Nazario, el apóstol del narco
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el apóstol del narco
La realidad contemporánea de México ha engendrado a un hombre singular, del que muy poco se sabe. Su nombre es Nazario Moreno González. Autor de una obra con pretensiones éticas, filosóficas y religiosas, este michoacano es una figura compleja: jefe de un cártel del narco y apóstol, despiadado y misericordioso, predicador de la bondad y asesino nato, mesiánico y pragmático a la vez.
Fundador de La Familia Michoacana e inspirador clave de Los Caballeros Templarios, fue abatido en diciembre de 2010 por las fuerzas federales, pero dejó una herencia: un libro con tintes mesiánicos en que se regocija hablando de humildad, valentía, honradez, amor a Dios, generosidad, paciencia y otras cualidades humanas, firmado por su alter ego, el temible alias con que se identificaba también: El Más Loco.
Un texto extravagante y alucinante que no pasaría de ser eso sino fuera porque su autor auspició directamente la costumbre de que sus huestes también firmaran a su manera la barbarie del narcotráfico. Junto a los cadáveres o cabezas sin cuerpo de sus víctimas se halla con frecuencia su rúbrica: “Esto es justicia divina”.
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Por Humberto Padgett
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.Casi no hay página del libro de su autoría en que Nazario Moreno González no mencione a Dios. Las referencias al perdón, el amor, la humildad, la generosidad, la honestidad y la caballerosidad saturan el centenar de páginas firmadas por el alterego de Nazario: El Más Loco.
A muy pocos les importaría el contenido de esa extravagante obra, titulada Pensamientos, de no ser porque éstos representan, incluso para las autoridades federales, una suerte de Biblia o evangelio dirigido a los seguidores de Nazario Moreno González, es decir, del fundador de La Familia Michoacana e inspirador clave de Los Caballeros Templarios.
Estamos hablando de Nazario, jefe de cártel y apóstol, figura compleja, despiadado y misericordioso, predicador de la bondad y asesino nato, mesiánico y pragmático a la vez, quien se describe a sí mismo con las siguientes palabras:
“Creo que ya no quiero ser ni muy correcto ni muy inteligente, ni muy sabio porque estoy descubriendo que la gente cuando pretende ser muy correcto y sabio se vuelve necio y no quiere escuchar y cae en la sobervia (sic) y yo no quisiera que nuestro grupo ‘La Familia’ cayera en eso y es por eso que (quiero) me den su crítica sin miedo ni pena…
“Qué curioso es todo esto, que al buscar una cosa te encuentres otra, por ejemplo yo al andar buscado la perfección y la sabiduría me di cuenta que la perfección no existe ni la sabiduría total, creo que hay halgo (sic) que se asemeja y se llama humildad, honradez, amor, generosidad, paciencia, aceptación, justicia verdadera, bondad, unidad, respeto, hermandad, escuchar sin juzgar”.
Y así como en el texto es imposible no empalagarse con un lenguaje de amor al prójimo, misericordia, consuelo y sencillez, así también es imposible no horrorizarse con la brutalidad y saña de los cientos y cientos de asesinatos cometidos por órdenes directas o indirectas de este predicador llamado El Más Loco.
Por ello, no está fuera de lugar la frase con que culminan muchos de los mensajes escritos en cartulinas dejados al lado de los cuerpos sin vida: “Esto es justicia divina”.
Esa rúbrica es la expresión más clara de las contradicciones de los narcotraficantes michoacanos, peculiares por el ejercicio de la brutalidad y su carisma religioso, que se explican en la personalidad, delirios e influencias literarias de Nazario, un hombre del que poco se sabe y que murió en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad federales en diciembre de 2010.
Durante los últimos cinco años, la policía federal y el ejército han confiscado armas, drogas y precursores químicos para producir metanfetaminas, así como detenido o abatido a cientos de miembros de la Familia Michoacana o de su derivación, Los Caballeros Templarios.
En el curso de esas operaciones, las agencias mexicanas, apoyadas en sus contrapartes estadunidenses, principalmente en la DEA, han asegurado material propagandístico, ideológico y ritual del que podría ser, por sus propósitos sociales y evangélicos, el cártel de las drogas más peculiar en el mundo.
Basta con leer uno de los materiales encontrado en febrero de 2007 en un albergue de recuperación contra las adicciones llamado Gratitud. Es el libro titulado Pensamientos, de la autoría de Nazario.
No hay referencia a editorial alguna ni a taller de producción. El libro tiene 100 páginas numeradas y casi todas están rematadas con la firma El Más Loco. Su tipografía es gótica, en letras cursivas, y abundan las faltas de ortografía y sintaxis. Los tiempos verbales sufren súbitos giros y las ausencias de puntuación constituyen una plaga.
Ese ejemplar es parte de la cuarta edición del libro, del que entre noviembre de 2006 y septiembre de 2007 se habían impreso y distribuido 26 mil 500 copias entre los seguidores de Nazario.
Algo más sobre el libro incautado y del que emeequis posee una copia; está firmado con el puño y la letra rudimentaria de El Más Loco con la siguiente dedicatoria:
“Ni el hierro ni el acero ni siquiera el oro tienen el balor de un hombre honesto honrado trabajador integro… La mejor erencia que le puedes dejar a tus hijos amigos y familiares es tu propio ejemplo. Atte. ‘El Más Loco’”.
