La vida de los hijos de El Chapo, según Twitter

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La vida de los

HIJOS

de

EL CHAPO,

según

Twitter

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Se llaman Iván y Alfredo Guzmán. Son hijos de Joaquín Guzmán Loera, el mítico hombre que ha puesto a sus pies al mundo del narcotráfico. Teóricamente siguen en la mira de la PGR y la DEA. Han pasado tiempo en prisión o han estado a punto de hacerlo, por lo cual parecería que se mantendrían en la oscuridad. Pero hay algo que ningún treintañero o veinteañero, aun si se es hijo de El Chapo, puede dejar de hacer: tuitear.

Y ellos lo hacen con alegre frecuencia: cientos de fotografías y miles de comentarios, conversaciones y retuits dejan muy pocas dudas de la autenticidad de las cuentas. Paquetes de cocaína, campos de marihuana, torres de dinero en efectivo, rifles bañados en oro, cadáveres ensangrentados, aparecen en el día a día de los hermanos, dejando muy poco a la imaginación.

Pero no todo lo que tuitean está relacionado a su negocio.

Como las chicas Hilton o los niños Trump, Alfredo e Iván exhiben con desenfado los frutos del exitoso negocio de su padre. Mansiones, ropa y autos de lujo, viajes y animales exóticos, fiestas interminables.

No hay nada fuera de su alcance y quieren que el mundo lo sepa.

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Por emeequis / REDACCIÓN

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Sería mentira decir que era un desconocido, pero lo cierto es que Joaquín El Chapo Guzmán se convirtió en un hombre mítico del mundo del narcotráfico desde que, escondido en un carro de ropa sucia, se fugó de una prisión de alta seguridad en el año 2000.

Y desde entonces no ha perdido el tiempo. En 13 años ha construido la empresa de tráfico de drogas más pujante del mundo. Su cártel, el de Sinaloa, ofrece en el mercado negro todas las drogas conocidas a clientes ubicados en todos los continentes. Sus ganancias, casi ilimitadas, fluyen en una red global de lavado de dinero, cuyas ramas alcanzan incluso los sistemas financieros de China e Irán.

Eso es lo que dicen las por lo menos cuatro causas penales que existen en su contra en México por homicidio, narcotráfico, lavado de dinero y uso ilegal de armas. En Estados Unidos tiene acusaciones por delincuencia organizada y lavado de dinero en California, Arizona, Texas, Florida, Nueva York e Illinois.

Así que tiene lógica que la PGR, el FBI y la DEA desplieguen todas sus baterías para detener al hombre más buscado aquí y allá. Pero como cualquier mortal, El Chapo no sería nadie sin su equipo. El Cártel de Sinaloa no sólo funciona con un modelo empresarial con miles de empleados alrededor del mundo, sino que está construido como un negocio familiar. De sus ocho hijos, dos (Iván Archivaldo y Jesús Alfredo) son considerados por los gobiernos de México y Estados Unidos como operadores clave del imperio Guzmán.

Iván, de 33 años, apodado El Chapito, coordina principalmente operaciones de lavado de dinero en México. Fue arrestado por la policía de Zapopan en febrero de 2005 por liderar una célula criminal en la zona y tres años después fue sentenciado por un juez penal del DF a cinco años de prisión por operar con recursos de procedencia ilícita.

La condena duraría poco. En abril de ese año, un par de meses más tarde, el entonces juez del tercer tribunal unitario Jesús Luna Altamirano lo absolvió de todo cargo, con el argumento que había sido acusado simplemente por ser hijo de El Chapo.

“Ese criterio es contrario a todo derecho y aplicarlo sería como afirmar que cualquier pariente de un delincuente, por el simple hecho de serlo, también es criminal”, dijo el juez en entrevista con el diario La Jornada.

En 2012, ya exonerado en México, Iván fue incluido en la lista de narcotraficantes del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que asegura que “juega un rol significativo” en el Cártel de Sinaloa. Ese mismo año, el juez Luna Altamirano fue suspendido y sometido a investigación por sus presuntos vínculos con el narcotráfico.

