Homofobia en el corazón
Golpes a la verdadera democraciaDesde este oscuro rincón
Ante los acontecimientos de las semanas pasadas en materia electoral, mi idea era dedicarles enteramente esta columna, sin embargo, como buen amante de lo electoral y ante la mezcla de rapacidad y estupidez que parece haber inundado la Cámara de Diputados, prefiero hacer a un lado esa historia y detenerme en una nota que recientemente encontré en esta ventana al mundo diario que es internet.
En la nota se narraba cómo una joven pareja homosexual había sido reconvenida de mostrar su afecto en un nuevo centro comercial colindante con la zona rosa de esta capital. El pecado: osaron tomarse de la mano y caminar así, demostrando la impureza del cariño entre personas del mismo sexo, frente al personal de seguridad del lugar.
Según se detallaba, los vigilantes del lugar dijeron que era norma de la administración conminar a las parejas homosexuales a guardar respeto y no mostrar su afecto en público.
Supongo que algunos columnistas del Reforma, miembros connotados de la Iglesia católica —ahora redimida por nuestra estúpida izquierda— o simplemente familias reaccionarias en el lugar equivocado, pudieron contribuir a la elaboración de tan curiosa norma.
Ángeles y serafines encarnados en administradores, no de una plaza comercial, sino de la moral pública, buscan ahora no la redención de los habitantes de Sodoma, sino establecer su aparente distancia. ¡Mientras no nos restrieguen en la cara sus cochinos afectos, pueden consumir en nuestro flamante centro comercial! La generosidad no tiene límites.
Lo paradójico es que esta acción ocurra en el corazón geográfico del movimiento homosexual mexicano, en el único lugar en el que parecía respirarse un poco de libertad, de igualdad y de tolerancia. En un espacio no ideal sino real.
Desconozco las implicaciones que pueda tener este incidente en la comunidad gay. No estoy seguro de que la indignación lleve a sus integrantes a cualquier acción de resistencia civil pacífica en los terrenos mismos en los que esta figura nació, en los de señalar la injusticia ante acciones de quienes ostentan la verdadera autoridad —hoy empresarios globales en un entorno conservador—, tal vez es una comunidad aún embrionaria, o quizá simplemente no exista tal, pero como buen ciudadano, no puedo más que esperar que algún día estas situaciones encuentren su contraparte en una sociedad civil organizada que eleve su voz y tome acción para contrarrestar los abusos públicos y privados.
Mientras esto ocurría, el lobby de la Cámara de Diputados se encontraba atestado de suspirantes por obtener un cargo de peso para la democracia mexicana.
¡Pasen, regístrense, hagan de nuestro circo un éxito! Se acepta de todo: veterinarios, secretarias, y ex actores con miedo de terminar en el asilo de la ANDA, eso sí, todos desempleados y muy, muy, muy preocupados por la situación de nuestra democracia mexicana.
La trampa ha sido colocada y el queso sí que huele: más de 150 mil pesos al mes. Ante esto no puedo dejar de preguntarme qué contendrán los ensayos que presentan estos individuos. ¿Reflejaran preocupaciones reales en torno a la democracia?, ¿serán estrategias de educación cívica con impacto real en comportamientos como los del centro comercial de la delegación Cuauhtémoc?
La trampa ha sido tan bien montada que incluso hombres y mujeres honestos con formación y dedicación a la administración electoral o a su análisis, han acudido a inscribirse, pocos, cierto es, pero su acción parece legitimar la trampa. Les deseo lo mejor.
La democracia tiene muchas caras, la procedimental, esa que únicamente involucra los procesos electorales, es sólo la inicial. Si en San Lázaro les preocupa —y hago énfasis en el “si”— teñir de legitimidad un proceso viciado de origen, es porque en el fondo su concepción de democracia es tan limitada como conveniente a sus intereses. La democracia real, esa que busca día con día ganar terreno en nuestras calles, esa que involucra la construcción de políticas que fomenten la igualdad, la justicia, la tolerancia y la equidad, aún carece de medios para su desarrollo.










