El desmadre de los girasoles
La elección de la dirigencia nacional del PRDPolÃtica
Los pasados dÃas hemos visto una más de las escenas que han marcado parte de la historia reciente de la izquierda en México. El Partido de la Revolución Democrática, en donde se reúne buena parte de esa corriente ideológica, ha dado muestras de que no termina de ser un partido de verdad, de que la etiqueta de revolucionario es muy ancha y de que la democracia a menudo no se le da. Provoca desconsuelo observar a los grupos en disputa: cargan consigo las prácticas del fraude, de las triquiñuelas menores y las trampas mayores. No se requieren más palabras que las que ellos han usado para tener una idea de lo ocurrido en estos dÃas en que debÃan elegir a su nuevo dirigente nacional: casillas zapato, compra de votos, urnas quemadas, acarreos, cargadas desde los aparatos de gobierno, rasurado del padrón, voto de no militantes, cuadrillas antimapaches, satanización del adversario. Lo peor es que los actos irregulares tienen la marca de las dos casas en disputa: la de los radicales y la de los moderados, la de los seguidores de López Obrador y la de los de Jesús Ortega. Poco importa quién gane finalmente la elección. En su disputa por la burocracia partidaria han dejado bastante maltrecha la honestidad y arrumbado la tolerancia, el respeto y la armonÃa. Es una lástima porque dañan la memoria de muchos pensadores y luchadores de izquierda que han entregado lo mejor de sà como polÃticos y seres humanos para la causa que hoy incurre en prácticas censurables. Estos girasoles son un desmadre.
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