Julio Scherer – Una historia intervenida por el espionaje

Política - Página: 38 - No.344

JULIO

SCHERER

UNA HISTORIA INTERVENIDA POR EL

ESPIONAJE

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El tiempo le llegó a Julio Scherer García, una referencia indispensable en el periodismo y en el México de los últimos 50 años.

Excepcional periodista con claroscuros, como todo ser humano, el director fundador de Proceso falleció el pasado 7 de enero. Su vida concluyó, pero de él, un hombre íntegro, un profesional con dudas, aciertos y fallas, se seguirá hablando. Como lo hacen los documentos que reposan en el Archivo General de la Nación y dan cuenta de que durante décadas Julio Scherer García fue vigilado, seguido, acechado.

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POR JACINTO RODRÍGUEZ MUNGUÍA • @T_invisible

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Recibió el “programa completo” de los aparatos de seguridad del Estado mexicano: lo perseguían sin pausa y con todos los recursos humanos y tecnológicos disponibles para verlo, escucharlo, atestiguar con quién se reunía, dónde iba, qué auto usaba, qué decía, lo que conversaba por teléfono y hasta de qué se reía.

Su vida, la de un periodista de enorme estatura, era una historia intervenida por el espionaje. De eso quedaron las siguientes huellas.

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Julio Scherer García murió al filo de las 4:30 de la madrugada del 7 de enero.

Dos horas después, hacia las 06:30, un viejo se levantaba para cumplir con una de las rutinas que mantiene desde hace décadas: ver y leer las noticias, una de las obsesiones que no ha podido dejar: informarse, enterarse de mucho. Saber de todo.

Leer las noticias en papel es algo que no deja de hacer a sus casi 93 años. Y esa mañana del 7 de enero fue uno de los primeros en saber que había muerto Julio Scherer.

Y ya no fueron los aparatos de inteligencia los que lo informaron. Nadie  corrió a dejarle las tarjetas informativas, ni las fichas, ni recibió una llamada. Lo supo por las noticias de la radio.

No dijo una palabra. No hizo un comentario.

Ese hombre se llama Luis Echeverría Álvarez. Y, como dice su hijo Benito Echeverría, la muerte de Julio Scherer no lo inmutó. Ni una frase. Ha llegado a un momento en que “dedica más tiempo a la reflexión que a las palabras, es más lo que piensa que lo que dice”.

Es muy posible que sea así, que a estas alturas ya ni siquiera pasen, como fantasmas por su memoria, las historias de confrontación con Julio Scherer, una relación del choque de dos poderes: el de Echeverría, el de la política, el del presidente de la República; el de Scherer, el de la prensa, el del periodista más querido y temido por los políticos, comenzando por los presidentes, el del periodista mexicano más importante en los últimos 50 años.

Uno ha muerto, el periodista; el otro, el ex presidente, habrá cumplido ya 94 años cuando esto se haya publicado.

* * *

La siguiente intervención telefónica ocurre en noviembre de 1962.

Parecen tiempos felices para un Julio Scherer que casi llegaba a sus 40 años de vida. Es la tarde del 28 de noviembre, días de otoño en que la noche llega temprano. Son las 18:44. Una llamada entra a la redacción de Excélsior:

Mujer: A sus órdenes.
Dolores: Por favor, ¿la redacción de Excélsior?

Mujer: Momento.
Dolores: Y por favor con Julio Sherer… bueno… Julio?

Julio: Oiga cómo es usted paseadora… caray…oiga, la estuve llamando ayer y la estuve llamando hoy.
Dolores: ja..ja..ja.

Julio: De que se ríe?
Dolores: Pues que andaba acompañando a unas gentes (…) Los estuve llevando a algunas partes, ayer fuimos a ver al gobernador de Jalisco con mi primo Pelón de la Mora, y en principio aprobó el proyecto del mercado… así es que se me ha ido en eso, pero yo anoche le hablé y usted ya había salido… oiga, que dice de nuevo?

Julio: No, pues me fue demasiado bien, oiga… demasiado bien.
Dolores: Ay, qué bueno, no sabe lo feliz que soy.

Julio: Demasiado, demasiado, fue una entrevista de cinco minutos, pero le dije rápidamente lo que quería y me dijo… bueno, pero para eso tiene usted que ver al mero mero.

Dolores: Y lo va a llevar con el mero mero.
Julio: Me dice… bueno, usted es mi cuate, la semana que entra…

Dolores: Ay por Dios Julio, que ilusión.
Julio: Cómo la ve?

Dolores: No… bueno, estoy feliz, me hace muy feliz usted diciéndome eso.
Julio: Cómo la ve?

Dolores: Pues… eh?… Yo le dije que le tenía que ir bien.
Julio: Fíjese, yo le eché esta introducción, le dije: Mire licenciado, “nadie tiene porque limitar su ambición, mientras la ambición sea justa y razonable”.

Dolores: Ay, qué buena está esa cosa.
Julio: Eh?

Dolores: Esa cosa es preciosa.
Julio: Digo es obvio, verdad?

