Nevado de Toluca: el enemigo no es la tala; tampoco, los campesinos -Por Eugenio Fernández Vázquez

* Principales, Digital, La cáscara de la historia

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Nevado de Toluca: el enemigo no es

la tala; tampoco, los campesinos

Por Eugenio Fernández Vázquez¹
@eugeniofv

El 21 de octubre se publicó el Resumen del Programa de Manejo del Área de Protección de Flora y Fauna Nevado de Toluca y en los últimos días ha dado mucho de qué hablar, en especial a partir de las notas publicadas por Paris Martínez en Animal Político, que son, en el mejor de los casos, imprecisas: condenan que el nuevo documento rector del área natural protegida “legaliza la tala comercial, la agricultura, la ganadería, y otras actividades extractivas y comerciales en los bosques del Nevado”. El problema es que Martínez equipara extracción de madera con deforestación, cuando es al contrario, y asume que los habitantes del Nevado —los únicos que podrían realizar esa “tala” legalmente— son el enemigo, cuando ellos son los aliados de la conservación.

En primer lugar, el reportero parece asumir que los del Nevado de Toluca son bosques prístinos e inhabitados, y pasa por alto que en realidad están poblados desde hace décadas, al menos, por comunidades que son sus legítimas propietarias. Les niega también el derecho a que se respeten sus propiedades y a buscar salidas a la pobreza. Ignora, además, que las posibles soluciones para superar la pobreza pueden tener una sinergia positiva con la conservación de la biodiversidad, como ha confirmado un extenso y muy riguroso cuerpo de estudios académicos.

Luciana Porter Bolland y varios colegas suyos, por ejemplo, publicaron un repaso de la literatura sobre el tema en la prestigiada revista Forest Ecology and Management. En él, concluyen que “los bosques manejados por las comunidades [que los habitan] presentaron tasas anuales de deforestación menores y menos variables que los bosques protegidos”.

Específicamente sobre México, una investigación reciente liderada por Frederick Cubbage, apoyada por un equipo del Banco Mundial y publicada por el Journal of Sustainable Forestry, concluyó que las empresas de ejidos y comunidades que se dedican a extraer madera de los bosques que les pertenecen, “en su mayoría son sostenibles a largo plazo, y la mayor parte de sus operaciones de manejo forestal y en la cadena de valor de la madera son rentables”.

Es cuestión de economía básica: si el bosque vale menos que los usos del suelo alternativos, se degradará o se perderá definitivamente. En cambio, si el bosque tiene un valor económico propio, quienes lo habitan y usan lo mantendrán con buena salud. Con ello, además, se puede combatir la pobreza en las regiones forestales, activando la economía de zonas muy remotas con pocas alternativas productivas.

En segundo lugar, textos periodísticos como el citado dan por hecho que esos bosques no requieren de ningún tipo de intervención, y que los que se han mantenido con buena salud siguen así por alguna casualidad histórica. Nada más lejos de la realidad. Los bosques del Nevado de Toluca presentan serios problemas ecológicos que ponen en riesgo su supervivencia, y el estatus de “parque nacional” impedía tomar medidas al respecto.

Por un lado, esos bosques de pino, encino y oyamel necesitan quemarse periódicamente. Esa es su dinámica ecológica y a eso se han adaptado. Como se han suprimido sistemáticamente los fuegos, hoy se han llenado de plagas y se corre el riesgo de que haya incendios de muy alta severidad que ponen en riesgo su supervivencia misma. Los bosques que no tienen este problema es porque de una u otra forma han sido cuidados por los ejidos y comunidades que son sus propietarios.

Por otro lado, para evitar que las plagas se propaguen hace falta remover los árboles que se han infectado antes de que los insectos, hongos o la peste en cuestión salte al árbol siguiente. Como esto podría interpretarse como una intervención que de una u otra forma modifica el entorno, la legislación ambiental lo prohibía, lo que supone un serio problema y ponía en riesgo los ecosistemas forestales del volcán. El cambio de estatus del Nevado de Toluca a área de protección de flora y fauna permitirá corregir esa situación y combatir el sinfín de plagas que asuelan esos bosques.

En tercer lugar, a juzgar por las notas de referencia es como si existiera una sola forma de cuidar los bosques y que ésta funcionará por decreto. En realidad, hay muchas formas de mantener los ecosistemas forestales con buena salud, y todas son muy complejas.

Una primera opción es la que eligieron en Estados Unidos. Consiste en expulsar por la fuerza, o ahogándolos económicamente, a los habitantes de los bosques que se consideran relevantes, decretarlos parques nacionales y constituir un cuerpo de guardias que impida que nadie entre sin autorización. Eso supone una flagrante violación a los derechos humanos de quienes habitan esas áreas elegidas, y sólo genera un caldo de cultivo ideal para la ilegalidad.

Buena parte de la información difundida insiste, por cierto, en que se “cancela el decreto de Cárdenas”, como si el general hubiera compartido esta opción y hubiera sido un conservacionista radical que no quería ver gente en los bosques. De nuevo: nada más lejos de la realidad.

Como han documentado ampliamente Emily Wakild en su historia de los parques nacionales del cardenismo (Revolutionary Parks: Conservation, Social Justice, and Mexico’s National Parks, 1910-1940) y Chris Boyer en su historia de la política forestal del siglo XX (Political Landscapes: Forests, conservation and community in Mexico), Lázaro Cárdenas buscaba hacer compatible el uso del bosque con su conservación.

Como dice Boyer, “las iniciativas cardenistas reflejaban una visión amplia de la gobernanza del medio ambiente que buscaba dar a la gente rural gran flexibilidad para trabajar en sus propias tierras forestales”. Por eso permitió que el Departamento Agrario repartiera tierras a ejidos y comunidades dentro de los parques nacionales: no se trataba de excluir de ellos a la gente; al contrario, se trataba de transformar su relación con los bosques y que vivieran de ellos, produciendo y conservando a la vez.

