Francisco en un país conservador -Por Juan Luis Hernández

La cáscara de la historia - Página: 75 - No.366

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Francisco en un

país conservador

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Por Juan Luis Hernández*

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Buenos Aires, Argentina.- En ninguna otra visita el papa Francisco habló tan fuerte y claro a los obispos como en México. Tampoco en ninguna otra visita el pontífice ha hablado sin ambages de la corrupción, el narcotráfico y la violencia como en México. Frente a los políticos que fueron a sacar raja política de su presencia, como a las masas acostumbradas a adorar al icono papal más que a su catequesis.

Francisco ha visitado uno de los países católicos más conservadores del mundo. Junto con el colombiano, el episcopado mexicano es el más retrógado y elitista de América Latina. Por eso Juan Pablo II visitó el país cinco veces y por eso los católicos se sienten aún más cómodos con él. Bergoglio tuvo que pensar dos veces si quería ir a México. La presión e invitación corrió por cortesía del gobierno mexicano.

Pero el papa lo sabía bien. ¿A qué iba a México si el episcopado apenas lo tolera? ¿A qué ir a México si los obispos mexicanos, en general, van muchos pasos atrás que Francisco en todas las dimensiones pastorales que hoy impulsa el papado? El gobierno insistió. Querían aprovechar lo que de cualquier forma genera el fenómeno del pontífice en México.

Como buen jesuita, Jorge Mario Bergoglio no sólo no es corto en las artes de la estrategia y tácticas políticas, sino que, como decía San Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús: “Hay que entrar con la de ellos para salir con la nuestra”. Estos días en Argentina he recogido multitud de testimonios de quienes trabajaron con Bergoglio, tanto en su faceta de provincial de los jesuitas como ya de obispo y arzobispo. Todos alaban su claridad política para incomodar a los poderosos, sean caciques o políticos profesionales. Y todos aseguran que cuando los políticos van, él ya regresó.

¿Quién utilizó mejor la visita para sus propósitos? ¿El gobierno o el papa? Bergoglio aprovechó la presión del gobierno para escoger lugares políticamente calientes y desde ahí construir un discurso de empoderamiento civil, resucitando aspectos clave de la Teología de la Liberación pero con un lenguaje pontificio nuevo, simple, de la calle, el necesario para movilizar a unas bases católicas adormecidas por la alienación religiosa.

Francisco proviene de una Iglesia entregada a la dictadura argentina y cómplice de la peor violación a los derechos humanos en la historia de ese país. Sabe lo que es una iglesia política aliada al poder. Él lo vivió desde la parte de la iglesia que no se hizo cómplice de los militares pero que tampoco se alineó a la Teología de la Liberación.

Si para Juan Pablo II, México fue clave para reafirmar un catolicismo no comprometido socialmente, espiritualizado y aliado al poder político, cuyo emblema fue Marcial Maciel, Francisco vio la oportunidad de revertir ese proceso y relanzar un catolicismo preocupado por la justicia, los empobrecidos, los oprimidos, justo en un país acostumbrado a que la religión cumpla el papel de opio del pueblo.

En sus discursos y homilías por el territorio mexicano, Francisco recuperó la esencia de la Teología de la Liberación: la fe cristiana tiene que ser instrumento de liberación de los pueblos. Liberación de la injusticia, la impunidad, la corrupción, la violencia, el narcotráfico. Para él, los cristianos tienen que complementar el templo con la calle, el rezo con el compromiso social, la fe con la autoafirmación ciudadana. El papa ha creído que esta visita era la oportunidad para espabilar a los católicos dormidos en el sueño de la indiferencia social y la dejadez política. Ha sido ocasión para evidenciar que los obispos deberían oler más a pueblo y no a campos de golf.

En Buenos Aires todos recuerdan a Bergoglio en el Metro, el bus, las villas miseria, sin coche y sin secretaria, viviendo en un cuarto sencillo. En México no estamos acostumbrados a ver a los obispos así, salvo las excepciones de Samuel Ruiz, Sergio Méndez Arceo, Pepe Llaguno, Arturo Lona, Sergio Obeso y ahora Raúl Vera. Pocos, excluidos, atacados y vistos como bichos raros en el episcopado. Esa iglesia comprometida socialmente siempre ha existido en México, periférica pero hoy reconocida e impulsada.  Francisco ha movido las entrañas de la sociedad y la jerarquía católica. Veremos pronto sus consecuencias.

* Politólogo, director del Departamento
de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.

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