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Las pistas del crimen organizado en Querétaro: armas blancas y posible complicidad oficial

Agentes de la fiscalía estatal han encontrado indicios de que detrás del motín en el Estadio Corregidora estarían dos grupos rivales dedicados al huachicoleo, quienes disfrazaron su rivalidad futbolera para atacar a enemigos ligados a cárteles de las drogas. El modus operandi de la golpiza es propio de sicarios.

Por Óscar Balderas
7 mar 2022

Crimen organizado en Querétaro
El acceso de objetos contundentes y armas blancas presume omisión de cuerpos de seguridad según investigaciones. Foto: Cuartoscuro.com.

EMEEQUIS.– Un presunto líder huachicolero graba con su teléfono a dos aficionados del Atlas que yacen noqueados en un pasillo del Estadio Corregidora en Querétaro, mientras un barrista de Los Gallos grita una orden homicida –“¡Que se mueran todos!”– dirigida para quienes se han amotinado a partir del minuto 55 del partido del sábado pasado.

La persona que graba pone el teléfono a unos centímetros de la cara de un joven inconsciente y sin playera para registrar las heridas sangrantes de su rostro; al segundo, tendido boca abajo en un charco de sangre, lo filma mientras hace una pose como de fotógrafo profesional.

A uno más, semidesnudo, sólo con bóxers y calcetas, aventado sobre un escalón que lo hace ver desnucado, lo mira con desprecio. “¡Ahí está, ahí está!”, se burla y suelta una risotada.

El video dura apenas 22 segundos y es uno de muchos que circularon en redes sociales después del motín que ha sorprendido al país. Sin embargo, no es un video cualquiera: la sudadera negra con letras blancas que porta la persona que graba con su teléfono hace pensar a agentes de inteligencia criminal de Querétaro que se trata del “Gordo”, un conocido huachicolero en cuyo perfil hay registro de su fanatismo por el equipo local de futbol.

Es la misma sudadera en talla grande o extragrande que había surgido en otras investigaciones sobre grupos huachicoleros con sede en el municipio San Juan del Río. La complexión de quien la usaba, un discreto tatuaje en el tobillo izquierdo y el tono agudo de su voz, casi infantil, le indicaba a los agentes encargados de dar con los responsables del motín que era altamente probable que “El Gordo” estuviera involucrado en los hechos violentos de la Jornada 9 del futbol mexicano.

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Aquella pista llevó a los agentes a conocer que uno de los jefes del “Gordo” estaba entre los barristas queretanos: “El Beto”, otro líder huachicolero y de mayor jerarquía, quien había llegado al estadio acompañado por un grupo de jóvenes ya investigados por ser presuntos ladrones de combustible disfrazados de fanáticos de los Gallos Blancos.

Los agentes de la Fiscalía General del Estado de Querétaro se preguntaron al instante: ¿qué hacía “El Beto” y su gente en el estadio? Y una posible respuesta la encontraron en la porra del equipo contrario: la Barra 51 del Atlas.


 Los rijosos se comportaron con características criminales. Foto: Cuartoscuro.com.


EL CÁRTEL JALISCO A LA CANCHA

En el 2011, Querétaro hizo historia al convertirse en la segunda –y última– entidad en México en crear un tipo penal específico para castigar las riñas en los estadios: el delito de violencia en un espectáculo deportivo, establecido en el artículo 134 bis del Código Penal local, que castiga a los responsables hasta con cuatro años de cárcel y 80 días de multa.

La iniciativa de ley, similar a la que impulsó Nuevo León en 2007, fue firmada por el entonces diputado local José Luis Aguilera —hoy regidor de la capital queretana— y desató que desde hace once años los agentes de investigación de la Fiscalía General del Estado de Querétaro pudieran hacer labores de inteligencia sobre las barras más problemáticas en el estado.

Una de ellas es la Barra 51 del Atlas, que mantiene una violenta rivalidad con la barra queretana La Resistencia Albiazul desde el 29 de abril de 2007, cuando barristas de ambos equipos protagonizaron una pelea campal tras un partido para salvarse del descenso y que terminó en la caída del Querétaro del máximo circuito del balompié mexicano.

Por ello, para el domingo 6 de marzo, los agentes de la Fiscalía queretana ya tenían un breve informe que alertaba sobre los riesgos de las barras contrarias a los Gallos Blancos: las del Atlético San Luis, del León y del Atlas, especialmente la Barra 51: la investigación local señala tendría en sus filas a presuntos integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación ligados al hoy detenido Salvador R., “El Rex”, líder huachicolero enfrentado a muerte con “El Beto” y “El Gordo”.

