Calle 13: Me llaman el incongruente

Política - Página: 44 - No.326

Calle13

ME LLAMAN

EL INCONGRUENTE

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Quizá no existe grupo más polarizante que Calle 13: lo odias o lo amas, lo alucinas o lo adoras. Residente y Visitante lo saben y juegan con ello. Desfilan por la delgada línea de ser rebeldes, de juntarse con Julian Assange, asociarse con Eduardo Galeano y, al mismo tiempo, ser patrocinados por trasnacionales como Red Bull y Adidas.

A ellos no les importa demasiado porque están convencidos de que hacen lo que tienen que hacer, porque creen que el tono político y social que imprimen a sus temas —escuchados por millones— cumple un papel, porque piensan que la revolución en el siglo XXI es de otra naturaleza y que no se puede ser rebelde sin plata. Porque, en tanto humanos que son, es imposible ser congruente todo el tiempo, todos los días. Eso dicen.

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POR CARLOS ACUÑA@esecarlo
FOTOGRAFÍAS: EDUARDO LOZA

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Jugársela. Cuando René Pérez dice esa palabra su ceño se frunce y sus labios hacen un chasquido leve. La pronuncia con su acento boricua, omitiendo algunas consonantes y con un sonsonete caribeño en cada vocal. Hay que jugársela, repite y la timidez de sus ojos almendrados desaparece por un segundo mientras busca a su alrededor algún signo cómplice en los rostros de quienes lo escuchan.

¿Qué implica jugársela para René Pérez Joglar, el vocalista del proyecto musical latinoamericano más exitoso de la última década, ganador de 21 premios Grammy y con millones de discos vendidos en todo el mundo? Significa atreverse a caer en contradicciones y no avergonzarse de ellas. Al menos eso es lo que insinúa.

Y es que Calle 13 encarna paradojas difíciles de resolver de un golpe. Ellos lo saben. Desde cantarle a la revolución en actos auspiciados por gigantescas corporaciones trasnacionales o polémicas figuras políticas, hasta retratar la hambruna de América Latina en un documental apadrinado por Red Bull o denunciar el capitalismo mientras goza del patrocinio de Adidas.

Así ha sido desde el principio. Calle 13  ha practicado un equilibrismo peligroso en donde las ideas no siempre pueden balancearse con las acciones. Desde hace más de nueve años, René Perez, Residente, y Eduardo Cabra, Visitante, intentan no salirse de esa línea sobre la que caminan. Reconocen que es difícil. Se trata de una cuerda delgada, finísima, y a veces demasiado tensa.

—Todo mundo se contradice en algún momento. Porque resulta que el mundo no es blanco ni es negro —explica Residente en entrevista con emeequis. Su voz aún suena apacible; imposible reconocer en ella el torrente que brota de su boca cuando se coloca detrás de un micrófono—. Es imposible ser congruente todo el tiempo, todos los días. Está cabrón encontrar un centro. Sé que no tengo el primer lugar en la lista de los hombres inconsecuentes, aunque tampoco soy el último.

Pero algo habrán hecho bien este par de puertorriqueños para salvar la desconfianza general y ganarse la simpatía de millones de personas en todo el planeta, incluidos músicos como Andrés Calamaro, Café Tacvba, Mercedes Sosa o Rubén Blades, quienes han compartido créditos con ellos tanto en discos como en los escenarios.

Lejos han quedado los tiempos de Atrévete-te-te, cuando sus rimas absurdas montadas sobre ritmos de reggaetón los catapultaron a la fama. Su quinto y último disco, Multi_viral, anuncia nuevos tiempos. Pocas de las nuevas canciones remiten a ese ambiente festivo y sexual de sus primeros álbumes. Ni rastros del reggaetón y la cumbia, que han cedido su lugar a un hip hop potente, mezclado con funk, rock duro y ritmos folklóricos digitalizados.

