Playlists: la nueva ventana del alma -Por Leos

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Playlists:

la nueva ventana del alma

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¿Conocen ese dicho cursi de que los ojos son la ventana del alma? Siento que es hora de modernizarlo. Los ojos qué; las nuevas ventanas del alma son las playlists. Sí, damas y caballeros, lo son. Esto fue lo que pensé hace unos días mientras se me iba la vida jugando con mi Spotify. Confieso que fue hasta hace poco que contraté la versión premium de ese servicio de streaming. Antes usaba la versión gratuita de Spotify para poco más que buscar canciones que no estuvieran en el catálogo de Ibero 90.9 y ponerlas al aire. En mi casa escuchaba discos y de ahí sacaba canciones para hacer listas que vivían en mi disco duro; eran lo más cercano a hacer un mix en cd como hice tantos en los dosmiles.

Nunca se me antojó hacer playlists en Spotify por no querer pagarlo, la verdad; cuando por fin me decidí a dejar de ser tan coda comencé a crear listas de reproducción con las canciones que había shazameado en meses anteriores. Tengo apenas tres, pero las disfruto mucho y me encanta poder escucharlas offline, sin tener que pagar datos en mi celular si un día decido que en el radio hay pura porquería y quiero escuchar mis rolas en el coche. Mis listas son públicas, no me aflige pensar en los desconocidos que accedan a ellas; estoy en un punto de mi vida en el que la opinión de la gente sobre lo que escucho me importa poco. Ahora no me malviajo, pero en otro momento de mi vida me hubiera costado mucho más trabajo exponerme así.

El gusto musical es una carta de presentación. Uno es cada vez más responsable de mantenerse más o menos al tanto de lo que está pasando en el mundo musical —cada vez es más fácil hacerlo— y estar atorado en los ochenta, los noventa y más puede ser un dealbreaker con muchas personas. Por lo mismo, hacer playlists públicas es un balcón tremendo al momento de hacer nuevas amistades. A mí dice mucho más una cuenta de Spotify o Apple Music no restringida que una de Instagram, porque son lo que en teoría la gente usa para consumir música y tus selecciones no las haces precisamente para que otra gente las vea. Hay quien puede ser poser y escuchar FKA Twigs cuando lo que en verdad le encanta es el Komander, pero esa es otra discusión. Si uno es más o menos sincero, los servicios musicales son una radiografía fiel de nuestro gusto.

Es por eso que mientras me encontraba en mi estudio, compu encendida, Spotify abierto, espulgando a mis amigos de Facebook para chismear y chismear en sus listas, me sentí, no les miento, voyeurista. Sentí que irrumpía en su espacio personal y metía la cabezota en lugares que no me correspondían.

Me queda claro que, al poder tener playlists privados, si uno quiere sentarse a disfrutar los éxitos de Amanda Miguel puede hacerlo sin temor, pero la sensación no cambia. Estas herramientas de consumo musical son como asomarse al interior de una persona. Con la posibilidad, por supuesto, de juzgar y ser juzgado. Y si uno no está listo para salir del clóset musical, habría que pensarlo dos veces antes de usar el streaming como red social: no vaya a ser que le cachen su corazoncito teenpopero de los noventa, revolcado en Mercurio y Magneto. Ahora, la pregunta es: si nos descubren, ¿importa?

Hoy los invito a hacer las paces con su personalidad musical. Abran sus playlists. Dejen que los conozcan como son realmente y dejen de preocuparse por la opinión que puedan tener otras personas de ustedes. Seguro dormirán mejor por las noches.

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remate ee

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