Festivales: El tamaño sí importa -Por Leos

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Festivales:

el tamano sí importa

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Otoño en México, en términos musicales, es sinónimo de gastar todo nuestro dinero en conciertos y festivales. Entre esa tradición de recargar la agenda de los venues desde el más chico hasta el más grande, bajo el infame nombre de “Rocktubre”, y los eventos masivos como el Corona Capital, el melómano tiene mucho trabajo que hacer.

Por si no fuera suficiente —y para terminar de finiquitar nuestras quincenas— el año pasado se añadió un evento más: el festival Coordenada, de Guadalajara. Aparte del precio que suelen costar los eventos de este tipo, éste implica un costo mayor para los chilangos y los no jaliscienses: hay que ir allá, pagar casetas y gasolina, o avión, más hospedaje y alimentos y cerveza y pum… los millones que se van.

Esta es apenas la segunda edición del Coordenada. Yo no fui al primero, pero me lancé al de este año y puedo decirles que, con todo, vale la pena. Por supuesto, hay problemas. Aún no calculan la proporción de puestos de comida y bebida necesarios, según el número de asistentes, y conseguir un pedazo de pizza o una chela es imposible a partir de cierta hora. Había polvo, entre otras complicaciones para moverse de un escenario a otro a la hora más concurrida. No instalaron suficientes baños. Pero, vaya, todo eso deberá ajustarse en el siguiente año. Hay solución, pues.

a coordenada o okPero lo bueno del festival compensa fácilmente estos inconvenientes. En el cartel de este año, por ejemplo, figuraron bandas como Blur y Café Tacvba; también estuvo Natalia Lafourcade, a quien probablemente ningún otro foro le hubiera dado un lugar tan protagónico; estuvieron los de El Columpio Asesino, fantásticos; y había proyectos más chiquitos pero bonitos, como Presidente. El Coordenada dura sólo un día y la caminata no es tan pesada, algo que agradecemos quienes ya estamos más grandecitos. El parque Trasloma, su sede, no es demasiado extenso, así que los escenarios no se ubican lejos unos de otros.

Es importante que sigan existiendo festivales más humildes en su tamaño: no son necesarios tres días, con cientos de grupos tocando, ni someter a recorridos kilométricos a quienes asisten, sólo para justificar un boleto carísimo. Es agotador. De hecho, un estudio más o menos reciente de la compañía de tecnología Withings indica que ese tipo de festivales pueden provocar un gasto excesivo de calorías en los asistentes, producto del extraordinario esfuerzo físico a que son sometidos en tan breve lapso.

Al analizar los principales festivales del Reino Unido, se descubrió que en un evento de tres días, un asistente puede gastar hasta 9 mil calorías y caminar más de 24 kilómetros en el proceso. Esto ocurre en festivales gigantescos como Glastonbury; en otros más pequeños, como el Bestival, se gastan unas mil 500 calorías menos. Aun así, es una barbaridad. Según esta investigación, pasamos en promedio ocho horas en este tipo de eventos, y cada show puede implicar un consumo de 400 a 700 calorías.

Si les soy sincera, yo ya no soy tan fan de ese trajín. Aguanto un día. Dos, todavía. ¿Tres? Zafo. ¡Viva Coordenada, entonces! Adelante con los festivales petit, más sencillos, con un cartel potente pero que aseguren, eso sí, que el público cuente con todas las comodidades para que esas ocho horas sean de disfrute y no de martirio.

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