“Estás ardida”: así respondió la Universidad de Guanajuato a becaria agredida sexualmente

* Principales, Equidad de género, Noticias, Seguridad y justicia
Rector Universidad Guanajuato

A la izquierda, el rector de la Universidad de Guanajuato, Luis Felipe Guerrero; a la derecha, el profesor Julio César Kala, acusado de agredir a María Isabel.

.

Por Arlen Pimentel / emeequis
@stellaroja

 

Ciudad de México, 18 de junio.- Era su jefe, su maestro, el papá de una de sus amigas. Cuando le dijo que necesitaba hablar en privado después de la cena ofrecida por la clausura del doctorado interinstitucional en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, ella no dudó en subir a la habitación del hotel donde se hospedaban todos los invitados. Incluso pensó que era una broma cuando le propuso que fueran amantes. Hasta que él comenzó a tocarla y golpearla. Cuando lo amenazó con llamar a la policía, él ya tenía los pantalones abajo.

Lo primero que hizo al regresar a la Universidad de Guanajuato fue pedir consejo a su tía, quien es la secretaria particular del rector Luis Felipe Guerrero Agripino. Pero ella le dijo que el intento de violación fue “por su culpa” y que mejor se consiguiera otro trabajo.

María Isabel Puente tardó algunos días para contárselo a su familia e incluso tuvo que acudir a terapia psicológica. Además, fue despedida de su puesto de trabajo como ayudante del profesor Julio César Kala, su agresor, por lo que regresó a vivir a Tabasco, su ciudad natal.

“Un día me armé de mucha coraje y mandé un oficio a la universidad para denunciar las agresiones físicas y sexuales. Lo di por escrito al rector de la universidad, a la directora de la División de Derecho, al procurador universitario y a la junta directiva, porque mi agresor era miembro de ella.

“A partir de entonces comencé a recibir amenazas de varios de mis ex compañeros de trabajo. Me regañaron, me amenazaron, dijeron que era mi culpa, que yo era ‘una tonta’ porque no entendía que las cosas no deberían ser así, pero así son”. Las autoridades no dieron respuesta a su oficio.

Después de recibir amenazas telefónicas, María descargó una aplicación para grabar llamadas desde su celular y comenzó a registrar todas las conversaciones que tuvo con los funcionarios de la universidad.

Gracias a las grabaciones, la joven abogada pudo demostrar que funcionarios de alto nivel de la Universidad de Guanajuato mintieron flagrantemente durante las investigaciones que diferentes organismos gubernamentales iniciaron, al asegurar que dieron acompañamiento y estuvieron al pendiente del caso.

Los audios se convirtieron en pruebas que respaldaron sus denuncias ante el Ministerio Público de Aguascalientes, la Procuraduría de los Derechos Humanos del Estado de Guanajuato y el Instituto para las Mujeres Guanajuatenses.

No obstante, el Ministerio Público de Guanajuato descartó la denuncia con el argumento de que los hechos no sucedieron en la entidad, ya que el agresor la había atacado durante un viaje académico que ambos hicieron a Aguascalientes.

Las conversaciones telefónicas muestran que los directivos universitarios no sólo mintieron sobre su falso apoyo a la agresión de la que María fue víctima, sino que se convirtieron en victimarios al iniciar una ofensiva en su contra para que desistiera en sus acusaciones.

La denuncia está en curso y sólo faltan las pruebas psicológicas que deben hacerse al agresor y a la agredida, pero no se han hecho porque el profesor Kala no se ha presentado.

“Si no se presenta, tienen que mandar una orden de presentación. Fue falsedad ante la autoridad y delito de cohecho, se va a abrir una nueva investigación a los funcionarios públicos que mintieron en sus informes, porque nunca imaginaron que yo los grababa por teléfono”.

.

El soborno

El ataque de la universidad contra la joven de 27 años incluye amenazas, intentos de chantaje e incluso soborno: su agresor llegó a darle un cheque en blanco firmado para que ella lo llenara con la cantidad que quisiera.

Cheque Julio Cesar Kala

“Mi agresor primero me mandó mensajes diciendo que no se recuperaba de la culpa, que lo perdonara, que volviera. Pero después me decía que si ya no iba a volver que siguiera cobrando, aunque no fuera.

“Después el director del jurídico de la universidad también me pidió que siguiera cobrando, pero obviamente yo no lo hice, porque no es congruente”, platica María, quien ahora vive en la Ciudad en México.

Los funcionarios universitarios pasaron de las amenazas para hacerla desistir de su denuncia a los intentos de chantaje emocional para conseguir que aceptara un acuerdo.

El asesor del rector, Mauricio Murillo de la Rosa, me dijo que yo estaba ‘ardida o enojada’ y que para intentar arreglar las cosas lo platicáramos. Pero yo no he querido llegar a un acuerdo, porque creo que esto debe ir más allá. No pueden normalizar la violencia física ni sexual. Mucho menos deberían culpar a las víctimas”.

.