Dolores: Sí claro, pero es muy bello.
Julio: Y este… el echó diez parrafazos a todo dar, oye… y me dijo: bueno, cuáles son sus cuitas? Pues mis cuitas son estas….Me dijo, bueno pues eso lo podemos arreglar por relaciones.

Dolores: Ay, Julio… que…
Julio: Yo creo que si… pero usted cómo la ve?… No, no, me dijo: Usted tiene que ver al mero mero, entonces llamó a González Álvarez y le dijo: “Pepe, acuérdame que a principios de semana Julio vea al… señor”.

Dolores: Ay… que suave Julio.
Julio: Eso indica que ya está hecho, verdad?

Dolores: Ay, pues ya…
Julio: Usted cómo la ve?
Dolores: No, pues tendré que ponerme a asaltar caminos para juntar para ir a África.

Los agentes dejaron los datos precisos de la intervención:
Dolores Mora Cepeda con Julio Sherer
Conferencia Num. 08840.
Turno de las 17 a las 22.00 horas.
A las 18.44 horas.
Dolores Mora Cepeda. Río Atoyac #68-3. (14-63-91)

Este fragmento de la conversación interceptada es uno de los muchos documentos que habitan en las más de 3 mil cajas de la Galería 2 del Archivo General de la Nación, documentos que no pasaron por los filtros y el olfato de los analistas de la Dirección Federal de Seguridad. Folios que no forman parte de su expediente público.

* * *

Desde sus años de reportero, Julio Scherer era espiado, como lo eran muchos de los periodistas y la mayoría de los directivos de medios de comunicación. Tener bajo control a este grupo implicaba saber de ellos: lo que pensaban, decían, sus gustos, filias, fobias, sueños… Todo.

Es difícil creer que en ese 1962 el poder supiera que seis años después Scherer García sería el director de Excélsior, el periódico con mayor influencia en los círculos de la política, el mundo académico y el intelectual.

Pero si esta conversación intervenida era parte de la rutina de los aparatos del espionaje, una más de la pesca diaria, cambiaría totalmente en 1968. La pesca de información de los sospechosos del sistema se volvió una cacería.

En el libro La otra guerra secreta (Debate, 2007) escribíamos esto:

“Pero 1968 habrá de marcar para siempre el destino de Excélsior y de un grupo de periodistas encabezados por Julio Scherer García. Las grietas con el poder habrían de profundizarse a partir de ese año. Cuenta Scherer en Los presidentes: ‘Todo cambió a raíz de octubre de 1968. El país se endurecía, también el diario’.

“Antes de ese año, los documentos de Gobernación registraron las fisuras que llevaron a la separación definitiva de las partes; pero, vale decirlo también, quedaron otros momentos en que esa relación, al menos en esos documentos, no existía tal distancia, no tan marcada. Por ejemplo, existe una carta de 1963, en la que, al igual que el resto de los medios, Excélsior reportaba a Gobernación (en ese momento el titular era Gustavo Díaz Ordaz) la información que difundía en sus espacios informativos.

“En este caso le informaban del contenido de la emisión del noticiero de Excélsior del 18 de agosto, que se trasmitió por Telesistema Mexicano (ahora Televisa). La información se refería a la represión contra un grupo de izquierdistas, entre ellos Jorge Carreón, Angélica Arenal de Siqueiros, Víctor Rico Galán, Manuel Marcué Pardiñas y Manuel Terrazas, quienes protestaban por las sentencias dictadas al dirigente ferrocarrilero Demetrio Vallejo”.

Muchas de estas conversaciones no pasaron por los filtros de la DFS. No se encuentran en ninguno de los expedientes de la DFS ni tampoco en versión pública alguna.

En alguna de esas esporádicas y espontáneas conversaciones que llegaban a darse con Vicente Capello, el más odiado que querido guardián de los expedientes de la DFS (la Galería 1 del AGN), éste confesó a este reportero su molestia porque en la Galería 2 había documentos que nunca llegaron a la DFS. “Se los quedaban los funcionarios, eran como sus tesoros”.

Uno de esos “tesoros” es la siguiente conversación, interceptada el 2 de septiembre de 1966, entre Julio Scherer García y Francisco Galindo Ochoa, último vocero de Díaz Ordaz, a propósito de la cobertura del segundo informe presidencial.

Se grabó a las 10:51. En ella, Galindo Ochoa felicita y agradece a Julio Scherer por la cobertura que había hecho Excélsior sobre el informe de gobierno.

FGO –Salió extraordinario; lo dedican todo con inteligencia y cariño hacia el señor Presidente; lo han hecho como nunca. Comprendo que no podían ignorar esto y que a güevo lo tenían que presentar, pero podían haberlo presentado en una forma o en otra, y lo han presentado en una forma extraordinariamente bien.
JS –Estoy muy contento de oír esto, pues creo que comparado con los otros periódicos, nos los comimos, pero ello se debió a que nos envió el informe con oportunidad.

FGO –Lo hice contrariando normas, pero sabía lo que hacía y con quién lo hacía. Entonces le recomiendo que, como quedamos, le siga así unos días.
JS –De acuerdo.