Descartada esa posibilidad por impráctica e inmoral, quedan otras abiertas. Una segunda opción para conservar en buen estado el medio ambiente consiste no en restringir el uso de los recursos naturales que hay en este o aquel territorio, como ocurre cuando se decreta un área natural protegida, sino en regular ese uso y prohibir sus alternativas.

¿Cómo se ha asegurado que los bosques de pinos de la Sierra Madre Occidental o gran parte de las selvas tropicales de Campeche y Quitana Roo se mantengan en pie? No estableciendo un parque nacional, sino prohibiendo el cambio de uso de suelo de los bosques y fomentando el aprovechamiento maderable. En la gran mayoría de los casos, ha resultado una estrategia exitosa.

Para muestra baste un botón. Quien mire un mapa de deforestación como el que presenta el Observatorio Global de los Bosques (Global Forest Watch), verá que la deforestación que asuela las selvas secas del Pacífico frena de pronto conforme se avanza tierra adentro. El cambio no es gratuito: es donde terminan esos ecosistemas, que son muy poco rentables y han quedado olvidados por las autoridades ambientales y de impartición de justicia, y empiezan los bosques de pino y encino, que son muy rentables. El manejo forestal ha sido una alternativa de conservación muy eficaz para gran parte del país.

Con todo y lo positivo que ha sido, tenemos lugares con características particulares que vale la pena mantener, y para ello sí hace falta establecer restricciones y regímenes especiales. Si son bosques muy antiguos, o compuestos por especies muy escasas, no hay que tocarlos si no es para cuidarlos. Si son el refugio invernal de la mariposa monarca, lo único que se puede hacer es visitarlos, y de a poquito.

Se impone entonces una tercera opción, que es la que México ha elegido para la gran mayoría de sus áreas naturales protegidas. En el país, en la gran mayoría de los casos no ha sido necesario expulsar a nadie; al contrario, las comunidades locales se han convertido en aliados importantes para conservar con bien esos territorios.

La lógica es sencilla: cuando un solo actor —el gobierno federal, que es quien está autorizado y facultado para cuidar las áreas naturales protegidas— no tiene los recursos suficientes, lo mejor es unir fuerzas con otros actores. Y ¿quién mejor que las comunidades que ya habitan y conocen esas zonas? Permitir que se aproveche una parte de la madera del Nevado de Toluca tiene la ventaja de que las comunidades que lo habitan no sólo pueden ser aliadas de las autoridades y de la sociedad en pleno en la conservación de sus bosques. Ahora podrán vivir de ser guardianes de esos bosques y de mantenerlos en pie y con buena salud.

Las amenazas al Nevado de Toluca no vienen, pues, de las comunidades que lo habitan. Más bien, las amenazas que enfrenta están afuera de sus bosques —en la corrupción, la falta de recursos o las decisiones que se toman en oficinas gubernamentales— y sobre ellas casi ningún periodista está reporteando.

Si la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) sigue teniendo menos presupuesto que el que destina la ciudad de Nueva York a albercas y pistas de patineta, difícilmente podrá hacer su trabajo. Si el comisionado nacional sale, como ahora, de las filas de los consentidos del presidente Peña Nieto y no de entre los técnicos mejor calificados, la Conanp andará sin rumbo. Si la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales se salta la ley y no respeta lo que manda el decreto del área, entonces sí que el Nevado de Toluca estará en peligro.

En lo que esas amenazas verdaderas se resuelven, una cosa está clara: los campesinos de la zona no sólo no son el enemigo: son nuestra primera línea de defensa.

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¹ Miembro de Comunicación y Construcción de Alternativas, AC.

Comentarios (3)

  • tupac

    Claro.. entonces explícame por qué los campesinos han terminado con miles de hectáreas en la zona? Este artículo es meramente utópico. La realidad es que los campesinos seguirán talando para ampliar sus cultivos, no para sembrar más árboles. Durante décadas se ha hecho lo que este artículo señala como la mejor opción y los resultados no son buenos, perdóname, los resultados son que ya casi no tenemos bosques. La tala sigue, los campesinos expanden sus sembradíos y nadie siembra más árboles. Esa es la realidad en este país.

  • Rn

    Tupac tiene razón
    La gente de esas zonas deforestad lo único que han generado son hectáreas seca de maíz que es lo único que saben sembrar y donde no sembraron lo dejarían pelón y no reforestaron. Este artículo es una pendejada que a parte fomenta ñamracbica de tumba y quema que es de lo más primitivo y si los bosques estuvieran enfermos o estarían en el estado que están. El problema es que tenemos incultos rateros en El gobierno comprando prensa como la de este articulo para hacer abusos de poder y estupideces disque fundamentadas. Cuando vuelen sobre el Estado de México vean que seco y deteriorado está. Y ahora quieren deforestar tantas hectáreas? con menos agua se van a quedar.

  • Jorge León

    Concuerdo que la gestión forestal de los bosques en ocasiones puede ser beneficiosa para los ecosistemas, sin embargo, creo que se idealiza el papel de los usuarios directos, dejándolos cómo actores de sus propios beneficios y desgracias, aumentando la asimetría entre sociedad, estado y mercado. Cabe resaltar que es costumbren que decisiones de este tipo atiendan a los intereses de unos pocos, resaltando una posible tragedia de los comunes. Si el sistema funcionara como aun maquina con engranajes perfectamente alineado, sin la búsqueda del beneficio individual muy probablemente seria resuelto desde una perceptiva de economía básica.

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