Un avance

El caso de María Isabel Puente sigue en proceso en las instancias correspondientes, pero aunque todavía no hay resoluciones oficiales, ya dejó un legado en la universidad que podría ayudar a futuros casos parecidos al suyo.

A partir de las primeras notas sobre el caso en medios informativos, decenas de estudiantes expresaron su solidaridad con María. Muchas de ellas, mujeres, le contaron historias parecidas a la suya.

La respuesta contundente del alumnado llegó después de que el rector decidiera no investigar a Julio César Kala por la agresión. Entre los argumentos que esgrimió públicamente, está uno en el que afirmó que ya no iba a volver a suceder, porque María Isabel ya no estaba en la universidad, recuerda la joven.

“Es una práctica común de los maestros pedir a las alumnos cosas a cambio de calificaciones. Los profesores llegan al salón y toman de las botellas de agua de las alumnas, sin pedir permiso; manifiestan su molestia porque cada vez hay más mujeres en las aulas; los directores de tesis envían mensajes de acoso a las estudiantes; califican con 10 a los hombres, pero no dan más de 8 a las mujeres”, cuenta la ex asistente académica.

A partir de que difundió historia y que salieron a la luz pública otros casos similares, los estudiantes organizaron en febrero pasado una manifestación en las escalinatas de la universidad para exigir un alto al acoso sexual.

A partir de las protestas, las autoridades universitarias pusieron en marcha un protocolo de actuación en caso de acoso sexual en las instalaciones universitarias. Ahora los maestros ya no puedan citar a los alumnos afuera de la universidad; si van a dar tutoría en sus cubículos, tiene que ser con las puertas abiertas y hay una ventanilla para que los alumnos denuncien si consideran que son víctimas de acoso.

“He rogado a las autoridades que apliquen los mismos protocolos en mi caso, pero parecen que son sólo letra muerta”, lamenta María.

.

La buena reputación

“Yo  trabajaba en la universidad. Un día, de la noche a la mañana, me agreden, me corren y me dan de baja. Me parecía imposible que los funcionarios pensaran que de esa forma podían solucionar las cosas. Hasta la fecha yo llamo para preguntar de mi expediente y no me quieren dar información”.

María Isabel asegura que la indolencia de las autoridades se debe a que su agresor es amigo personal del rector Luis Felipe Guerrero, un personaje conocido por su excesivo gusto por lucir accesorios costosos de diseñador, según el medio local Zona Franca, y por contar con “gente poderosa” entre sus amistades.

Ella piensa que la actitud de los funcionarios de la universidad se debe a que ven las cosas desde un punto de vista sexista.

“Son políticas machistas que trasgreden muchos derechos humanos. Nada les prohibía atenderme. Y por el contrario, si no ha sido por los medios que me ayudaron a darle difusión y los alumnos que hicieron la protesta, esto no habría trascendido.

“Poniéndolo en contexto, si a mí me fue como me fue, no me quiero ni imaginar cómo les irá a las personas que vienen de ciudades más pequeñas o lugares de escasos recursos. A mí, teniendo todos los recursos del mundo, me han corrido porque mi agresor es amigo del rector”, asegura María.

La agresión que sufrió le cambió la vida, cuenta. Aunque ha recibido múltiples muestras de solidaridad, una parte de su familia, paradójicamente, no aprueba el hecho de que ella se atreviera a denunciar.

“Me dicen que qué va a decir la gente de mí, que debo llevar la buena reputación a la casa; y ahora me dicen que seguramente quiero una ganancia o un privilegio de esto”.

Las autoridades universitarias también lo ven así, relata María, como algo personal. “Ellos buscan proteger a la institución, como si la institución no fuéramos todos. Además, ellos serán funcionarios sólo un tiempo, pero el daño que le están provocando a otras personas es permanente”.

María Isabel, hoy residente de la Ciudad de México, cursa un Verano del Colegio de México que le ha permitido contar su historia y no sólo impulsar su caso para obtener justicia, sino ayudar a otras mujeres con casos similares, a quienes orienta legalmente sobre las acciones que pueden tomar.

“Es muy grave que haya un profesor que acose y golpee alumnas. Pero lo más grave de eso es que haya un montón de servidores públicos que lo están encubriendo, que pretendan pasar de victimarios a víctimas. Así, estamos condenados a repetir la misma historia” una y otra vez, concluye María Isabel Puente.

