Vicisitudes del #YoSoy132
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Vicisitudes del #YoSoy132
Por Raúl Trejo Delarbre
El que mucho abarca, ya se sabe, poco aprieta. Que se lo digan, si no, a los empeñosos pero a menudo despistados jóvenes del #YoSoy132. El ímpetu con que surgió y se propagó ese movimiento subrayó limitaciones ingentes del quehacer político mexicano, cuestionó al más arrogante de los poderes fácticos, llevó aire fresco a una temporada electoral que languidecía sometida a campañas presidenciales aburridas y sin rumbo. Sobre todo, el movimiento que comenzaron estudiantes de la Ibero y se extendió como lumbre en hojarasca, ratificó la ausencia de cauces suficientes a la vez que satisfactorios para que los jóvenes participen en la vida pública.
La demanda inicial por la pluralidad en los medios de comunicación (muy especialmente la televisión), cuya pertinencia singularizó al #YoSoy132, quedó arrumbada entre otras aspiraciones. Varias de ellas —la lid por los derechos sociales, el bienestar de la población, la educación, el empleo, etcétera— son y seguirán siendo pertinentes. Otras, son fatalmente coyunturales y se antojan limitadas para un movimiento con el brío y el sello generacional con que relució el #YoSoy132.
Al concentrar sus afanes principales en la impugnación a la elección presidencial, el movimiento de los estudiantes queda al garete de prioridades, decisiones e intereses que al menos inicialmente no eran los que sostenía después de su vigorosa aparición. Pero sobre todo, al compartir el enfoque y la argumentación de una fuerza política específica, el #YoSoy132 se sumerge en el regateo político convencional, identificándose incluso con parcialidades y mentiras como las que sostienen Andrés Manuel López Obrador y sus adherentes.
Los jóvenes del #YoSoy132 tienen pleno derecho a sostener las simpatías políticas que más les gusten. Si esa era su inclinación partidista desde que comenzaron a organizarse, es saludable que la hayan hecho explícita. Pero al subirse al tren del lopezobradorismo pasaron al cabús después de haber mostrado vocación de maquinistas, quedan supeditados al rumbo que tome el conductor de ese ferrocarril y corren el riesgo de quedar damnificados en un descarrilamiento más que previsible.
Peor todavía, ese movimiento que articuló un atractivo reclamo ético en contra de la opacidad de la política tradicional y exhibió el comportamiento parcial de la televisión privada, ahora se hace eco de falsedades como las que sostiene la coalición lopezobradorista al reclamar que hubo fraude electoral sin demostrarlo con pruebas consistentes. La apreciación que ofrece la propaganda del #YoSoy132 acerca de la elección del 1 de julio es más subjetiva que las informaciones de Televisa sobre la campaña de Peña Nieto.
El #YoSoy132 experimenta las vicisitudes del crecimiento. Los movimientos sociales, cuando persisten, comienzan a encontrar insuficientes la informalidad y la flexibilidad que inicialmente les permitieron actuar con espontaneidad. La ausencia de estructuras estables y de liderazgos notorios son atributos de los movimientos en sus primeras fases, pero luego se vuelven camisas de fuerza. El #YoSoy132 llegó muy rápido a ese momento. La falta de una dirección permanente lo hace víctima del asambleísmo. Decir que allí no hay líderes se convierte en infructuosa pose demagógica.
Esa carencia de estructura orgánica deja al movimiento al garete de las tensiones internas. Las asambleas se convierten no en espacios de expresión sino en sucedáneos de negociaciones que no siempre se pueden resolver a gritos y a mano alzada. Atrapados en el torbellino del asambleísmo, los jóvenes recién iniciados en el regateo político se vuelven clientes, o rehenes, de la retórica radical.
Algunas sesiones en la “Asamblea Nacional” en Atenco fueron presididas por viejos activistas universitarios que sabotearon la organización sindical de los profesores de la UNAM ¡hace 35 años!
Las expectativas suscitadas por el #YoSoy132 merecen un destino distinto al de esa seudoizquierda condenada, una y otra vez, por su ensimismamiento, a la derrota política. En vez de dispersarse en demandas variopintas, el movimiento podría recuperar el compromiso por la reforma de los medios, pero ello no será posible sin un esfuerzo de precisión y elaboración.
Si no está respaldado por exigencias para que haya reformas capaces de propiciar la diversidad en los medios, cualquier cuestionamiento a Televisa —hasta ahora no han aclarado por qué se olvidan tan inopinadamente de Televisión Azteca— se diluirá en protestas catárticas pero frívolas. Será más circo que cerco. ¶
Ivonne Matus
Lo que más rescato de este texto tan parecido a casi todos los de la última generación del Señor Trejo, es su bla bla bla todo anda mal ahí afuera con la sociedad (ahora el 132, en específico), como siempre, no hay una propuesta del señor. Desde el inicio del movimiento 132, era evidente que requerían de una orientación acerca de la legislación de los medios, evidente por el discurso de DEMOCRATIZACIÓN DE LOS MEDIOS. Sin embargo, a pesar de que grandes investigadores (creadores de artículos y libros, que casi siempre sólo leen sus colegas eruditos) han escrito al respecto de la necesidad de observar, vigilar y exigir el cumplimiento, en algunos casos; y evitar en otros, la modificación en materia de legislación de los medios. No ha existido un acercamiento real a los estudiantes, señores ustedes son los expertos en ello, me parecía que podría ser una maravillosa coalición de fuerzas, sin embargo, tal parece que las soberbias son muchas, quizá de ambos lados pero hay ahí afuera algunos con una formación profesional elevada, a echar mano de los grados académicos por favor.
Haría un llamado a criticar y proponer, aproveche que es de los pocos privilegiados que tiene acceso a publicaciones periódicas.
Laura Castillo
El señor Trejo opera a favor de los intereses del PRI
rayo
Es una buena columna típica de una cultura PRIISTA de enlodar al adversario. Buen trabajo espero el PRI le pague bien y en efectivo, no le vaya a dar tarjetitas de soriana…