Archivo de ‘Manual de la buena lesbiana’

Presentación del Manual de la buena lesbiana en El Vicio

Jueves, Diciembre 10th, 2009

Recuperando la reflexión cotidiana

Comentarios al Manual de la buena lesbiana

Por Gloria Careaga

Cuando Ana me invitó para estar en esta presentación, me asaltaron varias preguntas, en calidad de qué quiere que esté ahí. ¿Como académica? ¿Como dirigente? ¿Como amiga? ¿Como lesbiana? Conocí algunos de los textos del Manual durante la publicación de la columna, no todos, confieso; y los había disfrutado, más aún cuando se leyeron en la celebración de las Rebeldías Lésbicas de 2007. Quién sabe por qué en bola se disfrutan más, pareciera que a cada una de las asistentes tocaban la puerta distintos aspectos, o los mismos aspectos nos tocaban de manera diferente, no sé, pero como que nos contagiaba.

Las lesbianas somos un sector de la sociedad todavía poco conocido. La lucha por la visibilidad lésbica pareciera una tarea que no logramos concretar. O mejor dicho, se concreta a pasos vacilantes y cada vez aparece otra prioridad -que si la inclusión de las trans, la violencia a las mujeres, la lucha por la despenalización del aborto, ahora las intersex-. A pesar de que el movimiento lésbico en la ciudad de México, y tal vez en el país, ha sido el más consistente, porque no ha cejado en su condición política, hay poco reconocimiento social a este esfuerzo. No obstante las violaciones, el silenciamiento, la violencia que enfrentan cotidianamente, las lesbianas no han dejado de mantener abierto el clóset, dar la bienvenida a las nuevas y seguir definiendo estrategias para enfrentar al conservadurismo. Más de 30 años y seguimos en la lucha por la reivindicación de nuestros derechos. Pero es evidente que la realidad que hoy enfrentan las lesbianas en esta ciudad, es muy distinta de la de finales de los setenta, cuando inauguran la Marcha de Orgullo, o los noventa, cuando se consolidó la presencia LGBT a toda voz en la ciudad. Cada vez más podemos encontrar manifestaciones públicas de afecto entre personas del mismo sexo, en más espacios. Para mí, mirar a las parejas de chicas conversando, tomadas de la mano y con alguna expresión afectuosa al paso, en la explanada de la Facultad de Psicología, es todavía una sorpresa –incluso me apena, porque algunas pensarán que soy homofóbica, cuando las miro sin dar crédito a lo que observo-. Pero ¿cuáles serán las reflexiones de estas chicas en torno a su condición?

El Manual de la buena lesbiana viene a traer a grandes capas de la población aquello que hoy los grupos no pueden dar. El movimiento LGBT se ha transformado. Pasamos del pecado a la enfermedad y de ahí a convertirnos en interlocutores legítimos para demandar los derechos ante las autoridades y prácticamente, la mayoría hoy se dedica a la gestión política, sino es que a buscar un puesto o una posición cercana al poder. Además en esta inmensa ciudad, con una amplia oferta de bares, revistas, redes sociales cibernéticas, programas de radio, restaurantes y cafés, ¿cómo se conquista una audiencia para el trabajo colectivo, cómo se invita a ser activista… de qué? Más allá de las marchas, cada vez cuesta más reunir a la gente, si no es alrededor de un espectáculo. Los grupos de conciencia, la reflexión colectiva prácticamente ha desaparecido o las iniciativas vigentes resultan como la gota que trae el colibrí para apagar el incendio.

