Los Búnkers: “Hacerse el rockero está pasado de moda”
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Los Búnkers:
“Hacerse el rockero está pasado de moda”
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Por Tatiana Maillard
tmaillard@m-x.com.mx
Fotografía: Eduardo Loza
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Mauricio Basualto tiene la fisonomía de un roble alto y macizo. El rostro cuadrado y la barbilla prominente lo dotan de cierta aura de tipo duro. La boca pequeña está exenta de sonrisas. Nada. Ni un atisbo de tic muscular que pudiera asemejarse. Como si no bastara, los ojos pequeñitos, bajo el techo de sus cejas negrísimas, acentúan la sensación de que ante este grandote uno tiene que cuadrarse. Entonces Basualto extiende la mano y de su boca sale lo impensable: una voz agudísima en comparación con el tamaño de su dueño, palabras desbordadas de amabilidad y musicalizadas con acento chileno.
El baterista de Los Búnkers, grupo que irrumpió con éxito en la escena del rock latinoamericano de principios del 2000, es lo que en México las abuelas se empecinan en calificar como “un pan de Dios”.
Él, como los hermanos Francisco y Mauricio Durán y Álvaro y Gonzalo López, están reunidos en la sede de una franquicia de café a precios exorbitados para hablar de Silvio Rodríguez. Este año presentaron el disco Música libre, compuesto de covers del trovador cubano pero con el sello recalcitrantemente rockero de esta banda oriunda de Concepción, Chile.
Y Basualto, el hombrezote de la voz afable, recuerda que un disco de esta naturaleza surgió “casi por juego o por accidente”.
“Sucede que Francisco (guitarra, teclados y coro) empezó a tocar los acordes de La era está pariendo un corazón durante una improvisación. La canción no tiene que ver nada con una banda de rock, pero él empezó a tocar y nosotros, a seguirlo”. De ahí surgió la idea de un disco de covers donde no figuraran Ojalá, Mi unicornio azul ni Mujeres.
Basualto no es sólo el más alto del grupo, también es el mayor en edad: nació en 1968, en plena efervescencia social, y por eso se refiere a sus compañeros como “los muchachos”. Ellos llegaron a la música de Silvio de “una manera más natural, no con esta carga con la que me llegó a mí”. Él escuchaba sus canciones a los 12 años, cuando el dictador militar Augusto Pinochet gobernaba Chile y escuchar música de protesta estaba prohibido.
Música libre es el segundo disco que Los Búnkers ha grabado en México y el primero bajo la supervisión del tacvbo Emmanuel (Meme) del Real.
El haber realizado un disco de temas transmutados al rock del mayor exponente de la nueva trova cubana podría considerarse el paso natural para una banda que previamente había covereado canciones de Violeta Parra y Víctor Jara, vacas sagradas de la canción de protesta chilena. Una banda que desde el principio desarrolló un sello que sonaba al rock de antaño: el de los sesenta, el de esos grupos ingleses cuyos miembros ostentaban simpáticos cortes de cabello. Una banda que, desde su formación a fines del siglo pasado tenía en claro una cosa: la música es un trabajo, y en el trabajo uno se pone serio.
* * *
En el año 2000 los integrantes de un conjunto local de Concepción emigraron a la ciudad de Santiago para grabar su primer EP promocional y venderlo en sus distintas presentaciones. Como invariablemente ocurre, los parientes cercanos de estos músicos veían con malos ojos que dejaran hogar, estudios y “trabajos decentes” para dedicarse a la música.
El pretexto para algunos, como Francisco Durán, fue el ingreso a la universidad.
“Estudié psicología”, dice Francisco con una seriedad de sepulcro. Ésa que, al parecer, es característica fundamental en la identidad de Los Búnkers. “Pero en realidad no estudié nada. Yo iba a las clases y nada aprendí de esas lecciones. En aquel tiempo ya estábamos con el grupo… la carrera era la excusa para estar en Santiago”.
Si bien el padre de Francisco y Mauricio Durán (guitarra y coros) era melómano, los hermanos no se podían escudar en la música como la razón para irse a vivir a la capital chilena. “No era una opción que él aceptaría”, recuerda Francisco.
La reacción en casa de Álvaro López (vocal) fue similar: “La familia de mi madre le dio la espalda cuando ella decidió dejarme ir a Santiago”, cuenta este hombre más delgado de lo que aparenta en las fotografías y que lleva en su chaqueta un botón con el símbolo del pez rodeado por dos aros que rememora al poeta Pablo Neruda. Por eso se le pregunta:
—¿Se les ha ocurrido hacer algo con Neruda?
—No —contesta Álvaro mientras mueve la mano, como espantando la posibilidad—. Es más bien gusto personal. Somos grandes fanáticos de la literatura chilena en general, pero sobretodo de los poetas.
—¿Existen vínculos entre poesía y rock?
—¡Claro! Los ejemplos son el mismo Silvio Rodríguez o Bob Dylan.
Álvaro habla con rapidez, con esa pasión de quien no sólo compone música, sino que se clava en la historia. Cuando intervienen en la conversación, él y Basulto asemejan dos amenas enciclopedias vivientes.
—Otro ejemplo: hace poco leí que Imagine era un poema de John Lennon que él decidió musicalizar. Siempre existe este nexo —afirma el cantante de Los Búnkers—. Los grandes mú-sicos debieran tener un background de poesía. ¡es necesario para el trabajo!
Porque antes que sexo, droga y rock and roll, la música es un trabajo.
