El gabinete presidencial

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El gabinete presidencial

Por Juan Francisco Reyes del Campillo*

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Los políticos nombrados por el nuevo Presidente para conducir el país destacan por varias características en común. Se trata de un gabinete compuesto básicamente de hombres, en donde aparecen muy pocas mujeres desempeñando funciones de dirección. En general, son políticos que carecen de experiencia en los encargos designados, por lo que refleja más la idea de un grupo compacto subordinado y alrededor del Presidente, antes que un cuerpo de expertos en las materias que van a desempeñar. Una mayoría de los cargos ha recaído en funcionarios que provienen del Estado de México y que trabajaron con Enrique Peña Nieto cuando éste fue gobernador.

Ello hace evidente que el PRI ha quedado nuevamente bajo el férreo control del Presidente.

¿Qué significa la escasez de mujeres entre los designados? En primer lugar, que se trata de una visión misógina de la política, en donde las mujeres aparecen solamente como un elemento decorativo.

La presencia de un número mayor de mujeres en los altos mandos de la función pública refleja una visión diferente del país y un compromiso con el cambio económico, político y social que se ha desarrollado en las últimas décadas en la sociedad mexicana. La participación política de las mujeres representa una respuesta a las demandas de una mayor equidad de género. Sin embargo, para el nuevo gobierno federal esto simplemente no existe y tampoco parece tener significado alguno.

Por otra parte, la poca experiencia en la materia de los puestos públicos en que fueron designados diversos políticos, da la idea de que fueron nombrados más por razones políticas y personales que por sus habilidades para desempeñar un cargo determinado. Es cierto que en la mayoría de los casos se trata de políticos y no de los tecnócratas especializados, pero tampoco significa que la política los hace mejores y más capaces.

Algunos de ellos tienen en su historial el haberse desempeñado como gobernadores de sus estados; ninguno es un ex mandatario cualquiera, son aquellos que desde un principio se sumaron a la candidatura de Peña Nieto y que compartieron su estrategia para recuperar Los Pinos. La presencia de otros grupos políticos ajenos al nuevo Presidente prácticamente no existe, por lo cual es un gabinete en donde no hay compromisos con otras fuerzas políticas, a no ser de gente vinculada con el ex presidente Carlos Salinas.

La presencia de funcionarios públicos provenientes del Estado de México es sumamente abrumadora. A los secretarios de Estado que no pertenecen a esa entidad les han colocado subordinados que ya trabajaron con el Presidente cuando fue gobernador mexiquense. La mayoría de las dependencias que pueden considerarse del gabinete ampliado las han estado cubriendo con políticos que tuvieron su centro político en Toluca y que han demostrado su lealtad al nuevo Presidente.

Lo anterior deja entrever que Peña Nieto requiere de tener un gabinete claramente bajo control y que no busca sumar a otras fuerzas, porque no le interesa incorporar gente ajena o hasta cierto punto distante de su proyecto. Pareciera que nada debe salirse del guión preestablecido y que todo se encamina a cumplir la encomienda de completar los dictados de la política neoliberal.

El nuevo gobierno ya tiene regulada la reforma laboral y ha dado los primeros pasos para la reforma educativa. Después vendrán la energética, la hacendaria y la de salud para completar el cuadro de las reformas estructurales que terminarán por darle un claro sentido de privatización a los principales ejes articuladores del sector público.

El último aspecto para completar el círculo del gobierno es la supeditación del partido a los intereses del nuevo proyecto. Los nombramientos de César Camacho y de Ivonne Ortega vienen a afianzar o a restaurar los viejos métodos del partido de Estado. Aunque el nuevo dirigente del PRI diga que será el partido en el gobierno y no el del gobierno, es claro que la subordinación es parte de la estrategia para alcanzar sus propósitos de mercantilizar la política, totalmente alejados de los intereses populares.

 

El desarrollo político que se propone Peña Nieto implica gobernar con un esquema rígido sobre la estructura gubernamental, además de un claro proceso de negociación con los adversarios políticos y los partidos opositores. Pero no sólo eso, también tiene a su favor a una gran cantidad de gacetilleros en los medios de comunicación que se han puesto de nuevo a su servicio.

*Ex consejero
electoral del IEDF,
actualmente es
profesor investigador de la UAM
Xochimilco
juancampillo@
prodigy.net.mx

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