Tenemos que hablar de Hatsune Miku -Por Leos

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Tenemos que hablar

de Hatsune Miku

Esta es una confesión: no entiendo a la juventud de Japón. Es un reto cultural. No entiendo el j-pop, el anime, el cosplay; ninguno de sus pasatiempos, en realidad. Pero esto no me impide maravillarme con las cosas que los japoneses inventan y los extremos a los que pueden llegar.

Mi más reciente wow  japonés proviene del futuro. O al menos de lo que parece ser un desenlace inevitable en el futuro musical: las estrellas de pop virtuales.

Hace tres años estuve en Coachella cuando, a la mitad del show de Snoop y Dre, apareció la proyección en CGI del fallecido Tupac Shakur, quien bailó y rapeó como en sus tiempos mejores. Fue impresionante… pero también rarísimo, incluso un poco morboso.
Desde ese momento una serie de artistas se presentaron “en vivo”, aunque ellos ya no lo estén, como Michael Jackson y próximamente Whitney Houston.

Lo que ocurre en Japón no es tan morboso, pero sí muy raro. Hatsune Miku, cuyo nombre significa algo como “el primer sonido del futuro”, es una niña de 16 años con cabello azul, superestrella, idol japonés que realiza giras alrededor del mundo y llegará a América del Norte en 2016.

Hatsune no es real, sino un humanoide en gráficas 3D, cuya voz existe gracias a la combinación de la actriz de voz Saki Fujita y un software de síntesis de voz y sintetizadores marca Yamaha. Hatsune es un banco de voz, propiedad de la empresa Crypton Future Media y, a la vez, ídolo japonés que congrega a miles de personas cada que su avatar se presenta acompañado con una banda de seres humanos.

hatsune

Dos millones y medio de seguidores en Facebook. Giras mundiales. Comerciales de marcas como Toyota y Domino’s Pizza. Comparte escenario con Pharrell Williams y abrió la última gira de Lady Gaga. Esta niña-no-niña ha logrado todo lo que un artista pop desea alcanzar en menos de 10 años.

Ella surgió en 2007 como uno de los primeros vocaloid (una especie de artista-en-una-caja) desarrollados precisamente por Yamaha. El principio detrás de esta tecnología es que tú le alimentas letra y música al software y éste canta, gracias a información proveniente de las voces de actores de canto y doblaje prealimentadas.

Si se me permite una analogía muy burda, Hatsune Miku es como los vasos que venden en el súper para hacer micheladas: basta con añadir chela y hielo para, listo, tener una michelada. Lo mismo sucede con Hatsune: añade letra y melodía y, listo, tienes una estrella pop. Aunque el objetivo inicial de Yahama no era crear superstars, esta tecnología fue pensada para reemplazar una voz dentro de un proyecto musical, como una caja de ritmos sustituye a un baterista.

Lo que me vuela la cabeza es que el mismo público es el que alimenta su catálogo de canciones. Es cierto que tiene un equipo de producción, pero su repertorio está creado colectivamente por sus fans.

La gente modula y estiliza su voz, decide si canta en japonés o en inglés y  las gráficas de su imagen. Que una estrella pop sea personalizable, en un mundo en que la moda y la imagen se imponen a la juventud a través de los artistas, es realmente un parteaguas.

Lograron crear un personaje que une la creatividad de escuchas, diseñadores, músicos, amantes del otaku, djs, artistas gráficos y de video. Un ídolo democrático y colectivo. Esto, por supuesto, sólo podría ocurrir en Japón, donde la identidad personal es prioritaria.

Sigo sin entender a la juventud japonesa, lo confieso, pero me queda claro que por aquí va el futuro.

 

 

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