Procesos de gentrificación desplazan a pobladores de colonias como la Condesa y Centro

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México, DF, 30 de diciembre.- La gentrificación de colonias y barrios céntricos en las grandes ciudades de América Latina, sólo beneficia a los desarrolladores inmobiliarios, a los empresarios y al turismo, afirmó Luis Alberto Salinas, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM.

Este proceso, explicó el especialista en una entrevista, es una reestructuración de clase y de las relaciones sociales de un espacio urbano determinado, el cual se caracteriza principalmente por el desplazamiento de una población de menores recursos por otra con mayores ingresos.

Ese movimiento social es detonado por una fuerte inversión de capital en desarrollo inmobiliario y comercial que cambia el paisaje urbano de manera física y social, al aparecer fraccionamientos y comercios como bares y restaurantes en la zona.

La gentrificación de un espacio urbano es también una revalorización del mismo, pues el sector poblacional o clase social que llega, puede pagar por vivienda y servicios caros, y el que se va ya no.

En la Ciudad de México, el Centro Histórico y la colonia Condesa son ejemplos de esta reconfiguración en donde el cambio de uso de suelo eleva el costo de vida.

Para Salinas ese proceso no es positivo, ya que considera que la revalorización del espacio urbano que aumenta los precios del suelo, vivienda, renta y servicios “se hace a costillas de una población”.

Al dejarse el desarrollo inmobiliario y comercial al libre mercado, sin una regulación, hay una afectación social que genera desplazados.

En la Ciudad se revalorizan principalmente zonas en el poniente y al sur, así como zonas  céntricas cercanas a la Alameda, el Eje Central, Madero y Regina, en donde algunas calles se hacen peatonales, además de que llega población joven con mayores ingresos que los colonos originales.

El investigador señala que el concepto de “gentrificación” no figura en el discurso oficial, pues, al contrario de algunas ciudades como Santiago o Buenos Aires, en donde se habla de “gentrificar el barrio”, en México no se proclama a la gentrificación como una oportunidad de mejorar el espacio urbano y las condiciones generales de la metrópoli.

Por eso mejor se habla de “revitalizar” la Condesa o “recuperar” la Roma. Sin embargo, Alberto Salinas puntualiza que “puede haber procesos de recuperación urbana si la revitalización de un espacio mantiene y no afecta a la población residente”.

El investigador recordó que en México un proceso de revitalización integral ocurrió después de los sismos del 85; mediante un programa de renovación habitacional popular que construyó vivienda tanto para mantener a residentes originales, como para atraer a colonos de otros sitios.

Caso contrario es la colonia Condesa, en donde se ha dado un proceso paulatino de gentrificación, que Luis Alberto Salinas documentó y analizó en su tesis doctoral.

Esa colonia surgió a principios del siglo pasado con una población de altos ingresos. En 1985, aunque no fue afectada de la misma manera que la colonia Roma, el pánico colectivo por los sismos generó una desbandada hacia Polanco, Tecamachalco, Interlomas y Bosques de las Lomas, e incluso a otros estados del país. Dispersión que los vecinos de las colonias aledañas aprovecharon para generar comercios en la zona.

Según la investigación de Salinas, aunque la Condesa contaba con establecimientos como tortillerías, tiendas y demás, en 1995 sólo tenía ocho restaurantes y bares, en contraste con años recientes en donde ya operan cerca de 150 establecimientos de alto impacto vecinal y zonal.

Tanto los colonos que ya no pueden costearse la vida ahí, como quienes tienen recursos suficientes, se marchan a otros sitios de la ciudad porque el barrio ha cambiado.

Para disminuir o aminorar las consecuencias negativas de la gentrificación de barrios o colonias céntricas, Salinas sostiene que gobiernos locales deben aplicar la normatividad para que “no sean espacios que generen exclusión por sí mismos”. Esto, dice, es posible con la aplicación de las normativas por órganos locales.

Al expulsar a la población nativa, la revalorización de las áreas centrales de las grandes ciudades incrementa la segregación residencial a la periferia.

En la investigación que Luis Alberto Salinas  lleva a cabo, se busca recabar datos para saber de dónde proceden y cuáles son las razones para irse a vivir a esos fraccionamientos. Además de documentar si hay relación entre gentrificación y segregación, y si la revalorización de áreas céntricas de la ciudad de México segrega o agrupa a familias de un sector de la población con ingresos parecidos.

Porque no es lo mismo habitar en Tecámac, en donde una vivienda cuesta aproximadamente 400 mil pesos, que en la Doctores, en donde el costo es de 800 mil pesos, y mucho menos en la Condesa, en donde el costo aumenta a los tres millones.

(Con información de Quadratín)

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