La desaparición de Diego Fernández de Cevallos es signo inequívoco de una escalada en el clima enrarecido del país.
Su persona, muy cercana al presidente de la República, al secretario de Gobernación y al titular de la Procuraduría General de la República, es emblemática.
“Después de que él ha sido tocado, ya nadie está a salvo”, diagnostica Samuel González Ruiz, ex jefe de la Unidad Especializada en Delincuencia Organizada de la PGR.
“Y la tendencia, en este momento, es que haya muchos Diegos Fernández de Cevallos más”. Se requiere, subraya, un cambio de estrategia.
Las épocas del secuestro político y de los macrosecuestros, como el del empresario Alfredo Harp Helú, son otra cosa.
“El problema es saber cuándo entenderán las clases empresarial y política que el país no tiene futuro.
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