Mágico mundo de mujeres

Columnas en línea, Desde este oscuro rincón

Por Guillermo Merelo

 

El teléfono sonó en la madrugada del 25 de diciembre de 2003. Sin saber cómo, lo supe. La llamada que había temido durante los últimos años había finalmente llegado. Mi madre, del otro lado de la línea lo decía: “Tu abuela ha muerto”. Una enfermedad respiratoria había arrancado de esta tierra al ser que más influencia ha tenido en mi vida. Semanas antes nos habíamos visto por última vez y, discretamente nos habíamos despedido para siempre.

 

Haber sido criado en los valores de la tolerancia por una mujer nacida a principios del siglo XX ha sido uno de los curiosos hechos que han rodeado mi vida. Nunca he entendido bien cuál era la base de su sabiduría, pero hoy más que nunca percibo sus ideas como claras, lúcidas y particularmente simples. Probablemente esa simpleza es la que me permitió abrirme camino ante la complejidad de los códigos de una sociedad reticente a la aceptación de cualquier rasgo que se ubique fuera de los parámetros tradicionales.

 

Hoy en día, la democracia nos ha enseñado que inclusive los “luchadores sociales” tienen límites no sólo en el entorno de los colores que los identifican, sino en una particular idiosincrasia que los orilla hacia los códigos de lo conocido, de lo políticamente correcto, de lo aceptado por las masas en tanto reditúa votos. Si vende lo compro, es el principio. Cobijar las causas ideológicas siempre será más fácil con apoyo que sin él. Bastaría preguntar al solitario diputado del PRD en el Congreso de Coahuila por qué votó en contra el equivalente a la Ley de Sociedades de Convivencia en aquel estado.

 

Las epiqueyas del “buen ser” acompañan generalmente la equiparación del término “malas compañías” con todo aquello que se ubique fuera del marco de una esperanza enlutada como realidad idónea. Así, aún hoy hay quien considera perniciosa la influencia que pueden ejercer sobre los “suyos” las madres solteras, los homosexuales, los testigos de Jehová o cualquier otro individuo con disfraz distinto del aceptado por los habitantes de la pequeña casita en la pradera.

 

La casa de mi abuela no podría haber sido más disonante. Una vieja maldición familiar –en el lado paterno– ha hecho que las mujeres permanezcan desvinculadas de los lazos tradicionales del matrimonio. La familia en la que crecí fue una de madres solteras, divorciadas, solteras por decisión y algunas por resignación. Un maravilloso mundo de mujeres que, lejos de los parámetros tradicionales, tuvieron que desarrollar herramientas para lidiar con la realidad y, al mismo tiempo, sacar adelante a sus hijos. Las jefas de familia se asociaron en una suerte de comunidad en la que, ante el obvio derrumbe de los esquemas tradicionales, la educación en la tolerancia fue indispensable para la supervivencia. En casa siempre fue bienvenido quien quisiera entrar en ella, quien necesitara un espacio para vivir o morir, quien quisiera hablar o quien quisiera permanecer en taciturna contemplación. El mensaje era claro: la heterogeneidad hace de la diferencia una homogénea característica y, en ésta, no puede subyacer sino la intención, lo abstracto.

 

En el mundo ideal, aquel que nos venden en la televisión, las madres llevan a sus hijos al partido de beisbol en una linda mini van, comen pastel de manzanas y no hablan de la realidad del mundo en que habitan; o tal vez sí, tal vez sea injusta esta imputación considerando lo ficticio de su entorno. Tal vez pueden vivir en él con los ojos cerrados, en un ejercicio de negación disfrazado de introspección colectiva. En mi mundo las madres no tenían sueños tan distintos, pero eran, sin saberlo, impulsoras de un cambio de visión. Cuando eres diferente tu percepción del mundo es tan diferente como tú. Las construcciones culturales –o prejuicios sociales– lentamente logran diluirse y abrir espacios, por pequeños que sean, a la convivencia entre seres distintos.

 

En el funeral de mi abuela un sacerdote católico –regalo de algún emético ser– comenzó a pronunciar un ataque disfrazado de sermón contra cualquier religión distinta de la católica. Mi enojo llegó a tal grado que finalmente logré llorar. Recuerdo aquella frase que alguna vez ella me dijo: “No hay religión buena o mala, en el fondo todas buscan lo mismo, simplemente hay que tomar lo bueno, dejar lo malo y actuar con sentido común”. Ahí se manifiesta la simpleza de lo abstracto.

 

Dicen que la educación por casa empieza. Nada más cierto, la educación en la tolerancia no puede iniciar lejos del hogar. Mi mágico mundo de mujeres me ayudó a ser distinto, a pensar distinto, pero sobre todo, a querer un cambio cultural en nuestra sociedad. El viernes pasado se celebró el día de la tolerancia y no pude dejar de pensar en mi abuela.

 

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4 comentarios en “Mágico mundo de mujeres”

  1. Silvia Limón comenta:

    Linda columna, Guillermo. Un bello homenaje para tantos millones de mujeres cabezas de familia, que en este país ya son mayoría.
    Mi respeto para todas ellas. Y qué linda historia de tu abuela…. se lee que fue gran mujer.
    Saludos

  2. alejandro sandoval comenta:

    hola
    creo que la necesidad de saber la direccion y rumbo de las politicas culturales de la capital defeña es mas que importante.
    slogan van y viene, que la no violencia hacia las mujeres, que el asunto de equidad, y otras …
    mientras al interior de las instituciones es todo lo contrario, el cambio administrattivo es el pretexto, personas como yo despedidos de la secretaria de cultura por infundios, por “milagritos”, como aquel que dice “si no eres creativo, no te van contratar” dicho por Maria la incondicional JUD de Veronica Martinez Garcia. y como va. pa fuera. Muchos compañeros padecimos y otros aun padecen el acoso laboral de esta señora Veronica, de hecho se le hostigo a la subdirectora de cultura comunitaria, (actualmente no hay quien la comande), hasta que renuncio. Los Faros son otro caso, la filarmonica otro, tambien cel Centro Cultural Villaurrutia que esta en la glorieta de insurgentes, todos fuera, . hasta donde llegara la secretaria de cultura con esta cultura de la miseria, si por que si no eres incondicional de su politica cultural erratica, eres su enemigo. mi pregunta a ustedes es por que siendo tan criticos con otros actores politicos, sociales hay un gran silencio hacia el gobierno de Ebrad, en particular de la secretaria de cultura de la ciudad de mexico. no saben la serie de chingaderas que estan haciendo estas mujeres. Paloma (esposa de Taibo II) por ejemplo ha pacdecido estas situaciones absurdas, desgastantes y antidemocraticas … y nadie dice esta boca es mia.

  3. Aída Hernández comenta:

    Merelo: Yo que soy tu amiga y te conozco, siempre te he querido pero hoy, después de leer sobre tu mágico mundo de mujeres, te quiero más. Aída, también conocida como la irredenta defensora de las clases medias.

  4. LORE comenta:

    LIC.

    NO HAY UN DIA QUE NO APRENDA ALGO NUEVO DE USTED, ME COMPLACE MUCHO EL HOMENAJE A LA MUJERES, PERO ME COMPLACE MAS AUN CONOCERLO Y PODER DECIR QUE APARTE DE UN SER UN EXCELENTE JEFE, ES UN BUEN AMIGO PERO SOBRE TODAS LAS COSAS UN GRAN SER HUMANO DEL QUE ESTOY MUY ORGULLOSA.

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