Además, con la participación del hacktivista Julian Assange, el cantautor Silvio Rodríguez, el escritor Eduardo Galeano y el líder indígena Vernon Foster, los de Calle 13 parecen querer legitimarse como figuras de la izquierda latinoamericana.

La crítica musical ha alabado al disco, su postura política y social, así como su coherencia musical e ideológica. Pero las aversiones también se han endurecido. Entre la admiración masiva y la crítica más visceral, Calle 13 continúa de gira.

 

UN PAÍS CON DOS BANDERAS

Cuando Eduardo Cabra Visitante cursaba el séptimo grado del colegio en su natal Puerto Rico, fue reprendido una mañana por abstenerse de cantar un himno que no era el de su país. Desde principios del siglo XX, en 1900, apenas un año después de lograr su independencia de España, Puerto Rico fue invadido por Estados Unidos y a la fecha es una especie de colonia (Estado asociado). Esa mañana, en San Juan, sonaba el himno de Estados Unidos de América, no el de Puerto Rico, y a Eduardo lo castigaron por no querer rendir honores a una bandera que no era la suya.

—Me regañaron bien cabrón ese día —recuerda décadas después—. Hasta me llevaron con el principal (el director). ¡Eso en séptimo grado!

Barbado, de mirada apacible, baja estatura y un suéter con grecas andinas, Eduardo parece un duende discreto y callado. Hoy se abstrae de gran parte de la conversación a causa de un malestar estomacal que lo mantiene hundido en un sillón. Lleva cuatro días en el Distrito Federal y la comida mexicana ya le ha declarado la guerra a sus intestinos. El dolor, sin embargo, no le impide exaltarse cuando recuerda aquellos años.

—Yo vivía en un estado de confusión total. Nosotros crecimos con familias que tenían otra mentalidad. Pero nunca faltaba el vecino que te decía: “¡Está’ mal, brother! ¿Por qué hace’ tú esa’ cosa’? ¿Quiere’ e’tar como en Cuba, sin comida ni aire acondiciona’o?”. Toda la información y la cultura que recibíamos llegaban del norte, de Estados Unidos. Y todavía es así allá.

—¿Cuál era su percepción de América Latina en aquel tiempo?
—Completamente desconecta’os. No había una clase de Historia Latinoamericana en el colegio. No llegaba na’ de información de lo que es América Latina a nuestro país. No nos sentíamos parte de Estados Unidos, pero tampoco conocíamos qué pasaba más allá del Caribe.

—En cambio —complementa René—, en el colegio nos obligaban a jurar a la bandera gringa: I pledge allegiance to the flag of the United States of America, and to the Republic for wich it stands, one Nation under God…
—¡Y todavía te la sabes, cabrón! —lo interrumpe Eduardo, indignado—. Dime, ¿hace cuántos años que no decíamos esa mierda? Yo aún te la puedo decir ahora de arriba abajo sin problemas. Imagínate vivir con eso en la cabeza siendo un chiquillo. Sin saber inglés siquiera, pero con la certeza de lo que significa. Es una colonización de la mente bien cabrona.

Las cosas han cambiado, al menos para ellos. Con sus primeros discos llegaron también las giras, los viajes. No hay país latinoamericano que el dúo puertorriqueño no haya pisado. Han conversado con presidentes, campesinos, líderes indígenas y guerrilleros. En algún sentido, Calle 13 puede leerse como una búsqueda de identidad de este este par de boricuas, el intento de encontrar nuevos referentes en un continente que en su infancia siempre les fue ajeno.

 

EL REGGAETÓN FUE UNA ESTRATEGIA

René y Eduardo se conocen desde niños. Luego de que sus padres se divorciaran innumerables veces, el papá de Eduardo se casó con la madre de René y formaron una enorme familia en donde ser hermano de sangre no importaba realmente. Aún ahora, luego de varias décadas, se siguen considerando hermanos más que hermanastros, amigos o colegas.