La historia individual de estos dos personajes los llevaría después por rutas totalmente opuestas. En 1982, ahora como director de Comunicación Social del presidente José López Portillo, Galindo Ochoa se encargó de organizar el complot publicitario contra la revista Proceso.

En Los presidentes, Scherer escribe de aquel momento:

–Cerrarán a güevo –comentaba Francisco Galindo Ochoa–, a güevo. Guardián de honras ajenas sin prestigio propio, sucesor de Luis Javier Solana como vocero del presidente de la República, puso fin a todo trato con Proceso.

Desde siempre mantuvo relaciones cenagosas con la prensa. Tesorero del PRI en 1960, un tiempo jefe de prensa de Díaz Ordaz, por su cuenta correría que no se anunciara el Estado en Proceso. Hasta las inserciones de la iniciativa privada desaparecerían de las páginas de la revista. Poder le sobraba. López Portillo había delegado en él las facultades más amplias.

El 7 de junio de 1982, el Día de la Libertad de Prensa, José López Portillo acuñó una de las frases más famosas de un presidente sobre la incomodidad que le causaba la prensa. En alusión al conflicto con Proceso, dejó en claro y para la historia sus palabras: “No pago para que me peguen”.

Una de las huellas más tangibles que quedaron en el Archivo General de la Nación sobre los usos y las costumbres de la relación prensa y poder fueron las series de transcripciones de llamadas intervenidas.

La obsesión del gobierno mexicano por saber y conocer cada uno de los movimientos y palabras de sus adversarios, del signo que fuesen, era de tal magnitud que los aparatos de espionaje terminaron espiándose entre sí y no se respetó a ningún nivel de mando, fuese de la Presidencia de la República o de la Secretaría de Gobernación.

El presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó a sus funcionarios de más confianza que vigilaran y registraran la labor de Luis Echeverría y su gente en la Secretaría de Gobernación, mientras el encargado de la política interna mandaba hacer lo mismo con los funcionarios del presidente de la República. Esta desatada lucha no terminó en la década de 1960.

En ese momento no solamente Scherer era espiado. Todos, casi todos, los amigos y los enemigos. Por ejemplo, está el caso de Jacobo Zabludowski, periodista amigo del sistema, uno de “los soldados del PRI”, como alguna vez definió el mismo Azcárraga a Televisa y a sus trabajadores.

En las redes de la pesca de llamadas quedaron conversaciones como éstas. Un fragmento, sólo como ejemplo:

Viernes 2 de septiembre de 1966.

Jacobo felicita, y muy en serio, a Galindo Ochoa. Por su parte, también muy en serio, agradece la colaboración de todos y en particular la de Jacobo. Éste dice estar muy satisfecho de colaborar con Galindo. Éste lo agradece y comenta que todo salió muy bien.

Jacobo dice que fue estupendo y además lo mejor que hemos hecho en nuestra vida, además eso de haber hecho la cosa por escrito para todos los locutores ha sido la solución.

Galindo comenta que no obstante, Fournier dijo un montón de pendejadas.

Jacobo dice que entonces a éste hay que eliminarlo de plano, y agrega que en cambio Ferriz y él estuvieron muy bien en la Cámara, pues eliminaron todo lo superfluo y fueron directamente a la pregunta. Galindo comenta que eso ahorró tiempo…

Jacobo dice que el lic. Miguel Alemán Velasco y él saldrán ahora a la calle para hacer una serie de entrevistas a personas desconocidas y a dos muy conocidas, Cantinflas y Espinoza Iglesias.

Galindo de acuerdo y agradece nuevamente la colaboración de Jacobo.

* * *

Pocas veces los espías mexicanos acertaron tan bien y en tan pocas palabras a la hora de definir a sus espiados, como ocurrió el 9 de marzo de 1977 en el caso de Julio Scherer García: “Profesión, periodista”.

“De profesión, periodista”. La primera frase completa que se alcanza a leer luego de tres titubeantes surcos negros que eliminan la información inicial elaborada para consumo de las cabezas del servicio de inteligencia del gobierno de Luis Echeverría.

La historia del periodista que los integrantes del aparato archivaron de Scherer García es como su vida misma: fragmentada y huidiza.

Dispersa entre cajas y expedientes, entre mitos y versiones que no terminan de juntarse.

Estos son los apuntes curriculares que la Dirección Federal de Seguridad (DFS) fue acumulando durante años de Julio Scherer. En el elaborado el 8 de diciembre de 1975, se enlistan datos como éstos:

Que en mayo de 1959 era periodista del diario Últimas Noticias de Excélsior.

Que en septiembre de 1965 era subdirector del periódico Excélsior, ubicándole dentro de la tendencia…  (los censores de esta época consideraron que su inclinación política no debía ser pública y le deslizaron por encima el marcador negro, aunque, malos censores, folios más adelante ubican a Scherer y al jesuita Enrique Maza como de izquierda mesurada y manejada, lo que eso haya significado para la DFS).

Sigue el curriculum elaborado por la DFS:

Que en enero de 1967 Scherer había sido invitado por Adolfo Christlieb Ibarrola, dirigente panista, a un viaje de descanso en la República de Guatemala, acompañados de sus respectivas… (los censores eliminaron la palabra “esposas”).

