Legitimidad
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Legitimidad
Por Raúl Trejo Delarbre • @ciberfan
Entre los descontentos con el resultado electoral se pone de moda una cómoda cantinela: Enrique Peña Nieto, dicen, podrá ser presidente legal pero no legítimo. En esa fórmula hay un avance respecto del desconocimiento tajante del proceso electoral que hace seis años dominaba entre los seguidores de Andrés Manuel López Obrador y que hoy en día sostienen únicamente los más fanáticos. Reconocer que la elección ha sido legal, o que sus resultados lo serán una vez que el Tribunal Electoral termine la revisión de ese proceso, implica admitir que las reglas se cumplieron razonablemente y sobre todo que la mayoría (aunque a algunos no nos guste) prefirió al candidato del PRI. La democracia está articulada por métodos para tomar decisiones en una sociedad diversa. Por eso jamás deja satisfechos a todos.
Algunos de esos contrariados se embarcan, entonces, en el tema de la legitimidad. Es un término equívoco, no tanto por su significado estricto sino por el empleo discrecional que suele hacerse de él. En rigor, una elección legítima es aquella que ha sido legal. Ambos vocablos son sinónimos.
Legítimo, del latín legitimus, es aquello que existe “conforme a las leyes”, dice con claridad el diccionario. Pero en la discusión política se le añaden otras implicaciones.
A la legitimidad se la entiende, así, como la aceptación consciente que los ciudadanos le dispensan a un gobernante. Si el poder político implica el ejercicio de la fuerza, la legitimidad aprovisiona del consentimiento necesario para que el gobierno sea reconocido y sus decisiones, acatadas, más allá del temor a la coacción.
La discusión acerca de la legitimidad es de las más añejas en el campo de la ciencia política. Igual que otros conceptos, se le percibe de acuerdo con diversas épocas y circunstancias. En nuestros días, por lo general se reconoce que la legitimidad en las sociedades civilizadas no puede derivarse sino del sufragio. Giovanni Sartori recuerda que cuando se dice que “el poder es del pueblo”, se vincula a la legitimidad con las fuentes originarias del poder: “Para este efecto, democracia quiere decir que el poder es legítimo sólo cuando su investidura viene de abajo, sólo si emana de la voluntad popular, lo cual significa, en concreto, si es y en cuanto libremente consentido” (¿Qué es la democracia?, Taurus).
La legitimidad del próximo presidente de la República no puede depender sino de los votos. Allí se encuentra la única vía para que se exprese la voluntad popular. Los aplausos en las calles, las deliberaciones en los cafés o los artículos en la prensa expresan puntos de vista diversos pero no son fuentes suficientes de legitimidad. Tampoco la adhesión de las televisoras o las reconvenciones en las redes sociales digitales.
En la elección del 1 de julio cada ciudadano decidió, con libertad, quién era merecedor de su voto. Hubo quienes recibieron despensas o vales de supermercado, como resultado de acciones muy cuestionables de todos o casi todos los partidos. Si algunos de tales partidos gastaron más de lo que permite la ley, el IFE tiene recursos suficientes para indagar y sancionar tal conducta aunque esa no es causa para modificar el resultado de la elección.
Otros ciudadanos definieron su voto influidos por la promoción que durante varios años las televisoras privadas hicieron a favor de Enrique Peña Nieto. Ese respaldo fue abominable, pero no ilegal. El problema no es que las televisoras hayan tenido preferencias políticas, sino que acaparen tanta capacidad de influencia mediática.
Se trata de un asunto muy grave pero su solución no depende de las reglas ni de las autoridades electorales. La televisión y otros medios pueden contribuir a forjar la popularidad de un personaje político. Pero la legitimidad de un gobernante depende de los votos. Por eso se equivocan quienes afirman que Peña Nieto ganó de manera legal pero sin legitimidad. Si no estuviéramos ante un triunfo legítimo, sería preciso impugnarlo por las transgresiones legales que lo hubiesen propiciado.
Por supuesto, las imputaciones de ilegitimidad afectarán la capacidad de Peña Nieto para gobernar (claro, en caso de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ratifique el resultado de la elección). De ahí que entre sus primeras acciones, antes aún de ser declarado presidente electo, esté una breve pero sugerente agenda de reformas que incluye medidas para que haya fiscalización ciudadana a la propaganda oficial. El PRD y sus aliados que impugnan la elección, e incluso el PAN que manifestó sospechas sobre ella, enfrentan el dilema de contribuir a tales reformas o quedar entrampados en una discusión sobre votos que saben legalmente válidos y, por eso, legítimos. ¶
Magda Barba
Para que un voto sea válido necesariamente debe ser emitido libremente; no hay libertad alguna en un voto comprado o coaccionado. Ante la evidente compra y coacción de un incalculable número de votos (ergo no emitidos libremente) por parte del PRI, el resultado de esta elección no es ni legal ni legítima.