Iván no es el único investigado en Estados Unidos. Alfredo, de 28 años, está incluido en el juicio contra su padre iniciado en 2009 en la corte de Illinois.

Según documentos de la corte, El Chapo, Ismael El Mayo Zambada y otras nueve personas, incluido Alfredo, lideran una red de tráfico de cocaína y heroína en Chicago y sus alrededores. La fiscalía federal asegura que Alfredo es el “coordinador de logística”, encargado de las entregas de cocaína y heroína en EU, así como del traslado ilegal a México del dinero en efectivo producto de la venta de droga en EU.

Como su hermano mayor, Alfredo ha estado en algún momento en la mira de las autoridades mexicanas. De hecho, ha vivido momentos de apremio, como cuando la Secretaría de Marina anunció el 22 de junio de 2012 que había dado un golpe de gran magnitud: había detenido a Alfredo Guzmán en Zapopan y, de hecho, lo presentaron a los medios de comunicación.

La DEA felicitó al gobierno mexicano. “Este es el primer paso para llevar a otro capo despiadado a la justicia”, dijo Rusty Payne, el entonces vocero de esa agencia.

La celebración duró muy poco. Al día siguiente, la Marina anunció que habían detenido a la persona equivocada. Se trataba en realidad de Félix Beltrán León. Su madre exhibió fotos de su infancia para demostrar que su hijo no era el hijo de El Chapo.

La Marina no tuvo otra salida más que reconocer el error. Había vencido a un fantasma.

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Iván y Alfredo heredaron la habilidad o la suerte de su padre para evitar la prisión o no permanecer mucho tiempo en ella. Luego de la falsa captura de Alfredo, parecía que los hermanos se mantendrían en la oscuridad, lejos de los radares policiacos. Pero hay algo que ningún treintañero o veiteañero, aun si se es hijo de El Chapo, puede dejar de hacer: tuitear.

En septiembre de 2012 y junio de este año, Iván y Alfredo abrieron, respectivamente, sus cuentas en la red social de Twitter. Desde entonces y hasta octubre y noviembre de este año publicaban entre dos y hasta 30 tuits al día.

Los cientos de fotografías y miles de comentarios, conversaciones y retuits dejan muy pocas dudas de la autenticidad de las cuentas. Paquetes de cocaína, campos de marihuana, torres de dinero en efectivo, rifles bañados en oro, cadáveres ensangrentados, aparecen en el día a día de los hermanos, dejando muy poco a la imaginación.

En la era digital, si no estás en línea no eres nadie, incluso el narco lo sabe. Por eso al mexicano Andrés Monroy Hernández, investigador de nuevos medios y redes sociales del Massachusetts Institute of Technology (MIT), no le sorprende que los hijos de El Chapo se hayan unido al fenómeno de comunicarse en 140 caracteres.

“Desde el punto de vista global, no es algo nuevo”, explica el doctor en artes y ciencias mediáticas. “Diferentes grupos y personas antagónicas han usado las redes sociales, como los hijos de Gaddaffi, los integrantes de Hezbollah o Hamas”.

Monroy Hernandez ha analizado desde 2010 el uso de las redes sociales en zonas azotadas por el narco en México. Sus estudios han concluido que las comunidades encontraron en las redes sociales un medio para alertar y comunicar al resto de la población sobre la violencia y el crimen en sus ciudades, compensando la falta de información veraz tanto de los medios informativos tradicionales como de gobiernos corruptos.

Pero así como las comunidades se han empoderado, también lo han hecho aquellos ligados al crimen y la violencia. “El proceso de empoderamiento de estas organizaciones por medio de redes sociales ha venido sucediendo; en YouTube hemos visto videos con comunicados dirigidos a enemigos, gobierno o a la población”, comenta.

No todo lo que tuitean los hijos de El Chapo está relacionado a su negocio. Como las chicas Hilton o los niños Trump, Alfredo e Iván exhiben con desenfado los frutos del exitoso negocio de su padre. Mansiones, ropa y autos de lujo, viajes y animales exóticos, fiestas interminables. No hay nada fuera de su alcance y quieren que el mundo lo sepa.