La conciencia política les viene de familia. René, por ejemplo, se crió en dos mundos. El primero transcurrió dentro de la sala Sylvia Rexach, durante los ensayos y funciones del Teatro del 60, un colectivo de actores independientes de Puerto Rico en donde su madre figuraba como actriz. También estaba su padre, un abogado que, antes de unirse a la revolución sandinista en Nicaragua, defendía causas obreras y marchaba cada mes al frente de manifestaciones de electricistas y trabajadores del alcantarillado. Allí, entre pancartas, paros, consignas, huelgas, propaganda y teatro independiente, René pasó la mayor parte de su infancia. En la actualidad, dice, la situación en Puerto Rico no ha cambiado mucho.

En una isla pequeña, donde sólo 5 por ciento de la población apoya la causa independentista, los inconformes son apenas un puñado de personas que se conocen entre sí.

—La conciencia social siempre estuvo allí. Lo que pasa es que mucha gente nos encasilló luego con eso del reggaetón. Lo que queríamos nosotros era mezclar ritmos, llevarlos hacia otro lado —explica por enésima vez Visitante, el cerebro musical detrás de Calle 13—. Antes fue el reggaetón en Atrévete-te-te y otros temas, ahora es la música irlandesa en El aguante. Pero la gente trae todos esos prejuicios encima y es súper difícil sacarla de ahí.

—Parece que Calle 13 fue un concepto pensado minuciosamente desde un principio.
—Sí, la verdad es que lo pensamos mucho. Pero nuestra única bandera siempre fue la honestidad.  Al principio, si quieres, lo del reggaetón sí fue una estrategia de alcance —reconoce Residente—. No era que nos encantara el reggaetón, pero era lo único que se escuchaba en Puerto Rico y era la única manera de llegarle al barrio.

Pocos recuerdan que antes de Atrévete-te-te, antes incluso de figurar en ninguna estación de radio, estos puertorriqueños lanzaron el tema Querido FBI, un hip hop musicalizado apenas con un par de bongós en donde René versaba con furia en protesta por el asesinato de Filiberto Ojeda Ríos, machetero y luchador por la independencia de Puerto Rico:

A to’ los federales los escupo con diarrea / Me dan náusea, me dan asco / Yo sé que’toy perdiendo los cascos / Por culpa de ustedes, jodi’os brutos / la Calle 13 está de luto…

A finales de los años sesenta, en medio de la efervescencia de los movimientos estudiantiles, una idea se hizo popular entre los jóvenes: “¡No permitas que el capitalismo te arrebate tu cultura y te la venda!”. En su libro La sociedad del espectáculo, Guy Debord advertía en 1967 del peligro de convertir cualquier cosa, la rebeldía, la vida misma, en un espectáculo inofensivo y estéril. Al volverse objeto de consumo, la rebeldía pierde sentido.

Una de las críticas más insistentes hacia el dúo boricua apunta en ese sentido. Si usaron el reggaetón para hacerse escuchar en sus inicios, la actitud contestataria bien podría ayudarlos a llegar aún más lejos.

La pregunta es relevante: ¿qué tan sincera es la rebeldía de Calle 13?

 

ABUCHEO Y FUROR EN EL VIVE LATINO

La historia es conocida: la primera vez que Calle 13 se presentó en el Vive Latino, en 2007, el público los recibió de forma poco amable: lanzándoles envases de cerveza llenos de orines. El abucheo fue general. En su segunda visita, tres años después, el público fue más condescendiente pero nada se compara a lo que ocurre hoy, 29 de marzo de 2014, en el décimo quinto aniversario del festival.

Identificado por muchos como un evento de rock latinoamericano, hace años el festival comenzó a abrir la puerta a artistas sajones e internacionales como Blondie, Fatboy Slim o Arcade Fire. El rock dejó de ser una norma inquebrantable en el Vive Latino. Esta noche, Calle 13 se presentará justo antes de Los Tigres del Norte, quienes cerrarán el día. Además de la apertura en los gustos del público, el cartel habla de las nuevas propuestas latinoamericanas, incapaces de conectar con las generaciones más jóvenes.