La lectura del Manual me llevó a recorrer de nuevo, mi propia experiencia de vida, las complejas relaciones familiares que Ana no gratis define como “energía oscilatoria y trepidatoria, centrífuga y centrípeta”, resultan convulsionantes para cada una de nosotras; acá el texto incluso nos prepara para las próximas reuniones de navidades, sobre todo para quienes no logran aún celebrarlas con su propia familia, en reunión con el pasado, el presente y el futuro, como dice Gabriela Serralde; esa familia propia, la construida a través de nuestras relaciones; recorrí inevitablemente también mis relaciones de pareja –incluyendo aquellas con las bugas, las bi y las activistas, magistralmente descritas en el texto con todas sus contradicciones y tentaciones-. Las constantes entradas y salidas del clóset, voluntarias e involuntarias; hasta la pereza de la definición pública, cuando no hay tiempo ni gana de entrar en detalladas y muy probablemente inútiles explicaciones, si más bien andas de vacaciones o dejaste la camiseta de activista en el carro. Porque, efectivamente, no importa cuántas veces hayas salido en la tele, o en los diarios, el mundo es heterosexual, y alguien te preguntará por el marido y los hijos, así, en masculino: ¿tienes hijos?, o ¿cuántos hijos tienes?, como señala la autora.

Afortunadamente, como ya he dicho, el Manual no es relato del calvario, aunque a veces una sienta que anda recorriéndolo cada día; Ana deja ver en estas 40 lecciones mucho del disfrute del ser lesbiana y los logros conquistados por la lucha de este transgresor movimiento. Manifiesta descaradamente sus deseos y placeres sexuales por las mujeres, especialmente por su señora esposa; como señala Lydia Cacho en el prólogo de la obra, Ana “dinamita” así el clóset.

No obstante, Ana pareciera no buscar con esta obra abrir las puertas del clóset, simplemente dejar claro ante los ojos de todo el mundo que así vivimos, que lo disfrutamos y que queremos que cada día más lesbianas lo disfruten también. Al cabo ese ha sido el interés y fin primordial de la lucha LGBT o por lo menos el de las lesbianas.

Pero las correrías aquí narradas no son las de una lesbiana cualquiera. Ana, en el Manual, cuestiona el status quo; aquilata las experiencias vividas a través del intercambio con distintas mujeres para “mirarse desde las otras y desde afuera”, y a través de otras culturas, y se interroga sobre las formas tan naturales de reproducción de lo establecido y el para qué de la vida de los antros y el gueto. Al mismo tiempo, no deja de señalarnos sus observaciones sobre la injusticia social y los desafíos que tenemos enfrente. Porque deja ver también su interés por continuar dándole al cambio social y una tendencia clara a la construcción colectiva. No sólo en el deseo que veo de la continuidad de este espacio y con Las Reinas Chulas, sino formando parte de redes e incluso jalando a René Prudencio para colaborar en este número.

Pero hay una cosa más que quiero destacar: Ana Francis desde el inicio del Manual trata de tomar distancia de lo académico y sus miradas acartonadas para llevarnos por una reflexión ligera, aunque no simple, sobre la vida cotidiana del ser lesbiana. No se da o no quiere darse cuenta que a través del recorrido, va organizando un buen volumen de información que cualquier investigadora disfrutará enormemente, como un estudio de caso. En el recorrido toca con ese ingenio que le caracteriza cada uno de los momentos divertidos, pero también los dramáticos que enfrenta una lesbiana que vive en una ciudad como la de México, en donde va tomado conciencia de sus derechos para darse fuerza y enfrentar las actitudes e ideas homofóbicas de quienes la rodean y mide el terreno cuando sale de la ciudad y se enfrenta a otras realidades, dando así cuenta de la variedad de vivencias de las lesbianas en este país. Su texto me hizo recordar los de Eribon y Halberstam, quienes a través de su análisis te hacen revivir experiencias diarias y estrategias; Ana, a través de la experiencia, nos lleva a identificar las incomodidades comunes y reflexionar sobre nosotras mismas y nuestra cotidianidad.

No es un manual de 10 pasos para lograr algo. Es en realidad una invitación a la reflexión sobre nuestras vidas, algunas veces con rabia y dolor, pero la mayoría de ellas a través de la ironía y el humor; la sonrisa fácil y hasta la carcajada son inevitables al encontrarnos en el texto; nos invita así a reírnos de nosotras mismas como nos retaba Rosario Castellanos. En la lectura me ha acompañado permanentemente la sabiduría de Graciela Hierro, no pude dejar de encontrarla y revivir conversaciones y el cariñoso acompañamiento de sus argumentaciones, que resumo en una frase socrática que ella repetía: “una vida sin reflexión no vale la pena vivirla”.

