La UNAM alerta sobre los problemas de salud de un adicto al trabajo; “no es sinónimo de compromiso”, resaltan académicas

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Foto: Archivo

Ciudad de México, 29 de abril.- La adicción al trabajo suele ser una de las alteraciones más frecuentes entre los empleados, y va en incremento debido a la tecnología, resaltó Erika Villavicencio Ayub, académica de la facultad de Psicología (FP) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Un trabajólico es aquel que desarrolla sus funciones por más de 50 horas a la semana, y el factor tecnológico se suma a esta situación. Podemos estar fuera de la oficina, de viaje, o en la madrugada, atendiendo correos a través de un teléfono inteligente”, ejemplificó la especialista.

Por ello, la investigadora señaló que ser adicto al trabajo no es sinónimo de compromiso. Se han confundido estas características y se han fomentado para beneficio de muchas organizaciones, pero en realidad esta adicción afecta tanto a las persona como a la empresa.

Junto con Gladys Martínez Santiago, académica de la facultad de Medicina (FM), expuso que a nivel mundial, México se encuentra entre los primeros lugares con el mayor número de personas con estrés laboral.

Las universitarias coincidieron en que los adictos al trabajo son aquellos individuos que laboran de manera obsesiva, que están constantemente ocupados y tienen dificultad para desarrollar actividades en equipo o delegar funciones, y se sienten mal si tienen un rato de ocio.

Son susceptibles a desarrollar estrés, problemas familiares y personales, gastritis, colitis, insomnio, incluso llegar a uno de los problemas más graves: el karoshi, la muerte por exceso de trabajo o infarto al miocardio, que en Japón es un problema de salud pública.

Se considera que 85 por ciento de las organizaciones en el país son tóxicas, es decir, no cuentan con las condiciones adecuadas para el desempeño de sus trabajadores, no cuidan a su talento humano y promueven diferentes trastornos como el estrés, padecimiento relacionado con la adicción al trabajo, el síndrome burnout, acoso laboral y “presentismo”, entre otros.

Para las organizaciones se traduce en mayor costo económico, pues implica baja productividad, incremento de accidentes de trabajo, aumento del ausentismo, pero también del “presentismo” (ir al centro laboral, pero no trabajar).

En rueda de medios, Villavicencio resaltó que si la misma organización no tiene las condiciones adecuadas para que sus colaboradores tengan un balance laboral y de vida, es probable que desarrollen algún trastorno.

“La distribución de las cargas de trabajo y la definición de horarios son factores importantes para evitarlo”, aseguró la académica.

En tanto, Gladys Martínez Santiago refirió que según la Organización Internacional del Trabajo, cada año 2.34 millones de personas mueren por accidentes y enfermedades relacionadas al trabajo, y se registran 160 millones de casos por enfermedades no mortales vinculadas al área laboral.

Además, a partir de las reformas estructurales, en particular la reforma laboral, se modificaron las condiciones de empleo en México, lo que permite el trabajo flexible o la subcontratación, que se traducen en empleos de mala calidad.

Según un estudio elaborado en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM en torno a precariedad laboral en el país, 33 por ciento de los entrevistados dijo estar desempleado, 40 por ciento respondió que tenía contrato temporal, 38 por ciento dijo tener miedo de perder su empleo y 74 por ciento manifestó insatisfacción económica.

Estos factores se relacionan, en particular, con una afectación a la salud cardiovascular y mental, porque los trabajadores se someten a estrés crónico por incertidumbre, que los mantiene en una disfunción del sistema nervioso autónomo que regula la frecuencia del corazón y otros órganos, lo que podría conducirlos a una cardiopatía isquémica, alertó la universitaria.

Los más vulnerables a la precariedad laboral es el personal de salud y los profesores, quienes tienen contacto con pacientes y usuarios (alumnos) y una mayor exigencia mental.

“Sin embargo, aún tenemos enfermedades de trabajo que no hemos podido controlar, porque los factores psicosociales son difíciles de medir”, alertó.

(Quadratín)

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