Hace unas horas cayó un aguacero que terminó en granizo. Ahora, todavía con la humedad en el ambiente, apenas Maldita Vecindad abandona el escenario, la gente se multiplica y la ropa comienza a escasear. Tribus de jóvenes, niños, cuarentones y estudiantes universitarios corean sin pudor la letra de Atrevete-te-te aunque el escenario está todavía vacío.

Hay que decirlo: al menos en lo que respecta a los países ubicados debajo del río Bravo, no parece haber otro proyecto musical reciente que congregue tantas pasiones como Calle 13.

“¡El que no salte esta noche es porque está muerto!”, dice René apenas toma el micrófono y suenan los primeros acordes de Fiesta de locos. No tiene que decirlo dos veces: el piso del Foro Sol tiembla ante los miles de cuerpos que rebotan contra él. Tuvieron que pasar siete años para que Calle 13 se instalara definitivamente entre los jóvenes mexicanos.

A la cuarta canción algo sucede. De la nada, un hombre llega corriendo al escenario, se aferra al cuello de René e intenta quitarle el micrófono. Cinco elementos de seguridad se abalanzan sobre el intruso y René alcanza a lanzar un derechazo limpio sobre la barriga del extraño. Todo ocurre en apenas unos segundos. Después correría el rumor de que se trataba de un fanático que logró burlar la seguridad para reunirse con su ídolo.

—Estaba yo cantando El aguante, un tema que se caga en todas las religiones y todas las corrientes políticas, y de pronto llega un tipo por atrás. Yo no sé quién se puede sentir ofendido por lo que canto. Es como si te despertaran con una bofetada —se disculpará y justificará René esta misma noche, durante una breve conferencia de prensa.

Por ahora la fiesta continúa. Lo dicho: el reggaetón ha desaparecido casi por completo del discurso de Visitante y Residente. Atrévete-te-te, la canción más esperada, nunca aparece. Hay rock, hay salsa, hay cumbia, hay funk y hasta tango en las extrañas fusiones que realizan. Las letras que antes iban de lo absurdo a lo escatológico, siempre bordeadas por un humor extraño, a veces infantil, también han cambiado gradualmente. Con sus nuevos temas, Calle 13 se esmera en rescatar viejas consignas políticas y adherirse a causas que ningún otro artista masivo suele tocar: la defensa de las minorías, de los migrantes, de los desaparecidos, de los indígenas, de los presos políticos, de la tierra, de la libertad informativa, de la trata de personas, de los conflictos en Medio Oriente y un infinito etcétera progresista.

Sexo, baile y rebeldía: un coctel explosivo que alcanza su clímax aquí, en sus presentaciones en directo. A diferencia de la mayoría de los artistas de hip hop, que suelen cantar sobre una pista pregrabada, Calle 13 siempre se presenta apoyado por instrumentos reales. Orquestas enteras dirigidas por Visitante dotan de una inaudita potencia todos los temas.

Hacia el final del concierto, justo antes de tocar Latinoamérica, la que muchos consideran su canción más lograda, Residente hace una pausa. “Quiero hacer algo importante para nosotros, que es apoyar a un preso político en Estados Unidos”. Entonces Residente habla de Óscar López, un boricua independentista detenido en Chicago hace 32 años, acusado de conspiración sediciosa. Sí, “32 años en la cárcel”, repite. Cinco años más de los que Nelson Mandela permaneció preso.

