Jorge Peral, el primer mexicano grabador de billetes

Reporte punk - Página: 16 - No.314

 Jorge Peral, el primer mexicano

 GRABADOR

 DE BILLETES

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Están en todos lados y pasan de una mano a otra, del banco al casino, al cine, al mercado y de ahí a la cartera o al bolsillo del pantalón. Es imposible saber a dónde irán a parar los billetes, quién será su último dueño. No obstante, se puede mirar hacia atrás: descubrir su origen. Jorge Peral tiene contacto con el dinero incluso antes de que éste exista. Su trabajo es peculiar: es el encargado de crear los billetes tan deseados por todos.

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Por Carlos Acuña
@esecarlo

Fotografías: Eduardo Loza

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Diseñador, grabador y fotógrafo, director creativo en el Canadian Note Bank desde hace nueve años, Peral tiene una trayectoria de casi tres décadas, que comenzó en el Banco de México y le ha hecho merecedor de numerosos premios.

Solía tardar hasta cinco años en terminar el diseño de un billete. Hoy, la tecnología ha cambiado las cosas y Peral se asume como una de las últimas personas que creen que el dinero puede ser una forma de arte.

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Jorge Peral guarda siempre billetes nuevos en su cartera. Dólares canadienses tan brillantes que, en los supermercados, las cajeras suelen desconfiar cuando los reciben. No es normal tocar dinero recién nacido, todavía con el olor a tinta y sin una sola arruga en el papel. Sólo después de verificar su autenticidad con pequeñas máquinas de luz ultravioleta, se atreven a sonreír: “Parece que usted los hace”, bromean con aquel mexicano alto, de barba poblada y sonrisa tímida. “Yo los hago”, responde él y ellas piensan que les está tomando el pelo.

A veces, Jorge Peral quisiera quedarse un poco más de tiempo y contarles la verdad. Por ejemplo, que llegó a Ottawa hace casi una década pero que nació en Texcoco, un poblado en las afueras de la Ciudad de México. Narrarles que desde los seis años estudió diseño junto a su padre. Que en Italia aprendió a hacer grabados en metal y que trabajó 17 años en el Banco de México. Le gustaría explicarles que él conoce de memoria todas y cada una de las líneas que componen los retratos impresos en los billetes que ahora tienen en las manos; que él también diseña los mecanismos de seguridad para hacerlos infalsificables.

Pero la fila de un supermercado no es un buen lugar para hablar de tantas cosas. Ahí el dinero sólo sirve para gastarse. Rectángulos de papel que, rápida y mecánicamente, se cuentan y se guardan dentro de la cajas registradoras.

Para Jorge Peral, en cambio, el dinero es otra cosa. Son meses de trabajo. Desde hace nueve años es el encargado, en el Canadian Note Bank, de concebir la apariencia de los billetes que millones de canadienses guardan en sus bolsillos.

Luego de darle las gracias a la cajera, guarda el cambio en su cartera con lentitud, ceremonioso. No oculta el respeto que siente hacia los dólares que él mismo diseña.

Grabador singular, se mira a sí mismo como un ejemplar exótico: no hay más de 10 personas en el mundo que se hayan especializado tanto como él. Lo dice cabizbajo, sin atisbos de soberbia: la suya es una estirpe de artistas a punto de extinguirse. Gente para la que cada billete es una verdadera obra de arte.

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No puede creer que la suavidad de aquel rostro, los rasgos delicados, los ojos más humanos que haya visto en retrato alguno, estén grabados sobre la dureza del metal. El contraste lo impacta. Tiene 22 años y llega a la fábrica de billetes del Banco de México por recomendación de uno de sus maestros.

Al principio se muestra escéptico. Él, un habilodoso diseñador e ilustrador, uno de los alumnos más destacados de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, no se ve a sí mismo diseñando billetes en una fábrica.

Pero necesita el trabajo. Hace unas semanas presentó el examen y, a pesar de ser uno de los de los más jóvenes de los cientos de candidatos, fue elegido entre los cuatro que recibieron un puesto. No estaba seguro de aceptar hasta que le dijeron que lo mandarían, con todos los gastos pagados, a estudiar a Roma varios años.

—¿Y qué voy a estudiar allá? —preguntó a sus nuevos jefes, con un dejo de altanería.

