La consolidación del autoritarismo
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La consolidación del autoritarismo
Por Juan Luis Hernández*
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Por enésima vez Lydia Cacho ha sido amenazada de muerte.
El sacerdote Alejandro Solalinde ha sido retirado del albergue que creó para migrantes en el Istmo de Tehuantepec. Los dos tuvieron que salir de México para proteger su integridad física. Aunque su salida no suponga necesariamente su exilio permanente, este sólo hecho describe y anuncia que la democracia mexicana que se ha construido es tan nimia y tan pobre que no permite el libre ejercicio de los derechos ciudadanos más básicos sin que quien los ejerza entre en un terreno peligroso para su vida.
Pedro Ferriz de Con ha dejado Cadenatres y John Ackerman Noticias MVS, los dos aparentemente por su consistente criticidad —desde polos ideológicos opuestos— hacia el PRI y en particular hacia Enrique Peña Nieto. Lo que ha unido a Cacho y a Solalinde es haber hecho enemigos cada uno en sus respectivos trabajos al toparse con políticos priistas inmiscuidos en redes de protección a pederastas o traficantes de personas. El sacerdote no tuvo reparos en señalar al ex gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz y Lydia Cacho en poner en su libro Los demonios del edén al próximo coordinador de los senadores priistas, Emilio Gamboa.
Aún no se restaura oficialmente el régimen priista y ya está operando en los hechos. Los medios de comunicación están ejerciendo, como en los viejos tiempos, la autocensura que distingue a un buen régimen autoritario. Ciertas élites eclesiásticas, representadas ahora por el obispo de Tehuantepec, saludan al nuevo gobierno y le guiñan el ojo a Ulises Ruiz quitando a Solalinde de la casa del migrante que más dolor de cabeza da al crimen organizado y a sus auspiciantes.
MVS se da por bien servido con la lucha que dio junto a Aristegui. Uno del clan Vázquez Raña en Cadenatres seguramente recordará que los mejores negocios se hacen cuando hay bendición política y que si se tiene un medio de comunicación electrónica es justo para usar la información ahí presentada como moneda de cambio.
El regreso del PRI a la Presidencia auguraba un escenario de restauración autoritaria al echarse a andar los viejos mecanismos que le permitían a la clase política gobernante margen de maniobra en decisiones y acciones sin la molesta intervención de contrapesos políticos, mediáticos o ciudadanos.
El problema con la tesis de la restauración es la aceptación de que alguna vez se fue el autoritarismo y en su lugar se instauró la democracia.
La docena panista en Los Pinos no supuso ni consolidación democrática ni autoritarismo rapaz, pero sí nos heredó los suficientes enclaves autoritarios con los que cogobernó, y esto hace pensar que el PRI regresa para consolidar lo que ha hecho a nivel estatal: concentrar el mayor poder posible en el Ejecutivo en detrimento de los poderes que pueden equilibrarle.
Si a ello le agregamos que el peor lugar en México para ejercer el periodismo está bajo un gobierno priista en Veracruz, o que el gobernador priista de Nayarit sólo quiere un sindicato de maestros priista, en apenas cinco semanas después de las elecciones ya se están acumulando demasiadas evidencias de lo que supondrá no la restauración priista sino la consolidación de una forma de gobernar que nunca se fue, que se practicó en las entidades federativas y que otra vez tendrá los resortes de la Presidencia de la República.
Los esfuerzos del PRI por consolidar el autoritarismo se toparán con los esfuerzos ciudadanos que han crecido a pesar de todo. Cabe esperar que el sexenio de Peña sea el sexenio de la resistencia y la oposición inteligente y creativa de quienes creemos que costará hacer valer el Estado de derecho. Si con Felipe Calderón los derechos humanos no formaron parte de las prioridades, con el PRI de regreso menos. Hoy la pregunta clave es quién defenderá a los defensores de derechos humanos. Y es clave porque la vulneración tanto de los derechos como de las personas que los defienden tiene que ver con la ecuación entre los políticos y su relación con las mafias.
El hecho de que Cacho y Solalinde tengan que salir del país sólo por defender derechos humanos de personas vulnerables es una vergüenza para Calderón, pero sobre todo es un aviso de que el regreso del PRI a la Presidencia está acompañado de signos ominosos que muestran todo un abanico de posibilidades para encarecer el ejercicio de ciudadanía. El autoritarismo como forma de ejercer el poder se explica tanto por la concentración excesiva de atribuciones y decisiones de los Ejecutivos federal y locales, como fundamentalmente por las pocas posibilidades e incentivos que tienen los ciudadanos para organizarse y controlar la acción de los políticos. ¶
Si existe un PRI democrático, es la hora de que salga a defender y a cuidar a los principales defensores de derechos humanos de este país con hechos y no con discursos. Pero hasta ahora los pronósticos no están fallando, con el relevo en Los Pinos parece venir un largo invierno para el que hay que estar preparados.
*Politólogo de la
Ibero Puebla
www.juanluis
hernandez.com.mx
Lorena
Eso precisamente es lo que se ve venir, a la primera embestida de Peña agrúpense y apóyense los que piensen como usted y denuncien por todos los medios que les sea posible, y estoy segura que en las redes los ciudadanos los apoyaremos. Saludos.