México recuerda al Nobel portugués con el homenaje escénico Voces de mujer en la obra de Saramago

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Patricia Vega /emeequis

México, DF, 31 de marzo.- “La muerte no fue lo que nos separó; nos separó para siempre jamás la eternidad”. En el momento culminante de la noche, correspondió a la actriz Clarissa Malheiros pronunciar las palabras en portugués, lengua materna de José Saramago, con las que el escritor dio voz a María Magdalena para que expresara las razones de su amor por Jesús.

El extenso parlamento de María Magdalena, escrito por Saramago en una especie de carta –aún inédita y que se convertirá en el epílogo de una nueva edición de la novela El Evangelio según Jesucristo–, fue reinterpretado en castellano de manera indistinta por la española Pilar del Río, traductora y esposa del ganador del Nobel de Literatura en 1998, así como por las mexicanas Ofelia Medina, Irene Azuela, Lydia Cacho, Lourdes Ambriz y Ely Guerra.

La sala principal del Palacio de Bellas Artes fue el escenario en el que tuvo lugar el homenaje escénico Voces de mujer en la obra de Saramago en el que, bajo la dirección de Antonio Castro, las siete mujeres mencionadas participaron en la lectura dramatizada de pasajes de las novelas Memorial del Convento, Ensayo sobre la ceguera y Las intermitencias, obras en las que los personajes femeninos –Blimunda, Lidia y la Muerte—se presentan como seres fuertes, capaces de amar sin medir riesgos y de sostener el mundo.

Fue así como México, a través de una coproducción entre el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Bellas Artes, recordó a José Saramago, el escritor portugués que amó tanto a nuestro país –en particular a los mexicanos más vulnerables: los indígenas de Chiapas y su lucha por lograr mejores condiciones de vida–, que llegó a afirmar que si no lo encontraban en Portugal, lo buscaran en México.

El espectáculo contó con interludios musicales a cargo de la soprano Lourdes Ambriz y de la cantante de rock Ely Guerra, acompañadas, respectivamente, por el contrabajista Luis Antonio Rojas, y por el guitarrista Demián Gálvez y el bajista Miguel Hernández.

De rectángulos que abarcaban todo el escenario, diseñados por la escenógrafa Mónica Raya, emergían las siete mujeres que, por momentos, se transformaban en figuras de un teatro de sombras gracias la iluminación a cargo de Víctor Zapatero.

De acuerdo con la presentación que escribió Pilar del Río para el programa de mano del espectáculo, “de la humanidad descrita por José Saramago en sus distintos libros las mujeres son su mejor logro”.

Entrevistada al término del ensayo general y unos momentos antes del inicio de la única función realizada, Consuelo Sáizar, titular del Conaculta, señaló que este homenaje escénico es una manera de corresponder al amor que José Saramago manifestó por México. “Estoy conmovida porque la estructura dramática, diseñada por Antonio Casto y Pilar del Río, logra mostrar la enorme capacidad de empatía de Saramago con el espíritu femenino: cuando uno escucha sus palabras, pareciera que las escribió una mujer, pero lo cierto es que las escribió un hombre que comprendía muy bien a las mujeres”.

De esta manera, concluyó Sáizar, los lectores devotos de Saramago tuvieron la oportunidad de disfrutar de otra manera, su gran capacidad literaria.

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