Que en febrero de 1968 fue acusado por un grupo de reporteros del diario Excélsior Libre (sic), de ser uno de los que estaban destruyendo el periódico Excélsior.

Que en junio de 1969 fue señalado como elemento comunista por el movimiento Defensores de la Cooperativa Excélsior.

Que el 6 de enero de 1970 asistió al desayuno que ofreció el presidente de México, licenciado Luis Echeverría, a los directivos de revistas, periódicos, radio y televisión, en el restaurante El Lago Mayor, del nuevo Bosque de Chapultepec.

Que el 24 de noviembre de 1971 dictó una conferencia intitulada “La Prensa en México” en la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Que en octubre de 1972 viajó en comisión periodística a la Feria de Ultrecht, visitando los países de Holanda, Francia, EU y Bélgica.

Que el 23 de enero de 1973 se había reunido con Víctor Manuel Villaseñor, director de los Ferrocarriles Nacionales de México, en el restaurante Normandie del DF, para mostrarle un artículo del periódico Excélsior intitulado “Golpe a la industria empacadora. Se va el consorcio Heinz y deja destruidos los campos que lo abastecían”.

Que el 2 de diciembre de 1975 salió a Washington, DC, siendo el objeto principal de este viaje el entrevistarse con el doctor Orlando Letelier, ex secretario de la Defensa de la República de Chile, quien le proporcionaría material no determinado para analizarlo y dictaminar si era publicable o no.

Que el día 10 de diciembre hizo su arribo a esta capital habiéndose entrevistado con el Sr. Regino Díez, quien le comentó haber tenido una grata experiencia con el sr. Presidente de la República, ya que durante la entrega de premios a periodistas, el 9 de este mes, fue el primero en recibirlo.

Que Fausto Zapata Loredo, subsecretario de la Presidencia, le comentó el 12 de diciembre de 1975, desde Nueva York, EU, que en la ONU “se pugnaba por reafirmar que la Carta de los Deberes y Derechos Económicos de los Estados es uno de los fundamentos esenciales de un nuevo orden económico”.

Apenas unos folios más adelante, con fecha del 17 de febrero de 1976, se acepta con todas sus letras el espionaje sobre Scherer y cómo el seguimiento se vuelve más puntual, casi por hora:

El investigado acostumbra salir de su domicilio entre las 7.30 y las 8.00 horas para dirigirse al Deportivo Chapultepec, ubicado en las calles de Mariano Escobedo de esta ciudad, donde permanece hasta las 11.00a 11.30, para trasladarse posteriormente a sus oficinas del Periódico Excélsior, saliendo de estas alrededor de las 15.00 hs. en donde en ocasiones acude a su domicilio y permanece entre las 17.30 y 18.00 para posteriormente atender sus reuniones de trabajo y sociales, no teniendo una rutina fija.

A esas alturas la vida pública y muchos aspectos de la vida privada de Julio Scherer ya eran parte de la rutina de los espías y los reportes llegaban a los escritorios de los directores de la DFS, ya fuera Luis de la Barreda o Miguel Nazar Haro.

Nazar Haro, cabeza del grupo especial de la DFS, el C-047, se encargaría en su momento de atender personalmente el caso Scherer.
Pero de lo que no llegó a este expediente, sabemos también que había funcionarios que se encargaban de “trabajar” la información de manera directa con los directivos de medios.

Cuando Luis Echeverría labraba su camino a la Presidencia, mandó a realizar una encuesta directa para saber cuáles eran los directivos y medios que estaban en su favor y cuáles apostaban por otro candidato.

De esa encuesta personalizada, se enteró de que no era el favorito de Julio Scherer. Que el director de Excélsior se inclinaba por Emilio Martínez Manatou.

Dice el documento, que tiene  la leyenda “Información Confidencial”:

Directores de periódicos (Conversaciones tenidas conmigo en privado)
Julio Scherer. Excélsior… EMM.
Familia Lanz Duret. Universal… AOM (Don Nazario Ortiz Garza los está trabajando para LE)
Santaella. La Prensa…. LE.
Martín Luis Guzmán. Tiempo… LE.
José Pagés Llergo. Siempre… EMM. Tímidamente incluso creo juega varias cartas.

* * *

Julio Scherer alimentó, con su silencio, las historias, falsas o reales, sobre su historia. Su negativa total a conceder entrevistas, su obsesiva actitud de no hablar de él, resultaba un contrasentido si se considera que desde los años sesenta se convirtió en el periodista más querido y, también, más temido del país.

A Scherer los políticos le abrían las puertas de sus oficinas, le concedían información privilegiada. Sus libros dan cuenta de su acceso a los primeros círculos del poder, a los más relevantes.

La influencia que desde entonces ejerció, y creció conforme pasaba el tiempo, lo convirtió inevitablemente en un blanco del espionaje del gobierno en turno. Los encargados de seguirlo y escucharlo se metieron en sus encuentros, citas, reuniones, e incluso en su vida privada.
Le aplicaron el “programa completo”, como se decía en la jerga de los aparatos del espionaje cuando se perseguía a alguien sin pausa y con todos los recursos humanos y tecnológicos disponibles.

