Votemos todos los días – Por Alejandro Calvillo

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  Votemos todos los días

   PoAlejandro Calvillo *

Sin duda, el día de las votaciones es un momento culminante en la vida democrática de México. Pero las oportunidades de elección son mucho más frecuentes. De hecho, diariamente ejercemos de una u otra forma nuestra soberana capacidad para elegir, aunque las opciones sean muy limitadas (al igual que en la vida política).

Las elecciones que adoptamos para saciar el hambre, para resolver nuestras necesidades de vestimenta y calzado, de transporte, de educación, de descanso… Cada elección que tomamos, a cada día, es una manera de votar por una u otra manera en que se producen bienes y se prestan servicios, votar por mecanismos de mercado solidarios o rapaces, aceptar o rechazar la manera como se administra la justicia, avalar o cuestionar el futuro que desde ahora se construye.

Incluso la decisión de no pensar en ello es una manera de votar en favor de quienes imponen y se benefician de las reglas políticas, sociales y económicas. Esta podría ser una expresión del abstencionismo, que a fin de cuentas incide en los resultados.

Es cierto, pensar en las consecuencias de todos nuestros actos puede resultar abrumador. Sin embargo, quedan las elecciones básicas, como las que han adoptado ciudadanos y ciudadanas que se han organizado para luchar por una causa, aunque ésta pareciera inalcanzable.

Esos grupos de la ciudadanía votaron, fuera de tiempos electorales, cuando decidieron levantar la voz hasta convertirla en un estruendo que sacudió a la sociedad y a los gobiernos.

Votaron los familiares de las víctimas de la “guerra contra el narco”, que optaron por hacerse visibles para exigir justicia, cuando se les asociaba a priori con el crimen organizado.

Votaron los padres de los bebés que murieron en la Guardería ABC cuando decidieron enfrentar la negligencia institucional.

Votaron los defensores de derechos humanos, al proseguir su labor a pesar de las amenazas de la delincuencia y de gobiernos.

Votaron las familias que en un entorno hostil resolvieron exigir el esclarecimiento de crímenes de odio por cuestiones de género o de preferencia sexual.

Votaron los campesinos y los indígenas que decidieron defender incluso con la vida su entorno natural, sus tradiciones y sus creencias.

Votaron los vecinos y activistas opositores a supervías enla Ciudad de México, Guadalajara, Morelia, Puebla, Cuernavaca y otras ciudades.

Votaron los periodistas que a pesar de amenazas al gremio decidieron exigir garantías para poder realizar su labor informativa, en vez de bajar los brazos.

Votaron los estudiantes de YoSoy132 al cuestionar el duopolio televisivo.

Han votado muy diversos grupos de la sociedad al exigir políticas públicas que garanticen mejoras en la salud, la alimentación, el empleo, la impartición de justicia, el respeto a los derechos fundamentales. También votaron los que demandan un Estado que vigile el desempeño de las fuerzas políticas y económicas, y que resguarde los bienes comunes para beneficio de todos.

Y cada ciudadano puede sentir empatía y solidarizarse con las diversas luchas, o recelar e incluso molestarse de que haya personas que se organizan para exigir solución a un problema.

Y muy probablemente ese mosaico de elecciones se expresará ante las urnas, porque el día de las elecciones es una oportunidad para el corte de caja y el cobro de facturas por lo que cada partido ha hecho o dejado de hacer.

También es cierto que la elección de un candidato va acompañada de una visión política, económica y social del grupo que lo respalda, que tal elección es un anticipo de lo que pueden ser las políticas públicas bajo su desempeño, así como el apego o indiferencia a principios básicos de gobierno, de institucionalidad, de convivencia social y de preocupación por la calidad de vida.

Y esto sería un anticipo fatalista si no fuera por los contrapesos, que cada vez están menos en la clase política (más interesada en negociar a su interior), y que cada vez surgen más de la sociedad. Ese es el voto que México necesita, el que realizamos los ciudadanos todos los días.

* Director de El Poder del Consumidor
(con la colaboración de Gerardo Moncada)

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