Pero Monroy Hernández, también investigador en el FUSE Lab de Microsoft Research, predice que tarde que temprano, los tuits de los hermanos Guzmán podrían llegar a ser a los ojos de los usuarios de internet tan mundanos como los del ciudadano promedio. En pocas palabras, su estatus como presuntos narcotraficantes se normalizaría. “En una investigación reciente, encontramos que conforme pasa el tiempo, los mensajes en Twitter han dejado de provocar las reacciones emocionales de antes, un fenómeno llamado affective desensitization (insensibilidad afectiva)”.

Por ahora los hijos de El Chapo se han ganado la muy codiciada atención de los usuarios de Twitter. En dosis de 140 caracteres o menos, los hermanos Guzmán Salazar ofrecen una mirilla a un mundo que aterra y a la vez fascina a México y al mundo. Sus intenciones, sí es que las tienen, continúan siendo un misterio.

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Así se visten

Ya lo ha dicho Rachel Zoe, la estilista de las estrellas de Hollywood: “Los accesorios lo son todo, incluso más importantes que la ropa”. Y a falta del look completo de los hermanos Guzmán Salazar, quedémonos con lo que se observa en las imágenes compartidas por Alfredo, el “chavalón” al que poco le asusta la muerte y gusta de filosofar con ella.

Aunque los puristas del estilo difícilmente se atreverían a decir que Alfredo lo tiene, sí es seguro que reconocerían en él la avalancha de marcas con las que inunda Twitter: Gucci, Louis Vuitton, Carolina Herrera, Burberry y quizá Hermés.

Alfredo quiso que los voyeurs que se acercan a su cuenta apreciaran su fascinación por la firma Louis Vuitton, de la cual posee una vasta colección de bolsos y cinturones. Los tiene ordenados, así que podemos distinguir entre ellos al más barato (unos 350 dólares). Los otros, los de 470 dólares cada uno, muestran los dos patrones característicos de la firma francesa fundada en 1857: la cuadrícula café y dorada, y el que se forma con la repetición de las iniciales del nombre de la marca.

Iván y Alfredo podrán seguir los pasos de su padre, pero no copiarán su atuendo. Eso no. Los hermanos Guzmán dejaron a un lado las botas piteadas de puntas plateadas y las cambiaron por cómodos mocasines estilo Arizona (inconfundibles, los listones de cuero amarrados en un moño), y los drivers, casi siempre de suela de hule y sujetados por un gancho metálico en el centro. La marca italiana Gucci es su opción número uno en esta categoría. Los mocasines alcanzan un precio de más de mil dólares, nada relevante para Alfredo, quien permite que uno de sus cachorros de tigre le muerda juguetonamente los pies mientras usa un par de ellos.

Con todo, los zapatos que más llaman la atención en el armario de Alfredo muestran un destello rojo y no son de hombre. Los dejó una de sus amigas, según la confidencia que aireó en Twitter. La mujer sin nombre abandonó un par de Christian Louboutin con valor de 850 dólares. Los zapatos (saltaron a la fama gracias a la serie Sex and the City), son codiciados por miles de mujeres alrededor del mundo, que reconocen los loubies por su exclusiva suela roja: la marca ganó una demanda contra Yves Saint Laurent y se convirtió en la única firma que puede utilizar este color en su suela.

Y ya que se habla de exclusivas, qué mejor que la imagen que muestra una parte del guardarropa que Alfredo llevará a Las Vegas en uno de sus viajes: las camisas Burberry (su rango de precio es de 250 a 750 dólares) se extienden sobre la cama en espera de ser empacadas. En eso, y probablemente sólo en eso, se parecen a otro par de hermanos famosos: los príncipes Guillermo y Enrique de Inglaterra, quienes también visten a menudo ropa de esta marca londinense, una de las más viejas del mundo.