Comentarios (8)

  • karenkp

    Sinceramente no puedo decir que la situación que denuncia esta persona fuera cierta o no. Sin embargo, en varias cosas si miente y por su edad fuimos contemporáneas en la carrera (yo también estudié Derecho en la UG), según esta publicación ella dijo textualmente lo siguiente: “Es una práctica común de los maestros pedir a las alumnos cosas a cambios de calificaciones. Los profesores llegan al salón y toman de las botellas de agua de las alumnas, sin pedir permiso; manifiestan su molestia porque cada vez hay más mujeres en las aulas; los directores de tesis envían mensajes de acoso a las estudiantes; califican con 10 a los hombres, pero no dan más de 8 a las mujeres”. En mis 5 años de licenciatura jamás supe que un maestro pidiera nada a cambio de calificaciones, y mucho menos que lo dijeran públicamente tampoco jamás un profesor tomó agua de ninguna botella de alumnos con o sin permiso (hombres ni mujeres), también nunca escuche de ningún profesor que se quejará del hecho que había más mujeres en las aulas (comentaban que antes en las aulas eran más hombres que mujeres pero solo como comentario, no como queja), sobre los directores de tesis, ahí no me consta nada porque hice CENEVAL, y por último que a los hombres les califican de 10 y a las mujeres no más de 8, eso es una vil mentira, yo misma en muchas ocasiones saque 9 y 10, y las veces que no, se debió a que MI desempeñó no fue lo suficiente para alcanzar esa puntuación, de hecho, el mejor promedio de mi generación se lo ganó una mujer. El punto de todo esto, es que dicha persona no catalogue y estigmatice a todo el profesorado de la División de Derecho, Política y Gobierno de la UG por el presunto comportamiento de uno (porque aún no se acredita plenamente, y por lo tanto, no hay una resolución al respecto). Así mismo, me consta que muchos de ellos son excelentes personas tanto en los ámbitos; personal como en el profesional. Reitero por la edad de esa persona y la mía, fuimos contemporáneas en la carrera y por lo tanto, nos dieron clases los mismos profesores. (P.D. No trabajo para la UG así que me expreso con total imparcialidad y veracidad).

  • Gelda Navarro

    Quiero felicitar a María Isabel Puente, por su valentía, por su perseverancia, bien se esa ese habitus social de considerar a la victima como victimario, es parte de la descomposición social que vivimos. Aunado a la corrupción en todos los niveles.Y también puedo comprender esas dobles morales familiares, donde no es correcto denunciar. Todo eso hace que hechos como acoso sexual, laboral , bullimg, etc. no sean aceptados, sean minimizados, sea estigmatizada la victima que ella se lo busco, que eres una conflictiva, rara, etc.
    Mi hija sufrió bulling y denuncie ante la Conapred al colegio,sin embargo, por sanidad emocional para mi hija tuve que desistir y mejor cambiar de colegio a mi hija.
    Me hubiera gustado haber continuado con el proceso…. por ello la admiro y aliento a que continué, esos precedentes son necesarios.
    Saludos desde Chiapas

  • Mónica

    En la época en que estuve en la Prepa Oficial de Gto. me sucedió un acoso de un maestro del cual omito su nombre y no solo fue a mí, Pero fue tanto su Persistencia que tuve que decir lo que estaba Pasando y en ese momento la respuesta de la Universidad fue de apoyo, dando un seguimiento rápido al asunto y todo salió a la luz, generando de esta manera el despido del maestro, en realidad uno ve esas cosas lejanas, hasta que terminan Pasándote, y sí, se necesita mucha valentía, yo sugiero que demande en tribunales, si la Universidad después de todo no da la cara y Permite este tipo de respuestas con las cuales deberían de tener tacto. Todo lo sucedido obró en actas de la Universidad.

  • Gina

    Los victimarios saben escoger muy bien a su victima, muchas veces no vemos o no queremos ver lo que pasa con nuestras compañeras, ojala todo se resuelva para bien de María Isabel, que sea castigado y no importe que tenga amiguitos pudiente.

  • Cristina

    Esta vieja miente, quienes estudiamos ahí sabemos que lo que ella narra es falso!!! yo obtuve siempre la calificación que me merecía, al igual que el resto. Y de la misma manera, muchos fuimos testigos de cómo señoritas estudiantes se les resbalaban a los profesores en búsqueda de beneficios laborales.

  • Nacho M

    Lo que pasa es que, para actuar, la UG quería que fuera en horario de clases e instalaciones de la Universidad.

  • Alejandro

    Yo estudié ahí hace muchos años y me consta que cierto Ex-rector Dom Antonio Torres Gomez, le gritaba a las alumnas que eran unas profugas del metate y que las regañaba hasta por tomar agua, se indignaba solamente con las mujeres y siempre tenían mejores calificaciones que los hombres, si bien el se jubiló hace unos años, hay muchos maestros que tienen mala fama de acosadores, al parecer ser un misógino es un requisito indispensable para ser rector de la universidad.

  • diegojj

    LA DDPG ES UN DESMADRE, TIENEN UN DIRECTOR QUE SE DEJA MANIPULAR, SU SECRETARIAS SE CREEN LA GRAN COSA PIENSAN QUE TIENEN EL PODER. LA COORDINACIÓN POR DIOS SON UN CAOS, SU PERSONAL ATIENDEN MUY GROSERO, SE NECESITA MAS CAPACITACIÓN PARA ELLAS. TERESITA REGRESA A ESA DIVISION ANTES DE QUE SE UNDA

Deja un comentario

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Revista emeequis

Desplácese hasta la parte superior