Y el texto, al buscar distanciarse de la teoría, me revivió la propuesta feminista de construir teoría desde otros lugares. Pone en jaque qué es la teoría y cuál es su fin, recitar autores, hablar y escribir como algunas de ellas, porque no les entiendo; proveer de miles de referencias y citas; ir en el tema punta –o finalmente de moda-; o buscar los mecanismos para comprender la realidad y si se puede transformarla. Ana se aleja de la academia acercándose profusamente, en un “sano” acercamiento –sin el ánimo de psicologizar de más- que termina dándonos lecciones y aquí está la esencia del Manual, en sus lecciones para mirar hacia dentro, sin dejar de observar nuestro entorno.

Así, nos deja ver que la construcción teórica sobre la lesbiandad en México es aún un tema incipiente, si no es que pendiente. Y que los recorridos por la cotidianidad es el basamento de donde podemos dar luz y continuidad a nuestras reflexiones, personales y teóricas.

Así que te agradezco profundamente, Ana, la invitación a la lectura detenida, lo disfruté enormemente y me trajo nuevas ideas para las tareas que tenemos pendientes. Y les invito para que lean este Manual, como señala Lydia Cacho, no es una lectura sólo para lesbianas, sino para todas aquellas personas interesadas en comprender mejor otros estilos de vida. Las experiencias de una lesbiana aquí narradas están además matizadas por sus propias reflexiones, cuestionamientos, fantasías y sueños, a través de los que construye nuevas realidades; así que les invito a placenteramente, reconstruir la suya.

Teatro bar El Vicio. Diciembre 7, 2009

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Cómo brinca una buena lesbiana

Miércoles, Julio 15th, 2009

Brincar, es un talento que nunca tuve. De por si la hora de Educación Física era el equivalente al órgano melódico de Juan Torres (o sea el infierno absoluto) Pero el peor momento era cuando tocaba atletismo ¡dos meses al añoooooo!!!!! ¿Por qué? Las carreras de obstáculos a los 10 años son la prueba de que Dios no existe. Siempre me caí, en cada obstáculo. Podría decir que el levantarme de aquello fue poético y me forjó en tanto mujer, pero no, sólo me torturó año con año. Mi redonda figura y yo padecimos como guajolotes en diciembre. Pero hoy brinqué, por fin pude. Y me morí de miedo.

For Today I Am A Boy (Antony & The Johnsons)

Martes, Julio 14th, 2009

La felicidad existe

Lunes, Julio 13th, 2009

13 de julio

El otro día escuché en un show: “…como soportar el dolor de existir”, frase que se me quedó dando vueltas por varias horas. Mi mamá me decía, cuando yo era niña -o niño, a saber que era yo, pero era yo- que la felicidad no existe, que son momentos solamente, pero que así felicidad felicidad, pos no existe. Yo me ponía furiosa; y con vehemencia pasional le gritaba que no, que la felicidad existe y que si ella no la encontraba era porque no quería… Porque no quería…  ¡ja! Mi mamá me veía con sus ojitos redondos como platos hacer mi pataleta -porque dramática siempre fui-. Ella quiso ser bailarina, estudiar química y no hubiera querido tener tantas hijas. No la dejaron entrar al ballet porque eso “es de putas” (decía mi abuelo), de la carrera la sacaron para que estudiara su hermano y tuvo las hijas que Dios le mandó (afortunadamente, porque yo fui la última). ¿Será por eso que, como dice mi mujer, los derechos humanos son la idea moderna de la felicidad?