El outfit, según los enterados, no puede estar completo sin un buen reloj. Y aunque saben que la marca Rolex es sinónimo de una relojería impecable, reconocen que otras firmas han fabricado relojes de igual o mayor calidad. Para no fallar, los hermanos Guzmán han comprado varios Rolex, pero también usan un Cartier Calibre (7 mil 500 dólares), favorito de los actores Ben Affleck y Zac Efron, por ejemplo. Resistente al agua, hasta 100 metros de profundidad, con numerales de opalina y manecillas de cristal de zafiro, Cartier describe a esta maquinaria de precisión con siete palabras: “La perfecta combinación de masculinidad y experiencia”.

chapito SusCarros

Su debilidad por los autos finos

Pocos olvidarán aquel episodio del programa británico Top Gear en el que los conductores estallaron en risas cuando supieron de la existencia de un auto deportivo fabricado en México. “¿Cómo se llama: tortilla, enchilada?”, preguntó Richard Hammond. Las típicas burlas hacia los mexicanos no tardaron en brotar. Flojos, ignorantes y malhechos. Rieron a sus anchas.

Luego, a regañadientes, se disculparon, pero hubiesen muerto de envidia si el 14 de septiembre pasado hubieran checado el Twitter de Alfredo.

Alfredo viajó ese día a Las Vegas con un objetivo en particular. No dio explicaciones en su cuenta. Simplemente tomó una fotografía de un elegante estuche con las llaves y el manual operativo de un Bugatti Veyron, para muchos, incluidos los conductores de Top Gear, el mejor auto del mundo.

Incluso aquellos que no saben distinguir entre un Ibiza y un Peugeot, alzan las cejas ante el portento de diseño futurista: su carrocería produce destellos hasta en la oscuridad, sus puertas eléctricas se abren como alas sobre el toldo curvo, una máquina ligera pero poderosa, hecha con una exacta mezcla de titanio, aluminio, carbón y magnesio.

Su motor casi artesanal desarrolla mil y un caballos de fuerza, y es capaz de acelerar de 0 a 97 kilómetros por hora en 2.46 segundos. Sólo ha logrado alcanzar su mayor velocidad (417 kilómetros por hora) en la pista de pruebas ultra-secreta de Volkswagen, la firma que lo fabrica, al norte de Alemania.

Alfredo tiene un problema con el Bugatti: no es que se lo vayan a robar en México, sino que quizá nunca lo corra a todo su potencial sobre la sinuosa sierra de Sinaloa o en las angostas calles de Zapopan. Resultaría todo un reto para él estacionarlo frente a un restaurante de Beverly Hills, como acostumbra hacer Tom Cruise, o presumirlo en un video musical como el rapero Flo Rida. Tendrá que conformarse con la admiración de sus 26 mil seguidores en Twitter y la satisfacción de ser una de las cuarenta y tantas personas en el mundo que guarda en su garaje un vehículo de 2 millones de dólares. No podrá quejarse.

Además, si llegara a aburrirse con su reciente compra, algo que suele sucederle, siempre podrá elegir de entre sus otros 18 autos de lujo: al menos cuatro Ferraris, un Porsche, un Cadillac, un Audi, dos Bentleys y cinco Lamborghinis, uno de ellos color blanco, modelo Murciélago, llamado así en honor a un toro del mismo nombre, indultado en alguna plaza taurina de España por su aparente indiferencia a sufrir una muerte sangrienta.

Para mostrar la naturaleza de su problema, el 10 de junio de 2013 Alfredo compartió con sus seguidores una foto: las llaves de sus autos colocadas sobre una mesa para decidir cuál conducirá ese día. En medio de ellas, colocó una tarjeta con la imagen de un McLaren F1.

Si el Bugatti es Jimmy Page, el McLaren es Jimmy Hendrix. En una competencia de riffs, probablemente empatarían, o quien ganara lo haría por muy poco. La singularidad del McLaren es que dejó de producirse en 1998, sólo existen 106 en el mundo y su valor supera los 3 millones de dólares. Una tarjeta no es indicio de que Alfredo tenga uno en su colección, pero la idea no suena descabellada.

Nadie ajeno al Cártel de Sinaloa sabe cuánto dinero ganan los hermanos Guzmán al año. Lo cierto es que ni ellos, ni su padre, ni su empresa pueden vender o comprar acciones, solicitar créditos o mantener cuentas bancarias. Un cheque firmado por ellos sería prácticamente su boleto a prisión.

