Descartes a Kant: Esquizofrénicos sin diagnóstico

Stereo tipo - Página: 16 - No.302

stereo tipo

 

DESCARTES A KANT

Esquizofrénicos

sin diagnóstico

  .

Por Carlos Acuña
@esecarlo

Fotografía: Cortesía de DaK

 .

Los contrastes son la principal marca de Descartes a Kant. Capaces de hacer canciones donde la ternura muta en un ataque histérico o en las que el deseo homicida convive con la dulzura más romántica, estos seis tapatíos han perdido el miedo de ir de un extremo a otro. Su música es así: una contradicción constante, esquizofrenia pintada de rosa.

Tras 11 años de trayectoria, su sonido parece el mismo que el de sus inicios. Una amalgama de ritmos en donde todo cabe. Desde la música de cabaret hasta el ruido más estridente, desde el jazz hasta el hip hop o la música de cámara. Esa esencia caótica se mantiene, pero algo se ha endurecido, refinado. Las letras han sido pulidas al punto de convertirse en pequeñas historias pobladas de detalles sonoros cada vez más precisos. Luego de dos álbumes, una mudanza de Guadalajara al Distrito Federal y varios cambios de integrantes, Descartes a Kant vive su mejor momento.

—Esta es la alineación más sólida con la que he trabajado nunca —precisa Sandra Michel, el cerebro detrás de las composiciones y una de las tres mujeres que conforman la banda actualmente. Habla despacio, poco, suelta las palabras a cuentagotas.

Cuenta que cuando intentaba crear una banda de chicas y estudiaba cello en el Conservatorio de Guadalajara, quiso abrazar un aspecto femenino del rock que pocas veces se aborda en el país. Un rock hecho por mujeres que, además de ser suave y amoroso, apelara al mismo tiempo a los brotes desquiciantes, inesperados, hormonales.

—Lo femenino también es eso, ¿no? Tal vez no para todas, pero hay que reconocer que a veces somos un poco histéricas —argumenta Sandra en tono confidente.

Para lograr el sonido femenino era necesaria la presencia y la visión del otro género. Hoy Descartes a Kant es una banda con una alineación simétrica: tres vocalistas mujeres (Sandra en la guitarra, Ana Cristina Moreno en los sintetizadores y Dafne Carvallo en la guitarra), acompañadas por tres hombres (Jorge Chávez en la batería, Memo Ibarra en el bajo y Andrés Muñoz en los sintetizadores).

—Ellos también sienten alivio de estar en una banda donde pueden explotar una vena violenta sin tener que hacerse los malotes todo el tiempo —sonríe Sandra, burlándose ligeramente del papel masculino en muchas otras bandas. Lo dice con una voz aniñada pero casi gutural. En ella la mirada nerviosa contrasta con una sonrisa infantil. Siempre le han gustado los contrastes, cuenta. El sonido de una lata de aluminio al aplastarse y los coros angelicales, las películas de amor y las historias de asesinos.

—Cuando escucho nuestra música, me gusta pensar en una pequeña acuchillando a alguien.

* * *

Sandrushka Petrova, seudónimo que adopta Sandra Michel dentro de la banda, nació y vivió en California gran parte de su infancia antes de que su familia se estableciera en Guadalajara. Eso le ha generado algunos conflictos, sobretodo con el idioma. En su cabeza, admite, hay un collage de palabras donde el inglés y el español se confunden.

—El idioma está sobrevalorado —afirma cuando se le cuestiona sobre su insistencia en componer en inglés—. Cuando inicié con esto, yo no sabía que si no escribías canciones en español no te programaban en la radio. Qué tontería. Hay muchísimas bandas que no escriben en su idioma natal: The Hives, Björk, The Dø. Pero entonces te tachan de malinchista. La gente sataniza lo yanqui, pero vas a Twitter y se la pasan escribiendo frases en inglés.

Es un asunto delicado. Educados por décadas en el llamado “rock en tu idioma”, la mayoría de las estaciones de radio aún rechazan a priori a los grupos nacionales que se animan a cantar en inglés, aunque dentro de su programación incluyan todo el tiempo a músicos ingleses o estadunidenses. En opinión de Gerry Rosado, productor de la disquera Intolerancia, el caso de Descartes a Kant es especial: “Es una banda mexicana enfocada al mercado anglosajón, pero es de las pocas que realmente tiene algo que aportar y qué decir ahí”.

—No descartamos escribir cosas en español —comenta Dafne, una chica de cabello negro y mirada tímida—. Tenemos rolas en español que no hemos grabado. El idioma es algo que la misma música te exige, no podemos forzarnos a cantar en español algo que no nació así. Más adelante tenemos planeado hacer algo en alemán.

* * *

Dafne, Cristina y Sandra han dejado las guitarras a un lado del escenario. Cubren sus rostros con antifaces negros mientras apuntan al público con pistolas. Se mueven al ritmo de un beat constante, cortado por ruidos aleatorios y trompetas que anuncian un duelo del lejano oeste.