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El Más Loco se pinta a sí mismo en los forros de su libro como un hombre que medita y reflexiona en el Cerro del Húngaro, cercano a su pueblo natal, Apatzingán, corazón de la Tierra Caliente de Michoacán.
La referencia a sí mismo está tomada por Nazario de John Eldredge, su principal influencia evangélica y autor de Salvaje de corazón, libro obligatorio para los narcotraficantes iniciados como Caballeros Templarios.
La estructura y tono del libro de Nazario González quedan claros desde el comienzo, con la reproducción de un acróstico:
Es una verdadera fuente de sabiduría
La obra que ahora nos presenta el autorMotiva, ilustra, enseña y proporciona
Ánimo y empuje hacia la superación
Siendo ‘El Más Loco’ un verdadero mentorLoco, para nada ciertamente no lo es,
Objetable en lo absoluto esa denominación.
Cuerdo, sabio e inteligente, en cambio,
Opino merece esta obra honorífica mención.
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¿Existe manera de conocer la valoración de Nazario sobre su propio libro? Sí, si se atiende a la introducción escrita de manera anónima por otra persona y al hecho de que en el mismo se subraya que El Más Loco estuvo al cuidado de toda la edición.
En el prólogo se hace una sutil comparación entre la Biblia y los Pensamientos, continuación de los testamentos bíblicos, hasta convertirse, “en su mayoría”, en producto del pensamiento de Nazario.
“El autor no deja de mostrarse en ningún momento como un alegre usufructuario de la parcela de poder que le correspondía en su condición de anónimo, solamente bajo el seudónimo de El Más Loco y ahí radica buena parte de la fuerza reflexiva que representa en estos pensamientos.
“La estrategia del narrador nos recuerda a la del narrador de un cuento donde Borges describe acuciosamente la traición de un hombre para luego decirnos que ese hombre es él mismo y no darnos oportunidad a tomar la debida simpatía al que se confiesa. En este caso, la apuesta de El Más Loco es mucho más terrible, porque nos obliga a reflexionar”, se presume.
Se advierte que es “un libro que ha sido sistemáticamente poco leído”, pues, se previene, es una obra que exige lectores que imiten al autor al menos en la capacidad de establecer “la distancia que nos permite disfrutar a Quevedo, Maquiavelo o Céline con una actitud algo distinta a aquella con que se evalúa al futuro esposo de nuestra hija.
“En cambio, los lectores posibles no han sabido, por lo general, ver en el libro uno de los Pensamientos más demoledores que hasta ahora se ha escrito contra la apatía, la ignorancia y las miserias del pueblo…”.
¿Quién es El Más Loco?, se pregunta a sí mismo el responsable de la introducción. Y se responde: “Pienso que es un personaje seducido por algo grande, glorioso…
“Resulta curiosa esa búsqueda sobre su persona. El Más Loco, a través de su propio pensamiento, su figura de acero, los reflejos casi metálicos de su mente clara y ardiente, le hacen un auténtico transmisor de su filosofía idealista y esperanzadora”.
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El Más Loco es un sobrenombre que también hace referencia a la obra del pensador y poeta Gibran Jalil Gibran (Líbano, 1883-Nueva York, 1931), uno de cuyos libros más conocidos en El Loco.
Así como en El Loco Gibran Jalil Gibran reflexiona sobre la soledad, ironiza respecto a la condición humana y exhibe su burda y cruel ambición, Nazario escribió sus pensamientos, una singular guía de conducta moral y social, que retrata el mundo interior, intrincado y a veces irracional, de ese jefe del narco.
Por ejemplo, estos son algunos de sus pensamientos:
Sé fuerte de espíritu ante todos los problemas de la vida. Procura meditar en silencio y escucha la voz de Dios, que nunca te abandona. Y si el sufrimiento llama a tu puerta, no tengas miedo. Será cuando más cerca estés de Él. Todos vemos el sufrimiento como un mal… Bienaventurados los que lloran en soledad porque serán consolados con la palabra de Dios.
Si algún día sientes ganas, muchas ganas de llorar, háblame, no prometo hacerte reír, pero puedo llorar contigo. Si algún día te sientes triste búscame, no prometo alegrarte el día, más puedo estar contigo. Si algún día quieres contar con alguien, ven corriendo a mí que tal vez yo te pueda escuchar mi amigo.
En buena medida es bueno defender la dignidad pero también no pisotear la de los demás, porque en la medida que respetemos a los demás de esa forma nos estaremos respetando a nosotros mismos.
Respeta igual al anciano, al niño, al que menos tiene, igual que al que mucho tiene, dale la misma medida al amor y al cariño y la felicidad vendrá a morar en tu corazón.
Es preferible ser dueño de un peso que ser esclavo de dos, es preferible morir peleando de frente que de rodillas y humillado, es preferible ser un perro vivo que un león muerto, es preferible usar la inteligencia que la fuerza, es preferible herir al amigo con la verdad que matarlo con mentiras, es preferible ser un pobre bendecido de Dios y vivir en paz que ser un rico sin vergüenza y sin tranquilidad.
Las palabras escritas por El Más Loco en el Cerro del Húngaro no fueron las únicas publicadas por La Familia Michoacana en 2006.
El 12 de agosto de ese año, también en Apatzingán, un grupo de hombres encapuchados, vestidos de negro, irrumpieron en el domicilio de unos vecinos de la ciudad. Los asesinaron y dejaron un mensaje escrito: “El tiempo no borra el odio. Para que sepan que todo el que se mete con La Familia con su vida ha de pagar, saludos de don Andrés”. El mensaje hacía referencia a un hombre asesinado 12 años atrás.
