El “cultivo” de las mariposas

Medio ambiente - Página: 18 - No.344

El “cultivo”

de las mariposas

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Las monarca no son unas mariposas cualquiera. A diferencia de otras especies, llegan a vivir nueve meses y hacen recorridos de hasta 4 mil kilómetros para refugiarse en los oyameles de Michoacán y el Estado de México y protegerse de las temperaturas invernales de Canadá y EU.

Poco a poco la tala sin control en México ha dejado de ser un peligro para ellas. Lo que amenaza su existencia hoy, son los plaguicidas de Monsanto que están acabando con su alimento en los campos de maíz estadunidenses.

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POR VIÉTNIKA BATRES • @vietnika69
FOTOGRAFÍAS: EUGENIO FERNÁNDEZ VÁZQUEZ
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El Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible ha emprendido proyectos de apoyo a campesinos de la zona para que aprendan a “cultivar” monarcas, es decir, a cuidarlas, a protegerlas y a sacar un beneficio económico de los bosques sin atentar contra la biodiversidad. Y, buena noticia, se está avanzando.

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Amanalco, Estado de México.- El guía ni se inmuta. Camina en silencio y con facilidad por la vereda que sube entre árboles y plantas. Nos encontramos a 2 mil 800 metros de altura y a Mario Hernández Moreno no parece afectarle. Está acostumbrado: a diferencia de los dos defeños que lo seguimos agitados, casi sofocados, su respiración no se altera. La tierra oscura permanece húmeda, y en algunas partes resbalosa, por una temporada de lluvias que no acaba de terminar. Hace frío. Dejamos atrás la carretera cubierta de neblina hasta un paraje al pie de las montañas. Ahí estacionó Mario su traqueteada camioneta para continuar a pie.

Después de unos 15 minutos de subida, empiezan a aparecer en el suelo, aquí y allá, fragmentos de alas anaranjadas. Luego, mariposas completas, muertas o en problemas, a juzgar por el agónico aleteo que no logra elevarlas. Sólo son el aviso del espectáculo que veremos metros más arriba: copas de árboles muy altos cargadas con cientos de miles de monarcas. Son tantas que algunos de los troncos lucen a punto de doblarse.

Las vemos de lejos. Cruzan, inaccesibles, el cielo de limpio azul. No podemos acercarnos más porque, además del guía y del guardabosques, Antonio Salazar, que vigilan celosamente, hay unas tiras de plástico amarillo que marcan el fin del paso a turistas y personas ajenas al lugar. Esto es parte de una serie de medidas que ahora se toman para cuidar las áreas a donde llegan, cada año, las mariposas monarca.

El Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, Asociación Civil (@CCMSSAC), es una de las organizaciones que asesoran a ejidatarios y campesinos de la región para mejorar el aprovechamiento de sus bosques, incluidos los recursos madereros, sin descuidar el hábitat de la fauna local, la permanente y la migratoria.

Aquí es posible notar zonas de “aclareo”, práctica consistente en seleccionar y quitar árboles para que entre más luz del sol a las partes bajas de los bosques, explica Eugenio Fernández Vázquez, vocero del Consejo. También hay brechas cortafuegos, hechas para limitar la expansión de incendios forestales que, añade Eugenio, se dan en forma natural para eliminar la basura orgánica —hojas y ramas secas—, además de que sirven para reventar las piñas de los pinos, que yacen en el suelo y contienen semillas listas a germinar. Existen rústicas señalizaciones que dan cuenta de la existencia de un pozo o el nombre de la comunidad que se visita. Abundan los arbolitos nuevos, pequeños, sembrados para reforestar las áreas en donde se realizó tala controlada.

“En el pasado se pagaba a los propietarios de las tierras para que no tocaran ni hicieran nada en los bosques. Pero era un dinero fácil, que terminaba en las cantinas locales —cuenta Fernández Vázquez—. Hoy, en cambio, se aplica un programa de pago por servicios ambientales, de modo que las comunidades destinan esos recursos al mantenimiento de sus bosques y generan empleos para los lugareños, que se sienten incentivados a ocuparse y administrar sus recursos naturales”.

Gracias a esos cuidados, el riesgo de que desaparezca la población de monarcas ha disminuido considerablemente en México, no así en Estados Unidos, donde los productos transgénicos amenazan con extinguirla.

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Para llegar a esta parte del bosque mexiquense  —ubicada entre los municipios de Valle de Bravo, Villa Victoria, Villa Allende, Temascaltepec y Zinacantepec— hemos atravesado los ejidos Agua Bendita y Corral de Piedra, con grandes extensiones cubiertas de pinos, abetos y oyameles, la especie favorita de la mariposa monarca para invernar.

Hasta acá vuelan, en un recorrido de 2 mil a 4 mil kilómetros desde Canadá y Estados Unidos, millones de estos insectos de frágiles alas anaranjadas. Son la excepción en su género, pues mientras otras especies viven únicamente 24 días, las monarca resisten hasta nueve meses.

En México, empiezan a verse por la frontera norte, en Nuevo León, a fines de agosto y principios de septiembre; y en el Estado de México y Michoacán, a mediados de octubre. Antonio Salazar, guardabosques en Amanalco, dice que este año se atrasaron un poco, “aparecieron hasta fines de octubre”.