En ese momento le enseñaron la placa metálica que ahora no puede dejar de mirar. Se asoma a ella y mira su rostro reflejado en la superficie brillante, pulida como un espejo. Toma una lupa y observa absorto el entramado infinito de líneas que ha sido trazado en la dureza del metal. Aquello parece una pintura, un óleo del Renacimiento.

No entiende cómo es posible tanta delicadeza, cómo puede lograrse la suavidad de esas tonalidades utilizando sólo líneas, cómo puede ser tan realista, tan natural, la expresión de aquel rostro.

—Esto es lo que vas a aprender a hacer en Italia —le explican.

Desde los seis años, Jorge Peral había trabajado en el estudio de ilustración publicitaria de su padre. Aprendió a dibujar de manera técnica, dominó desde muy joven las teorías académicas del trazo, del color, de la imagen. Un obsesivo de la anatomía, de la perspectiva. Pero ahora mira aquel retrato y su cerebro hace corto circuito. Mira la luz que entra en la retina y se refleja, mira las sombras alrededor de la córnea, los pliegues de la piel y no entiende cómo es posible.

—¿Con qué máquina hicieron esto? —se apresura a preguntar, exaltado.
—Está hecho a mano —le responden.

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Texcoco fue el hogar de su primera infancia. Jorge Peral aprendió allí a amar la vida al aire libre. Su padre trabajaba en el Banco de México en un puesto administrativo, y él pasaba el día al lado de su tío, Arnulfo Aragón, un reconocido artesano que lo llevaba a recorrer los llanos y los bosques, que lo dejaba jugar con el barro de su taller y le daba sus primeras lecciones de pintura.

Años después, Jorge regresaría a su pueblo natal para estudiar a fondo esos paisajes y esa cultura. A principios de los noventa estaba ya a su cargo el departamento de diseño, grabado, fotografía, tintas y preliminares de la fábrica de billetes. Tenía el control creativo y administrativo. Fue su etapa más productiva. Se propuso uno de los retos más importantes de su carrera: unificar el diseño de los billetes mexicanos, hacerlos una familia y marcar una diferencia conceptual con respecto a las series anteriores, inspiradas en diseños extranjeros.

Antes de crear un billete se hace una investigación iconográfica. Para el nuevo billete de 100 pesos, Jorge pensó en Nezahualcóyotl. Hasta entonces no existía un retrato del famoso rey, poeta y arquitecto de Texcoco. Tuvo que regresar a su pueblo natal y comenzar a fotografíar y dibujar a gente de la región para reconstruir los rasgos del antiguo monarca. Necesitaba una imagen contundente que reflejara la nobleza, el poder y el liderazgo del erudito tlatoani. El billete fue uno de los más bellos de la sexta serie de billetes originados en el Banco de México y es uno de los que Peral se siente más orgulloso.  Actualmente nadie en México puede pensar en Nezahualcóyotl sin traer a la mente el retrato que él concibió.

—Los billetes son la carta de presentación de tu país ante el mundo —dice con orgullo—. Tienen que distinguirse y representar con cada detalle a tu país. Ése en especial, el de 100 pesos de 1996, es uno de los billetes con más carga cultural que he creado. Tiene en un costado la fecha de nacimiento de Nezahualcóyotl, en glifos. El acueducto de Chapultepec que él construyó, en el fondo. El coyote, que es su signo. La vírgula floreada de la poesía, la flor y el canto de los mexicas. Como un elemento de seguridad, además, contiene la poesía del pájaro de las 400 voces. Todo está perfectamente acomodado en torno a él y su ciudad de nacimiento. Al reverso, Xochipilli, la diosa de la poesía. Cada detalle es una joya. No hay otro billete tan rico como ese.

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Jorge Peral es el primer grabador de billetes mexicano. De 1925 a 1968 los billetes mexicanos eran diseñados y fabricados por la American Bank Note Company, con sede en Nueva York, casi siempre de forma genérica, sin ahondar demasiado en la cultura del país. La fábrica de billetes del Banco de México fue fundada en 1969 y el primer billete producido en México tenía un valor de 10 pesos. La figura de Miguel Hidalgo y Costilla había sido encargada a grabadores italianos.

Gracias a Jorge la fábrica pudo independizarse. El primer billete mexicano, diseñado y grabado totalmente en el país, tenía una denominación de 2 mil pesos. Fue diseñado por Raymundo Santana, llevaba por ilustración un detallado retrato de Justo Sierra en el anverso. Otro de los billetes de los que se siente más orgulloso Peral, es el billete de 500, diseñado y grabado por él, con Ignacio Zaragoza en el frente y la Catedral de Puebla en el reverso. Es posiblemente el único billete en el mundo cuyo diseño y grabados pertenecen a una sola persona.