Nueve días después, una cabeza apareció en un puente del municipio de Tepalcatepec. A su lado, un mensaje escrito en papel cascarón. “Asi sucede cuando piensas o imaginas que mis hojos no te pueden mirar y que pronto estaras aquí la familia te saluda… Piensa en mi ‘bay chatos’”.
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El 13 de enero de 2009 las autoridades aseguraron en el municipio michoacano de San Lucas –el sitio de peregrinaje católico más importante de la Tierra Caliente– un vehículo en cuyo interior había armas de fuego, cartuchos, granadas y nueve ejemplares de Salvaje de Corazón, de John Eldredge, dedicados por El Más Loco.
Salvaje de corazón. Descubramos el secreto del alma masculina, de Eldredge, es otra lectura obligatoria entre los miembros del cártel. La obra fue difundida con perseverancia por El Más Loco y ahora lo es por sus seguidores, más concretamente por Servando Martínez, La Tuta, un profesor rural convertido en jefe de Los Caballeros Templarios.
El papel de La Tuta explica por qué la promoción de Salvaje de Corazón está apoyada por maestros y personal de la Comisión Nacional de Fomento Educativo, según documentos internos elaborados por la Policía Federal Preventiva a los que emeequis obtuvo acceso.
John Eldredge es estadunidense, evangélico, escritor, consejero y conferencista. Dirige Ministerios Ransomed Heart y vive en Colorado Springs con su esposa y sus tres hijos, protagonistas frecuentes de sus libros, de los que ha vendido más de un millón de ejemplares. También es un hombre que, según él mismo dice, se sueña a sí mismo en la forma de “un enorme semental salvaje”.
Salvaje de Corazón sostiene, y en esto radica su atractivo para los narcos michoacanos, que Dios otorgó a los hombres un don natural según el cual la violencia es parte de la condición varonil, pero que los hombres en el mundo contemporáneo se mantienen en la insatisfacción y la duda existencial por no atender a la masculinidad que les fue conferida.
El Más Loco tuvo contacto con el ministerio de Eldredge en California, donde antes padeció la adicción a las mismas drogas que luego vendió masivamente hasta su muerte.
El libro está conformado por 12 capítulos y se basa en anécdotas personales y familiares de Eldredge, referencias al cine hollywoodense, la Biblia y otras obras evangélicas.
Así como Nazario inicia su experiencia literaria en el Cerro del Húngaro, John reconoce que la inspiración para escribir el texto la recibió en medio de las montañas de Sawatch, Colorado.
Pronto, John establece la principal disyuntiva en su obra: Jesús era alguien más parecido a la madre Teresa de Calcuta o a William Wallace, el guerrero escocés del siglo XIII en cuya vida se basó Mel Gibson para filmar Corazón Valiente.
“Un tema regular en programas de entrevistas y libros nuevos es: ‘¿Dónde están los verdaderos hombres?’. Quiero contestar –responde Eldredge–: Les pidieron que fueran mujeres (…) Cuando todo se ha dicho y hecho, pienso que la mayoría de los hombres creen que Dios los puso en la tierra para ser chicos buenos”.
Eldredge recuerda una escena de la Navidad de 1964. Se encuentra él abriendo el mejor regalo posible: un par de pistolas de seis tiros con mango nacarado, con fundas de cuero negro, una camisa roja de vaquero con dos caballos salvajes bordados en el pecho, brillantes botas negras, pañuelo rojo y sombrero de paja. Esto no era un “disfraz”, advierte el escritor, sino una “identidad”.
“La agresión es parte del diseño masculino; estamos estructurados para ella. Si creemos que el hombre está hecho a imagen de Dios, entonces debemos recordar que ‘Jehová es varón de guerra. Jehová es su nombre (Éxodo 15.3)’ (…) Las niñitas no inventan juegos donde muere mucha gente, donde el derramamiento de sangre es un prerrequisito para tener diversión.
“Jesús no es un ‘sacerdote eunuco’, ni monaguillo de rostro pálido con el cabello partido a la mitad que habla suavemente y evita la confrontación, quien al fin logra que lo maten porque no tiene salida (…) Es el Señor de los señores, el capitán de ejércitos de ángeles. Y cuando Cristo regrese, viene (sic) a la cabeza de tremenda compañía, montado en un caballo blanco, con espada de doble filo, y ropas ensangrentadas (Apocalipsis 19). Ahora eso suena más a William Wallace que a la Madre Teresa.
“No hay duda al respecto: hay algo violento en el corazón de Dios (…) hay definitivamente algo salvaje en el corazón del Señor (…) La crisis total de hoy día de la masculinidad ha llegado porque ya no tenemos una cultura guerrera, un lugar para que los hombres aprendan a luchar como hombres. No necesitamos una reunión de Tipos verdaderamente agradables (en cursivas en el original), necesitamos una reunión de Hombres peligrosos de verdad”.
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Nazario no tuvo sólo un nombre, sino cuatro más: El Chayo, El Dulce, El Pastor, El Más Loco y sólo una fecha de nacimiento, el 8 de marzo de 1970, en Apatzingán.
