Londres, el reino unido del deporte
Deportes - Página: 34 - No.286 o descarga el PDF (0.36 MB).Entrevista con Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional
Los Juegos Olímpicos no pueden cambiar el mundo
Por Sebastián Fest y John Bagratuni
Lausana, Suiza.- Hace 11 años que manda en el Comité Olímpico Internacional (COI), y en la recta final de su presidencia Jacques Rogge está definitivamente convencido de algo: no le pidan que solucione los problemas del mundo.
“Los Juegos Olímpicos no pueden cambiar el mundo. Eso es algo que debemos entender. El COI no puede resolver todos los problemas del mundo, (pero) puede contribuir”, dice Rogge durante una entrevista con la agencia DPA.
El médico cirujano está entusiasmado con Londres 2012, unos juegos que le generaron mucha menos tensión previa que los de Pekín 2008. Tanto es así, que ya tiene claro qué momentos no se perderá por nada del mundo: el duelo en el agua entre los estadunidenses Michael Phelps y Ryan Lochte y el de la velocidad entre los jamaiquinos Usain Bolt y Yohan Blake.
Londres es “la cuna del deporte moderno”, enfatiza Rogge, de 70 años, y que en septiembre del año próximo dejará la Presidencia del COI.
–Los meses previos a Pekín 2008 fueron muy tensos, seguramente estresantes para usted. Con Londres 2012 es diferente. ¿Extraña algo de acción?
–No, no, no… (ríe) Hay mucha acción, hay mucho trabajo siempre antes de los juegos. Es cierto que el clima es diferente, menos confrontativo y tenso. Pero soy un hombre muy pragmático y cuidadoso. Sólo estaré feliz si cuando llegue la ceremonia de clausura todo salió bien. No se puede hacer una evaluación antes de los juegos, sólo se puede hacer al final.
–Para Pekín 2008 apeló a la “diplomacia silenciosa”. ¿Aplicó el mismo sistema con Arabia Saudíta?
–Estamos usándola. No tiene sentido iniciar discusiones con gente y hacer grandes anuncios en los medios. La buena diplomacia siempre es silenciosa.
–¿Es la bandera olímpica una solución para que Sudán del Sur esté en Londres?
–No hay razón para que participe bajo bandera olímpica. Sudán del Sur está reconocido como un Estado. Es muy difícil, porque es un país con un conflicto armado. Estamos trabajando con entidades deportivas y las autoridades allí, intentando encontrar la mejor solución. Pero es muy difícil.
–Cuatro años atrás usted nos dijo en esta misma oficina en Lausana que tras los Juegos de Pekín el COI debería examinar el vínculo entre deportes y derechos humanos. Pero eso aún no sucedió, ¿o sí?
–Cuando observo la evolución está claro que los juegos tuvieron un efecto en China, abrieron China. Fuera de China entendemos mejor cómo iba funcionando el país, y en China entendieron que estaban bajo el escrutinio del resto del mundo. El tema es que los Juegos Olímpicos no pueden cambiar el mundo. Eso es algo que debemos entender. El COI no puede resolver todos los problemas en el mundo, (pero) puede contribuir.
–Los últimos juegos dejaron “elefantes blancos”, sobre todo en cuanto a sus estadios olímpicos. ¿Le preocupa eso?
–Hay que ser justos en la evaluación, hay que diferenciar. Los estadios olímpicos nunca van a ser rentables. No lo es el estadio olímpico de Berlín, aunque está en uso. Tampoco el Stade de France está del todo aprovechado. El estadio olímpico de Atenas ya existía desde hacía tiempo antes de los juegos, y hay instalaciones de esos juegos que ya no son utilizadas para el deporte. Eso es algo triste, mis amigos griegos saben lo que siempre les dije: no pensaron en qué hacer con esas instalaciones tras los juegos, en su legado. En China, la mayoría de las instalaciones fueron donadas a las universidades, y allí no tienen, como en Europa, 30 o 40 mil estudiantes, sino más de 100 mil. Les pedimos a los organizadores que se aseguren de no construir estadios demasiado grandes.
–Se dice que en Atenas 2004 el COI le exigió mucho a un país demasiado chico como es Grecia.
–No estoy de acuerdo. Pedimos mucho porque en los aspectos organizativos había enormes retrasos, y para llegar a tiempo hubo que trabajar también de noche, lo que incrementó los costos. Pero no es cierto eso de que los juegos hayan precipitado la crisis griega. El presupuesto total de los juegos representa 2.5 por ciento de la deuda externa de Grecia. Fueron juegos bien organizados a un costo demasiado alto.
–¿Es Londres 2012 un “oasis” para usted entre juegos en nuevos territorios, entre ciertas apuestas más arriesgadas?
–Eso es lo que la gente me dijo cuando le dimos los juegos a Londres en 2005. Para igualar a Beijing necesitas mil 300 millones de personas, y sólo hay 60 millones de británicos en el mundo. No se puede. Yo siempre digo que este país (el Reino Unido) es el que inventó el deporte moderno en la segunda mitad del siglo XIX, también el que impuso el deporte como materia educativa. Es algo muy importante, es un país que ama el deporte. Si se fijan, cada uno de los juegos tiene su propia identidad: Atenas 2004 fue el regreso a las raíces del olimpismo, con Pekín los juegos llegaron al país más habitado del planeta, merecían tenerlos. Y Londres es la cuna del deporte moderno. Los de Río de Janeiro serán los primeros juegos en el subcontinente sudamericano y los de Pyeongchang los primeros en cuanto a un nuevo concepto de juegos de invierno.
–Si le decimos Sebastian Coe, ¿qué le viene a la mente?
–Dos cosas. Primero, el atleta que conocí en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980. Y el otro, el organizador de los juegos. Tiene un gran amor por el deporte y está guiado por su personalidad de atleta. Lo respeto mucho.
–¿Qué sueños no pudo concretar como presidente del COI?
–Nada fundamental. Hay algunas cosas que me habría gustado hacer algo más rápido, pero el resultado final fue el que quería. Lo que me viene a la mente es, definitivamente, la reforma del programa olímpico, que venía inflándose e inflándose. Teníamos 20 deportes en Seúl 88 y llegamos a 28 en Sydney 2000. Lo primero que hice fue bloquear el número de deportes en 28, luego el número de atletas en 10 mil 500. Había muchas presiones de las federaciones y los comités olímpicos nacionales. Frenamos eso. Eliminamos al beisbol y el softbol, pero llevó un tiempo hasta que pudimos incorporar el rugby y el golf. Ahora tenemos un sistema por el cual es posible que en cada juego se incorpore un deporte. En Londres serán 26, en 2020 se sumará uno. Pero con 28 deportes y 10 mil 500 atletas está bien, no necesitamos más.
–¿Algo más?
–Me gustaría que el COI fuera más rápido en su evolución. Dependemos de la asamblea general para tomar decisiones importantes, y sólo tenemos una asamblea al año. A veces tengo que esperar seis meses. Una de las propuestas a mi sucesor será la de que haya dos sesiones al año para así acelerar las cosas.
–¿Qué deportes no quiere perderse como espectador en Londres?
–Siempre fui capaz de ver los 28 deportes cuando eran 28. Quiero ver todos los deportes en el programa, pero está claro que no podré ver todas las finales. Pero hay algunos en los que quiero estar, quiero ver un par de duelos entre Ryan Lochte y Michael Phelps, y a Usain Bolt y Yohan Blake cuando decidan quién es el hombre más rápido del mundo. Aunque iré también a otros deportes no tan conocidos por el público en general. Mi deporte es la vela. También iré a esgrima, ahí estaré. ¶