Así que por más que Scherer se negara a abrir sus relaciones sociales y personales, éstas eran cuidadosamente observadas por la Dirección Federal de Seguridad. Él lo sabía. Lo sabía porque conocía el poder desde dentro, porque vio, escuchó, supo de primera mano, cómo operaban los aparatos del espionaje mexicano. Conoció de primera mano y como resultado de las investigaciones periodísticas que él mismo hizo o encargó a sus reporteros el modus operandi de los agentes de la DFS.

En una ficha (con fecha 14 de enero de 1973) se cita una conversación de Scherer con el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, en la que el tema del espionaje aparece como trivialidad: “En una parte de la conversación Scherer dijo que Miguel Ángel Asturias le comentó que no existe la vida privada, puesto que hasta en la regadera de baño le podían instalar una grabadora, al igual que en su propio automóvil”.

No había manera de que Scherer no imaginara que era foco de atracción de los aparatos del espionaje. Las citas con políticos, funcionarios, embajadores, las realizaba en lugares discretos (no secretos), y era una de las formas en que buscaba evadir los “ojos” y las “orejas” de los espías. Pero, de acuerdo con la información que sobrevivió, no lo logró del todo.

Conocían sus itinerarios, revisaban su correspondencia e intervenían sus llamadas telefónicas. Colocaron micrófonos en su casa y oficinas, en los restaurantes que frecuentaba. Desplegaron fotógrafos tras los árboles, en automóviles o detrás las ventanas, capturando con sus telefotos los pasos de Scherer, gestos, miradas, bromas, palabras al vuelo, frases completas.

Un ejemplo del nivel de intromisión en su vida pública es el reporte del encuentro que tuvo el 9 de febrero de 1973 con el entonces embajador de Estados Unidos en México, Joseph John Jova. El reporte se elaboró la tarde de ese mismo día. No era cualquier reunión.
La cita tuvo lugar en el restaurante Chateau de La Palma, en la colonia Del Valle. Scherer llegó a las 13:45. El embajador, un cuarto de hora después. Scherer acudió solo. Jova, acompañado de dos consejeros de la embajada.

Ocuparon una mesa. Tomaron unas copas, “departiendo entre bromas y chistes entre sí, para posteriormente ocupar otra mesa en el jardín, donde se logró captar que comentaban al parecer algunos chistes, ya que constantemente se reían a carcajadas, no lográndose en el momento captar nada en relación a la plática mencionada”.

Da risa la redacción de los agentes, los vericuetos para salvar el reporte sin reconocer que lo más importante del encuentro no lo habían grabado, que seguramente los micrófonos habían sido instalados en las mesas del interior del restaurante sin tomar en cuenta que a Scherer y Jova se les ocurriría conversar en el jardín y ahí no habían colocado sus aparatos. Y sus oídos no registraban nada. De lo que se habló en ese espacio, sólo deducían que eran chistes por las risas, pero ni siquiera el contenido de las bromas.

Una media hora de angustia y sin información precisa.

Las cosas cambiaron cuando regresaron a la mesa de la terraza, “donde tomaron sus alimentos, lográndose captar las siguientes conversaciones”:

“Scherer García, dirigiéndose al embajador, le manifestó lo siguiente: ‘John me sobran muchas fotografías a colores, cuando tú quieras te puedo proporcionar algunas’; el embajador le contestó: ‘Muchas gracias’, agregando ‘como embajador es un problema para mí declarar sobre la situación de un país’.

“Uno de los consejeros manifestó a los concurrentes ‘están pasando cosas muy raras’. El otro manifestó dirigiéndose a los presentes, algo relacionado con los miembros de Acción Católica, agregando que el Sr. Ford atacaba fuertemente a los obispos, arzobispos y demás miembros del clero, a pesar de que por otra parte él asistía con invitaciones a convivios y demás por parte de éstos.

“Con esto dio inicio una plática sobre la política que prevalece actualmente en los Estados Unidos de Norte América, con la actual sucesión presidencial; hicieron mención de Wallace, en donde el sr. Scherer García manifestó que como persona era su hombre, a lo que uno de los consejeros le dijo: ‘Que bueno, nomás que Wallace únicamente le faltan… (palabra tachada por los censores). Posteriormente se refirieron a Humprey, Ford y Jofrey Hacker, expresando el embajador que era un magnífico orador y tuteando al embajador le dijo: ‘John, yo quiero que me prometas una cosa, si sale como candidato y electo presidente Jofrey, me llevas contigo’, a lo que el embajador contestó: ‘bueno sí, pero todavía no sabemos si él esté’.

“Scherer García inquirió ‘bueno, pero tú eres muy buen amigo de Jofrey, puesto que los has entrevistado un centenar de veces’, a lo que el embajador contestó: ‘bueno no tantas, pero si bastantes y no por eso puedo decir que sea un amigo’. Scherer García volvió a repetir ‘bueno, yo sé que es muy buen amigo tuyo’, agregando el embajador ‘bueno, sí’, entonces Scherer García repitió nuevamente ‘entonces prométeme que me llevas contigo’. Uno de los consejeros dirigiéndose a Scherer García le dijo: ‘pues no que estás con Wallace’ a lo que Scherer García soltó una carcajada”.