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Cómo se embaraza la mamá de una buena lesbiana

Viernes, Julio 10th, 2009

10 de julio
Efeméride: Un día antes de cumplir 36 años

Mi mamá se embarazó de mí a esta edad. Cuenta la leyenda que mi mamá estaba muy triste porque justo su mamá, es decir mi abuela, murió unos meses antes, además de que también por esos tiempos se enteró de que mi padre tenía… -¿como decirlo de forma elegante?- una casa chica. A punto de colgarse de la lámpara ¡zaz! que se entera de que ahí venimos en camino (venimos porque inicialmente éramos gemelas). Me dijo mi madre, cuando yo tenía como 10 años, que la noticia de que estaba embarazada de mí la había rescatado de la profunda tristeza en la que se encontraba. Ya luego me destrozó en la adolescencia, pero esa frase me hizo -y me hace- sentir bonito en mi corazón.

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Humor machín

Jueves, Julio 9th, 2009

9 de julio
El otro día Rocha -el monero de La Jornada-, ante la pregunta de ¿por qué hay tan pocas caricaturistas mujeres?, que dice: “es que el humor político es machín” y sí, la cosa es que sí. ¿Se puede hacer humor sin que sea machín? He ahí el dilema. Yo creo que sí. Pero qué trabajo cuesta. Es el problema de reconocer los derechos, que luego es como traer unos lentes que te muestran toooooda la indignidad cotidiana.

Cómo calendariza una buena lesbiana

Miércoles, Julio 8th, 2009

Como ando haciendo mucho ejercicio ora ya me dieron ganas de entrar en competencias y así. No pa ganar, para ganar en deportes ahí si tengo que volver a nacer, pero no hay tos, me resigno a sólo llegar a la meta, que para alguien que estuvo sentada frente a la tele los primeros 18 años de su vida no está mal. El caso es que ya llevo tres años en los que no pierdo la constancia y entreno diario. Y con esta disciplina me he percatado de que a hay algunas disciplinas que me tranquilizan, que me ordenan lo que se me desborda y eso me permite no enloquecer. Sé que si hago ejercicio todos los días me siento fuerte y cuesta más trabajo desmoronarme, así que… a pedalearle. Y con eso de que la esperanza de vida de alguien como yo es de 85 años y Esperanza es nombre de mujer, vaya ser el diablo y en efecto viva yo hasta los 85. Pero la vida es angustiosa y compleja apenas a los 36… ¡¡¡Aaaaaaaaah!!! ¿Se pone más difícil? Parece que sí. Así que heme aquí intentando hacer un ejercicio suicida. Escribir un poco todos los días, disciplina que intento abrazar con fervor lechugón para encauzar mis energías sobrantes.

¿Escribir diario? Pecata minuta, dirán los escritores. Pero yo nomás soy lesbiana y cabaretera, no escritora, así que vamos a ver si la marrana no tuerce el rabo.

Efeméride

Hoy es 8 de julio, cumpleaños de mi hermana Mónica, la ex hippie y ora mocha. Que Dios y el pachuli la bendigan.

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¿Qué es la vida?

Miércoles, Mayo 20th, 2009

¿Qué es la vida? ¿La influenza es un invento de laboratorio o un accidente de la naturaleza? ¿A dónde se van los calcetines que se pierden y por qué guardamos los solitos tantos años? Cuando decimos: Partida Secreta, ¿de cuánto exactamente estamos hablando? ¿Cuántos años tiene Elba Esther Gordillo? ¿Habrá muerto ya y no se ha dado cuenta? ¿Cuál fue el precio de Felipe Calderón? ¿Ahumada de verdad tiene videos del hijo del Ingeniero? ¿Qué hace que unas chichis te gusten y otras no? ¿Por qué unos pezones son tiernitos y otros te desabotonan el ojo de una sentada? ¿Hay algo más sabroso que un buen guagüis? ¿Será que la clave para que se acabe el machismo es que no cometamos la tarugada de decir que ya se acabó? ¿Las Reinas Chulas algún día serán sex symbols? ¿La panza se quita de algún modo? ¿Cómo ser una buena mexicana?

Pero más importante que todo lo anterior: ¿Cómo ser una buena lesbiana?

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Una nueva: “influencia AHLNL”





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