Midió 1.65 metros. Tez morena clara y marcadas cejas gruesas, su nariz era afilada, ligeramente aguileña. Barbilla prominente –al menos así lo muestran las fotos obtenidas por la policía, en las que asume una actitud desafiante–, ojos oscuros y entrecerrados; frente amplia, y abundante cabello negro. Tenía colocada una placa metálica en el parietal izquierdo de su cráneo. Pocos saben cómo llegó ahí, pero sí que sufría terribles dolores de cabeza.
Su historial también menciona que en 1994 fue detenido en Mc Allen, Texas, por tráfico de drogas, pero no se conoce más al respecto.
Al menos desde inicios de la década anterior, un grupo de michoacanos se empecinó en hacer negocio con la droga en Estados Unidos, alentados por las historias de sus padres y abuelos braceros, quienes no dejaban de relatar la fascinación de los gringos por la mariguana.
Cuando volvió de allá, Nazario aún no era El Más Loco, pero ya recorría las ardientes cañadas michoacanas con una Biblia en la mano y el cuerno de chivo en la otra. Para entonces, ya hacían la guerra al entonces denominado Cártel del Milenio.
Nazario Moreno González, en alianza con Jesús El Chango Méndez Vargas, decidieron armar su propio grupo e iniciaron el cobro de cuotas a narcotraficantes para que pudieran operar en Michoacán. Decidieron llamarse a sí mismos “La Empresa” y funcionar como una célula del Cártel del Golfo.
Algunas claves de la actividad de Nazario fueron proporcionadas por “Ricardo”, un policía judicial de Michoacán vendido al narcotráfico y luego reconvertido por la Procuraduría General de la República en testigo protegido. Sus palabras constan en la averiguación previa 205/209, también obtenida por esta revista.
Desde 1991, “Ricardo” trabajó para los cárteles del Golfo, del Milenio y de la Familia Michoacana. El policía no era más que un transportista de cocaína, marihuana y otras drogas.
Aún subordinados al Cártel del Golfo, los michoacanos eran dirigidos por enviados de los tamaulipecos. Nazario era jefe de plaza en Morelia y mantenía similar jerarquía con El Chango Méndez, quien tenía a su cargo la zona de Apatzingán.
Tras la captura de Osiel Cárdenas Guillén, entonces líder del Cártel del Golfo, los michoacanos buscaron su independencia: entraron en guerra con éste y poco tiempo después con Los Zetas.
Si algo está claro en el pensamiento de Nazario es su voluntarismo. Después de Dios, la idea más arraigada en sus Pensamientos es la superación de los problemas.
“Muchachos, ánimo y nunca le tengan miedo a nada ni a nadie, al contrario hay que vencer los obstáculos con valor y decisión, siempre pensando en el éxito, porque sólo los perdedores no lo enfrentan (…)
“Convéncete de que el mundo no es un parque de diversiones, sino un ambiente de trabajo, no, no es un día festivo que se nos dio para descansar, sino un curso intensivo de aprendizaje (…) y empieza a amar a todos sin hacer preferencias y trata a la gente como te gustaría que te trataran y nunca desprecies a nadie”.
El gobierno federal comenzó a combatir a los michoacanos y en julio de 2006 arreció la acometida. Nazario se refugió en Estados Unidos, pero no por mucho tiempo. Volvió en septiembre de ese año para llorar sobre la tumba de su hermano Eliodoro, asesinado pocos días antes en Morelia. Por esas fechas escribió Pensamientos.
“Aquí postrado a los pies de mi propia muerte quisiera estar. Es tanto el dolor que ya no quiero existir más, elevando una plegaria a Dios le pido me fortalezca. Abatido le hice una petición, le pedí que me diera su perdón y me dio clemencia, le pedí me diera alegría y me dio tristeza, le pedí me diera amargura y lapidaba mi alma y me dio soledad”.
En el mismo mes de la muerte de Heliodoro, a El Más Loco se le vio en La Piedad. Viajaba en una camioneta Hummer amarilla. Por eso también llama la atención lo escrito en esas mismas fechas en Pensamientos:
“No es más rico quien más dinero tiene, sino el que menos necesita”.
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El Más Loco también era un hombre con capacidad de ordenar sobre la vida de los rivales. Iba y venía con un hombre apellidado Valladares, su jefe de pistoleros.
“Ricardo”, el informante, se hallaba tan instalado en la estructura de los narcos michoacanos que asistía a sus reuniones, muchas sostenidas, según él menciona, en el restaurante Los Caporales de Morelia, a 300 metros de la Casa de Gobierno de Michoacán.
Un encuentro ocurrió a principios de 2003. La conversación se centró en un problema ocurrido en los ranchos Los Mendoza y La Tupitina, sitios de descarga y almacenamiento de cocaína. Los narcotraficantes se decían robados por unos albañiles trabajadores de las fincas.
“El Chayo ordenó la ejecución de entre 10 y 12 de ellos”, relató “Ricardo” en su testimonio de 2008.
No fue la única ocasión. Según el mismo testigo, Nazario ordenó a principios de 2004 asesinar a un miembro del Cártel del Milenio.
El ex policía dio más detalles sobre la vida de Nazario en 2008. El Más Loco, predicador del perdón, la humildad y la discreción, vivía bajo la protección de 80 hombres en un ranchito de Tancítaro convertido en una fábrica de metanfetaminas.
El Más Loco se apersonó vestido con uniforme militar a la reunión. Tenía la cabeza tocada con una boina negra y en su cintura destacaba una pistola.
