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Las mujeres mexicanas producen 4.1 billones de pesos en trabajo no remunerado

Ellas realizan más trabajo no remunerado cuando se unen o casan con un hombre. Tan sólo en 2018 produjeron el equivalente al 70% del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2020.

Por Alejandra Crail
3 dic 2019

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Ilustración: Alex DelaCroix.

Son casi las 11 de la mañana y en la cocina de la casa de Margarita hay una danza de mujeres. Al son del aroma del café, una corta jitomates en la cabecera de la mesa de cristal, otra exprime religiosamente limones en una jarra, está quien amasa la masa de maíz y va moldeando una a una las gorditas que irán a parar al comal. Margarita está en un ala pegada, en el comedor. Desde ahí acomoda los manteles, los platos, los vasos, la salsera; también da órdenes que van a parar a la cocina: “¡A la salsa le falta sal!, ¡pon más café!, ¡tráeme los cubiertos!”. 

Ahí no hay hombres. 

Cuando el reloj marca las 11:30 horas empiezan a llegar los otros. Es domingo y van directo a sentarse al comedor. Un par viene de un partido de futbol, el otro de reunirse con amigos a unas calles, unos más se acercan después de haber pasado horas viendo el televisor, el esposo de Margarita llega de bailar danzón. Hijos, sobrinos y nietos de las mujeres que, desde temprano, han destinado su domingo a alistar la casa y preparar la comida. 


Aspecto de la marcha feminista realizada en marzo pasado en la Ciudad de México. Foto: Alejandra Crail.


Así cierra Margarita, de 64 años, su semana desde hace casi 40 años, cuando se casó. De lunes a domingo la vida se le va en ir al mercado, preparar la comida, limpiar la casa, lavar, planchar y doblar la ropa; asear el jardín, pagar los servicios, alimentar al perro, aliviar los “achaques” del marido, antes –cuando más joven– cuidaba de dos niños y sumaba el vestirlos, llevarlos a la escuela, ayudarles con la tarea. “Bueno, todavía sigo cuidando de mis niños”, se ríe. 

En México, el trabajo no remunerado doméstico y de cuidados de los hogares es realizado todos los días mayoritariamente por mujeres como Margarita. El 76.4 por ciento del tiempo que en los hogares se destinaron a preparar alimentos, limpiar y cuidar de la ropa o el calzado, cuidar y apoyar a otros miembros de la familia, limpiar la vivienda, hacer las compras y administrar el hogar, era de ellas, según las cifras de la Cuenta Satélite de Trabajo no Remunerado de los hogares de México 2018 que presentó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

CASI LO DEL PRESUPUESTO 2020

Si el valor de estos trabajos cotidianos se tradujera en dinero, podríamos decir que las mujeres producen 4.1 billones de pesos anualmente con estas actividades, el equivalente al 70% del Presupuesto de Egresos de la Federación que la administración actual destinó para 2020 (6.1 billones)

A diferencia de su esposo, un extrabajador jubilado de la extinta Luz y Fuerza del Centro, Margarita no descansa, no tiene jubilación, tampoco tiempo de esparcimiento ni de fomentar su desarrollo personal. “A veces hago algún viaje con mis amigas, otras hago un poco de ejercicio, a veces voy a pintarme el pelo, pero termino tan cansada de la casa que prefiero quedarme aquí”, cuenta. 

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Una mujer casada, como Margarita, debería percibir por el trabajo doméstico y de cuidados que realiza 76 mil 163 pesos cada año, dos salarios mínimos al día. En contraste, la participación de los hombres casados en las labores del hogar y de cuidados, como el esposo de Margarita, es de 23 mil 788 pesos, apenas poco más de medio salario mínimo al día. 

ONU Mujeres señala que la falta de reconocimiento al trabajo no remunerado y de cuidados de los hogares refuerzan la brecha de desigualdad entre hombres y mujeres. “Es un factor estructural que restringe notablemente la posibilidad de las mujeres de contar con ingresos propios, tener acceso a la protección social y participar plenamente en la política y la sociedad”.

