Listismo

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Listismo

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Odio hacer listas de fin de año. No puedo explicarles cuánto. Me choca imponer jerarquías a lo que me gusta: nunca termino satisfecha con mis números; además, cuando reviso mis listas de años pasados siento que estaba loca, confundida y, por supuesto, que dejé fuera cosas increíblemente más relevantes. Me ocurre algo parecido con las reseñas de discos: el punto final siempre lo escribo muy convencida de mi opinión. Tres escuchas más del álbum en cuestión me bastan para querer romper mi texto porque, por supuesto, mi opinión cambió drásticamente.

No sólo odio hacer listas; me caen mal las listas en general, siento que nadie tiene la autoridad suficiente como para decir que un disco o película es más importante que todo lo demás que se produjo durante un año, una década o, peor aún, de todos los tiempos. Me da lo mismo si las escribe un individuo que se siente superior al resto de la humanidad o un club de supersabios que beben coñac mientras discuten sobre las virtudes de Citizen Kane. No les creo nada, a nadie.

Tampoco quiero ser injusta. Confieso que consulto un enorme número de listas de lo mejor del año para asegurarme que escuché y vi lo más relevante del ciclo que se cierra. Si algo se me escapó, lo escucho o lo veo, y si no me gusta, entonces refuerzo felizmente mi opinión de que las listas de lo mejor son una tomadura de pelo.
Ya sé, soy insoportable.

Sin embargo, y de forma un poco contradictoria, me caen bien los agregadores de listas. Me gusta que haya sitios que toman en cuenta todas las opiniones para crear sus jerarquizaciones, como Metacritic y Rotten Tomatoes para el cine, y la sensacional www.albumoftheyear.org para música. Yo lo sé: las listas de lo mejor calificado que surgen en estos sitios son producto de los “lo mejor de…” de otros individuos y clubes de supersabios, pero ya que son tan incluyentes, me parecen menos atrevidas.

Album of the Year, sobre todo, resulta una herramienta importante para aquellos que se dedican a la crítica musical y sus derivados. No sólo consideran todas las listas de los principales medios sobre música, sino que tienen vínculos a las listas que usaron para su conteo: su sitio reúne todo lo que se ha escrito sobre lo mejor de la música de un año en particular, incluyendo los recuentos de medio año de muchas revistas y blogs. No discriminan, por supuesto, en cuestión de género: van desde Drake hasta Carly Rae Jepsen. Es una especie de meta lista donde no caben las preferencias individuales y todo se mantiene lo más objetivo posible.

No sólo eso: su agregado anual de listas puede consultarse a partir de que los medios empiezan a editar sus tops. Si el usuario prefiere, puede esperar hasta finales de diciembre para ver la versión más terminada de la lista, pero uno puede checarlo paulatinamente. No conformes, tienen una sección de noticias sobre música, una pestaña para descubrir música que se te pudo haber pasado y… una lista alternativa de lo peor del año.

Felicidades, Kendrick Lamar: To Pimp A Butterfly es el mejor disco del año, según el agregador. Nuestras condolencias al papa Francisco. Su disco de rock cristiano/himnos y plegarias titulado Wake Up! es, según Album of The Year, el peor de 2015. ¿Ven? Si no fuera por este sitio, probablemente ni siquiera nos hubiéramos enterado de que el mismísimo papa editó un álbum.

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