Las retorcidas fantasías musicales de Kinky
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Las retorcidas fantasías musicales de Kinky
Por Tatiana Maillard
Kinky es la cara amable de Monterrey. No es el rostro de la violencia desatada, de los encabezados alarmantes en diarios y revistas, de la lucha por el control de territorio ni el de los hermanos incómodos de los alcaldes.
No es el rostro de ese Monterrey que enseña los dientes. Es la cara alegre. La que se maquilla de luces de neón y de fiesta nocturna. Es la boca que grita en un ensordecedor concierto de sintetizadores, de mezcla de géneros y de bases electrónicas. Kinky es el vestigio de una ciudad que iba en ascenso.
Una banda surgida en la década de los noventa, cuando Monterrey bullía como sitio de grandes empresas y de novedosas propuestas musicales fronterizas. Hijos de la denominada “avanzada regia” —junto con Plastilina Mosh, Jumbo, Zurdok o Volován—, los cinco integrantes de Kinky han recorrido
un camino de cinco discos, un par de ediciones especiales y numerosas colaboraciones en las que lo primordial ha sido la electrónica y su fusión con géneros que van de la salsa a la banda, de la música grupera al hip hop.
Residentes en Los Ángeles, donde preparan su último disco, los kinkies han procurado mantenerse fieles a su propuesta inicial: la noche, el beat, el baile, la energía. La escalada de violencia en Monterrey no ha afectado ese ánimo en la banda, si bien ellos ya no viven en esa conmocionada urbe norteña.
“Prefiero el lado festivo —reconoce César Pliego—, prefiero el beat y la vida nocturna. Me gusta seguir de fiesta en la ciudad, lo cual choca con los miedos, la inseguridad y todo lo que está pasando en el país. Creo que la mejor manera de combatir el miedo y el enojo es esa: salir y disfrutar de lo bueno que todavía tiene el país”.
El 19 de octubre próximo saldrá a la venta su sexto disco, El sueño de la máquina. Pero para Gilberto Cerezo, el vocalista, este sueño ha transmutado en pesadilla en más de una ocasión. “La peor pesadilla —explica— es cuando duermo pensando en una idea y la sueño toda la noche”. Su dedo índice dibuja una espiral en el aire: “Las canciones me persiguen toda la noche en forma de loop”.
Su hablar es pausado, casi estoico. Una voz que no se eleva, que pareciera fluir mejor en la recitación. Más que cantar, Gilberto habla con ritmo. Así ha sido desde el lanzamiento del primer disco homónimo de Kinky. Así ha sido con canciones como Más o Noche de toxinas. Y cuando entona, lo hace con una voz delicada y aguda, casi susurrante. Con esa voz, Gilberto habla del dolor.
“Duele crear. La construcción de lo creativo y material duele”, y entonces remarca la anécdota de las pesadillas musicales que le interrumpen el sueño. “Es parte del sufrimiento por crear. Pero al escuchar el producto terminado, soy feliz”.
El suyo es un dolor tan… poco doloroso.
Porque el dolor no es la esencia de esta banda. Alejados del violento clima en los estados de la frontera con Estados Unidos, los de Kinky se concentra en hacer música y en mostrarse relajados. A Gilberto lo acompañan, además de César (bajo), Carlos Chairez (guitarra) y Ulises Lozano (teclados y acordeón). Un combo de músicos que desde hace algunos años viven en California y que no se ha enfrentado a mayores dificultades que las concernientes a grabar y promover sus producciones discográficas.
“Hacer un disco es como un parto”, dice Chairez, el de la cabeza desprovista de cabello, reluciente como bola de billar. “Hay preocupación porque salgan las cosas… y todo debe tener un grado de dolor para que salga bien. En cambio, los conciertos son la parte divertida”.
La situación en el estado que los vio nacer, Nuevo León, es algo de lo que casi no hablan. “Como todos los mexicanos, tenemos un poco de miedo y enojo y frustración y todos estos sentimientos negativos”, admite apenas Chairez.
César complementa: “Como músico puedes reaccionar de dos maneras ante una preocupación. La primera es plasmarla en tu trabajo. La segunda es alejarte de eso. Y también es válido. No porque exista tanta violencia en el país, vas a hablar exclusivamente de eso. Puedes hablar de otras cosas y ser totalmente genuino”.
Las fantasías musicales
Como una fagocita, Kinky es un grupo que devora géneros. La electrónica es la base. La cumbia, la música grupera o el hip hop son los complementos. Han tenido colaboraciones lo mismo con Lupe Esparza (en el sencillo Caníbal del disco Rarities) que con Intocable (de cuya canción Coqueta realizaron un cover) y Pesado (con quienes interpretan una rarísima versión de Ay, qué pesado de Mecano).
“Son fantasías musicales que hay que cumplir”, justifica Chairez. “Lo importante es transformarse uno mismo para lograr proyectarlo a los demás”. Por eso, aseguran, procuran realizar colaboraciones que abarquen un amplio espectro de artistas.
—Lo importante es renovarse como banda para seguir en el gusto de la gente —interviene de nuevo Chairez—. Por eso procuramos oír mucha música. De rock hasta norteño, baladas o salsa.
—¿Con qué artistas aún no han cumplido su fantasía? —se les pregunta.
—Con Jimi Hendrix… Con Elvis —aventura Chairez.
—¡Pues los sampleamos! —dice en broma César.
—…Con Johnny Cash me encantaría —continúa Chairez.
—Lo más importante —interrumpe Gilberto— es hacer colaboraciones con gente que… esté…
—¿Viva? —pregunta Pliego.
Carlos, César y Ulises sueltan la carcajada, mientras Gilberto sólo los observa, serio y callado, hasta que se apagan las risas. Entonces responde: —Sí.
Uno de esos artistas vivos con quienes han realizado colaboraciones para este último disco, es la cantante española La Mala Rodríguez. Día negro es el sencillo en el que colabora y que ya es posible escuchar en internet. Además participan Randy, de Molotov; Mark Ramos-Nishita, Money Mark, colaborador frecuente de los Beastie Boys, y Dante Spinetta, ex Illya Kuryaki and The Valderramas.
Y como toda colaboración cabe en un disco sabiéndola acomodar, la banda también contó con Juan Carlos Pérez, vocal del grupo de cumbia Mr. Chivo, pero solamente en un pequeño aunque importante detalle: su extraña risa.
“No sólo es importante que la gente con la que colaboremos esté viva. También lo es que su trabajo sea opuesto a lo que nosotros realizamos”, explica César Pliego.
Y si tienen una risa peculiar, qué mejor.
El público
El nuevo disco de Kinky se presentará el 19 de octubre en el Auditorio Plaza Condesa de la Ciudad de México. Sobre las presentaciones en vivo, Carlos Chairez considera que “a cada público se le tiene diferente cariño y respeto. Es un poco como la relación con el mar. Si la marea está alta, tomamos nuestras precauciones, sobre todo ante un público tan numeroso como el del DF”.
Y así como al mar, Gilberto Cerezo acepta que también al público se le guarda un poco de miedo. “Con la gente que exige que la banda suene bien, siempre hay que ser respetuoso. A los públicos de las grandes plazas —del DF o de Los Ángeles— y que son críticos por la cantidad de gente que asiste a tocar a sus ciudades, les tienes que entregar algo bueno. No puedes llegar con cualquier cosa”. ¶