“El otro consejero, dirigiéndose a Scherer García le dijo: ‘tú ya nos has hecho hablar mucho de nuestro hombre, ahora te toca a ti hablar de tu hombre’, a lo que Scherer García contestó: ‘ya está puesto, ahora lo ‘único que nos queda es estar prestos con él’.

“El embajador dirigiéndose a Scherer García le dijo en plan de broma, ‘tú eres un hombre muy malo’, respondiendo Scherer García ‘sí, pero no muy malo’, soltando carcajadas.”.

“Entonces Scherer García le dijo ‘por que traes dos relojes’, a lo que uno de los consejeros, rápidamente contestó, ‘es que uno es como embajador y el otro es personal’, contestando Scherer García riéndose expresó ‘por tres veces consecutivas John entendiste mi sarcasmo’, tanto el embajador como consejeros no contestaron; agregando de inmediato Scherer García ‘tú me invitaste y yo pago, el único inconveniente es que tienes que retirarte por lo de la cita que tienes a las cuatro’, agregando uno de los consejeros ‘es la embajada’”.

En este caso es seguro que ni el espía ni los directores de la DFS lograron entender de qué se estaba hablando. Eran los riesgos de que las grabadoras no registraran bien los diálogos y los agentes terminaran interpretando y acomodando las ideas a su muy particular entender.
Unos párrafos más dedicó el agente a su encomienda.

“Por último Scherer García dirigiéndose a los presentes, dijo ‘el desprecio de Kissinger como lo hemos pagado nosotros’ respondiendo el embajador ‘no lo creo sí, no lo hizo con intención’. Scherer García dijo ‘ojalá que el próximo Presidente de Estados Unidos quiera a Latinoamérica, ya que estamos sufriendo mucho’.

“A las 15:50 hrs. procedieron a retirarse del restaurante citado, despidiéndose y quedando de reunirse nuevamente, esto manifestado por ambos consejeros…”.

* * *

Los archivos contienen los reportes de otros encuentros, como el que Scherer tuvo con Carlos Hank González, entonces gobernador del Estado de México, con quien lo acercarían las circunstancias y una amistad que el mismo Scherer reconoce en su libro La terca memoria.

La DFS guarda al menos un reporte de sus reuniones, como éste de fecha 19 de julio de 1973.

“A las 8.30 horas de hoy, el prof. Carlos Hank González, gobernador del Estado de México, llegó a su domicilio particular en esta capital, arriba indicado, a bordo de una camioneta guayín, color verde, seguido de dos automóviles de escolta, procedentes de la ciudad de Toluca.

“Siendo las 8.35 horas, arribo al citado domicilio Julio Scherer García, acompañado de un individuo de aproximadamente 50 años de edad, no identificado, a bordo de una camioneta Ford, modelo 1969, color blanco, con placas de circulación del DF.

“Después de permanecer en el interior de la residencia a las 10.00 horas salieron el Ejecutivo Estatal y la dos personas antes mencionadas, a bordo del automóvil Ford Galaxie, modelo 1972, color negro… se dirigieron por cuadras de Acultzingo hasta Paseo de la Reforma, hacia el Oriente, llegando a las 10.20 horas al No. 35 de las calles de Niza, donde se ubican las salas de arte Luis Buñuel e Indio Fernández, habiendo sido recibidos por Gustavo Alatriste, con el que intercambiaron impresiones y a las 10.30 horas se despidió el prof. Hank González, retirándose en otro automóvil.

“Julio Scherer García, su acompañante y Gustavo Alatriste, entraron a la sala Indio Fernández para presenciar en forma privada el filme dirigido por el último de los citados, denominado “QRR” (Quien Resulte Responsable)”.

El reporte lo firmaba el entonces director de la DFS: el capitán Luis de la Barreda Moreno.

* * *

Del golpe a Excélsior, en los archivos y acervos hay distintas versiones de los aparatos de inteligencia.

Estos son los apuntes de la ficha elaborada el 9 de julio de 1976:

8 act. en la asamblea que efectuaron los cooperativistas del Periódico Excélsior.- donde por mayoría de votos fue destituido este elemento (en la mayoría de las fichas y reportes de los espías, a Julio Scherer se le denomina solamente como “elemento”) como director del Periódico Excélsior.- Dicha destitución se debió a las diversas violaciones al reglamento y Bases General de la Cooperativa mencionada.- A la mitad de esa asamblea este elemento se salió acompañado  de 130 trabajadores, donde dirigiéndose a otras oficinas del local del periódico aludido dio una conferencia de prensa a la Prensa Extranjera, no permitiendo el paso a la Nacional.- A las 18.20 Hrs., se retiró del local mencionado y en las calles de Paseo de la Reforma  y Morelos, abordó el automóvil placas del Edo. De México, notándose apesadumbrado y lloroso.-… *

Y esta es la versión amplia (8 de julio de 1976):

“De las 11.00 a las 16.30 de hoy, en el Salón de Actos de esta compañía y ante asistencia estimada en 800 de los 1300 cooperativistas, se llevó a cabo una asamblea a puerta cerrada, presidida por Jorge Castillejo, con objeto de someter a votación el que fueran destituidos Julio Scherer, Hero Rodríguez…

“Se notó división entre los trabajadores asistentes, ya que un grupo contrario a la destitución propuesta, comentaba que estaban siendo objeto de movimientos políticos porque el Gobierno trata de apoderarse de la empresa periodística, al no convenirle la inclinación de izquierda que lo caracteriza.