—Óscar no disparó una sola bala, no mató a nadie. Y está condenado a 70 años de prisión —dice Residente y a continuación pide al público encender sus celulares y levantarlos en alto. Este mismo ritual lo ha repetido en toda la gira de Multi_viral. Las imágenes, asegura, serán enviadas al Congreso estadunidense para exigir la liberación de López. Un silencio casi total se posa sobre el Foro Sol. Las luces brillan en la pista como si esto fuera una ciudad inmensa que se balancea en mitad de la noche. Un sólo grito recorre el estadio: “Oeeeee. Oeeeee. Oeeeee. René. René”.

Mañana, los titulares de los periódicos dirán: “Residente de Calle 13 golpea a fan en el Vive Latino”. A Óscar López y su historia apenas le dedicarán unas cuantas líneas.

 

EL RESIDENTE Y EL REFUGIADO

René Pérez parece consternado. A cada periodista que llega a entrevistarlo le pregunta qué pasa con los medios de comunicación. ¿Cómo funcionan? ¿Por qué lo tergiversan todo? ¿Por qué ponen palabras en su boca que él nunca dijo? “Ayer salió una nota titulada: ‘El chavista René Pérez dice que…’ Yo nunca he sido chavista, ¿ves? Hablé un par de veces con (Hugo) Chávez como también hablé con (Daniel) Ortega y muchos otros políticos. Lo mismo si el cabrón de (George) Bush me llama y quiere platicar, yo voy. Porque me interesa eso, no porque esté de acuerdo con él”.

Más allá de las preferencias políticas de Calle 13, el tratamiento que se les dio fue uno de los principales motores de su nuevo álbum. A mediados del año pasado, René Pérez se reunió en la embajada de Ecuador en Londres con el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, y después de horas de charla que se extendieron durante meses por videoconferencias en internet, decidieron lanzar juntos una canción sobre la manipulación mediática.

A los pocos días de anunciar este encuentro, Residente escribió en su cuenta de Twitter: “Apoyamos (a Assange) porque es víctima de la manipulación. Se le culpa de haber hecho pública información a la cual deberíamos tener acceso todos”.

El resultado de la colaboración fue el primer sencillo de la nueva producción, que a su vez le da nombre: Multi_viral. Un tema lleno de consignas y referencias a los movimientos estudiantiles como #YoSoy132 en México o el #15M en España, y armado con la participación de los followers de la cuenta de Twitter de René. A la versión en estudio se les unió Tom Morello, el activista y guitarrista de la banda Audioslave y también de la mítica Rage Against The Machine, además de la cantante y compositora palestina-israelí Kamilya Jubran.

Meses antes de que el disco saliera a la venta, entrevistado por Julian Assange en una videoconferencia para el canal de YouTube de WikiLeaks, René Pérez habló de la desinformación en su natal Puerto Rico y de los intereses de los poderosos inmiscuidos en los medios de comunicación. “Hay que entender que la mayoría de los medios no dicen la verdad. Necesitamos buscar nuevas formas de buscar información para llegar a conclusiones. Hay gente que va a la guerra por una idea falsa, convencida de que es cierta”.

Desde el principio de su carrera, Calle 13 entendió la importancia de los nuevos medios de comunicación. Gran parte de su éxito se lo deben a redes como YouTube, en donde sus videos alcanzan millones de vistas a sólo unas semanas de haber sido lanzados. Ahora que regresan a la independencia y que estrenan su propio sello, al que bautizaron El Abismo, Multi_viral no sólo será vendido en tiendas: una versión digital del disco será obsequiada a quienes asistan a los conciertos de su gira. Además, han invitado a todos sus fans a piratear el álbum sin temor.

Pero hoy, René Pérez de nuevo está consternado. A cada periodista que llega a entrevistarlo le pregunta qué pasa con los medios de comunicación. Han pasado tres días desde el incidente del Vive Latino y en las redes sociales todos han reprobado la violencia de golpear a un fan que, simplemente, quería cantar con él.

—¡El tipo me estaba ahorcando, carajo! —dice ahora, más divertido que enojado, pero intentando disculparse—. Imagínate, yo estoy cantando esa canción, como en trance, un tema que habla de la guerra de las Malvinas y de Hussein y de Palestina y de Israel, y de pronto llega un cabrón por atrás a asfixiarme. Tuve miedo, sí. ¡Mi esposa está embarazada!