Quién sabe, tal vez las puertas de sus concesionarias predilectas cuentan con enormes puertas, por las que pueden entrar 2 millones de dólares en efectivo sin mayor problema.

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En el jale

Uno siempre puede tener ocurrencias. La mayoría serán intrascendentes, pero otras conllevan alto riesgo, como, por ejemplo, abrir una cuenta de Twitter con el nombre de Alfredo Guzmán Salazar, sobre todo si uno no es él. Por ello es que el hijo de El Chapo utilizó una de sus pocas fotos difundidas por la PGR y la DEA, y en cuanto se dio cuenta y sin disimular su desagrado, tuiteó el pasado 18 de septiembre: “Digan no a la piratería”.

Desconocemos el destino del usurpador de identidad, pero Alfredo notificó a los tuiteros del castigo que recibió otro transgresor. Subió una foto del cuerpo sin vida de un hombre, que, según Alfredo, se hacía pasar por su hermano Iván. “No sean mangueras, plebes”, escribió.

Tan celoso es con su identidad que Alfredo escribe su nombre o sus iniciales en muchas de sus fotos, como si fuera la huella de agua de alguna agencia noticiosa. No sólo deja su marca en las imágenes de los autos de lujo o de su vestuario. Le agrada documentar el día a día de su inusual profesión, al menos para un tuitero.

Ha compartido, por ejemplo, una foto de una pequeña montaña de marihuana seca. Junto a ella, colocó una botella, que de manera involuntaria sirve para calcular la altura de la montaña: unos 1.20 de altura por 1. 40 metros de diámetro. No dice mucho el tuit, nada más que ya está lista para empacar. En otras imágenes muestra, con orgullo, extensos plantíos de matas verdes, verdes.

Aunque su negocio principal aún es el envío de marihuana a Estados Unidos, a Joaquín Guzmán Loera se le atribuye ser un importante contrabandista de cocaína al mercado del norte. Por ello, no es ninguna sorpresa que sus hijos también empaqueten kilos y kilos de polvo blanco.

Eso es lo que se puede apreciar cuando Alfredo Guzmán sube las fotos, algunas de ellas bastante insólitas, como cuando sus empleados, o plebes como les llama de cariño, cargan o descargan mercancía de camionetas pickup o de avionetas, en las que se distinguen con claridad su matrícula. Al llegar a su destino, los plebes envían fotos de la mercancía a su jefe y él las comparte en Twitter.

Y así como la “merka” abandona sus bodegas en paquetes perfectamente medidos y ordenados, así también arriban sus ganancias. Un mosaico formado con los rostros del presidente Andrew Jackson, o de Frida Khalo o de Miguel Hidalgo decoran las austeras habitaciones donde se forman aquellas estructuras sólidas de bloques de billetes.

Es fácil estimar sus ingresos sólo observando estas fotos. Siete millones de pesos en una, casi un millón de dólares en otra. Y pensar que Heisenberg, el antihéroe de la serie de televisión Breaking Bad, batallaba para esconder sólo siete millones de dólares al año.

Claro que ninguna empresa sobreviviría sin un confiable cuerpo de seguridad. Como buen patrón, Alfredo honra la labor de sus guardaespaldas. De vez en cuando, toma uno de sus siete smart phones y comienza sesiones fotográficas en las que sus hombres posan sujetando sus rifles de asalto, algunos bañados en oro y plata. Procura “mencionarlos” en Twitter cuando sube alguna de las imágenes. Sus guardaespaldas también tienen cuentas y, tal como Alfredo e Iván, exhiben con orgullo la razón social de su empresa.

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Así se divierten

Las fotografías de mini-jeeps de enormes llantas conocidos como desert karts abundan en las cuentas de Twitter de los hermanos Guzmán Salazar, incluso más que aquellas que exhiben sus autos de lujo, o sus paquetes de mercancía. De hecho, la imagen de fondo de la cuenta de Alfredo es una panorámica donde se aprecian decenas de estos vehículos estacionados alrededor de una gasolinera en medio de una carretera. De vez en cuando, los hermanos compiten entre ellos y sus amigos en carreras sobre el lodazal de algún lugar de Culiacán, su amada Culiacán.