Recorrió con la mirada a los convocados, todos empresarios aguacateros y fruteros de Pátzcuaro, Tacámbaro, Villa Madero, Acuitzio, Salvador Escalante y otros.
Ese 13 de julio de 2010 se encontraban reunidos en el restaurante Los Escudos de Pátzcuaro y el líder de la Familia Michoacana mostraba un rostro severo. Sus invitados debían cooperar para continuar con la lucha.
“No tienen de qué preocuparse. Yo tengo el control de las autoridades locales y cualquier problema con la policía del estado o federal yo se los resuelvo.
“He tenido que matar y mandado matar a muchas personas que no han querido entender que La Familia está por encima de todo y todo tiene un costo y todos y cada uno de ustedes tienen que aportar”, conminó el narcotraficante, según un documento confidencial del gobierno también en poder de este medio.
La reunión, según ese reporte, fue convocada por un priista de nombre Valentín Rodríguez, identificado por la policía federal como un viejo colaborador del capo Amado Carrillo, líder del Cártel de Juárez.
En las investigaciones policiacas se subraya que Nazario ordenó la muerte del vocalista del grupo musical K-Paz de la Sierra, asesinado con extrema crueldad. También que ordenó la dispersión de cinco cabezas arrojadas en un bar de Uruapan.
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Desde su primer acto público, La Familia Michoacana mostró su capacidad propagandística y la pretensión de sus líderes de ser reconocidos y considerados como defensores del pueblo y justicieros sociales.
El manifiesto insertado el 22 de noviembre de 2006 en los diarios locales La Voz de Michoacán y El Sol de Morelia mostraba ya el grado de arrojo.
Se identificaron como miembros de La Familia Michoacana y “trabajadores masivos” de la Tierra Caliente organizados por la necesidad de salir de “la opresión” y “la humillación” a la que fueron sometidos por otras organizaciones criminales, específicamente por el Cártel del Milenio y un grupo delictivo regional ya desaparecido.
Su “misión” era muy clara: erradicar en Michoacán el secuestro, la extorsión, los asesinatos por paga, el secuestro exprés, el robo de tráileres, automóviles y casas.
“Seguir manteniendo los valores universales de las personas, a los cuales tienen pleno derecho. Al erradicar lo que nos hemos propuesto, aunque para esto, desgraciadamente se ha recurrido a estrategias muy fuertes por parte de nosotros, ya que de esta forma hemos visto que es la única manera de poner orden en el Estado y no vamos a permitir que esto se salga de control de nuevo”.
Aseguraron que apoyarían a la gente con despensas, literatura y aulas principalmente en “el área rural” del estado. “Nuestra única razón es que amamos a nuestro estado y ya no estamos dispuestos a que la dignidad del pueblo sea atropellada”, presumieron los narcos.
Y dieron una muestra de sus actividades, según dijeron en el desplegado:
“Se está erradicando en su totalidad en todo el estado la venta al menudeo de la droga LETAL conocida como ‘ICE’ o ‘HIELO’, por ser una de las peores drogas que está haciendo daños irreversibles a la sociedad”, dijeron los traficantes michoacanos, señalados como uno de los cárteles más beneficiados por el incremento del consumo de esa sustancia en Estados Unidos.
Y preguntaron: “Tú qué harías como michoacano, ¿te unirías a La Familia si ves que estamos combatiendo estos delitos? o ¿dejarías que sigan creciendo?… Danos tu opinión. A ti padre de familia preguntó: ¿Te gustaría que tu hijo anduviera en las calles en peligro de caer en las drogas y en la delincuencia?”.
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En los Pensamientos de Nazario puede hallarse elementos clave del código de conducta del cártel conocido como Los Caballeros Templario, creado luego de la muerte de Nazario y producto de la escisión del grupo fundador de La Familia.
Se trata de un nuevo documento propagandístico repartido no sólo entre los miembros de la organización, sino entre civiles de al menos Morelia, Apatzingán y Huetamo.
“Esta lucha es por tu gente, por mi gente; por nosotros mismos y por nuestras futuras generaciones”, explica el código de Los Caballeros, una de cuyas normas es que no hay forma de renunciar a él. Se perftenece de por vida a la organización.
El código establece que los integrantes del grupo, surgido el 8 de marzo de 2011 –meses después la supuesta muerte de Nazario–, se encuentran obligados a cumplir el código y que su “misión principal” es “proteger a los habitantes y al territorio sagrado del estado libre, soberano y laico de Michoacán”.
El documento, profusamente ilustrado con imágenes de caballeros medievales caracterizados con la cruz roja patada en el pecho, incluye de entrada el juramento de iniciación de quien ingresa a Los Caballeros Templarios:
Juro delante de todos, vivir y morir con honor.
Juro combatir la injusticia y socorrer a mi prójimo.
Juro, igual en el combate como en la paz, que ningún caballero será considerado por mí como enemigo.
Juro fidelidad al temple y esforzarme por perpetuarlo.
Juro respeto a los demás, veneración a las madres, protección a los niños o los ancianos, asistencia a los enfermos y a los necesitados.
Juro respetar la fe de otros y buscar más la verdad que la gloria, el honor que los honores.
Si por desgracia yo traicionara mi juramento, ruego ser ejecutado por la orden como un traidor.
Y, por más extraño que parezca para un grupo del crimen organizado, establecen una serie de principios morales y éticos, cuyo estricto seguimiento crearía hombres y mujeres con un comportamiento social modelo.