 

UN MASERATI POR LOS AMIGOS MUERTOS

Eduardo Cabra y René Pérez crecieron en el barrio de Trujillo, al noroeste de San Juan de Puerto Rico. Es un barrio de clase media, lluvioso y lleno de árboles de maricao. En un principio René y Eduardo vivían con su familia en la Calle 11, después se mudaron a la Calle 13 que daría nombre a la agrupación años más tarde. Fue allí también, cuando el padre de René y la madre de Eduardo se divorciaron de nuevo, donde nacieron los apodos que adoptarían los músicos: “residente” y “visitante” eran las palabras con las que solían identificarse en el módulo de policías al entrar al barrio.

Nunca fue una zona extremadamente peligrosa. Sin embargo, todos los amigos de la infancia de René y Eduardo hoy están muertos o presos. “A Canito lo mató la ex novia; a Christopher, la policía; otros por drogas, como Nandito; a Juan Gabriel lo mataron y a Cubita también; José Méndez se murió”, declaró René al diario El País hace un par de años.

Al hacinamiento, la pobreza y la desigualdad, de los barrios pobres de Puerto Rico se ha sumado también la violencia. En 2011, la cantidad de homicidios en la isla se disparó: mil 136 personas fueron asesinadas. Un año antes la cifra era de apenas 156 muertes violentas. Y la situación se ha agravado con el tiempo.

El segundo video del nuevo disco de Calle 13, Adentro, fue grabado en la barriada Morales, en el municipio de Caguas, uno de los sitios más peligrosos de Puerto Rico, ubicado apenas unos kilómetros al sur de Trujillo. Se trata de un lugar en donde el hip hop se vincula directamente con el uso de armas de fuego y venta de drogas. Allí es común escuchar rimas, con sonido de metralletas de fondo, como las del rapero Algenis:  

Te mandamos un fuletazo / te enterramos en el patio/  tengo residencia, no me agotes la paciencia / en Caguas te metemos, no nos muerde la conciencia / Si campeas fuera de base no hay forma de hacer pases / Te amarramos por las patas y te arrastramos por el case. 

En el video, que primero exhibe a decenas de adolescentes del barrio armados con pistolas y metralletas, se ve a Residente gritar, eufórico, sus rimas: Tú eres bruto, cabrón / rapeando sobre cómo volar sesos / en un país donde te matan por robarte un peso, sólo para segundos después destrozar un Maserati de lujo con un bat de beisbol y lanzarlo por un acantilado.

—¿Por qué decidiste destrozar así uno de tus autos?
—¡Uno de mis autos!— se ofende Residente antes de dejar salir una risa irónica—. Yo no tengo 10 carros guardados en mi colección. Es el único carro que he tenido en mi vida: soy pésimo conductor. Me lo compré a principios de mi carrera, usado, cuando comencé a ganar plata. Lo pasé tres meses bien con el fockin carro y luego ahí se quedó. Se devaluó. “Cabrón, no hacía falta comprar eso”, me dije entonces. Hasta mi familia se avergonzaba de mí. Imagínate a mi padre, que fue a Nicaragua, que siempre defendió a los obreros, con un Maserati guardado en el garaje. Y yo estaba haciendo ese video, donde critico la falta de autenticidad en el rap, donde digo que las armas no son cool, que las joyas no son cool. ¿Cómo no me iba a criticar a mí mismo si yo formé parte de eso también?