“Se dijo que el grupo afín a la destitución de Scherer García se presentó la madrugada de hoy en la rotativa y destruyó la matriz de una plana, donde se incluía una inserción de apoyo a Julio Scherer, firmada por la Plana Editorial, acordando el Consejo de Administración no publicarla y que no saliera en blanco.

“Se tuvo conocimiento que otro grupo, a las 8.00 horas de este día, estaba dispuesto a colocar bombas molotov en la empresa, como medida de presión para obligar a renunciar a Scherer García.

“En el curso de la asamblea y por mayoría de votos, fueron destituidos Scherer García y otros.

“A las 14.30 horas, Scherer García, acompañado de aproximadamente 130 trabajadores abandonaron el Salón de Actos.

“A las 17.00 horas Julio Scherer se retiró del inmueble seguido por Manuel Becerra Acosta y 40 trabajadores de los departamentos de Redacción, Fotografía, Cables, Telex y Corresponsales.

“Los 40 trabajadores que acompañaron al exterior a del edificio a Julio Scherer, se dirigieron a la esquina de Paseo de la Reforma y Morelos, donde intercambiaron sus teléfonos particulares a efecto de mantenerse en contacto y realizar una asamblea a las 11.00 horas del 21 de este mes… a las 18.20 se despidió del grupo Julio Scherer, abordando un automóvil con placas LGL-502 del Estado de México, notándose apesadumbrado y lloroso. Se identificó entre éstos al periodista Gastón García Cantú y al Ing. Manuel Pérez Rocha”.

Estos son algunos fragmentos que el capitán De la Barreda Moreno recibió esa noche en su despacho.

* * *

Luego vendría el largo peregrinar para publicar la revista Proceso.

De este momento de la historia del periodismo mexicano se seguirán escribiendo kilómetros de letras. Pero quedarán para siempre las dudas sobre las causas y razones de este conflicto. El académico Sergio Aguayo, durante la mesa de debate con la periodista Carmen Aristegui del lunes 12 en la primera emisión de MVS Noticias, confiaba que alguna ocasión escuchó una autocrítica de Scherer sobre el trabajo periodístico de Excélsior.

“Ya había publicado su Parte de guerra con Carlos Monsiváis, ese extraordinario documento con el testamento político del secretario de Defensa de Gustavo Díaz Ordaz, Marcelino García Barragán, y él se quejó de no haberse dado cuenta de la importancia de la Guerra Sucia, de la represión que estaba sucediendo y no… ‘No le di la prioridad que merecía y creo que en ese sentido Excélsior no cumplió el papel que debió haber cumplido’.

“Por todo eso y por muchas otras cosas, por un lado es una pena que se haya ido pero por otro lado una celebración de alguien que ejerció a plenitud y con enorme congruencia, el muy difícil ejercicio de la libertad de expresión independiente, crítica y autónoma”, afirmó Sergio Aguayo.

En una conversación informal con el autor de este texto luego de realizar una entrevista a propósito del libro La otra guerra secreta, Fausto Zapata Loredo, el hombre encargado de la comunicación en la Presidencia de Luis Echeverría, aseguró que el presidente informaba de todo lo que estaba pasando a los directivos de los medios.

Palabras más palabras menos, dijo a este reportero que durante los años de la Guerra Sucia en México los directivos de los medos de comunicación estuvieron bien informados de lo que estaba pasando. Vehemente al hablar, cuidando los gestos y los ademanes, afirmaba: “Yo, yo, yo mismo me encargaba de reunirlos casi cada semana, a desayunar con los funcionarios que ellos quisieran, con el secretario de la Defensa para que les dijera lo que estaba pasando en Guerrero, en otro estados. Ellos estaban al tanto de todo, con detalles. Nosotros nunca les dijimos qué sí o qué no publicaran. Esa era decisión suya”.

Recuerdo que alcancé a interrumpirlo:

–No era necesaria la amenaza explícita… sabían lo que podía pasar.
–Pero nunca les dijimos que publicaran o no lo que estaba pasando.

* * *

Los registro también dan saltos, brincan de un momento a otro, sin una idea coherente del por qué estas rupturas en la narrativa ni cronológica. Como si alguien hubiera extraído partes de estos archivos, piezas del expediente público que no regresaron a su lugar.

De lo que sí permaneció en el archivo destacan las copias de unas tarjetas informativas de “alguien” que hasta el último momento habría intentado persuadir a Scherer de no lanzar Proceso en noviembre de 1976, a unos días de que Echeverría dejara la Presidencia.