—Actualmente los billetes mexicanos han cambiado mucho, aunque conservan buena parte de los retratos que yo hice. Se creó una escuela. Todos los que trabajan ahora en la fábrica son alumnos míos. Aunque, claro, con la tecnología digital se ha perdido el encanto, las cosas se hacen más rápido, con procesos más fríos.

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Peral tiene las manos grandes y las uñas a ras de los dedos, limadas perfectamente. Son dedos seguros de sí mismos. Se han entrenado durante años para no dudar. No es difícil imaginar esos dedos atenazando un buril al momento de hacer miles de líneas, exactas, precisas, sin tropiezos.

Su paciencia es infinita; su pulso, minucioso. No hay ninguna línea en sus retratos que no haya sido planeada. Antes de poner el buril sobre el metal le ordena a sus manos la intensidad precisa: 25 microones, 50 microones. Y sus dedos tienen que conocer con precisión cuánta fuerza aplicar sobre el metal y por cuánto tiempo. No hay oportunidad para equivocarse. Errar una línea —y nada más que una— en un grabado sobre metal es arruinar todo el trabajo.

La velocidad promedio con que se imprimen los billetes es de 4 mil hojas por minuto. Por eso cada línea tiene que ser perfecta. La tinta cae sobre la plancha y se desplaza hacia los cortes hasta quedar en su sitio. No puede manchar el papel, cada billete tiene que ser nítido, idéntico a todos los que se impriman en una serie.

Uno de los retos más grandes del diseñador de billetes es proteger sus propias creaciones de falsificaciones y plagios. Existen decenas de mecanismos de seguridad para comprobar que un billete es auténtico. Las marcas de agua, el registro perfecto, hilos metálicos, hologramas, códigos que sólo pueden ser detectados con luz ultravioleta o infrarroja, además de muchos otros detalles conocidos únicamente por la policía y el banco. Elementos que tienen que ser distribuidos e incorporados con ingenio al diseño total. Sin embargo, el mecanismo más confiable sigue siendo la calidad artística del billete.

El último grabado que Peral realizó en México fue el busto de Miguel Hidalgo para los billetes de 1000 pesos. Ya asentado en Canadá, noto que su firma había sido sustituido con otra. Luego de meses de discusión, el Banco de México decidió no volver a incluir la firma de los grabadores en los billetes.

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Jorge Peral es un especialista de la paciencia. Un buen billete, revela, puede tardar hasta cinco años en diseñarse y elaborarse. En 2001 Peral fue invitado a Canadá a trabajar en el Canadian Note Bank. Su ciclo en México había terminado. Había hecho tres series de billetes, aparte de diseñar —inspirado en el calendario azteca— las monedas que actualmente circulan en México.

Ha perdido la cuenta de los billetes que, con su nuevo equipo, ha grabado o diseñado para todo el mundo. En África, Nueva Zelanda, Guatemala y Perú circulan billetes de su autoría. El de 20 dólares canadienses fue galardonado por la International Bank Note Society como el más bello hace cinco años. Su última serie, estrenada el año pasado, también fue reconocida como una de las mejor diseñadas en el planeta.

Peral sonríe satisfecho de su vida. “He logrado algunas cosas”, acepta sin falso pudor. Ahora, en Canadá, la fotografía natural es su principal pasatiempo. Recuerda las viejas tardes en Texcoco, los paseos por el bosque con su tío, y sonríe. Por un instante se olvida de los billetes y presume sus fotografías de la vida silvestre como pequeños trofeos personales: patos, águilas, halcones, patos, cabras de montaña, ciervos. Habla de sus campamentos en la montaña, a 30 grados bajo cero.

Es extraño saber que este mexicano de sonrisa tímida, que espera detrás de un arbusto, con la cámara en alto y las piernas entumidas, a la caza de una imagen, diseña y graba con minuciosa paciencia cada una de las líneas de los billetes que más tarde gastará en cualquier supermercado.

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Comentarios (2)

  • Carlos Peral

    Ese es mi hermano, y la paciencia es virtud de los Peral

  • Profe. Jonathan Morales Mendoza

    Siempre me han llamado la atención la imágenes de los billetes de nuestro país, son obra de arte. lo que si me gustaría preguntar es porque no menciona el billete de veinte pesos que también diseño j. peral en el 2001

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