Sus miembros deben “luchar contra el materialismo, la injusticia y la tiranía en el mundo (…) Es deber de los caballeros prepararse y equiparse a sí mismos para la batalla y conseguir los objetivos de la orden (…) Los caballeros templarios entablaremos una batalla ideológica que nos reta para la defensa de los valores que sostiene una sociedad basada en la ética y construida a través de los siglos (…) La orden luchará contra el desmoronamiento de los valores morales y los elementos destructivos que prevalecen hoy en la sociedad humana”.
Bajo la ilustración de un monje soldado se lee: “Juro y prometo combatir siempre en protección del oprimido, de la viuda y del huérfano”.
La regla de los narcos de Michoacán estipula que sus “caballeros” deben conducirse con “humildad y ser los más honorables, los más nobles, los más corteses, los más honestos y los más caballerosos, como digno caballero del temple”.
Ningún templario debería ofender de forma alguna a otra persona. “Ninguna mujer deberá temer nada de un templario, ni de sus palabras, ni de sus acciones. Ningún niño deberá padecer tampoco ese temor. Ningún hombre deberá temer a un templario.
“En su conducta el templario, evitará lo siguiente: ser brutal, emborracharse en forma ofensiva, ser inmoral, cobarde, mentir o tener intenciones maliciosas.
“Para Los Caballeros Templarios de Michoacán la disciplina es constante y la obediencia es siempre respetada: se va y se viene a la señal de quien posee autoridad”.
Responsables de la producción de buena parte de la mariguana, y otras drogas, que llega al mercado nacional y extranjero, el grupo de Los Caballeros condena, paradójicamente, su consumo.
“Para todos los miembros de la orden queda estrictamente prohibido el uso de drogas o cualquier enervante (…) realizar secuestros con la finalidad de obtener dinero. Los jefes de la orden y su personal deben practicarse periódicamente la prueba antidoping e informar al Consejo los resultados de dichos exámenes.
“Los Caballeros Templarios que tengan un cargo de jefe se comportarán de manera ejemplar, (deben) ser inteligentes, astutos, humildes, prudentes, eficaces, audaces y discretos”.
Y, por supuesto, la muerte también queda reglamentada.
“Para hacer uso de la fuerza letal, se requiere autorización del consejo (…) Cuando un caballero cometa una falta contra un miembro del consejo y viole el voto de silencio de los caballeros, se le castigará con la pena capital.
“Ningún elemento debe matar por gusto o matar por dinero, cuando se tome esta decisión debe investigarse previamente y si existen razones suficientes entonces sí proceder (…) Aquel caballero que traicione a los templarios, será castigado con la pena máxima y además se le decomisarán sus propiedades, sus familiares correrán la misma suerte”.
Una última viñeta muestra a otro hombre con yelmo, armadura, capa y espada: “Yo consiento, si falto a mi palabra de honor, en ser ejecutado por las armas de los buenos compañeros o ser devorado por las bestias salvajes del bosque”.
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El código de los narcotraficantes michoacanos tiene un claro precedente: la Regla Templaria que reguló la conducta de la orden religiosa surgida hacia 1118 en Jerusalén con el propósito inicial de proteger a los peregrinos en camino hacia el oriente.
En la creación de La Regla Templaria tuvo participación directa Bernardo de Claraval, influyente clérigo del siglo XII. En sus 72 preceptos se ordenan aspectos monacales y militares y se pretende resolver la coexistencia de ambas condiciones en un mismo hombre, como Nazario pretendió hacerlo respecto a la contradicción de dedicarse al narcotráfico, cometer despiados asesinatos y, al mismo tiempo, predicar el amor, la humildad y el bien al prójimo.
La Regla Templaria exige con reiteración, como ocurre en Pensamientos, la observancia de la humildad. También establece la guarda del silencio: “La vida y la muerte están en poder de la lengua”.
Prohibía el relato de las “locuras” cometidas por los hermanos durante su vida secular, restricción especialmente dedicada a comentar “los placeres de la carne”.
Si los Pobres Caballeros de Cristo, como en sus inicios se llamaron los caballeros templarios medievales, se constituyeron en una orden reconocida por el papa fue gracias al documento propagandístico escrito y promovido por Bernardo de Claraval, doctor de la Iglesia en Francia y amigo personal del fundador del Temple –como también se nombran los michoacanos.
En su Elogio de la nueva milicia templaria, Bernardo resolvió el problema teológico que suponía la contradicción de ser, a la vez que monjes, guerreros que asesinaban. Y estableció que a los votos monacales de obediencia, pobreza y castidad, se agregara el de la caballería.
“Los soldados de Cristo combaten confiados en las batallas del Señor, sin temor alguno a pecar por ponerse en peligro de muerte y por matar al enemigo. Para ellos, morir o matar por Cristo no implica criminalidad alguna y reporta una gran gloria. Además, consiguen dos cosas: muriendo sirven a Cristo, y matando, Cristo mismo se les entrega como premio. Él acepta gustosamente como una venganza la muerte del enemigo y más gustosamente aún se da como consuelo al soldado que muere por su causa. Es decir, el soldado de Cristo mata con seguridad de conciencia y muere con mayor seguridad aún.