Carlos Roberto
Aqui jugó el autor con terminos para dar validez a su argumento, una pena sobre todo porque olvida varias variantes que juegan. Para comenzar, en efecto, la legitimidad es definida por los votos en su segunda instancia (la primera, que el partido le acepte, segunda, que los votos le favorezcan, tercero, que sus acciones tras el resultado le refuercen). De tal modo que el proceso es legitimo como su victoria si no fuera porque (pequeño detalle) ya se habían mencionado las inequidades antes, durante y ahora tras las campañas. Por ello, el proceso se impugna, es decir, se está, bajo las leyes, poniendo en cuestión la legalidad y legitimidad de un proceso ( y en ello se deja de lado la cantidad de votos, que viene despues de las denuncias). Si las quejas se estuvieran efectuando apenas ahora, en efecto, ya se habla solamente de los votos. Pero no fue asi; los casos mas fuertes como MONEX si porque se “destapan” en el proceso. Finalmente, si el TRIFE da la resolución a favor de Peña y este gobierna, ¿donde queda ese presunto dilema del que se habla al final? Ahi se omite el hecho que mencionó antes, que la democracia se enfrentan intereses. ¿Porque, si yo vote por el PAN, PRD, PT u otro, ahora mi representante debe someterse a las reformas de un partido que no me agrado? ¿Es que acaso la oposición se ve mermada frente a una reforma de ese tipo? ¿Y la negociación? Hablar de ese presunto dilema es hablar de un control absoluto donde la oposición no le queda mas que sumarse o morir.
Para finalizar, la legitimidad que puede terminar teniendo el proceso se puede quedar ahí si Peña no es un político de altura que sepa reflejarla en las instituciones (la presidencial, donde ejercería, para comenzar) mas que en su persona. Este ultimo punto es lo que causó que Salinas en vez de dar una reforma de fondo (aunque fuera su neoliberal) fallase, se mantuvieran la corrupción y delincuencia, y los presidentes se vean como simples “creadores de reformas”: Ya que mencionó la ciencia política, ojala se molestase en consultar algo mas que a Sartori.
Marlon Orozco
Qué barbaridad, hasta dónde están dispuestos a llegar los que quieren ordenarnos que nos resignemos. No entiendo, de veras. El mismo autor admite que la legitimidad viene de la aceptación consciente de los ciudadanos y luego, sin explicarnos este salto metafísico, dice que la aceptación consciente no está en la consciencia de cada uno (que él concretiza en “los aplausos en las calles, las deliberaciones en los cafés o los artículos en la prensa“ y en las redes sociales y en las pláticas con la familia y en muchos otros lados) sino en las boletas y que entonces la boletas deben decirnos a quien aceptamos y a quién no: es la tiranía del PREP. Admite la manipulación televisiva y la compra de votos y, tomando una decisión sin presentar base legal, sino declarándola como verdad porque él la dice, afirma que “esa no es causa para modificar el resultado de la elección”. Si el PRI compra un voto, ¿eso no modifica la elección en UN voto? ¿Y si compra cien? ¿Y si compra cinco millones? Tal vez el autor no lo sepa o no lo quiera saber, pero el legislativo aprecia tanto la libertad absoluta del votante que la sola presencia de propaganda proselitista cerca de una casilla es causa para que ésta se anule, ¿y el que haya alguien diciendo explícitamente por quién votar o regalando dádivas a cambi no lo es?. La parcialidad de televisa podrá no ser ilegal, pero sus implicaciones electorales son anticonstitucionales, ¿o acaso alguien a pedido que meta a la cárcel a Azcárraga o a López Dóriga? Y el problema de SÍ está en las instituciones que renunciaron a sus deberes cívicos y permitieron una campaña televisada de siete años y que el poder del dinero se adueñara del país: ¿es eso legitimidad? Eso es no tener vergüenza.
Miguel
Coincido con Magda, y recordemos que no solo hubo compra y coacción de votos, que de entrada es una mafia increíble, se habló de hasta 4000 pesos por cada persona que llevara 10 personas a votar en favor del PRI, pagándole también a cada persona. También y aunque en menor proporción, se puede hablar de irregularidades en los conteos, discrepancia con resultados del PREP, robo de urnas y abandono de casillas en Oaxaca, yo encontré policías del Edo Méx registrando por escrito los resultados de las casillas. Tampoco olvidemos el gran número de personas que se quedó sin votar por falta de boletas en las casillas especiales, un problema que no es solo de esta elección, y así continua la lista.