—Cuando llegamos a Santiago esperamos ver un montón de grupos ensayando. Pero los que más ensayábamos éramos nosotros. Fue necesario ponerse serio para profesionalizar un trabajo —continúa Álvaro, presumiendo niveles férreos de disciplina—. Si al grupo se integraba algún ayudante y éste era muy bromista, ¡para afuera!… Bueno, no lo sacábamos, pero lo mirábamos mal.
Hay dos lugares comunes del rock que Los Búnkers decidieron no adoptar jamás. Uno, el de músico que incluye en su dieta alcohol y drogas.
—Una vez programamos emborracharnos en un ensayo —y así lo dice: programamos, dejando ver que hasta las borracheras entraban en la rigidez de la disciplina— nada más para ver qué pasaba… y fue horrible: unos vomitando por acá, otros por allá. No funcionamos ni drogados ni borrachos.
Álvaro frunce la boca y baja la voz: “La verdad, hacerse el rockero está pasado de moda. No sirve. Ahora la tendencia es la vida sana, ¡los vocalistas ya ni fuman!”.
El otro cliché que nunca incluyeron en su personalidad colectiva, fue el del músico ocurrente y simpático. Los videos que desbordan en parodias e ironías no son lo suyo, y no porque no lo hayan intentado.
“¡Horrible!”, admite Álvaro, llevándose las manos a la cara cuando recuerda el clip de la canción Ahora que no estás, uno de esos intentos fallidos. En él, durante cuatro minutos y medio se ve a los integrantes de la banda saltar por azoteas, girar la cabeza con sobreactuado dramatismo y correr en sus trajes negros y corbatas, persiguiendo a un tipo barbudo de sudadera roja. “Eso de estar corriendo fue el horror. No estábamos en el mejor estado físico”. Y repite de nuevo: “¡Horrible!”.
No es, sin embargo, el video que más los ha avergonzado. Hubo uno que “no salió a la luz, pero está guardado y no lo han querido quemar —se lamenta Álvaro—. Es la parodia de un reality show, donde salimos nosotros, con nuestro nombre en la camisa, y cámaras de seguridad, una piscina… ¡horrible!”.
Álvaro insiste en que no se les da el humor, en que no saben actuar. Y “horrible” se convierte en su palabra favorita.
* * *
En la primavera de 2006 Los Búnkers se presentaron por primera vez en México, dentro del Festival Vive Latino. A diferencia de otros grupos nuevos que tienen que enfrentar a un público que no la piensa dos veces para abuchear, ellos contaban con la suerte de que el público asiduo ya los conocía y coreaba las canciones de su cuarto disco, Vida de perros, que ya sonaba en la estación de radio Reactor 105.
Cinco años después, Los Búnkers radican en México. Aquí grabaron los dos discos siguientes: Barrio Estación y Música libre. Este último fue, según Mauricio Basualto, una “bocanada de aire fresco”, y en parte se lo deben a la producción de Meme del Real.
“Antes de ese disco no la pasábamos bien en el estudio, nos costaba mucho — dice Álvaro—. Con Meme se incendió todo. Nos abrió los ojos ante cosas buenas que ya teníamos pero habíamos olvidado”.
Y así, con todas esas cosas buenas, salieron al escenario del Vive Latino —por primera vez en horario estelar dentro del festival— a tocar frente a un público constituido principalmente por adolescentes. La mayoría de ellos no conocía las canciones de Silvio.
“Para nosotros fue una sorpresa constatar que mucha gente joven no estaba familiarizada con las canciones”, dice Francisco Durán, el chico de la cara redonda como luna coronada por una cabellera que da la impresión de no dejarse someter por cepillo alguno. Él y su hermano Mauricio son de esa generación que creció con la nueva trova cubana. Su padre era amante de la música. Incluso cuentan que una vez su madre se quejó porque en casa no había una lavadora y su padre respondió comprando… ¡un piano!
“Eso ocurrió cuando mis padres apenas estaban comenzando a habitar una pequeña casa. Por supuesto, no hubo espacio para el piano hasta que no se hizo una ampliación de la casa. Mi padre no quería que sus hijos salieran a jugar a la calle, prefería que nos quedáramos en casa tocando”.
“Algunos esperaban los éxitos de Silvio Rodrí-guez —explica Mauricio Basualto—. Quizá este disco pueda molestar a alguien que disfruta de un Silvio de fogatas en la playa, pero yo no creo que Silvio sea así”.
De nuevo, la explicación basada en lecturas, en estudios. En su riguroso esquema de trabajo, Los Búnkers no se animarían a abordar la obra de un autor sin haberlo diseccionado primero.
“Yo he leído libros sobre Silvio, y dicen que él es una personalidad conflictiva, que es bien borracho, bien mujeriego. Tiene una vida sibarita dentro de su lógica revolucionaria”.
Pero Silvio goza la vida, “y en eso —exalta Basualto— es bien rockero”.
Después de cada disco Los Búnkers realizan una gira. Música libre lleva ahora a esta banda de hermanos al Festival Lollapalooza, que tiene lugar cada año en la ciudad de Chicago los primeros días de agosto. Posteriormente se presentarán en el Teatro Metropólitan del DF.
“Creo que si nos hubiéramos quedado en Chile, nos hubiéramos estancado como banda —reflexiona Basualto—. Durante cinco años triunfamos allá. Ya estábamos aburridos de eso. La comodidad siempre ha sido muy incómoda para una banda como nosotros, porque no es inspiradora”.Y en México, todavía queda mucho territorio por conquistar.
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