Desde sus inicios, Descartes a Kant coquetea con el teatro en sus presentaciones en vivo. Era común que salieran a tocar disfrazados de carniceros, con vestidos de novia o con uniformes de enfermeras, de porristas. Aunque divertido, el espectáculo todavía era naïf. Tuvieron que tomar talleres de expresión corporal, improvisación y presencia escénica, para poder dar uso efectivo a los disfraces.

Ahora, micrófono en mano, se preparan para cantar The Robbery, tema incluido en su último disco. Se trata de una especie de hip hop cruzado por un noise que narra el asalto a un banco. En un inglés aterciopelado y seductor, imitando las voces de las azafatas en los aeropuertos, anuncian: “Buenas tardes, damas y caballeros, lo que están ustedes a punto de ver es lo que la gente llama un asalto. Por favor, no se asusten”.

—La estética es parte fundamental de la banda. Viene de un gusto por las artes visuales que compartimos todos —explica Sandra—. Empezó con una canción instrumental que hicimos para musicalizar un performance de mi hermano. Él salió vestido de Hitler, con un cuchillo en la mano y un oso de peluche en la otra, mientras nosotros tocábamos. Cuando vi eso, años después, en un video, me dije: ¡Dios mío, qué está pasando! ¡Lo quiero para siempre!

Se trataba ya no sólo de hacer canciones, sino de crear un espectáculo distinto. Lo que empezó como una pequeña banda de garage en Guadalajara, se ha transformado en una empresa a la que se han sumado muchos colaboradores, además de  músicos, productores e ingenieros de sonido. Mónica Morales, una actriz de Guadalajara, ayuda con el concepto teatral de la banda. Mauro Babún es el diseñador de modas oficial; sus vestuarios pueden transformarse a lo largo de todo un concierto y adaptarse a cada canción. Paty Green dirige los videoclips y auxilia en el concepto visual. Martha Poly es la que diseña el concepto visual de los discos.

Un proyecto que implique tantos esfuerzos requiere la seguridad de saber que puede vivirse de él.

Hace poco más de tres años que los Descartes a Kant dejaron su natal Guadalajara y se mudaron al Distrito Federal. La escena tapatía, dicen, estaba agotada: “Tarde o temprano, si te tomas en serio, tienes que venirte al DF para hacer las cosas bien”, acepta Jorge Chávez, Gigio.  Ahora viven todos juntos en una casa de la colonia Condesa y se dedican a componer, crear el performance para cada concierto, diseñar sus vestuarios, ensayar, mantener el sitio web y realizar las tareas del hogar. Lo suyo es un intento arriesgado de vivir exclusivamente de su trabajo en un país en donde el rock cada vez genera menos ganancias.

—Fue una de las decisiones más fuertes que hemos tomado —recuerda Dafne—. Imagínate dejar tu casa. Debíamos tener bien claro que íbamos por todo. Hubo gente muy importante que se salió del proyecto porque no podía arriesgarse tanto. Entramos en crisis, nuestra vida pendía de esto. Era en ese instante o nunca y tuvimos que aprovechar la oportunidad. Hemos crecido musicalmente y hemos ganado una solidez que pocas bandas tienen.

* * *

Hace casi cinco años, los miembros de Descartes a Kant tocaron en el festival SXSW en Austin, Texas. Allí, luego de su presentación, un hombre alto, maduro pero de apariencia juvenil, se les acercó. Les habló de su esposa, una escritora neoyorquina que estaba recluida en una clínica de rehabilitación mental. Les dijo que su música le había recordado los escritos estrambóticos de su mujer.

Así fue como Sandra conoció los textos Victoria Dickens, una escritora no publicada y diagnosticada como esquizofrénica y mitómana. No tardó mucho en identificarse con sus pequeños cuentos y reflexiones, e incluso llegó a mantener una correspondencia intermitente con Victoria.

—Ella parte de personajes con los que convive en la clínica —relata Sandra—. Ha construido toda una vida con mitos. Se hizo muy exitosa a partir de la vida que se inventaba en cada nuevo grupo social al que llegaba. Al menos eso es lo que pude entender de lo que escribe. Tiene una visión retorcida de lo que todos consideramos común, de lo que ya todos consideramos normal.

Tres años tardaría Descartes a Kant en grabar el disco Il Visore Lunatique, basado por entero en los textos de Victoria Dickens. En él, cada canción desarrolla una patología distinta, a veces real, a veces imaginaria. A ratos, este disco parece conformado no por canciones sino por pequeños soundtracks o radionovelas en donde desfilan personajes ludópatas, cleptómanos, esquizoides o con el síndrome de Peter Pan.

El disco lleva a niveles extremos el sonido y el concepto de la banda. El último track, por ejemplo, es una canción que dura ocho minutos, en donde, a modo de un musical con orquesta incluida, una mujer confiesa al psicoanalista sus planes de asesinar a la esposa de su amante para poder casarse con él.

Aún no se atreven a tocarla en vivo porque necesitan muchos músicos en escena, además de bailarines y actores. Planean presentarla en grande, como un espectáculo de Broadway.

_

Deja un comentario

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Revista emeequis

Desplácese hasta la parte superior