De huapangos y huastecas

Las plumas de la serpiente - Página: 68 - No.302

De huapangos

y huastecas

Por Mardonio Carballo

El 29 de abril pasado se presentó en el Museo Nacional de Culturas Populares, recinto dependiente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el nuevo disco del trío Nostalgia Huasteca, integrado por chilangos huapangueros que lograron que esta música proveniente de la huasteca fuera un lugar para refugiar su corazón defeño.

El texto que compartimos a continuación fue escrito para ellos. La música es un buen lugar para reconocernos distintos y parejos. El sentimiento le han llamado a esta entrega que está ya en su tienda de discos favorita. Vaya y préstele oído, que tiene sabor de piloncillo y zacahuil, de aguardiente y carne seca, de resistencia y memoria, de la jarana al violín y a la quinta huapanguera.

* * *

Tirar una cuerda para salvarnos. Una nota basta para hacer que el cerro cante. Se desgaja entonces una canción nueva. Gemido serrano de piedras cayendo y cortando, es el huapango. Tirar lo que nos queda para recomponernos. Cantar lo que somos para revestirnos, para desnudarnos. Para reconocernos.

Hacer de tripas corazón. Hacer tiritar la piel. Sacarnos el corazón hasta que la piel no resista y dé de sí. Y vengan los años. Y venga entonces la necesidad de recordarnos. Hablemos pues, de la necesidad. Cantemos que espejos somos y para rompernos venimos.

Tiritas. Calcemos zapatos nuevos. Tirita la cuerda. Crepita la quinta. Bailemos una vez que ajuareados estemos. Tirita la cuerda. Pellizco que grita en tono de violín. Recemos por el otro, bailando la ofrenda. Tirita la jarana. Tiritas. Retazos de voz que nos van cortando. Cantando.

Cantemos. Porque espejos somos y para rompernos venimos…

Que comience la música. Que el cerro cante por sus canarios muertos. Que la piedra nos corte para recuperar la sangre que nos une en la memoria.

¡Al cerro, amigos!

Al cerro vayamos para alcanzar el falsete. Cuanto más arriba nos mandaron, más para abajo cantamos: del cerro, amigo, viene el falsete. Por eso retumba tan recio en el huapango, porque de arriba viene. La voz lanzada desde los lugares de las nubes y el granizo llora un poco al caer. Y entonces hace retumbar la tierra. El sentimiento. Nos hace temblar. Nos hace percutir con los pies. ¿Tiritas, comadre? ¿Tiritas, compadre? Que comience, pues, el baile de la memoria.

Alto a la música: uno se anticipa al olvido, por eso canta. Desgrana canciones nuevas para salvarse. Pero nada se puede hacer. Uno no se puede anticipar a la nostalgia. Así da cuenta el cerro que se desgaja y canta con su aliento certero de que todo pasa. Así da cuenta el espejo que se rompe. Se quiebra cuando se quiebra —no hay de otra— y sólo nos queda recuperar los cachitos. Por eso se canta con la voz cortada. Por eso. Por nostalgia.

Yo digo que sí. Anclados en el corazón de la Huasteca esta nostalgia tiene parte del cielo construido. Funámbulos de tensas cuerdas y notas varias, Andrés Peña Soria y los hermanos Juárez-Joyner, César y Mauricio, van y vienen del valle al cerro, del cerro al valle con equilibrio. Canarios ellos de nuevos trinos.

¿Tiritas, comadre? ¿Tiritas, compadre? Es la nostalgia huasteca, es su gemido serrano de piedras cayendo y cortando: El sentimiento.

Tlazkamati miak.

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