—Sin embargo, también por destruir el auto fuiste criticado.
—De repente había 15 mil trabajadores sociales preocupados por el dinero que costaba el auto. ¡El puto auto estaba todo devaluado! Yo podía decirle a la producción: “Compremos un auto y lo lanzamos al vacío”. Hubiera tenido menos problemas. Pero nosotros todo el tiempo planificamos colectas y donaciones que no queremos que sean públicas porque no se trata de eso. Lo importante era que los chamaquitos del barrio, de la barriada de Morales, tuvieran la contraparte de los otros artistas que usan estos carros en sus videos, de las armas, de las joyas, de todos los raperos que fingen ser narcos.

 

ME LLAMAN INCONSECUENTE 

Una multitud tras otra. En cualquier lugar donde René y Eduardo se paran, las muchedumbres aparecen. Hoy es 1 de abril y en las afueras del Auditorio Ricardo Flores Magón, dentro de Ciudad Universitaria, cientos de estudiantes soportan por horas el sol, después la lluvia y luego el frío sólo para poder mirar, por primera vez, el tercer video de Multi_viral, además de conversar con los integrantes de Calle 13.

Más de 2 mil estudiantes, decenas de reporteros, todos alineados en enormes filas, llegaron desde temprano a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. El auditorio apenas tiene cupo para 500 personas y no tardan en aparecer los primeros connatos de portazo.

Cinco veces tendrán que abrirse las puertas del Flores Magón para calmar la multitud de estudiantes que claman por Calle 13 y Residente. Dentro del auditorio, René, Eduardo y Cacho López, el director de los videos del nuevo disco, tardan en apaciguar los aplausos. Allí, hablan de todo, de la sencillez de Silvio Rodríguez al recibirlos en Cuba, de las siete horas que René habló con Eduardo Galeano, de la paranoia que los persiguió después de haber colaborado con Assange — “una vez que conecten su computadora aquí, van a comenzar a perseguirlos”, les dijo el austrialiano—, de la amistad que René forjó con Zach de la Rocha en Los Ángeles, de defender el arte y la música antes que la política, de Barack Obama, quien asiste al funeral de Mandela pero ignora las peticiones de libertad de Óscar López; de sus deseos por hacer una gira por las universidades del país y hablan también de El aguante, su nuevo video.

Entre los goyas, los piropos y las alabanzas, sorprende la cantidad de peticiones que se hacen a los boricuas en la UNAM. Que si saben algo de los periodistas asesinados en México y si estarían dispuestos a hacer una canción al respecto, que si han visitado Atenco, que si podrían apoyar los foros independientes de la capital.

De pronto, un estudiante de rastas y lentes de pasta recibe el micrófono y se disculpa por tener que leer su pregunta:

—¿Cómo se inserta la propuesta discursiva de Multi_viral, el mensaje de democracia, la libertad de los presos políticos, la tolerancia, la educación y demás, dentro del contexto en que se presenta y circula Calle 13, promovido por empresas que incurren en prácticas de monopolio, como Ocesa? ¿Sigue siendo parte de la propia controversia que los ha caracterizado, “hacer lo que no nos gusta para hacer lo que nos gusta”, o se ha convertido en una incongruencia conveniente para capitalizar un mensaje particular en un producto de la industria cultural con un objetivo filantrópico?

La pregunta kilométrica arranca carcajadas en el Auditorio Flores Magón. No dura mucho. Tanto los estudiantes como Calle 13 comprenden el trasfondo de la crítica. Otra vez: ¿qué tan sincera es la rebeldía de Calle 13? ¿Es válido capitalizar un discurso anticapitalista?

—Te felicito por tu pregunta, brother. Yo hubiera querido formular preguntas así cuando iba en el colegio —dice René, todavía divertido. Pero enseguida se pone serio. Inclina su torso al frente—. Yo no creo que para ser de izquierda uno tenga que vivir en la selva. Hay que hacer cosas nuevas, usar estrategias nuevas. Si seguimos derrumbando las herramientas que tenemos a nuestro alcance, es como hacernos autogoles. Si me tengo que subir a una tarima dirigida por no sé qué compañía para que llegue un mensaje, me subo. Si yo no me subo, se va a subir otro al que tal vez no le interese decir nada.