Margarita no piensa en ello. No sabe qué haría si alguien le pagara los 76 mil pesos que produce año con año. “Así nos enseñaron que tenía que ser”, dice. La balanza, sin embargo, no está equilibrada. Sí reconoce que ya que su esposo está jubilado las labores deberían repartirse más. 

“Él se dedica principalmente a sus clases (practica danzón), lo hace todos los días. Y yo me sigo encargando de todo: de su ropa, de su comida, de la casa, pues él aporta la parte económica con su pensión”. 

Este domingo él viene de una presentación de danzón en la Alameda del Sur, en Coyoacán. Margarita, en cambio, se quedó a preparar la comida del almuerzo dominical. Mientras las gorditas desaparecen de la mesa y al aroma del café se va apagando, ella apenas tiene tiempo de sentarse a comer, es la última de toda la familia en hacerlo. Toma un sorbo de café, prueba un poco de comida, ríe con las anécdotas y cuando nota que a alguno de los hombres de la mesa le falta algo se para a rellenarle el plato. 

Uno a uno los hombres se irán parando, algunos llevarán el plato al lavabo de la cocina, otros ni eso. Los hombres harán cualquier otra cosa. Jugar videojuegos, fumar y ver televisión, por ejemplo. Margarita y las mujeres, entonces, recogerán todo lo que ha quedado sobre la mesa, lavarán los trastes, limpiarán y barrerán hasta dejarlo todo impecable.

MUJERES DEDICAN 64% DE SU TIEMPO A TRABAJO NO PAGADO

En los últimos 10 años, dice el INEGI, el tiempo que las personas destinan a las actividades no remuneradas que realizan en sus hogares se ha incrementado y, por tanto, su contribución a la economía a partir de los servicios que se generan. Las mujeres son las que más horas le dedican: el 64 por ciento de su tiempo de trabajo está enfocado en estas actividades y no les es pagado. 

Esto pese a que las labores domésticas y de cuidados realizadas exclusivamente por mujeres equivale a 17.7% del PIB nacional, una proporción mayor, incluso, a lo que aporta la industria manufacturera (17.3%), también de los servicios inmobiliarios (9.7%), la industria de la construcción (7.6%) e, incluso, le pisa los talones al comercio, que aportó el 18.8 por ciento del PIB el año pasado. 



La metodología del INEGI contempla a mujeres mayores de 12 años que han reportado en la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) las horas destinadas a actividades del hogar y de cuidados, luego realiza un cruce con los datos de las remuneraciones por actividad económica del Sistema de Cuentas Nacionales de México (SCNM). 

La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer reconoció desde 1979 la contribución de las mujeres a la economía mediante el Trabajo no remunerado que realizan y, recientemente, en 2015, México como país miembro de la ONU firmó la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, en la que se establece la obligación de reconocer y valorar los cuidados y el trabajo doméstico no remunerados mediante la prestación de servicios públicos, infraestructura y políticas de protección social, así como de impulsar la responsabilidad compartida en la familia y el hogar. 

Aunque las mujeres mexicanas participan cada vez más en trabajos remunerados, la dinámica familiar y la distribución de las tareas domésticas y de cuidado siguen sin ser equitativas. Aunque ellas aportan ya económicamente a sus hogares, la carga de trabajo que realizan en ellos no varía. 

Andrea, 29 años, da cuenta de esto. Especialista en sistemas, unió su vida a la de un piloto y buscó la forma de encontrar el equilibrio entre su vida personal y la de pareja. Él se encargaba de la mayor parte de los gastos y acordaron repartir responsabilidades del hogar. Lo difícil, narra, fue cuando ella se embarazó y llegó su primer hijo. Ahora sus planes se ajustan 100 por ciento a los horarios de su bebé, dejó su trabajo y depende económicamente de su pareja. 

Desde las siete de la mañana prepara desayunos y cambia al pequeño. Desayuna el niño, desayuna ella. Va al súper, regresa. Juega con el bebé, lo lleva a estimulación temprana, lo vuelve a alimentar. Va al mercado. El nene duerme y ella hace la comida, limpia el departamento, ajusta pendientes. Juega con su hijo. Sale de paseo con él. Si el papá está, ella puede ver amigos y, a veces, ir al gimnasio. Espera retomar su vida profesional el próximo año y estudiar una maestría. 

