¿Qué significa ser consejero de medio pelo?
Desde este oscuro rincónTras el reciente fracaso en San Lázaro para designar a tres miembros del Consejo General del IFE quedó claro que los partidos políticos buscan integrar “a modo” el máximo órgano electoral del país. Las excusas son muchas pero, a final de cuentas, todas insuficientes ante el evidente nivel de suciedad de este público, democrático y manoseado proceso.
Decenas de ciudadanos, algunos con intenciones voraces y otros con preocupaciones honestas, acudieron al circo montado por nuestros dignos representantes populares para encontrarse, en el mejor de los casos, con el desinterés por sus propuestas y, en el peor, con el maltrato por sus supuestas filias.
Lo curioso es que los candidatos de los partidos, rápidamente identificados por sus contrapartes, fueron cayendo uno a uno, por la sola duda en torno a su objetividad. Ante este escenario, cualquiera pensaría que los partidos buscarían simple y llanamente a ciudadanos que se hubieran desempeñado sobresalientemente en un proceso de selección cuyas reglas fueron dictadas por los propios legisladores y bajo las cuales muchos de sus gallos no superaron a los huerfanitos de padrino.
Cuando parecía que ya no se podía caer más bajo, nuestros flamantes diputados se lanzaron a compartir con la opinión pública su reticencia a nombrar consejeros que denominaron de segunda línea, de medio pelo o de bajo perfil. Dejo aquí unas posibles definiciones aplicables a cualquiera de estos términos, por supuesto, en el contexto de nuestra jerga (léase trapo sucio) política (léase sucio trapo):
Consejero de segunda línea
Es aquel de dudosos méritos para alcanzar un asiento en el Consejo General del IFE. Por méritos debemos entender su capacidad para sacar brillo a los zapatos de los legisladores, la fuerza física adecuada para cargarles el portafolio o, al menos la solidez espiritual que les permita reconocer su profundísima inferioridad ante tan asépticos seres.
Consejero de medio pelo
Es aquel que no cuenta con la exuberante, blonda y hermosa peluca sintética proporcionada por un partido político. Cada pelo de este mágico accesorio representa un favorcito que el candidato le ha hecho o le deberá hacer a alguno de nuestros increíblemente dignos, éticos, preparados y democráticos partidos políticos. A falta de esta mágica cualidad puede acreditarse de manera equivalente el uso cotidiano del mágico champú del compadrazgo, amiguismo o amasiato; después de todo, la democracia significa también la horizontalización de cargos.
Consejero de bajo perfil
Es aquel cuya apariencia física o moral no se adecua a la concepción de pulcritud ideal para ser consejero electoral, la cual claramente requiere del cumplimiento de al menos cuatro de las siguientes cinco cualidades: subordinación, ceguera, afiliación política oculta, hambre extrema y baja autoestima. Esta clasificación previene al legislador de contratar consejeros que les salgan rebeldes o respondones, mediante la identificación de características inaceptables como contar con mayor nivel de estudios que el de nuestros diputados, no haber puesto la otra mejilla al ser insultados en la entrevista o haber proferido queja al percibir que las edecanes encargadas de poner el café y las galletas eran las únicas que acudían a escuchar sus propuestas.
Ante la contundencia del fenómeno queda claro el porqué no bastó una lista con los 15 mejores resultados del proceso, que incluía a la única mujer que se colocó por méritos propios, y creció y creció, hasta alcanzar a aquellos verdaderos futuros paladines de la democracia de alto perfil, primera línea y harto pelo.
¡Feliz año nuevo!










