Adiós al Distrito Federal -Por Juan Luis Hernández

La cáscara de la historia - Página: 68 - No.365

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Adiós al

Distrito Federal

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Por Juan Luis Hernández*

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Muchos años tardó, pero al fin el Senado aprobó la reforma política del DF que lo llevará a constituirse en entidad federativa. Lo más importante es que fue resultado de un proceso de democratización que surgió en la sociedad civil, llegó a los partidos de oposición durante el priato y el PRI ya no lo pudo frenar, aunque en las definiciones de la reforma alcanzó a dar coletazos que dejaron insatisfechos a varios por el modelo de Ciudad de México que se empezará a construir.

Uno de los elementos que constituía la presidencia imperial del presidente priista era el control, a través de un regente, del Distrito Federal. Pero fue perdiendo legitimidad justo por su origen autoritario. Los movimientos sociales de los sesenta (ferrocarrilero, médico, magisterial, estudiantil) fueron los iniciadores de la democratización del todavía DF.

En esos años la capital mexicana fue el centro telúrico contra el modelo Díaz Ordaz de gobernar y más tarde, literalmente, cuando el terremoto del 85 se llevó entre sus entrañas los resortes que hacían posible aún que la ciudad fuera controlada a dedo por el presidente. La sociedad civil surgida del desastre tras el sismo no ha dejado de expandirse, de diversificarse y especializarse. De la lucha por la vivienda a la lucha por definir la política de intervención en los espacios públicos, como el corredor Chapultepec.

Fue esta sociedad activa la que le quitó el poder al PRI en el DF y la que empujó la transición a un gobierno representativo. Del plebiscito ciudadano de 1993 realizado por los ciudadanos contra el boicot del entonces regente Manuel Camacho Solís, en el que se pedía lo que ahora ha aprobado el Senado, hasta los procesos electorales en los que los ciudadanos pusieron al PRD al frente del GDF. De 1988 al 2015 podemos observar la toma de la Ciudad de México por distintas fuerzas de izquierda, las que venían del Partido Comunista Mexicano, las que pertenecían a las comunidades eclesiales de base, las que procedían del propio PRI y las que surgieron en los movimientos sociales, hasta conglomerar un frente heterogéneo como polo progresista que mandó a los márgenes de la representación política tanto al PRI como al PAN, constituidos excepcionalmente como partidos testimoniales en las delegaciones, las diputaciones locales y las diputaciones federales.

En estos tres lustros los diferentes gobiernos del PRD han impulsado un sello propio que no se ha observado en ningún otro de sus gobiernos estatales. La diversidad de sus políticas sociales, la ampliación de derechos a las minorías, la posibilidad legal de abortar y la adopción de medidas de recuperación del espacio público, entre otros muchos programas emblemáticos, le ha permitido a la izquierda defeña-chilanga defender un tipo de ciudad, ratificada en las urnas regularmente.

Por ello no deja de ser significativo que el jefe de gobierno más repudiado desde 1997 logre aterrizar esta reforma política. Es importante que las delegaciones se conviertan en alcaldías, acompañadas de consejos ciudadanos tipo cabildos; que se disponga de una Constitución propia que otorgue autonomía a la entidad; que el gobernador de la Ciudad de México pueda nombrar directamente al jefe de la policía y al procurador de justicia.

Pero es inadmisible que para la aprobación de esta reforma se haya cedido a los priistas una configuración de Asamblea Constituyente antidemocrática, o que el gobierno de la ciudad tenga que seguir pidiendo permiso a la Cámara de Diputados federal para endeudarse, entre otros beneficios al PRI, que muere de ilusión por recuperar el centro político neurálgico del país.

Con la reforma aprobada inicia el camino legal y político del adiós del Distrito Federal, una configuración político-institucional autoritaria que ejemplificó el modelo priista de gobernar. El PRI se opuso siempre a la autonomía de la ciudad, los chilangos lo saben y lo han expresado consistentemente en las urnas. La izquierda y el PAN fueron los que históricamente pelearon la autonomía, pero el PAN no supo sostener con convicción desde la oposición esta agenda que al final sólo persiguieron el PRD y ahora Morena.

En esta hora en la que la izquierda está dividida, cosechan por igual y por separado este paso. Para el PRD era la reforma posible. Para Morena es una reforma enclenque. ¿Qué fuerza política sabrá capitalizar tanto la transición como el nuevo estatuto político?

* Politólogo, director del Departamento
de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.

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