Y si uno revisa las tomas difundidas por Alfredo e Iván, se puede constatar que existe más de una manera de “pasarsela machín” en su compañía. Sus fotos muestran instantes de fiestas infinitas en las nunca faltan bandas (al menos han tocado para ellos unas 30 distimtas), tampoco las botellas de Jack Daniels (se compran en cajas enteras) y en las que la parte posterior de sus trocas se convierte en una hielera gigantes para las latas de cerveza Tecate. Si la ocasión lo amerita, descorcharán un par de botellas de champaña Crystal, o en todo caso, Alfredo cortará un paquete de coca y comentará: “Echandome un pericazo”.

La idea es echar la “pari” hasta terminar en el piso o absolutamente dormidos en el asiento trasero de su camioneta Land Rover, como los choferes de Alfredo. “Estos pelados, los traigo para manejar y mírenlos”, tuiteó. Él como ellos, debe cuidarse de las fotos infraganti de sus amigas. Lo único que censura en su Twitter es su rostro.

Alfredo cuenta con muchas amigas. Identificar a la misma chica en más de dos fotos es inusual. “No hay mujer que se me resista, es de Guzmán tener de a 10”, escribió. En internet deambula una foto que publicó en agosto en la que ocho mujeres voluptuosas forman una fila india, dándole la espalda a la cámara. “Por si tenías pendiente, las mujeres me sobran”, escribió junto a la imagen. En realidad, la fotografía fue publicada ocho meses antes por un “bloguero” amante de las curvas femeninas.

El “reciclado” de la foto se entendería en un tuitero sin suerte en el amor, pero Alfredo no es uno de ellos. Pudo haber reproducido la misma imagen con las chicas a las que marca con su firma y su fecha de nacimiento en la espalda, las piernas o el abdomen, con lo que podría ser un tatuaje o sólo el rayón un marcador negro. Mujeriego pero enamoradizo, Alfredo exhibe sus intercambios melosos en Whatsapp con alguien a la que llama “La Jefa de su Corazón”.

Y aunque disfruta de la atención de 10 a la vez, Alfredo no puede evitar sufrir, como todos los seres humanos, los síntomas del corazón roto. “Hoy sí me pongo hazta la verga de waino por culpa de esa mentirosa”, escribió una noche de junio. A veces su tristeza tiene otros orígenes: la muerte repentina de alguno de sus compas, la distancia entre él y su familia, a los que extraña. Nada que no pueda olvidarse con el ritmo potente de los trombones, un trago de whisky o un par de pericazos que golpeen al sistema nervioso, adormilando las neuronas que almacenan la nostalgia, al menos por unas horas.

Chapito SusMascotas

Sus mascotas

El blog titulado Rich Kids of Instagram (Los niños ricos del Instagram) recopila fotos publicadas en esa red social por jóvenes millonarios de todo el mundo. No es difícil suponer que el propósito último es alardear de su riqueza. Al igual que los hermanos Guzmán, los hijos de corredores en Wall Street o los herederos de algún trono en el Medio Oriente capturan imágenes de sus mansiones, autos, viajes y ropa.

La diferencia radica en las mascotas. Mientras los rich kids tienen predilección por los bulldogs, los chihuahueños o los gatos persa, Alfredo e Iván prefieren criar felinos de mayores dimensiones. Sus enormes residencias son hogar de una singular colección de leones, tigres, leopardos y chitas, acostumbrados a pasear por todos los rincones de la casa y subirse a los asientos de los autos y a los sillones de la sala. Una imagen en especial no tiene pierde: holgazaneando, un enorme tigre de Bengala se recuesta de espaldas sobre un chaise longue tapizado en terciopelo color miel.

Los cachorros son los protagonistas de su galería de fotos. Una pequeña chita, especie originaria de África y en peligro de extinción, es una de las favoritas de Alfredo. La cachorra se mantuvo quieta y tranquila en su Ferrari mientras él conducía a 200 por hora. Eso lo acabó de enamorar. Quién no lo haría.

