El 2015, año de oligarquías -Por Gibrán Ramírez Reyes

La cáscara de la historia - Página: 70 - No.365

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El 2015,

año de oligarquías

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Por Gibrán Ramírez Reyes*

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La historia no tiene sentido o, mejor dicho, no tiene un solo sentido: está hecha de las intenciones, objetivos, anhelos y sueños de todos. Por eso, al hacer el balance del año que termina, lo único que intentamos es poner un poco de orden a las cosas que nos inquietaron en lo personal, nuestros propios sentidos de la vida. De modo que hay tantos balances como personas.

En la vida pública quizá podemos interpretar de formas menos subjetivas el transcurrir de los años. También hay muchos sentidos pero, a diferencia de lo que ocurre en la vida emocional individual, la configuración de los intereses que avanzan —usualmente, los intereses de los más fuertes— influye con más peso en el rumbo colectivo.

La paradoja es la siguiente: para que los más fuertes hagan avanzar sus intereses tienen que incorporar intereses de los débiles, y deben hacerlo siempre con credibilidad. Desde luego, la implicación más directa es que los privilegios de los fuertes no pueden ser tantos como sus fuerzas se los permitirían, sino que tienen que moderarse un poco para permanecer al mando.

Si la incorporación de intereses de los más débiles no se realiza más que en el discurso, indefectiblemente aparece a los ojos de la gente la maraña de intereses privados que quieren hacerse pasar como comunes. De eso se trató el 2015 mexicano: de la desconexión del discurso oficial con la realidad. Una retórica para todos que envolvió acciones del Estado que beneficiaron consistentemente a los más ricos de México. Si 2014 fue el año de divorcio del discurso oficial con la realidad —a causa de Ayotzinapa, la Casa Blanca, Tlatlaya, etcétera—, en 2015 ya cada uno caminó por su lado. Ofrezco tres grandes ejemplos.

Enero. Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí utilizaron todo su poder mediático para impedir que Nestora Salgado fuera liberada pese a la falta de pruebas en su contra. Entre otros intereses, a Martí y a Miranda los animaban intereses mafiosos millonarios, como la defensa de su empleado Ricardo Martínez Chávez, acusado de fabricar pruebas en contra de Nestora y de litigar a favor de involucrados en trata de mujeres. El par de millonarios citados ganó a la comandanta de la policía comunitaria.

Marzo. Mientras se suponía que 2015 fuera el año del generalísimo José María Morelos y Pavón —el que quiso establecer que el país que iba a nacer debía moderar las lacerantes desigualdades—, en el Valle de San Quintín esto se reveló al revés: fue el año de festejar la miseria. Cerca de 85 por ciento de quienes trabajan los campos obtienen por jornadas extenuantes menos de 171 pesos al día y acordaron con autoridades y empresarios ganar, por lo menos, 150, 165 y 180 pesos, dependiendo del trabajo. Tras una rebelión, parecía que habían ganado. Autoridades y patrones les dijeron que sí, pero no cumplieron y despidieron a trabajadores insumisos y en general no acataron los acuerdos.

Y a partir de marzo, durante los meses que duró la campaña, las autoridades electorales dilataron las multas al Partido Verde —representante de televisoras y empresarios corruptos—, lo que le permitió crecer. Más tarde se negaron a retirarle el registro pese a su sistemática violación de la ley; y finalmente echaron para atrás las acusaciones a uno de los líderes de ese partido: el fugaz subsecretario de Gobernación Arturo Escobar.

En las elecciones, y después, la victoria de los ricos se vistió de renovación. El foco mediático se centró en un “candidato independiente”, El Bronco: ardid de las oligarquías norteñas —cercano a la familia Maiz y al Diablo Fernández, ejecutivo de FEMSA— que se hizo pasar como representante de lo popular que ha incumplido promesas de campaña y el supuesto combate a la corrupción.

Para cerrar el cuadro, anoto tres reformas y una acción de gobierno a gusto de los empresarios: una Ley de Transición Energética que retarda el cobro de obligaciones a gusto de los industriales, un apagón analógico envuelto en un discurso popular pero dedicado a Televisa y una ley de delitos en materia de hidrocarburos que protege —al hacerlo tema de seguridad nacional— el interés de las petroleras, y permite a gaseros y gasolineros robar entre 1.5 y 3 por ciento. Por último, acaban de entrar en vigor lineamientos para la clasificación de programas de tv que atentan contra la niñez y permiten la transmisión de vicios, sexo y violencia desde las 16 horas, en favor de anunciantes de productos antes vedados. O sea, todo ha sido para el dinero. ¿Y nosotros qué ganamos este año?

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* Profesor de investigación política en la UNAM.
Con maestría en El Colmex. Colaborador en Poder y elecciones en México
de Octavio Rodríguez Araujo.
@GibranRR
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