No se puede ser tan paranoico con los artistas y decir “lo está haciendo porque quiere una casa más grande”. En Puerto Rico hay muchos grupos contestatarios que se quedaron ahí… que no llegaron a nada porque eran consecuentes. Nosotros decidimos cambiar el juego. Es difícil porque entonces hasta los tuyos te tiran, te llaman inconsecuente.

 

PARA SER REBELDE HAY QUE TENER PLATA

Hay que jugársela, dice otra vez Residente con su acento boricua. Sus labios hacen un chasquido leve. La timidez de sus ojos se esfuma en un segundo. Con un gesto de reptil busca a su alrededor la simpatía de Eduardo, del fotógrafo, del reportero.

—Es bien fácil ir en contra de todo para hacerte el interesante. Decir: “No vamos a los Grammys porque somos revolucionarios”. Yo decidí que iba y, para eso, tuve que joderme las pelotas para tocar Latinoamérica, y para llevar a la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela y para cantar sin playback. Hay que jugársela, ¿ves? Pero para hacer eso necesitamos tener poder, credibilidad; y si hace falta plata para ser rebelde, pues hay que tener plata. Porque siempre vas a tener allí arriba a un poderoso más cabrón que tú, tratando de tumbarte.

Las críticas no paran. Pese a sus millones de fans, a Calle 13 se les reprueba, además de su postura rebelde, su aspecto, sus letras, su música. Todo.

“Detesto sobre todo su presunta superioridad moral de insobornables verdugos del establecimiento. Su pose de creer que siempre están diciendo verdades, cuando no hacen más que repetir lugares comunes. Nada hay que les haga más daño a la transgresión y al espíritu que las fórmulas y las recetas, el cumplimiento riguroso de los estereotipos”, escribió Juan Esteban Constaín en una diatriba contra Calle 13 publicada en la revista Soho, de Colombia.

—Se te critica también luchar por la independencia de Puerto Rico, cuando vives en Nueva York —se le menciona a René, casi al final de la charla.
—Hay muchas razones por las que yo estoy allá. Razones que pueden parecerte muy idiotas pero que para mí son importantes. La primera es ésta: yo odio volar. De Nueva York salen vuelos directos a todo el mundo. Es una razón tonta, pero es la verdad.

Después habla de los movimientos independentistas de Puerto Rico, gestados históricamente en Nueva York. Habla de Óscar López, encarcelado en Chicago, y de Albizu Campos, quien estudió en Harvard. Y otra razón de peso: quería perfeccionar su inglés.

—Yo y mi esposa no hablamos tan bien el inglés. Para ser consecuente, ¿teníamos que irnos a Londres cuando esos cabrones tienen bases militares en Puerto Rico? Ellos no lo piensan dos veces para irse a San Juan de vacaciones. ¿Por qué yo me tengo que ir a Londres? Hay que sacarles el jugo porque ellos te lo sacan a ti.

—¿Te duele recibir tantas críticas?
—Claro que me duele, soy bien sensible. Pero más que dolerme, me desesperan. Me hartan. Me encantaría tener a todos los que me tiran en Twitter aquí, ahora mismo, y explicarles por qué hago las cosas. Lo he hecho. A un nivel enfermizo. A veces me siento tan desesperado que me agarro a uno y lo comienzo a seguir. O los meto a mi Skype, para hablar con ellos. Me estuvieron insultando por años y cuando los tengo enfrente me miran como si tuviera un problema mental, se emocionan o se ponen muy contentos.

* * *

No dice que quisiera decírselo a sus críticos, pero como si lo hiciera: que se la jueguen, que prueben a ver si pueden ser incongruentes.

¿O qué?

 

ee

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Comentarios (2)

  • Oliver Santos

    No sé por que esto no tiene más comentarios pero este artículo está muy objetivo y muy bien hecho. Retrata muy bien al grupo. Sigan así.

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