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Casa y jardines 

Alfredo nació el 17 de enero de 1986 en Zapopan, Jalisco. Ahí vive, de tanto en tanto, con su hermano mayor. Desde 2012, Iván, su madre Alejandra y su hermano mayor Ovidio, al que ninguno de ellos menciona, fueron incluidos por el Departamento del Tesoro de EU en su lista negra de presuntos lavadores de dinero y miembros del crimen organizado.

Coincidencia o no, Zapopan es uno de los municipios con más establecimientos identificados por el gobierno estadunidense como negocios fantasma que sirven de fachada para realizar operaciones de lavado de dinero del narcotráfico: desde casas de cambio hasta estéticas y ferreterías.

Ahí, en el corazón de Jalisco, los hermanos Guzmán son dueños una mansión que no fue construida para pasar desapercibida. La residencia, compuesta por varias unidades, todas de color blanco, se caracteriza por su arquitectura californiana y se asienta en miles de metros cuadrados, rodeada por jardines, palmeras y falsos cipreses. Con extensas áreas verdes, un establo que brinda refugio a caballos pura sangre (también un redondel para que se ejerciten) y una enorme terraza con alberca. No le pide nada a esas residencias que ilustran las portadas de revistas especializadas.

Aunque podríamos pensar que nada les falta en Zapopan, su trabajo les exige desplazarse continuamente hacia el norte, unos 690 kilómetros, a Culiacán y Badiraguato, en Sinaloa, donde residen en un lujoso fraccionamiento repleto de casas estilo Santa Fe, de colores terrosos y techos de ladrillo. Por esa zona se desplaza Alfredo, custodiado por una fila de camionetas Lobo, Audis y BMWs. Todas de color blanco. Como muestra la foto, hacen juego con las casas.

Fuera de las ciudades, en la intrincada sierra sinaloense, la “plebada” de los Guzmán guarda boyantes campos de marihuana cuyo fin no se aprecia a primer golpe de vista.

Gracias a lo que suben a Instagram, podemos conocer un poco de ellos. Los filtros fotográficos de esta aplicación ayudan a resaltar el verde intenso de esa hierba con hojas en forma de abanico.

Tanto Alfredo como Iván aprecian la naturaleza. Entre las imágenes de sus calibre 45 bañadas en oro y los asientos de piel de sus Ferraris, se asoman aquellas que muestran la exótica belleza de las flores de amapola. “A gusto, plebes, mirando mi ranchito lleno de puro veneno”, tuiteó Alfredo una tarde de junio en referencia a los bulbos de sus flores.

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De viaje

De una u otra forma, Alfredo siempre lo recuerda a sus veintitantos mil seguidores: viaja, viaja mucho, pero, por favor, no le pregunten dónde anda. Eso no quiere decir que siempre evite revelar su ubicación. Acostumbra tomar fotos de los carteles que dan la bienvenida a los visitantes de Badiraguato o Culiacán. Y en otras ocasiones, incluso avisa que regresa al país, como el día en que informó al resto de los tuiteros que su jet (del cual subió la foto) acababa de tocar tierra.

Las decenas de imágenes lo pintan como un viajero frecuente, aunque sus salidas no siempre están vinculadas con su trabajo. Gusta de disfrutar los caminos y la playa. En su galería abundan fotografías tomadas desde habitaciones de hotel con vista a la playa, resorts con albercas privadas y restaurantes de lujo, puertos rodeados de yates.

El 5 de junio publicó una panorámica tomada desde un helipuerto, el paisaje asemeja al de Río de Janeiro, aunque es díficil corroborarlo desde esa perspectiva. A lo lejos y en lo alto, una imagen parece ser el Cristo del Corcovado, pero no termina de distinguirse bien. Y Alfredo no ofrece más pistas. “Ya saben dónde”, tuiteó.

Unas semanas más tarde compartió una imagen tan enigmática como la anterior. Fue capturada desde la parte trasera de una camioneta que conduce sobre una autopista elevada. A lo lejos se aprecia otra camioneta y por la ventana del copiloto se asoma la cabeza de un chita. Detrás de la camioneta aparece una construcción comercial o industrial color arena, con escritura arábiga en la fachada. En un pendón que cuelga de un poste se alcanza a leer “Arabian”. Pero eso no despeja ninguna duda. Lo que escribió junto a la foto es aún más críptico: “Pa que zepan de quesoo las cremas”.