“Si sucumbe, él sale ganador; y si vence, Cristo. Por algo lleva la espada; es el agente de Dios, el ejecutor de su reprobación contra el delincuente. No peca como homicida, sino –diría yo (Bernardo)– como malicida, el que mata al pecador para defender a los buenos. Es considerado como defensor de los cristianos y vengador de Cristo en los malhechores. Y cuando le matan, sabemos que no ha perecido, sino que ha llegado a su meta. La muerte que él causa es un beneficio para Cristo (…)”.
En el capítulo I, el clérigo de Claraval asienta que “aspira esta milicia a exterminar ahora a los hijos de la infidelidad (…), combatiendo a la vez en un doble frente: contra los hombres de carne y hueso, y contra las fuerzas espirituales del mal”.
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Aquí no concluyen las semejanzas entre unos y otros templarios. Aquellos, los de hace casi mil años, justificaron su existencia con la necesidad de proteger a los peregrinos en ruta a Jerusalén, aquejados por salteadores de caminos que los sometían a toda clase de vejaciones.
Los mexicanos pretenden constituirse como protectores de su pueblo; hombres dispuestos a defender a los suyos de secuestradores, extorsionadores, violadores y vendedores de droga.
Los narcotraficantes de la Tierra Caliente surgieron de un grupo de sembradores de marihuana luego subordinado al Cártel del Golfo y como su brazo asesino. De entonces, su alianza con el otro grupo del crimen organizado más violento de México: Los Zetas.
De ellos pudieron adquirir la práctica de la decapitación como medio de intimidación.
De hecho, los hombres de Nazario llegaron a medios de comunicación de todo el mundo el 6 de septiembre de 2006, día en que tomaron por asalto el bar Sol y Sombra, en Uruapan. Un grupo de ellos entró, caminó hacia la pista de baile, un piso blanco y brillante, y vació el contenido de un costal: cinco cabezas. Y un aviso. “La Familia no mata por paga no mata mujeres no mata inocentes solo muere quien deve de morir, sepanlo toda la gente esto es justicia divina”.
Resulta inevitable comparar la pintura medieval titulada “Los cruzados catapultan cabezas cortadas de los enemigos a una ciudad sitiada” con las escenas contemporáneas que muestran a cabezas separadas de sus cuerpos.
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Ningún grupo del crimen organizado, histórico o emergente, ha sido combatido con mayor voluntad política por el presidente Felipe Calderón –originario de Michoacán– que el de los michoacanos.
La guerra contra el crimen organizado ha dejado el saldo de una treintena de alcaldes, jefes policiacos y funcionarios de primer nivel del anterior gobierno perredista de Michoacán detenidos, acusados por el gobierno federal de estar dentro de la nómina de La Familia, y luego absueltos por las autoridades judiciales.
La cercanía de La Familia con la clase política michoacana, pero sobre todo sus avances para establecer una base social del narcotráfico, alarmó a los gobiernos en México y Estados Unidos.
Así que en colaboración directa con su par mexicano, el gobierno estadunidense logró la muerte de Nazario. Un documento presentado ante el Senado estadounidense en marzo de 2011 por Thomas M. Harrigan, jefe de Operaciones de la DEA, da algunos detalles:
“En otro golpe a La Familia, el 8 de diciembre de 2010, la Unidad de Investigación Sensible (de la Secretaría de Seguridad Pública de México) y Fuerzas Especiales del ejército mexicano, junto con la oficina de la DEA en México, realizaron una operación en Michoacán, que resultó en la muerte de Nazario Moreno González, alias Chayo, uno de sus dos principales líderes y guía espiritual de la misma organización”.
¿Qué ha sido de los narcos michoacanos después de la muerte de El Más Loco?
Surgió una división entre ellos y los partidarios de Nazario dieron lugar a la creación de Los Caballeros Templarios. Nazario dejó de ser sólo un jefe y su figura alcanzó dimensiones de una inspiración espritual y parareligiosa, de modo que ellos no hablan de él en pasado, sino en presente. “Está vivo”, dicen cuando se les pide aclarar.
La propaganda, elemento constante y definitorio de Los Caballeros Templarios, ha mantenido presencia en calles y pueblos de Michoacán.
El 24 de enero de 2011 anunciaron primero –y falsamente– el fin de su anterior organización. En su presentación pública, el 10 de marzo de 2011, colocaron 30 anuncios en las calles de varias ciudades del estado.
“A partir del día de hoy estaremos laborando aquí las actividades que antes realizaban los de La Familia Michoacana (…) Estaremos a la orden de la sociedad para atender cualquier situación que atente contra la integridad de los michoacanos”, dijeron en referencia a quienes se escindieron del grupo.
Tres meses después, los caballeros salieron de cacería en Morelia. Secuestraron, torturaron y asesinaron a 21 integrantes de La Familia. En sólo 25 minutos, dispersaron sus cadáveres por las cinco entradas de la ciudad. Aclararon la autoría de la masacre: “Porque la sociedad lo exige, aquí están los rateros de casas habitación, asaltantes y violadores, y aún faltan más”.
El tiempo ha pasado y el indicio más reciente de que sigue incorporando elementos a sus filas surgió en febrero de este 2012: el ejército mexicano encontró y confiscó 120 cascos en un campamento de Los Caballeros Templarios en Apatzingán, similares a los utilizados por los monjes guerreros medievales, excepto que éstos fueron fabricados con plástico.
Los reportes militares aseguran que son empleados en las ceremonias de iniciación de Los Caballeros Templarios.