El contenido de esas tarjetas es el informe que mandó ese interlocutor al Presidente de la República el 25 de octubre de 1976. Fue un lunes. De acuerdo con el primer párrafo, la reunión ocurrió tres días antes:

“Ayer no pude extenderme en mi relato sobre la plática que tuve el viernes pasado con el señor Julio Scherer, y ahora lo hago por este medio.

“Estuve con él en mi casa más de tres horas haciéndole ver que, con motivo de su petición, para que PIPSA le otorgara papel, le quería comentar que estaba enterado de que la revista Proceso iba a ser dedicada a expresar su odio y rencor personales y el de su grupo contra las instituciones públicas y en especial contra el Presidente Echeverría, y que esto, independientemente de otras consideraciones, merecía la de pensar en que podría establecer un conflicto personal y familiar que podía afectar a varias generaciones de mexicanos de uno y otro lado.

“Le hice ver la conveniencia de que se pospusiera por unos meses la aparición de la revista. Hablé con él en tono claro y fuerte sin más límite que no caer en la actitud de amenaza que hubiera debilitado el alegato.

“De la plática concluyo que Scherer y su grupo están intransigentemente decididos a publicar Proceso. Me manifestó que emplearían el mismo tono analítico y crítico del antiguo Excélsior, pero que de ningún modo pretenden que sea una revista de desahogos. Scherer afirmó: ‘Soy suficientemente inteligente para no pelear con el Presidente de la República, quien como tal merece mi respeto’.

“Me aseguró que sólo un artículo de unas cuantas cuartillas sería dedicado, en el primer número, al caso de Excélsior, y que éste no sería tratado nunca más en su revista. Agregó que el tono del artículo sería crítico pero no irrespetuoso. Lo escribirían entre Scherer y Miguel Ángel Granados.

“Le dije que pensara en en los inconvenientes que tenía el inaugurar una tribuna de frustraciones en el último mes de gobierno. Quedó abierta la posibilidad de volvernos a reunir solos o con Granados Chapa y Leñero”.

Las tarjetas quedaron sin firma. El estilo y la estructura de los párrafos y el formato de las tarjetas de inmediato llevan a pensar en Mario Moya Palencia. Él dejó muchas huellas semejantes en las cajas de la Galería 2 del AGN.

Una revisión del libro Los presidentes del mismo Julio Scherer lo confirma. “El 6 de noviembre de 1976 nació Proceso entre intimidaciones del secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, y el secretario de Patrimonio Nacional, Francisco Javier Alejo. Moya dijo que los hijos de Echeverría podrían vengarse en mis hijos, Alejo afirmó que el buen nombre del presidente de la República implica la razón de Estado”.

En Los periodistas, Vicente Leñero aporta más elementos: “Julio Scherer llegó tarde. Apenas entró buscó a Miguel Ángel y a mí, y como Miguel Ángel no había llegado me enjarró el brazo invitándome a un aparte. Venía de una larga plática con Mario Moya Palencia; feroz, la llamó”.

* * *

Julio: Qué le parece el negociage?
Dolores: Ay, me da un gusto… ahora se me hace casi un sueño lo otro.
Julio: Cuál otro?
Dolores: Lo de después de África.
Julio: Ah, pues yo no puedo ni creerlo… todavía estoy asustadón. No… a mi… bueno, ya después de todo eso… solo morir. Digo, yo me siento ahora como me pasa siempre, con un miedo de los diablos.
Dolores. Ay Don Julio, que suave.
Julio: Pero mira… así pasa siempre… hay que tirarse al agua y luego a ver qué pasa…

* * *

Julio Scherer fue observado y vigilado con cercanía. Sin embargo, la información que guarda el acervo de la DFS es parcial, sin continuidad en los temas, casos que se abren pero no cierran. Como si alguien hubiera desarmado también este rompecabezas, como ocurre con muchos otros expedientes.

Difícil armar algo más completo sólo con los expedientes de la DFS. Lo mismo ocurre con Scherer que con Gabriel García Márquez y otros personajes de esa época. Una parte importante de los registros no llegaron.

Muchos se quedaron en el camino de las oficinas y las cajas de los funcionarios de la Secretaría de Gobernación. Y esos habitan en otros acervos. En los de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales, en las miles de cajas de la Galería 2 o en los fondos presidenciales de la Galería 3.

En esas cajas quedó más de lo que seguramente el propio Scherer imaginó. Con la mayoría de los casos ocurrió así: los espiados no sabían hasta dónde llegaban los cables y los micrófonos.

La historia de Scherer en los archivos se esparce, en pedazos, por las cajas del Archivo General de la Nación. Es una historia de vida intervenida por el espionaje.

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* Una versión distinta y menos extensa de este texto se difundió el lunes 12 de enero pasado en los portales de Noticias MVS, Artículo 19 y emeequis. Algunos segmentos de algunas fichas incluidas en este texto fueron publicados previamente en 2006 por Luis Miguel Carriedo en la revista etcétera.

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