No extraña que Las Vegas sea uno de sus destinos favoritos. El turista promedio visitará uno que otro casino y apostará unos pocos cientos de dólares en el blackjack o pasará toda la noche frente a una máquina tragamonedas probando suerte. Alfredo y sus amigos no son de ésos.

En septiembre viajaron a la ciudad del pecado a presenciar la pelea de Saúl El Canelo Álvarez y el estadunidense Floyd Mayweather. Un día antes, Alfredo anunció en su cuenta que había apostado “tres millones” al boxeador tapatío, dinero que perdió.

Si lo decepcionó El Canelo, no lo sabemos, al menos no por su cuenta en Twitter, una herramientas transparente para conocer un poco más de su vida. Es probable que no extrañe esos “tres millones”. Además, Las Vegas no es un lugar que permita permanecer deprimido por mucho tiempo.

Después del combate, Alfredo y su círculo cercano asistieron al show Fantasy en el hotel Luxor, promocionado como el show más sexy de Las Vegas, donde bailan algunas de las mejores strippers del mundo en un enorme escenario. El diagnóstico del joven capo fue contundente: “Estos sí saben”.

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Así ven la vida

Citar frases de sabios y famosos es una práctica tradicional en Twitter. Cuántas veces se han publicado dichos de Einstein, Gandhi o Zapata, aunque hoy en día es difícil distinguir las frases auténticas de las que han sido inventadas. Por eso, Alfredo prefiere compartir su visión particular de las cosas, una filosofía basada en su experiencia y, por supuesto, su herencia. Nada de refinamientos falsos.

La breve introducción de su cuenta en Twitter, donde los usuarios describen quiénes son y a qué se dedican, lo dice todo: “Vendo naranjas como mi apá, pendiente de mi tiendita”. A diferencia de otros chicos con dinero en México, Alfredo no se avergüenza de los orígenes humildes de su padre. En algún lugar del país encontró a un niño de unos siete años vendiendo naranjas en la carretera y se imaginó que así vivía el pequeño Joaquín hace muchos años. “Vendió naranjas, pero gracias a mi apá estamos donde estamos, y sigue”, tuiteó.

Vivirá en una mansión y viajará a Las Vegas o a donde sea los fines de semana, pero Alfredo no se olvida de su comunidad. Como muchos tuiteros en México, invitó a sus seguidores a donar víveres para las víctimas de las tormentas en Sinaloa hace unos meses. Él envió a algunos de sus empleados a entregar paquetes al centro de acopio de la Cruz Roja local y a otros a entregarlos directamente a las familias.

Se considera a sí mismo humilde de corazón, asegura que su actitud “sangrona” es sólo para protegerse, eso y sus M1911 bañadas en oro que trae consigo a todos lados, en el auto, en las fiestas, en el cine, “por si la hacen de emoción”, como diría él. No es que tenga miedo a morir, al menos eso repite una y otra vez en sus tuits.

Iván no ha tuiteado desde el 9 de octubre, Alfredo desde el 10 de noviembre. Unos días más tarde agentes de la DEA arrestaron a su amigo Serafín Zambada, hijo del brazo derecho de su padre, Ismael El Mayo Zambada. Ahora Serafín, como su hermano mayor Vicente, enfrenta cargos por narcotráfico en Estados Unidos. Desde hace meses la DEA le pisaba los talones.

Las cuentas y galerías de fotos de Alfredo, Iván, Serafín y sus socios, continúan abiertas, accesibles al mundo. Twitter podrá cerrar sus cuentas a su criterio o a petición de ellos mismos, pero las fotos, tal vez lo único que poseen verdaderamente inmune al fuego o a impactos de bala, permanecerán viajando eternamente por la infinita red global.

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Comentarios (2)

  • Rodríguez

    En las imágenes, al menos logra mostrarse que le daban un buen trato a los animales, esto en comparación con los animales que tienen en su poder los circos.

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