Cada verano, en el sur de Canadá y el medio oeste de Estados Unidos nacen entre tres y cuatro generaciones de monarcas, pero sólo la última migra en invierno a sitios más cálidos, en México o en California. Vienen de la zona ubicada entre las Rocallosas y los Grandes Lagos, en EU, y ya de este lado de la frontera sobrevuelan la Sierra Madre Oriental hasta el altiplano del Estado de México y de Michoacán, donde se quedan en las montañas más bajas hasta fines de febrero, cuando inician el retorno al norte.

De acuerdo con la Guía de monitoreo de la mariposa monarca elaborada por la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA), en Estados Unidos diversas generaciones en etapa reproductiva coinciden cada año en zonas donde crecen plantas de algodoncillo o asclepias.

“La reproducción de la mariposa monarca depende absolutamente de la presencia de estas plantas hospederas de larvas”, destaca la Guía de monitoreo. En América del Norte existen más de 100 especies de asclepias, y las monarca las consumen casi todas.

“Las hembras ponen sus huevos únicamente en asclepias, para tener la certeza de que después de eclosionar las larvas tendrán acceso directo a alimento”, las hojas y el látex o lechecilla de la asclepia (una savia pegajosa por la que se llama milkweed a la planta).

Pero ahí reside el mayor reto que enfrentan las monarca actualmente para su sobrevivencia, advierte Fernández Vázquez: “Mientras en México las leyes de protección de vida silvestre registran a la monarca como especie protegida y se ha detenido la deforestación, en Estados Unidos aparecieron los cultivos Round Up Ready, como el de maíz transgénico producido por Monsanto, resistente a todo tipo de pesticidas, incluido el glifosato, que fabrica el propio Monsanto y que es el que está exterminando a las asclepias”.

El vocero del CCMSSAC explica que las plantas de algodoncillo o venenillo —como se conoce también a las asclepias— crecen precisamente en los campos de maíz estadunidenses, regados con poderosos plaguicidas que arrasan con todo. Así, junto con las asclepias, mueren también las mariposas cuyas larvas crecen y se alimentan de sus hojas. “Si en Estados Unidos siguen utilizando el Round Up Ready, de nada servirán los esfuerzos que se hagan en México para conservar el hábitat de las monarca. Morirán en el norte antes de poder migrar hacia el sur”, alerta.

A la amenaza vital que representa Monsanto para la distribución y la abundancia de mariposas monarca se suman factores ambientales en sitios de tránsito en su migración al sur, como las fuertes tormentas de junio en Ohio —el principal estado productor de maíz en EU— o la sequía de abril y mayo en Texas. Asimismo, aunque en mucho menor medida, les afecta la competencia de otros herbívoros consumidores de asclepias y la presencia de depredadores. Por si fuera poco, son vulnerables al cambio de uso del suelo y al calentamiento global.

En 2013, dice Fernández Vázquez, ya se registró una reducción de 20 por ciento en la población de la monarca.

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Conforme avanza la mañana y se entibia el ambiente, las mariposas descienden de las altas copas de los árboles y se dejan ver algo más cerca. Aún no son las 12 del día y apenas han empezado a llegar los primeros turistas: una pareja de Alemania y una familia integrada por la madre, el padre y dos hijos. No es la zona más visitada, cuenta Mario Hernández Moreno, nuestro guía —originario de Corral de Piedra—, quien aprovecha para indicarnos que es hora de regresar al pueblo.

Tomamos de vuelta el sendero resbaladizo donde se acumulan restos de mariposas. Es imposible no pisarlos. Las alas de esta especie se desgastan y rompen con el tiempo, condición que puede ser un indicador de su edad, según se anota en la Guía de monitoreo. Quizá ese pedacerío de alas anaranjadas sea el improvisado cementerio de las monarca más viejas.

Todavía queda por saber casi todo sobre este lepidóptero ditrisio de la familia Nymphalidae, cuyas posibilidades de alcanzar la adultez plena son muy reducidas (en su etapa larvaria su tasa de mortalidad es de más de 90 por ciento). De la más popular de las mariposas de América del Norte falta estudiar los efectos del cambio climático y otras perturbaciones ambientales, así como la forma en que responden a los esfuerzos de conservación.

La labor del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible va más allá de la mariposa, porque capacita a los ejidatarios y campesinos para que puedan obtener el mayor beneficio de sus tierras al mismo tiempo que preservan el medio ambiente, independientemente de la migración de las monarca en busca de los protectores árboles de oyamel.

Es el caso de la ejidataria Rosa Martínez Cayetano y su pareja, Alejandro Chino Téllez, a quienes personal del Consejo les ha enseñado a cultivar parcelas de modo que guarden la humedad a lo largo del año en terrenos donde antes sembraban solamente maíz —“milpas muy chicas”— y hoy se da chícharo, haba, frijol, limón, árboles frutales y flores, como el agapando, en forma orgánica, sin recurrir a fertilizantes u otros químicos.

“Hemos aprendido a combinar lo que sembramos para que no se desanime el maíz, que no se lo lleve el agua o el aire, y no haya desánimo”, dice Alejandro mientras muestra una de sus parcelas orgánicas.

El Consejo, que asesora a más de 140 agricultores de nueve ejidos y dos comunidades del municipio de Amanalco, también les ha mostrado cómo hacer curvas a nivel —patrón de surcos para retener el agua en el suelo— y retranques —muros de piedras para “atrancar” la tierra y evitar el deslave con las corrientes que se forman cuando llueve—. Son proyectos que abarcan más que la protección a la mariposa pero la benefician.

Otras organizaciones e instituciones que actúan para la preservación del hábitat de la monarca en la zona son la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas-Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca (Conanp-RBMM), el Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza (WWF), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

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