Con esa información, los agentes investigadores abrieron lo que hasta la mañana de este lunes aún es una línea de investigación, es decir, una posible explicación a la violencia que impactó al país: que detrás de una supuesta rivalidad futbolera está el crimen organizado. 

EL PRESUNTO APOYO INSTITUCIONAL

EMEEQUIS conoció que la línea de investigación sobre una colisión en el Estadio Corregidora entre dos grupos dedicado al huachicoleo es una entre varias que busca responder a la pregunta que se hacen los seguidores del futbol mexicano: ¿qué detonó la violencia extrema que se observa en videos en redes sociales, como el del “Gordo” grabando el saldo de las víctimas de las golpizas?

Entre las otras posibilidades está una añeja rivalidad entre barristas que se salió de control de manera espontánea y hasta una pelea campal alentada por los propios dueños de los Gallos Blancos para mandar un mensaje de firmeza a los rivales.

Pero la violencia con la que los barristas queretanos atacaron a sus contrarios ha fortalecido con el paso de las horas la línea de investigación sobre la participación de grupos del crimen organizado.

Primero, está el presunto apoyo institucional que recibieron los barristas blanquiazules: los administradores del Estadio Corregidora contrataron un puñado de uniformados de la empresa de seguridad privada G.E.S.K9, que a su vez fueron reclutados sin tener experiencia y con la promesa de pagarles 300 pesos por el evento.

Estos uniformados fueron grabados por aficionados abriendo las puertas que mantenían separadas a las barras rivales y hasta a uno de ellos golpeando con un cinturón a un hombre con una playera del Atlas, según se observa en un video que circula en redes sociales. 

Además, tanto policías de seguridad privada como pública habrían permitido el acceso de armas blancas y objetos contundentes a los barristas de Querétaro y despojaron hasta de encendedores a los barristas rojinegros para impedirles defenderse de una agresión orquestada.

Entre los testimonios recogidos por agentes de investigación entre heridos atendidos en el Hospital General de Querétaro está, por ejemplo, el de J. G., quien narró que los atacantes cargaban con cadenas enrolladas en tubos, bates con clavos, fileros de hasta 20 centímetros y radiocomunicadores, cuya ingreso al estadio sólo puede explicarse bajo el supuesto de una colaboración institucional. 


El partido se tuvo que suspender ante el grado de violencia. Foto: Cuartoscuro.com.


ACTÚAN COMO SICARIOS

Segundo, a la par de tener el posible apoyo de las autoridades –una necesidad clave para la operación de cualquier grupo de la criminalidad organizada–, los agresores no actuaron como aficionados enojados por ir perdiendo el partido, sino como “sicarios que van tras el enemigo”, según contó a esta revista uno de los agentes involucrados en la investigación.

El hecho de que las víctimas fueran despojadas de sus carteras y luego abandonadas semidesnudas en los pasillos del estadio es un modus operandi típico de los integrantes de un cártel, quienes no sólo buscan maximizar la humillación del rival, sino entorpecer el trabajo de las autoridades para conocer la identidad de las personas asesinadas o moribundas.

Otro hecho que llama la atención en la Fiscalía General del Estado de Querétaro es la actuación atípica de los agresores, quienes habrían actuado coordinadamente atacando por varias vías contra el enemigo, como se embosca en las tierras narcas del país.

O como la extraña actuación del “Gordo”, quien en lugar de resguardarse o huir del motín eligió grabar con su teléfono los cuerpos de sus rivales –a quienes habría dado por muertos– del mismo modo que los sicarios filman a sus víctimas para luego subir esos videos a redes sociales y enviar mensajes de horror.

Otra señal que alerta sobre presuntos integrantes del crimen organizado es el festejo del hecho violento: barristas queretanos se dieron tiempo para subir a sus redes sociales imágenes con jersey del Atlas arrancados a la fuerza, mientras posaban para selfies con los tenis manchados de sangre.

“Esas fotos no son casualidad. Son trofeos y son señales de lucha. Se cuelgan en redes sociales para que el líder del grupo criminal las vea y sepa quiénes son leales a sus luchas. Es la misma lógica de los sicarios que se toman fotos y videos para su Instagram posando felices y gritan porras al ‘Señor Mencho’. Esos no son aficionados enojados”, dice uno de los agentes investigadores.

Las señales de que integrantes del crimen organizado se metió al futbol cobran fuerza con las horas. Algo muy turbio sucedió en el Estadio Corregidora.

 

@oscarbalmen



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