresario que fue a buscar a Tomás hasta la casa de su madre para expresarle su agradecimiento con billetes. Pero Tomás, avergonzado, declinó, aunque agradeció el gesto. “El señor, muy amablemente, se acercó a la casa de mi madre, tocó la puerta y me quería dar una suma de dinero. Como 100 mil pesos más o menos. Yo le dije ¿sabe qué? De eso no se trata, nosotros fuimos a ayudar. Yo creo todavía en las energías, yo creo en muchas cosas y dije: el destino me va a dar eso y para más.

 

– ¿Te insistió en quedarte la cantidad? 

–Sí, sí, bueno que me lo quedara como agradecimiento, pero no, yo le dije simplemente pues ¿qué precio tiene la vida de su hijo? Fue donde el señor reaccionó.

 

Tomás perdió el contacto con Adrián y su familia, aunque se enteró que abandonó el año escolar tras el sismo y estuvo en terapia para lidiar con las secuelas psicológicas. A la fecha todavía lo buscan para repetir su relato. La gente se asombra por el hecho de que sus mascotas no tienen entrenamiento, como Frida. Le hicieron una nota en National Geographic y también le habló el encantador de perros, César Millán, para preguntarle su secreto, pero ni él lo sabe a ciencia cierta.

 

–¿Cómo lidiaron con la fama estos cachorros? 

–A Sammi pues le sobraban novias; a este (Fenrrir) también, mano.

 

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