¿Cómo le discute una buena lesbiana?
Manual de la buena lesbiana - Página: 68 - No.281 o descarga el PDF (0.06 MB).Capítulo 122
¿Cómo le discute una buena lesbiana?
Por Ana Francis Mor*
Twitter: @anafrancismor
Escuchando el debate entre candidat@s al gobierno del DF hubo varios detallitos que me sorprendieron. El primero —que es el que más me gusta—, es que se cuidaron bastante en cuanto a discurso progresista se refiere. A estas alturas, nadie que pretenda gobernar esta ciudad se atrevería a decir en público que la interrupción del embarazo o los avances en derechos de la población LGBTTTIQ van pa’trás. No lo dicen, porque eso equivaldría a perder votos o salir vapuleado públicamente, como ocurrió con aquel protodiputado juvenil panista de cuyo nombre no puedo acordarme. O sea, el discurso está ganado. Falta todo lo demás. Cositas más, cositas menos.
En el mes de junio habrán de realizarse por toda la ciudad muchos eventos para celebrar el orgullo LGBTTTIQ. Como el discurso ya está ganado, sirva esta columna para la autocrítica.
Se anda discutiendo la posibilidad de crear un Instituto de la Diversidad del DF. ante tal cuestión, me entró la duda: ¿por qué y para qué? He aquí algunas reflexiones.
Recién me cayó el veinte de que la población LGBTTTIQ somos eso: una población y no una comunidad. Para ser comunidad tendríamos que perseguir un objetivo común, o intereses compartidos, lo cual no ocurre necesariamente. La diversidad —como indica su nombre— es inconmesurable y por eso encontramos a gays de derecha, lesbianas guadalupanas, trans fascistas, intersex que le van al América, queers a quienes les gusta Chespirito… En fin. Diversidad al fin y al cabo.
Y entonces ¿cómo se hace política pública para un grupo de población tan variopinto?
Pareciera que está más fácil matar un cerdo a pellizcos, pero no. ¿Cómo? Con la brújula de los derechos humanos. ¿Cómo? Con la transversalidad.
¿Necesitamos un Instituto de la diversidad? Honestamente no lo sé, así que me puse a preguntarle a especialistas en derechos humanos y discriminación y encontré —obvio— diversidad de opiniones.
Por un lado, como ciudadanos no aceptamos tan fácilmente el tener que pagar el sueldo de más funcionarios, además de crear un mamotreto que estorbe más de lo que ayuda.
Por el otro, si ya existe un instituto indigenista, otro de las mujeres, uno más de jóvenes, lo lógico sería que también hubiera un instituto de la diversidad. En fin, los procesos colectivos son complejos y, aparentemente, lentos. Pero como vivimos colectivamente hay que soplárselos y entrarle a la construcción de la democracia. Es importante reconocer que este proceso de construcción colectiva sufre de los mismos problemas que cualquier otro. Como población, somos tan corrupta u honesta como cualquiera y tenemos los mismos vicios. No estamos libres de caer en el corporativismo, el charrismo sindical, la corrupción y anexas.
¿Cómo hacer política pública, entonces? Aquí quisiera hacer un ejercicio de “voltear la tortilla”… Sobre todo porque, en tanto lesbiana, sería un pecado desaprovechar cualquier oportunidad para voltear de todas las maneras posibles una tortilla.
Tons, volteando la tortilla, no me pregunto qué necesito yo como lesbiana sino qué puedo aportar. Ese es el meollo del asunto. Porque lo que yo necesito es que no me discriminen, básicamente. Pero lo que mis parientes heterosexuales necesitan, son las herramientas necesarias para comprender que la diversidad es una ganancia, una oportunidad de aprender, de ensanchar el alma, de mirar el mundo desde otros lugares. Por supuesto que deseamos que toda la población urbana LGBTTTIQ ejerza y goce de los mismos derechos; pero necesitamos encaminarnos a que toda la población de la ciudad pueda entender la identidad de género de otras maneras, que tenga acceso a una educación sexual libre y laica, que pueda preguntarse mil 500 cosas sobre sus deseos y que pueda incluir el placer como derecho humano fundamental.
No sé si necesitamos un Instituto de la Diversidad Sexual, pero lo que sí necesitamos es que todas las instituciones eliminen más o menos prontito y de volada la discriminación por orientación sexual e identidad de género en sus prácticas cotidianas. Como ciudad, necesitamos salir del clóset tod@s junt@s y transformarnos en una sociedad que no discrimina. Necesitamos que el próximo gobierno se comprometa desde todos los ángulos, todas las oficinas, todas las leyes, todas las acciones, todos los gastos, todas las ideas, todos los discursos y toda la comunicación. Porque el actual programa de diversidad, el cual empezó a desarrollarse nomás en un escritorio dentro de las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Social, ya no sirve ni a la población LGBTTTIQ ni a la ciudadanía en general.
No sé si necesitamos un instituto o un consejo que sirva como enlace entre dependencias; o un refugio para personas LGBTTTIQ en situación de emergencia, o un espacio cultural, o qué chifoscas. Como población, seguimos en ese debate.
Lo que sí necesitamos es un ejercicio ciudadano más democrático y mas directo. Necesitamos un gobierno que trabaje mucho más cerca y sin tanta tramitología con nosotr@s, que nos acompañe en este ejercicio democrático y que, recogiendo las diversas voces, construyamos una mejor ciudad, libre de discriminación. Necesitamos que el próximo gobierno, por entero, se comprometa a querer ser un mejor gobierno, más humano, más ciudadanizado, más educado. Más de vanguardia, que le llaman.¶
* Cabaretera
y reina chula
Mechita
¡La Chaquis para presidenta! ¡La Chaquis para presidenta! Me gusta mucho el estilo tuyo de escribir. Pero más que eso, me gusta que lo que escribes invita a la reflexión, y como dices, a saber de qué manera puedo yo aportar algo positivo y propositivo para la población. ¡La Chaquis para presidenta!
Rox
Me hiciste reflexionar bastante!