Desgraciadamente la mayoría en este país esta a merced de la ignorancia, la falta de conciencia política y crítica, sin dejar de lado la manipulación mediatica y todo lo que implica. Por eso fue electo EPN, y mientras esa situación prevalezca en el país, la misma mayoría ignorante seguirá guiando el futuro de todos.
Carlos Gilbert
Raúl…
Lamento el manejo tendencioso que haces del término de la legitimidad en este momento histórico de la vida nacional y no porque no este de acuerdo en el señalamiento que haces del triunfo de Peña Nieto desde la perspectiva de la democracia formal, instrumental, procedimental o cualquier otro calificativo que quieras otorgarle, pues lo que esta en discusión no es ello. En términos estrictamente procedimentales con un voto se gana y ello es suficiente para justificar la pertinencia del entramado formal que se ha implementado en el país para avalar los resultados de la jornada electoral para la elección de presidentes municipales, gobernadores, presidente de la república o representantes populares: diputados y senadores, en los ámbitos estatal y federal.
Lo que esta en discusión es el proceder de los políticos mexicanos de cualquier color e ideología (la cual para efectos prácticos de la actuación de los partidos y sus candidatos es letra muerta). La práctica política de todos y cada uno de ellos es la misma y ha reproducido la lógica del ser correctamente políticos antes que políticamente correctos. Todo ello escudados en el sentido que han querido imprimirle al hecho de que el fin justifica los medios, frase cuya paternidad se ha otorgado a Nicolavs Machiavelli (o deberé escribir Nicola Machiavelo, tú coméntame), lo cual ha servido para justificar su burda, prosaica y majadera actuación.
Lo que esta en discusión es pues el reconocimiento del sentido y contenido que debe darse a la democracia no como mera actuación electoral de la ciudadanía, pues como señala Marshall, la condición de ciudadanía es una forma de vida que permea las dimensiones social, económica, cívica, política y cultural, que son los ámbitos por excelencia en los que se manifiesta la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones respecto del qué hacer y cómo hacer para satisfacer los requerimientos ciudadanos.
Toma de decisiones en la que debe quedar de manifiesto el poder del pueblo como expresión de su condición soberana, no sólo para dirimir a quien mandatamos para cumplir con la obligación de salvaguardar los intereses colectivos de los intereses particulares o de grupo; toma de decisiones que se lleva a cabo en la vida diaria y no cada tres o seis años; toma de decisiones que alude al contenido sustantivo de la democracia como forma permanente de vida que garantiza por un lado el respeto a la condición de hombre y por el otro a la condición ciudadana.
Lamento pues tu manejo del término legitimidad, la cual es la creencia que la ciudadanía tiene respecto de la coherencia de lo político a partir del proceder de los políticos y los resultados que otorga su actuación, considerando lo que les es mandatado por los mandatarios y poseedores de la soberanía, es decir, del pueblo.
Pero bueno, creo que esto tú lo tienes claro a partir de compromiso con tu labor de analista político y académico serio, por lo tanto te pido una disculpa por la perorata a que te he sometido abusando de tu inteligencia.
Atte. Carlos Gilbert
Juan Mendoza
Excelente tema sobre todo para aquellos que tienen duda. Si todos leyeramos o nos informaramos del tema antes de salir a las marchas seria otro mexico….
Observador1
Basta leer el artículo para acordarse que Legal = legítimo.
Ana Rodríguez S.
evidente? con los videos manipulados a conveniencia? la compra y coacción se debe demostrar no con montajes mediaticos o en conferencias en las cuales se dice una cosa y que en las denuncias interpuestas son otra cosa porque saben que las pruebas no son solidas y en muchos casos no son verdaderas por lo tanto descalifican a las autoridades electorales. TODOS LOS PARTIDOS CONOCEN PERFECTAMENTE LOS ALCANCES DE LA LEY y todos jugaron al máximo y al límite en todos los aspectos, ejemplificado con manzanitas: “Cuando uno juega ajedrez, acepta que el caballo tenga esa caprichosa manera de moverse y los peones jueguen de una en una las casillas. Uno sabe que se puede y que no. Uno sabe que si no mueve sus piezas con la maestría necesaria será víctima del contrario. Todo se hace para prever movimientos y para enfrentar situaciones adversas, pero nadie juzga las reglas, pero sobre todo, nadie juzga el resultado. El que se comió al rey contrario, es el ganador y punto. Nadie puede venir a decir que lo que pasa es que el alfil no debía moverse así o que la torre recorrió muchas casillas en tal movimiento. Se gana o se pierde. Y, por cierto, siempre quedará el orgullo de una buena partida y la esperanza de la revancha.”