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La estructura de este cártel está conformada por un comité máximo a cuyos integrantes se les llama “apóstoles”. Les siguen los “predicadores”; los responsables de sector, encargados de regiones o plazas; los administradores, que fungen como contadores, pagadores de funcionarios públicos y elementos de la organización y asesores legales, y los encargados de células, operadores de los sectores productivos y de los municipios controlados.
Al final están los “guerreros celestiales”, sicarios y policías, la cara feroz de la organización, delincuentes de poca monta y adictos detectados en centros de rehabilitación relacionados con el propio cártel.
Tras pasar un programa de desintoxicación que subraya los pasos cuatro y cinco de Alcohólicos Anónimos –relacionados con la elaboración de un inventario de faltas de carácter y morales y su posterior confesión–, son evaluados de acuerdo a sus aptitudes para su integración en la organización.
Estos centros de ayuda, según la Secretaría de Seguridad Pública Federal, sirven además para el lavado de dinero. Algunos de los albergues que funcionan como centros de rehabilitación del cártel son Grupo Nuevo Horizonte, así como Gratitud y Esperanza de Vida, en el que se encontró el ejemplar de Pensamientos de El Más Loco.
Los seleccionados inician un proceso de terapias motivacionales y adoctrinamiento cristiano evangélico. Luego de ello son llevados a campos de entrenamiento en la sierra michoacana para el manejo de armas.
Sólo después de ello, son iniciados en un ritual que retoma la parafernalia caballeresca.
El sistema de castigos de Los Caballeros Templarios consta de tres etapas o advertencias. En la primera, el penitente es internado en un centro de rehabilitación durante tres días.
En la segunda, el castigado nuevamente es recluido en un centro de rehabilitación, pero en aislamiento durante 12 días. Es vendado de los ojos, amarrado y colocado en posición de Cristo, pose en que recibe 12 tablazos frente a sus demás compañeros.
La tercera es la ejecución. Los caballeros realizan un ritual de muerte frente a los compañeros de célula del condenado y los jefes regionales. Se expone su deslealtad a la organización y, tras un juicio sumarísimo, se le invita a rezar por su descanso para luego ser ejecutado por la persona que lo invitó a la organización o, en ausencia de éste, por el apóstol o predicador.
Tras la muerte de El Más Loco, sus herederos confeccionaron un escudo de armas, como lo tuviera cada uno de los maestres de la antigua Orden del Temple. En el caso de los michoacanos es un blasón con otro interior acuartelado sobre fondo rojo.
En el cuarto inferior se aprecia una maza cruzada con un hacha; a su lado, una cruz roja y patada, característica de los monjes guerreros medievales.
En la esquina superior del símbolo aparece una pintura con el rostro de Jesucristo con el cabello largo y los ojos azules. Y a su lado está una fotografía en blanco y negro de Nazario Moreno González. Una imagen de su apóstol. Del apóstol del narco.
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baydod
Muy buen articulo,verdaderamente da escalofrio saber que esto es real esperemos que las autoridades tomen cartas en el asunto,por que estoy seguro que ellos saben donde se encuentran estos criminales lamento mucho que esten bajo tension nuestros paisanos michoacanos
José Luis chanona
Hola adonde puedo comprar el libro? Sanborns y el péndulo no lo conocen … Gracias atte. Luis
Viet
¿Cuál libro? ¿El de Nazario? Ése no lo venden en ninguna parte, es para los sicarios del cártel de Los Caballeros Templarios.
victor
Extraordinario articulo sobre este personaje del narcotrafico, pues nada solo felicitar a emequis y al autor del mismo felicidades. Muy interesante.
Moy
En general considero que es un artículo bueno, en tanto informa, pero sugiero que revisen varios pasajes en que el autor al no posicionarse críticamente ante las sandeces de estas pretensiones reproduce su ‘discurso’, insinuando que confusión con su propia ‘voz’. Asimismo invito a todos lo compañeros que aquí escriben a posicionarse críticamente ante estos acontecimientos y no sólo quedarse al nivel de la ‘lectura’ superficial de esta nota. ESTO NO ES LITERATURA, SON HECHOS QUE NOS ESTÁN DESHUMANIZANDO COMO SOCIEDAD.
Antonio Santisteban
Qué tal, soy fotoperiodista freelance y me gustaría obtener una copia del libro, sería muy interesante, ¿cómo puedo obtenerla?
Sharyn León
Excelente el artículo, te pone a pensar hasta donde es capaz de llegar la mentalidad enferma de un hombre, dominado por la ambición de “poder”…
brenda
¿Por qué hacer una apología del crímen, la violencia, los escritos de los violentos que se cubren de auto complacencia?
Adrián Cruz
Buen artículo, aunque tristemente refleja la astucia y como los líderes del narco estan usando tacticas para llevar el compromiso de los integrantes de estos gruipos, a niveles de fanatismo debido a la falta de identidad de los jovenes.
ANTRAX
Q mal q no se conozca siquiera la cara de Nazario, la foto que se le atribuye, es decir de donde se saco la caricatura q nos presenta la portada de la revista pertenece a Dimas Díaz Ramos, no a Nazario; aun peor, q a estas fechas, no se sepa realmente si el Señor Nazario sigue vivo, otro misterio, siempre pense que la Familia no era un cartel cualquiera, y por lo tanto, no se le puede combatir igual q a los demas.
JGA
¿Apóstol?¿Y quien les dijo q esta muerto? Dense una vuelta por Apatzingan y verán lo muerto q está.