“ÉL SÓLO SE DEDICABA AL TRABAJO”

Los datos del INEGI son claros: cuando las mujeres se unen o casan con un hombre y tienen hijos realizan más trabajo no remunerado doméstico y de cuidados que cuando están solteras. 

Por ejemplo, el valor neto anual calculado por el INEGI por estas labores para una mujer soltera es de 33 mil pesos, mientras que para una casada se duplica hasta 76 mil. Si se hace el comparativo entre un hombre soltero y uno casado la diferencia no es tan grande, un hombre soltero realiza trabajos no remunerados equivalentes a los 19 mil pesos al año, casado sube a 23 mil. 

Paula tiene 31 años y tiene una hija de seis, es madre soltera. Recuerda que antes de conocer al padre de su hija vivía sola, tenía auto, estudiaba, trabajaba y tenía tiempo para ella. Se mudaron juntos y cuando ella se embarazó todo cambió. Con el embarazo vinieron, además, responsabilidades relacionadas al hogar que él no cubría, incluso los gastos del parto corrieron por su cuenta: vendió el coche de sus años de universitaria para poder cubrirlo. 

“Asumí las responsabilidades que venían con mi niña, me encargaba de la limpieza del hogar durante el día y además trabajaba por las noches, mientras ella dormía. Él se sólo se dedicaba al trabajo. Al final nos separamos”. 

La vida de Paula cambió tras el divorcio. Hoy se levanta a las seis de la mañana. Se baña. Hace el desayuno para Sofía. Trata de mantener todo en orden: uniforme, comida para la escuela, tarea, ropa. Toma un taxi, la deja en la escuela y va a trabajar. Sofía está en una escuela de tiempo completo, que cubre todo el horario laboral de Paula. La recoge a las 18:30 horas. Pasan a la papelería. Hacen tarea juntas. La baña. Cenan. Leen. Sofía duerme. “Normalmente tengo trabajo porque no me alcanza el día en la oficina. Aprovecho que ella se duerme y hasta que me da el cuerpo hago mis cosas, una o dos de la mañana, es el tiempo para mí”. 

Su expareja, en cambio, vive solo, no paga renta, sólo trabaja, ve a la pequeña algunos fines de semana. “Yo le compro los tenis, los calcetines, los calzones, le corto las uñas, cosas que él no atiende del día a día y que yo estoy al pendiente, si le sale un diente, si le duele algo. La balanza yo diría que está en un 80/20. El 20 es la parte económica que él aporta pero que no cubre todas las necesidades que tiene mi niña”.  

Nicko Nogués, fundador de De Machos A Hombres, explica que la masculinidad hegemónica, “una aparente y única manera de ser hombres”, es la que impide que participen de forma activa en las labores domésticas y de cuidado, porque “han estado ligados al mundo íntimo y personal, relegados a la esfera de lo que significa ser mujer”. 

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Pero, aclara, el acceso a la igualdad entre hombres y mujeres también implica una responsabilidad del lado de los hombres. “Siempre digo que será la escoba y no el balón lo que nos hará mejores hombres y hay acciones cotidianas fundamentales para ayudar a ese cambio interno: cuidar de nuestra salud personal, atender nuestros propios cuidados, la responsabilidad reproductiva, el cuidado del hogar y de nuestros hijos y padres”, señala el activista. 

Mientras tanto, la carga de trabajo doméstico no remunerado sigue impidiendo que las mujeres avancen en su desarrollo personal. Tienen menos tiempo para el aprendizaje, la especialización, el ocio, la participación social y política e, incluso, para su cuidado personal. 

Paula, Andrea y Margarita son reflejo de ello. Paula hace malabares para conservar su vida social y procurar su desarrollo personal: a veces toma un curso o un taller que la mantenga fresca en su profesión. Andrea ha detenido su desarrollo profesional para encargarse de su pequeño y espera encontrar un nuevo empleo pronto. Margarita dice ha encontrado placer en el tiempo que le sobra para ir a cortarse el cabello y, a veces, tomar el café en la sobremesa del desayuno de los domingos antes de tener que asear, de nuevo, la casa en la que ha recibido a todos. 

 

@AleCrail

 



 

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