La tonta Taylor Swift y su gran bocota -Por Leos

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La tonta Taylor Swift

y su gran bocota

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Tonta Taylor Swift. Ya me tiene harta. No puede ser que una señorita, tan dulce y buena en sus inicios, se haya corrompido tan rápido por la fama y los millones. ¿A quién engaño? ¡Claro que puede ser! A los artistas pop les pasa todo el tiempo. Pensemos en Justin Bieber, ese niño inocente y angelical que fue recogido de la calle para ser lanzado a un estrellato difícil de imaginar para un crío clasemediero canadiense. Cuando empezó a pegar, cuando su música hizo llorar y gritar a miles y miles de morras, cuando su cabello inspiró joyas como el blog de “Lesbians who look like Justin Bieber”, el chico perdió el piso por completo. Ahora, Justin es un douchebag de genitales inflados con Photoshop para campañas de ropa interior y cuya moral es tan inexistente como su sensibilidad y sentido común.

A Taylor Swift le pasó lo mismo, pero peor. No sólo es una creída que gusta de presumir su millonario estilo de vida en las redes sociales, como Justin, sino que ha decidido —ella y su equipo de managers y publicistas, me imagino— meter su naricita en todos los asuntos relacionados con la comercialización y la industria de la música, y que ella es quien decide qué está bien y qué está mal.

Pensemos en el Spotifygate. Taylor se negó a que su último disco estuviera en esa plataforma, además de exigir que bajaran todo su material anterior, en protesta por las pocas regalías que Spotify paga a los músicos y cantantes, y los millones de dólares que perdería si su disco pudiera escucharse en streaming en vez de comprarse. Lo único que le importa a estas alturas son los millones.

Después fue su berrinchito con Apple Music. Una vez más, su espíritu de Rico MacPato se interpuso entre su música y el nuevo servicio, que pretendía regalar los primeros tres meses de uso a los suscriptores, lo que implicaría que durante ese periodo los artistas no recibieran pagos por las reproducciones de su música. Pum, que a la Taylor no le gusta y Apple (¡Apple, por el amor de Dios!) tuvo que desdecirse, eliminar su plan original y pagarle a los artistas desde el día uno. Eso no está mal. Lo alarmante es que esa niñata tenga tanto poder que una quejosa carta suya haga que un monstruo de la tecnología se arrodille ante su voluntad.

Su último desplante es el más feo. Cuando MTV no nominó a Anaconda, de Nicki Minaj, en la categoría de Video del Año en los VMAs, Nicki se quejó en Twitter. Dijo que, al parecer, la forma de conseguir que un video se nominara a ese premio era que estuviera lleno de señoritas flacas y guapas. Taylor Swift, ofendida, pensó que Minaj se refería a ella y a su video Bad Blood —el cual sí está nominado—, plagado de señoritas flacas y guapas.

Taylor le hizo un drama a Nicki y ésta, incrédula, respondió que no buscaba trashearla, para nada. La Swift, muy fresca, le pidió entonces que si ganaba Bad Blood, subiera al escenario con ella a recoger el premio, como si pararse sin sentido atrás de Taylor Swift fuera algo que a Nicky Minaj pudiera interesarle, y como si eso compensara la injustificada omisión de MTV, pues el video de Anaconda glorifica otra forma de belleza femenina, la que no requiere de anorexia y cuerpos perfectos, sino que tiene curvas, algunas de ellas gigantescas.

Ay, Taylor Swift. Perdiendo el piso tan pronto. Será difícil que se recupere; me queda la esperanza de que en algún rato pierda, en vez del piso, las cabras, como le pasó a Britney Spears, y que todos seamos testigos de su brote de locura. Mientras eso no pase, con que deje de abrir su gran bocota me doy por bien servida.

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remate ee

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